COLUMNA-NANCY

Seguramente, todos los
sabios de este país estarán
preparando sus recuentos
sobre el 2017 y las razones
que llevaron a Michelle
Bachelet a entregarle por
segunda vez el mando a la
derecha, específicamente
a Sebastián Piñera. 

POR NANCY GUZMÁN

Seguramente, en cada uno de esos recuentos hay los silencios y olvidos que pasan por alto la profunda despolitización que impuso Bachelet en sus dos administraciones, revestida de simpatía personal, donde las cumbias por doquier reemplazaron al discurso con ideas de país.


Bachelet fue la versión post moderna de Evita Perón. Desgraciadamente, más dañina para el futuro político del país que la populista gran madre argentina. Al fin y al cabo, Evita logró con sus encendidos discursos que los descamizados tomaran conciencia de clase y salieran a exigir más y mejor democracia.

Mientras que nosotros solo seguimos la senda de despolitizar aún más la frágil y escasa conciencia ciudadana, llenando las boletas electorales de "rostros", algo así como si para ser candidato se requiriera de un casting y luego de un análisis del rating.


La verdad es que esta elección la perdimos hace años. Otros la ganaron por lejos sin que muchos nos diéramos cuenta. 


Lograron hacernos creer que era mejor un político (a) bailarín (ina) que uno que nos llevara a la ira o a la pasión desbordante con sus palabras o acciones.

Aceptamos silentes que nos dijeran que las pasiones solo nos llevan a la desagracia y que eso de pensar es solo para expertos muy laureados en universidades norteamericanas o europeas.

Nos olvidamos que en los años 60 fue América Latina la que renovó el pensamiento con la Teoría de la Dependencia (Rui Mauro Marini, Vania Banbirra, Teotonio dos Santos, Tomás Vasconi y otros) y los europeos, norteamericanos y otros llenaron sus aulas con conocimiento surgido en estas tierras exóticas que pensaron la decolonización antes que los alemanes, franceses, etc.


Hoy sólo nos queda lo que tanto les gusta a los neocolonizadores: el movimiento de caderas. 


Para que pensar -dirán los Tironi, los Correa, los etc.-, si no hay nada mejor que consumir el pensamiento exprés, hecho y envasado en el país de origen. 

Así lo hará Piñera, nos asegura el sabio consejero (Tironi). Tiene todo resuelto y le asegura a la hegemonía un tranquilo tránsito hacia un capitalismo neoliberalizado más cruel, que no de tregua, que homogenice aún más el pensamiento y que entregue a los dueños del país lo poco que va quedando de los recursos naturales.

A cambio dará matrimonio igualitario a quienes les interesa el vestido de novia (o), unos cuantos bonos huachos como limosnas, probablemente mejorará (si es que esa es la palabra) las jubilaciones más bajas, algo le dará a la salud (siempre y cuando no sea salud pública), mantendrá las pobres reformas en salud, no cambiará ni una letra de la ley de aborto en tres causales (¿para qué? si Bachelet les aseguró el negocio con la objeción de conciencia en la ley, a las clínicas que podrán seguir haciendo abortos encubiertos como operación de apendicitis y las mujeres pobres corriendo riesgos con una partera).

Si alguien pensó que Guillier lo haría mejor, se equivoca. Su flojera para pensar ya la había demostrado en el Senado, solo basta recordar cuando dijo que había votado equivocadamente porque le había soplado mal, demostrando que no leía las leyes que votaba. Su acomodo al modelo también lo vimos todos en la publicidad a las AFP y en su permanente genuflexión a los poderosos.


Si nuestra expectativa se centran en el Congreso, no hay mucho que esperar.

El Senado será igual que hace 27 años, asegurándole la tranquilidad a los grupos económicos. La Cámara tampoco tendrá un cambio dramático con los nuevos 20 diputados del Frente Amplio. Ya Boric y Jackson bajaron banderas asegurando que se "negociarán muchas cosas". Lo mismo ha recomendado Carlos Ruiz, a través de las páginas de El Mercurio (el mismo medio que conspiró contra Allende, encubrió crímenes y realizó operaciones psicológicas durante la dictadura). Seguramente habrá náufragos que remarán contra la corriente y amenizarán la monótona formalidad, pero no hay mucho que esperar.


El único que tiene esperanzas es el hijo de Bachelet, cuyos turbios negocios con la UDI y algunos criminales de lesa humanidad, le hacen pensar que Piñera podrá alivianar su carga y la de su esposa.


Otro que se afila los dientes es Kast, con más apoyo de los medios que apoyo ciudadano, quien cree lo que dice El Mercurio, La Tercera y otros medios independientes que han sobre-reaccionado con su 3,6% de apoyo real.


Los más felices y sonrientes son los grandes empresarios que tendrán en La Moneda a uno de ellos, gracias a la despolitización de una parte importante del país que es gobernada a partir de slogan, frases hechas y la inefable propaganda política manejada por los sirvientes del sistema.

 
Quienes aspiramos a un país realmente inclusivo, sin abusos y con una redistribución equitativa y no reproductora de pobreza, seguiremos esperando y aspirando a cambios en ese sentido.

ClariNet