LA-PORFIA

¿Es que la pluma solo debe
usarse para escribir apologías,
halagos o banalidades para
no ser arrollada por
el o los poderes?
Por cierto que no.

Por Nancy Guzmán

Nací porfiada. Porfié a las costumbres castizas de la familia, a las disciplinas abyectas de la educación y a la sumisión a todo quien quisiera hacerme callar.

Hoy que las canas me invaden salvajemente, sigo porfiando y rechazando las mordazas.


Ayer escribí sobre la injusticia. Ese mal social que se nos ha pegado en la piel y la hemos naturalizado.

Me refería a la persecución contra Ricardo Palma Salamanca. Sobre como la derecha, en su conjunto; la justicia, que ha demorado cuarenta años en dar condenas tenues a genocidas; y el gobierno saliente a través del Canciller han puesto todos los recursos para extraditarlo y que cumpla las dos condenas a cadena perpetua. 


Decía que más allá de la opinión personal sobre los hechos: la muerte de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards y la oportunidad política en que ocurrieron, me resisto a una justicia clasista, que corre y aplica amañadamente leyes para condenar a quienes atentan contra el poder del vencedor, mientras los vencidos ven como avanza la impunidad biológica.

La misma justicia que hizo oídos sordos a las ejecuciones sumarias, las torturas, las desapariciones y condenó solo a 5 años y un día a Manuel Contreras y Pedro Espinoza por el atentado terrorista internacional que costó la vida de Orlando Letelier y Ronnie Moffitt, desplegó toda su saña aplicándoles -a Palma Salamanca y otros- la ley antiterrorista por un crimen político (caso Guzmán) y un delito común con motivaciones políticas (secuestro de Edwards). 


¿Cuánta injusticia deberemos soportar? ¿Cuánto servilismo tendremos que ver antes que la luz se imponga? 


No sé. Solo sé que la derecha siempre ha resuelto los conflictos políticos por la vía del crimen, y los que resisten la ignominia pagan con su vida, con la cárcel, la marginalidad y la persecución perpetua.

Los otros, rugen como siempre lo han hecho, se enseñorean en cada esquina de la ciudad, tienen sus lacayos para limpiarles sus latrocinios.


Sigo, entonces, llamando a tomar la calle este 8 de marzo, primera Huelga Feminista .


Es tiempo de defender nuestros derechos, rechazar la sociedad clasista y lanzar a los vientos que queremos una vida justa y feliz hoy.

ClariNet