EL-GARROTE

El garrote vil era una máquina
que servía para aplicar la
pena capital desde 1800
hasta el fin del
franquismo en España.

Por Nancy Guzmán

Esta consistía en un sillón que en su parte superior tenía un collar de hierro asido a un tornillo y una bola que quedaba sobre el cuello del condenado. Una vez que se instalaba ese collar, el verdugo comenzaba a dar vuelta al tornillo ocasionándole una muerte lenta a través de la compresión de la garganta y el estallido de las cervicales.


Me refiero a esta terrible maquinaria de muerte porque el capitalismo neoliberal se asemeja simbólicamente al garrote vil. Cada vez el tornillo comprime más la garganta y las cervicales del cuerpo social, con ello se altera el pulso y la intensión de los dolores se extreman. 


Piñera nos ha ofrecido darle otro envión al tornillo con su slogan de que se hará cargo de “una nueva transición”, que refundará la “democracia protegida” que hemos conocido estos 28 años y acelerar el inefable crecimiento, ese que solo beneficia al 9% de la población que gana mensualmente sobre los 20 millones.

Esa nueva transición será el intento de articular leyes y políticas públicas que profundicen el modelo de desarrollo neoextractivista, por lo tanto el aumento de la expoliación de los recursos naturales serán un punto focal de las inversiones.

Más aún cuando el propio mandatario tiene intereses en el proyecto Dominga y ministros como Ward, encargado de los pocos bienes nacionales que le quedan al país tienen intereses en la minería y la ministra de Medio Ambiente, Marcela Cubillos, es quien votó sistemáticamente contra los proyectos de protección ambiental, así que el mar, las aguas, los recursos forestales, la protección de las semillas naturales, de los glaciares y otros bienes ambientales que son parte del patrimonio y de la soberanía alimentaria estarán en peligro.


Cuando ha mencionado que refundará la democracia, que hará un buen sistema de seguridad ciudadana a través de inteligencia y que pondrá orden en las zonas de conflicto mapuche, solo significa que habrá más represión, lo cual es lógico, porque cada vez que el tornillo da vuelta y comprime el aire vital del cuerpo social, a los condenados no les queda más que patalear y buscar la forma de zafarse de un sistema que termina con la vida.


Lo terrible de todo esto es que fue una condena anunciada que muchos han defendido, aplaudido y se han regocijado porque siguieron tranquilos haciendo negocios o transformando su propia vida.

Quienes elevaron los cantos de sirenas sobre la vida buena y la matizaron con la marmita tras el arcoíris sabían que era una ilusión.

Ellos habían negociado todo, incluso la dignidad. Así la vida buena solo llegó para algunos. Tampoco la marmita alcanzó para todos. El resto esperó sentado con el cintillo al cuello que el verdugo no recibiera la orden de dar vuelta el tornillo, que en algún momento llegara la liberación y que tal vez, solo, tal vez, la vida colectiva daría un giro.


Por lo pronto, lo que queda pendiente es sacarse el garrote vil y quemarlo para que nunca más la humanidad sea sometida al tormento de una vida indigna, injusta, expoliadora del ser humano y de la naturaleza.

ClariNet