COLUMNA-NANCY

Hace muchos años en
Colombia fue famoso un
grafiti que decía: "Yo de
rumba y el país se derrumba".

Por Nancy Guzmán

Era la época de la corrupción política descarada, la constante traicionada y fracasada paz con el M-19; la emergencia y el destape del narcotráfico, en fin, era el sálvese quien pueda y como pueda.

Por alguna razón he recordado a Colombia en estos días de soledad veraniega en Santiago. Es ese raro déjà vu que perturba cada día más, sobre todo, cuando al amparo de la rumba veraniega los poderes del Estado consagran impunidad y la injusticia. 


Que le vuelen la pierna a una escultura de Rebeca Matte, por una estúpida carrera de autos que intenta demostrarnos que somos similares a Mónaco, es un detalle del derrumbe.


El verdadero derrumbe está en la aceptación de la estupidez de quien debe resguardar los intereses públicos. 


Que las fiscalías que investigan la corrupción derivada de los traspasos de dineros privados a las campañas políticas hayan sobreseído a moros y cristianos para emparejar la cancha y no meterse en honduras que les puedan costar sus puestos, nos habla del derrumbe. 


El verdadero derrumbe es que nos deje a la vista que en nuestro país no existe justicia, que ella es solo un espejismo para el ciudadano.


Que la Operación Huracán es solo otra maniobra de los servicios de Inteligencia en democracia, es el derrumbe.


El verdadero derrumbe está en que un gobierno que se dice progresista use los medios de una dictadura militar para poner fin a un conflicto político. 


Que el gobierno intente enmascarar la impunidad de quienes secuestraron, torturaron, asesinaros y desparecieron chilenos para terminar con un siglo de historia política que llevó al país a luchar por otro mundo posible, a través de una ley que busca eliminar el indulto presidencial particular en casos de condenados por violaciones a los Derechos Humanos, a la vez que permite a los reos acceder al arresto domiciliario, en caso que tengan enfermedades terminales, es un derrumbe.


El verdadero derrumbe está en la confianza depositada en una mandataria que portó retratos de desaparecidos, prometió terminar con los privilegios carcelarios de los responsables de crímenes de lesa humanidad y terminó entregándole un proyecto de ley que facilita a su continuador darles la libertad sin problemas.


En fin, el país de rumba mientras se derrumba.


Por eso celebro que el 8 de marzo las mujeres asistamos a la primera huelga feminista que nos recuerda a los millones de mujeres que han sido asesinadas por el capitalismo.

ClariNet