COLUMNA-NANCY

Durante estos ocupados
días he leído y escuchado
diversos comentarios sobre
lo que preocupa o molesta
a la mayoría (al menos la
cercana) y con estupor me
he dado cuenta que el
chovinismo gana por lejos
en nuestra larga y
angosta faja de tierra.

Por Nancy Guzmán

Solo bastó que surgiera el asunto del mar y los alegatos en la Haya por la salida al mar exigida por Bolivia, para que el monstruo se desatara.

Sorprendente es la fútil defensa territorial.

Pareciera que algunos no entienden que desde hace mucho tiempo vivimos en un país privatizado, donde gran parte de la geografía es solo para algunos, que el vapuleado mar de Chile no nos pertenece, que incluso los inocentes peces que viven en ese ambiente tienen propietarios y que los hijos de esos actuales propietarios heredarán los peces que aún no nacen (de acuerdo a la ley Longueira).

Entonces ¿qué se defiende con tanta pasión? ¿Para qué sacamos vetustos textos de historia para argumentar lo inargumentable? Lo que no nos damos cuenta que los intereses que se mueven tras estas marañas jurídicas son tan grandes que da lo mismo quien habite el territorio, porque no somos dueños de nada.


También he estado pendiente de la molestia, frustración o indignación por el incumplimiento de cerrar Punta Peuco de la ex mandataria. Si hubiésemos leído de manera correcta la realidad nadie debería haberse sorprendido.

Bachelet nunca dijo públicamente que lo cerraría, solo estaba la declaración de Carmen Gloria Quintana quien aseguro (y se lo creo) que la Presidenta le había prometido el cierre del penal.

Pero la política es la política y lo que no se promete públicamente no tiene valor, lo otro, lo que se dice al oído en privado solo corresponde a los deseos personales del momento.

Si miramos las acciones de la ex Presidenta en su segundo período, podemos entrever que su compromiso nunca estuvo con la historia pasada, que al igual que sus antecesores, no le importó la precaria situación de la gran mayoría de chilenos que vivimos las violaciones a los derechos humanos (prisión, exilio, exoneración laboral, etc), por lo tanto, romper con el compromiso hecho en 1994 por Eduardo Frei con las FFAA de mantener a los militares juzgados en cárceles segregadas no estaba en su agenda, pesaba más el compromiso con su sector político, el que la había llevado al gobierno en dos ocasiones y la había impulsado como “una de las mujeres más poderosas del mundo”. 


Lo que me pareció impresentable fue el sostenimiento de la ilusión colectiva.

Ella sabía que si no había hecho en diciembre el decreto de cierre e implementado antes de su entrega de mando era letra muerta, era demagogia, era un simple y vulgar engaño a quienes no saben que un decreto firmado el día de salida es impugnable y fácilmente anulado por el mandatario entrante. 

Como soy amante de los animalitos me ha indignado la “ley Cholito”. Ley que refleja el ADN neoliberal que domina a nuestro Congreso, donde se obliga a chipear a los mejores compañeros que un ser humano puede tener: sus perritos, gatitos, etc., a quienes llaman displicentemente mascotas. Me pregunto qué va a pasar con aquellas personas que tienen un perrito, un gatito que con dificultad los alimentan, los mantienen, les dan cariño y protección y deben incurrir obligatoriamente en el gasto de dos chips ¿tendrán que endeudarse o abandonar a sus compañeritos? 


Ante todo esto solo puedo decir que la libertad se pierde, no por falta de talentos, sino por falta de caracteres, el soplo gélido del interés, la indiferencia o el miedo de las capas medias, que paralizan el esfuerzo de los pocos que combaten a diario aspirando a una libertad, sin fingir una fe mesiánica.

De violencias y violentos


La violencia de la que se nos habla con énfasis desde el poder y se expande a través de los medios de comunicación es casi siempre el enfrentamiento de los desposeídos, a la que el poder caracteriza y caricaturiza como “delito”, la otra, en cambio, recibe los elogios de una categorización benevolente y cómplice, se justifica y encubre. 


Es digno de destacar que la violencia subyace en una sociedad injusta. Si miramos nuestro país veremos que la injusticia se ha transformado en algo normal, aceptada de manera increíble y exhibida sin vergüenza. 


Nos muestran a diario las obscenas ganancias de las grandes empresas que se lucen como logros nacionales; para que hablar de las ganancias de las AFP que se nutren del dinero de la masa trabajadora y de los bancos que se enseñorean con las ganancias que le producen el endeudamiento de quienes no tienen más remedio que recurrir al crédito para vivir.


Para que hablar de la violencia en el trabajo, donde se mantienen sistemas abusivos, tratos impropios, mano de obra esclava [muestra de ello son los jóvenes que empacan en los supermercado sin salario, con obligaciones laborales y tienen que pagar el uniforme, etc.], jornadas extendidas sin pagos de horas extras, diferencias salariales por género y trabajo a honorarios sin seguridad social, etc.


Entonces, me pregunto, tras leer tanta alharaca sobre la “violencia” ejercida hacia un personaje que enarbola en su discurso todas las violencias de esta sociedad y de la humanidad, porqué ninguna de esas personas buenitas han apuntado hacia quienes ejercen la verdadera violencia, esa que se esconde tras los directorios de empresas y deciden el futuro del país. Esos que dan golpes de Estado, que ponen y sacan presidentes, que no se ensucian las manos, pero mandan a matar cuando algo les interfiere en sus ganancias, los que compran conciencias y destruyen precarias democracias. 


Ningún buenito ha rechazado la violencia ejercida por carabineros a las vendedoras mapuches en Temuco. Y vaya que es violencia golpear a mujeres mayores, votarles sus productos, lanzarles gases y apalearlas.


Lo sucedido con Kast es simplemente esa eterna lucha de clases, esa olvidada o desaparecida del léxico políticamente correcto: lucha de clases. Y aunque a muchos no les guste el término marxista, existe y existirá la lucha de clases más allá de que algunos siúticos intelectuales digan que murió.


A mí, como a nadie sano mentalmente, no me gusta la violencia, pero existe y la veremos desarrollarse en la medida que muchos ejerzan su derecho a ser escuchados y a buscar una mejor vida para todos, porque es ahí donde la derecha la muestra con absoluta soltura y total experticia.

ClariNet