PERDON8

Cuando la política es una
acción vacía, sin contenido
ideológico, el más débil va
asumiendo la ideología del
más fuerte, va sumándose
a su forma de ver el mundo
y termina sometiéndose a
quien intentaba diferenciarse.

Por Nancy Guzmán

Eso lo hemos visto desde el comienzo de la Transición, cuando la izquierda, incluido el MIR, pidió perdón al país por haber tomado decisiones que alimentaron el espiral de violencia y prometió someterse sin derecho a pataleo a una institucionalidad dictatorial, con beneplácito se adocenó a un sistema capitalista despiadado, reproductor de la pobreza y la destrucción medioambiental por la vía de un modelo extractivista.


Desde entonces, todo ha sido una genuflexión a la derecha y su poder fáctico sostenido con amenazas y corrupción. 


Las primeras amenazas fueron con carapintadas defendiendo al hijo tonto del dictador, al mismo dictador y al Ejército por corrupción. El gobierno sabía que si la investigación avanzaba se llegaba a conocer la presión que había hecho el dictador al Ejército para comprar Valmoval, la empresa quebrada de su inútil vástago. 


Todos ocultaron esa parte. La prensa, el gobierno, la Cámara, el Senado y los Tribunales de Justicia. Solo se resaltó el fraude del hijo al Ejército, aunque todos sabían que el fraude lo había cometido el hijo, su padre y el mismo Ejército al Fisco (a todos los chilenos).


En esa tormenta hubo perdones célebres, como el de Viera Gallo cuando salió en un programa político de televisión, junto a Mónica Madariaga (la de la burbuja) y otros.


En esa ocasión, Viera Gallo dijo que el dictador había "metido las manos en la bolsa", refiriéndose al saqueo de él y su familia al Estado de Chile. A penas terminó el programa, Madariaga corrió a contarle a su primo que seguía de Comandante en Jefe lo que Viera Gallo había dicho sobre él. Pinochet puso en marcha su política de amedrentamiento y al día siguiente por TV, radio y diarios, Viera Gallo pedía Perdón al ex dictador.


Su escasa dignidad le valió el apodo de "Era Gallo".

 
Por esos años, cada vez que un socialista salía en TV y alguien le enrostraba el Congreso de Chillán pedía perdón. Cuando a la derecha se le enrostraba el genocidio, ponía como justificación el Congreso de Chillán. 


Así, de perdón en perdón llegamos al día de hoy, donde una camiseta genera "un debate moralista" absurdo y quienes carecen de ideología se deshacen en perdones ante una derecha que es capaz de tomar champaña sobre una ruma de muertos. 


El perdón es un concepto asociado a la cultura religiosa, es privado y restaurativo. Se genera ante la finitud del ser humano, cuya fragilidad ética lo lleva a cometer acciones que gatillan la culpa, de ahí esta súplica reparatoria de una falta pasada e irreparable, puesto que ya ocurrió. Además, es privado, porque es un poder moral que pertenece solo al afectado o víctima, que no tiene obligación de perdonar el mal causado.


La derechización del pensamiento ha trasladado el perdón a la esfera política. 
Es justamente ahí donde no debiera existir, puesto que cada sector se rige por parámetros ético-sociales e ideológico que conforman un ethos político particular y diferenciado.


¿Cómo una colectividad política que defiende el lucro en la educación, la existencia de zonas de sacrificio, la desigualdad obscena, el genocidio y a los genocidas puede exigir culpabilidad y responsabilizar de violencia a otros, cuando ellos la engendraron?


Como dice León de Greiff, hemos terminado excusando de responsabilidad, no sólo a un buen número de los que participaron en las atrocidades, sino que peor aun, a aquellos que se beneficiaron de ella directa e indirectamente y aquellos que apoyaron el régimen que perpetró tales abusos.


Una camiseta es solo una camiseta y debe darnos risa o rabia (dependiendo), pero solo eso. 


Quienes seguimos soñando con cambiar el mundo, no esperamos perdón por intentar cambiarlo.

No queremos que nos perdonen por decirles que la derecha en su ADN es criminal, que celebraron el genocidio, que se enriquecieron con él, que corrompieron la política, que Guzmán solo generó odio, que no nos apena la muerte de Guzmán, que podemos reír de buenas ganas con su muerte, así como el lo hizo con nuestras muertes y que ellos merecen ser desplazados para siempre de la vida política de este país.

ClariNet