CANIBALES

Luego de los resultados de
las recientes elecciones se
ha producido una amplia
coincidencia respecto del
estado de crisis aparentemente
terminal de la Democracia
Cristiana, el mismo partido que
fue protagonista en el período
de la dictadura y los primeros
dos gobiernos de la
Concertación que afianzó la
recuperada democracia.

Por Andres Rojo

En apenas 17 años, la DC  vio erosionada su base de apoyo popular y ahora se encuentra en un estado en el que, tanto desde la Izquierda como de la Derecha, todos pretenden heredar su caudal electoral, como si se tratara de un cadáver al cual se le extraen los órganos que todavía tienen alguna utilidad.

Con seis senadores y catorce diputados es difícil extender un certificado de defunción para la DC, y si bien está lejos de ser el partido mayoritario que fue alguna vez, todavía tiene recursos para defender su posición y eventualmente volver a tomar importancia en el escenario político.    

Suponer que la decadencia de la DC no tiene recuperación tiene mucho más de deseo que de realismo, lo que no significa que no exista un peligro real para su proyección en el tiempo.

La DC hizo una apuesta sobre su separación de la Nueva Mayoría y le fue mal, pero eso no significa que no pueda enmendar su rumbo y volver a ser el partido de Centro y de clase media y popular que tuvo tres Presidentes de la República.  

Dividir su herencia cuando el cuerpo aún no está sepultado puede ser un error político, ya que puede ayudar a este partido a su recomposición y promover una polarización de la sociedad chilena que no es recomendable para ningún sector, menos en momentos en que existe un virtual empate entre quienes se alinean con el candidato de Izquierda y quienes lo hacen con el de Derecha.

Si no es la DC, vale la pena preguntarse si Chile requiere un movimiento de Centro que actúe como agente moderador de los demás bloques y lleve la conducción del país a un Gobierno que aglutine a las personas en vez de dividirlas.

En estos momentos vivimos un período de exaltación en la que resulta poco fructífero el entendimiento, y esperamos sencillamente a que la mitad más uno de los votos se imponga sobre la otra mitad, aunque en términos realistas nos encontramos en un empate que sólo puede estancar las decisiones estratégicas de largo plazo tendientes al desarrollo nacional, por lo que siempre es recomendable aprender de los errores de otros, como no hacer diagnósticos oportunos de la realidad, suponer con exceso de optimismo, no adecuarse a los tiempos, actuar con soberbia y obstinación.   ¿Qué tan lejos están los demás partidos de incurrir en los mismos errores?

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