CUAL58

La locura por el 5 de octubre
me saca de las casillas.

Por Nancy Guzmán

No es muy raro porque todo lo que sucede me saca de las casillas: el chovinismo manipulado, el feminismo sin contenido ideológico, la telenovela por capítulos de los curas, que por cierto no hago caso gracias a que soy atea y siempre he considerado que el catolicismo es una secta perversa; el lavado de cara y de manos frente a la destrucción del país en zona de sacrificio, etc, etc.


Pero acostumbro a dar razones de mis malestares, que deben representar al 60 por ciento del país que piensa, el otro, el del mall o de el ciber-monday no le interesa la sociedad en la que vive aunque la tenga sobre sus ojos.


La vieja y nueva Concertación intenta darle un nuevo charme al 5 de octubre de 1988. Hay que recordar que hasta el año pasado los 5 de octubre se celebraban a puertas cerradas para esconder el repudio público a sus personalidades.


Este año han sacado de la billetera unos buenos morlacos para darle vuelo con música y circo tratando de atraer a los que siempre van a espectáculos gratis, así, no pasar un bochorno. 


¿Pero eso es lo que necesita el país? o lo que se necesita es conocer todos los tejes y manejes que ocurrieron durante la década de los 80, que culminaron con ese sueño que fue frustrado.


Tengo aún la entrevista al general Ballerino, uno de los articuladores de esos acuerdos nacidos al calor de las protestas. En sus recuerdos están los momentos de las primeras reuniones en diferentes lugares de Santiago con su amigo Enrique Correa.

Todo eso ocurría mientras morían pobladores, estudiantes y trabajadores en la protesta de 1983. Mientras Correa pedía platas a Fidel para financiar al Lautaro, a los mismos que luego perseguiría.


Eso indica claramente que las negociaciones con los militares se hacían mientras la ingenua oposición ponía los muertos sobre la mesa.

No fueron, como dice la historia oficial, negociaciones que ocurrieron tras el plebiscito. Las tramas de la traición se fueron construyendo a fuego lento y atenazaron las brazas los que durante años han jugado a la silla musical en el poder. 


El 5 de octubre de 1988 estaba todo el pescado vendido, solo que no lo sabíamos y lo seguimos ignorando. El arcoiris y la catarsis liberadora fue solo un espejismo, un grato sueño que duró hasta la primera luz del día.


El otro 5 de octubre fue el de 1974, cuando la DINA cerca y asesina a Miguel Enríquez. Un día que marcó no solo a los miristas que estaban detenidos, a los que se encontraban en la clandestinidad, sino que a todos los buenos hombres y mujeres que luchaban desde sus pequeños espacios contra la dictadura. A los que prestaban sus casas para esconder perseguidos, los que ponían sus nombres para arrendar casas, a los que aún no los vencía el temor.


Enríquez simbolizaba la resistencia, la rebeldía ante la injusticia, ante la muerte. Tenía solo 30 años y desde muy joven había decidido entregarse por completo a luchar por una Revolución que llevara a todo el pueblo a construir una sociedad socialista.

Desde el mismo 11 de septiembre había dedicado cada segundo a reconstruir el MIR, llamando a "No al asilo". Tenía claro que la dictadura había retrotraído lo avanzado, así que decidió juntar fuerzas con todos los que estaban en contra del avasallaje militar, sin importar las diferencias ideológicas, para derrocar a la dictadura.


Tal vez todo eso suene hoy a locura, a proyecto político sin destino, pero el mundo ha avanzado gracias a aquellos que se atrevieron a creer, pelear y vivir la locura que soñaron, no por aquellos que miden cada centímetro y calculan sus propias ganancias.


Por eso, me quedo con el recuerdo trágico de ese 5 de octubre de 1974 y rindo homenaje a un joven que soñó con la revolución socialista, vivió para hacerla posible y murió tratando de rescatarla. Me quedo con la coherencia de ese sueño.

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