MODUS-OPERANDI8

Todo lo que sucede hoy
tiene su huella y nos lleva
al pasado inmediato, de allí
que la memoria tenga
sentido porque nos da pistas
sobre el presente y nos
prepara para prevenir los
efectos de ese
pasado en el futuro.

Por Nancy Guzmán

En estos días en que nos comenzamos a dar cuenta (con atraso) que el extractivismo no solamente daña los recursos naturales sino que viola los tan cacareados y poco comprendidos derechos humanos, vemos que aparece nuevamente esa sombra de muerte de un pasado que aún no terminamos de digerir.


Alejandro Castro era hasta el miércoles un dirigente que luchaba por los efectos en su comunidad de las políticas públicas basadas en intereses económicos que convirtieron a la zona de Quintero, Ventana, Puchuncaví en una zona de sacrificio ambiental y humano.

En cosa de horas pasó de dirigir una manifestación en frente el Congreso a ser un "suicidado". Nadie sabe cómo ocurrió, pero su cuerpo fue hallado en la vía pública con claras señas de suicidio por ahorcamiento -dicen los medios y confirma la policía y el Gobierno-.


Lo mismo ocurrió con la activista ambiental Macarena Valdés Muñoz en Liquiñe, quien trabajaba con la comunidad para explicar los daños a la naturaleza y los seres vivos que producían las grandes transmisoras de electricidad con sus tendidos eléctricos de alto voltaje. Al igual que Alejandro, Macarena murió de suicidio por ahorcamiento. 


Si vamos a nuestra memoria veremos que el suicidio ha sido un método usado para esconder el crimen.

José Tohá, ministro de Defensa e Interior de Salvador Allende, que había trabado una cercanía con Pinochet y conocía el servilismo de este ante el Presidente Allende, apareció suicidado por ahorcamiento en el cuarto del hospital Militar donde estaba preso. Los medios dijeron que murió por suicidio, la dictadura dijo que se suicidó, los médicos dijeron que era suicidio. 


Lo extraño es que se colgó de un tubo con un cinturón a pesar que estaba en tal grado de deterioro físico que casi no podía abrir los ojos. La altura del tubo desde el que se colgó era tan baja que sus piernas estaban dobladas y nadie reparó en las huellas de la tortura a la que era sometido sistemáticamente por agentes de la DINA, que se paseaban libremente por el Hospital Militar, entre ellos el boina negra Carlos Labarca Sanhueza, un asesino despiadado.


El carpintero Juan Alegría Mundaca también murió suicidado por un grupo de la CNI, comandado por Álvaro Corbalán. Alegría fue emborrachado hasta perder la conciencia y le cortaron quirúrgicamente las arterias de ambas muñecas, con el propósito de inculparlo de la muerte de Tucapel Jiménez.


América Latina se integró al mercado mundial en el siglo XVI extrayendo y exportando bienes primarios que le dieron a Europa las bases para su desarrollo como potencia económica y política a nivel global.

Nuestros recursos minerales y alimentarios contribuyeron “al aumento del flujo de mercancías y a la expansión de los medios de pago, que, al tiempo que permitían el desarrollo del capital comercial y bancario de Europa”, que fue la base del desarrollo de la industria manufacturera en la Revolución Industrial.

Como escribió el sociólogo y teórico de la Dependencia, Ruy Mauro Marini, es “(…) a partir de entonces que se configura la dependencia, entendida como una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia la subordinación”.


Han pasado cinco siglos y seguimos dependiendo de nuestras materias primas.

Especialización productiva que hace posible que otros países puedan generar una matriz productiva sofisticada, con desarrollo de inteligencia aplicada a sus productos gracias a que proveemos su alimentación, recursos para su industria y como resultado tienen un desarrollo con menos desigualdad, con mejores estándares educativos y avances en la investigación científica.

Así, mientras unos trabajan en ciencias tan avanzadas que lograron descubrir el bosón de Higgs o partícula de Dios, a través del Gran Colisionador de Hadrones, un acelerador de partículas para la investigación nuclear; nosotros seguimos exportando cobre en bruto, paltas, litio y otros, además de pescado congelado o harina de pescado. 


Esta exportación con nulo o casi nulo valor agregado, nos subordina a un presente de crecimiento destructor y un pobre futuro.

Casi no invertimos en educación ni investigación.

Recién, durante el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet la inversión en educación subió a un 6,9 por ciento del Producto Interno Bruto. Y en investigación y desarrollo el Estado invierte un 0,39 por ciento del Producto Interno Bruto, siendo el peor posicionado de la OCDE. 


La lucha por nuestros recursos y contra el extractivismo es hoy el punto neurálgico y ahí es donde se focalizarán las nuevas luchas político-sociales, eso lo han entendido los empresarios, el imperio y la derecha, de allí que las nuevas masacres se concentran en esta lucha política.

ClariNet