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PERVERSION-CONCEPTOS

Comúnmente la derecha
acostumbra a torcer los conceptos
que utilizamos muchos
(y en especial la izquierda).

Por Alex Mercier

Esto para sacarles algún fruto para su propio beneficio o para su habitual y desesperante anti-campaña. Y como es bien sabido el dicho de: “el lenguaje crea realidades”, antes que sea muy tarde, habrá que aclarar varios conceptos que han sido habitualmente manoseados por la Derecha

Uno de los episodios conocidos este año con respecto a la “perversión del lenguaje”, fue el de Camila Flores, una militante RN que atacó a Inti Illimani Histórico por “lucrar” y ser por eso “inconsecuentes como izquierdistas”. Un craso e ignorante error.

La izquierda en general, se opone al lucro en los derechos sociales, debido a que los mercantiliza, los hace exclusivos (generando segregación social) y además porque termina afectando su calidad. También, es vital aclarar que el lucro no es precisamente sinónimo de sueldo en un serio ámbito jurídico económico, ya que realmente cuando se “lucra”, se hace un retiro de las utilidades para un bien personal o ajeno al emprendimiento (siendo ese el “significado neutral”) o también está el lucro como margen sobre la utilidad (“significado negativo”).

Otro error que habitualmente comete la derecha y que se vio reflejado en una columna del Vicerrector de la Universidad del Desarrollo, Daniel Contesse, quien defendió a la desigualdad, justificando en que todos somos “desiguales” en nuestra apariencia, capacidades y aspiraciones; es su erróneo entendimiento sobre lo que es la “igualdad” y la “desigualdad” que busca y crítica la izquierda, respectivamente.

La izquierda no busca la “igualdad humana”; no quiere que nos veamos todos idénticos, sabe que todos tenemos diferentes aspiraciones y capacidades, y por eso es que no quiere que seamos “humanamente iguales”, sino que busca la igualdad social, es decir, que todos seamos iguales en derechos y en dignidad. Ser socialmente iguales.

Ahora también se le critica a la izquierda por los conceptos de “arribista” y “facho pobre” (adjudicándolo – según su perversión del lenguaje – a toda persona que se supera o se superó y que no es de izquierda). Siendo que no se ataca a quien surge (por lo contrario, de hecho), sino que se crítica a quien surge y niega su origen o a quien todavía no surge ni social ni económicamente pero que aparenta ser de otra clase social más alta, negando la suya y a los suyos, siendo él, el arribista.

Y el facho pobre es el pro-patrón, el pro-represión, el que apoya a quienes dañan a los suyos. 

La escritora y profesora feminista francesa, Simone de Beauvoir, retrató el papel político-social del facho pobre muy bien: “El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Y a menudo son personas sin mucha educación y con una actitud extremadamente egoísta, o sea, al menos muchos “fachos pobres” serían una especie de lumpen-capitalista, si los definimos de otro modo.

Siguiendo en la misma línea conceptual, otras palabras que a menudo crítica la derecha y al mismo tiempo abusa de ellas, son “pueblo” y “popular”. A seguido les escucharán decir molestos: “según la izquierda, solo ellos y los pobres son pueblo”, y lo mismo con la palabra “popular”.

Pero no, “pueblo” es todo quien que trabaja (como también vive) por y para el pueblo, sin negarle su legítima soberanía popular ni sus derechos como tampoco su dignidad. Ser “del pueblo” es estar para el “pueblo” y validarlo democráticamente como tal.

También un par de conceptos que a menudo son desestimados y atacados por la derecha son la “conciencia social” y la “conciencia de clase”. Se critica que el primero no hace más que permitir caer a los izquierdistas en lo que se denomina como la “superioridad moral”, además de potenciar una visión asistencialista de lo social. Mientras que en el caso del segundo, alegan que alimenta el odio entre las clases sociales, y busca enseñar una y otra vez a los desfavorecidos que son y serán “pobres y miserables por culpa del sistema”, matando de esa manera – según el argumento derechista – sus instintos de superación personal.

Pero la “conciencia social” implica, que a pesar de vivir uno en una situación socio-económica más cómoda y agradable, tener empatía por quienes no viven de esa manera, conociendo y estudiando sus condiciones socio-históricas, como al mismo tiempo trabajando y buscando formas para justamente ayudarles, dándoles las herramientas necesarias para que puedan surgir. No es infravalorar o “darle la comida en la boca” a quien se encuentra desfavorecido social y económicamente hablando, sino que es conocer su situación y entregarle las herramientas necesarias para que surja por su cuenta y como no, también colectivamente.

Con respecto a la “conciencia social”, la derecha también realiza una re-lectura (errónea por cierto) de lo que es el socialismo. Critican que no todos los izquierdistas son carentes de recursos y que, de hecho, hay militantes de origen burgués. Siendo que el socialismo nunca habló de “realizar un voto de pobreza”, sino que habla más que nada de socializar los medios de producción. Tal vez estén confundidos con alguna variante del socialismo cristiano o algo por ese estilo.

Y continuando: la “conciencia de clase” por su parte, es la identidad colectiva que tiene uno con sus semejantes socio-económicos. Es decir, la colectivización de sus problemas como también de sus soluciones. Es un entender que “tenemos todos ‘este problema’, que tiene ‘este origen’ y si todos trabajamos juntos, lo solucionaremos”. No es odiar al de arriba, sino que es trabajar juntos para superarse y vencer a que o a quienes les oprimen, todo de manera colectiva. “La unión hace la fuerza”, como es bien sabido.

Otro error que consecutivamente comete la derecha, es confundir al “Estado” con el “Gobierno” (a veces hasta intencionalmente). De hecho es muy común cuando se implanta una mala medida estatal, echarle – de manera errónea – la culpa al Estado. Cuando este, según el destacado jurista alemán, Friedrich Karl von Savigny, es solo “la representación material de un pueblo”, es decir la organización política, económica y soberana en que la ciudadanía se organiza.

Es el Gobierno de turno el culpable de que se mal utilice al Estado, ya que su deber es llevar a cabo las funciones estatales como también si es necesario reformarlo, y es por eso también que los gobiernos deben ser elegidos como también funcionar de manera democrática, para que el Estado como órgano comunitario y organizacional cumpla a cabalidad su representación económica y soberana de la ciudadanía.

En resumen, el Estado siempre está, y en su esencia más pura, es prácticamente neutro. Lo que lo dirige y lo que va cambiando, según el sistema político imperante, es el gobierno.

Los Derechos Humanos son otro concepto que ha sido manoseado de manera horrible y dañina por la derecha. Se han dicho un montón de barbaridades al respecto: que son un invento de la izquierda (falso, la Declaración de los Derechos Humanos fue ratificada por 48 países en 1948, entre ellos, gobiernos liberales y de derecha); que se pueden perder o quitar (falso, ya que según su definición oficial son inalienables, irrenunciables e imprescriptibles); que solo son para los delincuentes y para personas de cierto color político (falso, ya que los DDHH justamente fueron creados históricamente como una protección de todos los particulares frente al Estado y sus agentes); y hasta se ha dicho que fomentan la flojera (falso, son “herramientas” que justamente nos otorgan dignidad y nos ayudan a desarrollarnos como personas). Los Derechos Humanos son universales, ya que se necesita que todos seamos tengamos dignidad y la formación adecuada para lograr el sano desarrollo tanto de la sociedad como del país.

Otro juego que hace mucho la derecha con el lenguaje es confundir los conceptos “defender” y “justificar” con “comprender” y “entender” en la argumentación de la Izquierda en temas de violencia y seguridad. “La falta de oportunidades”, “el crecer sin referentes positivos” y “la violencia sistemática de la que fueron víctimas”, no son argumentos que se utilicen para justificar o defender los delitos, como tampoco los diferentes actos de vandalismo, sino que son útiles para comprender y entender las causas, ya que si lo que se busca es paliar los efectos, el mal nunca cesará, y solo atacando las causas socio-históricas (la desigualdad y la injusticia social, entre ellas) se podrán combatir efectivamente flagelos sociales tales como la delincuencia y/o hasta el terrorismo.

Es importante que esto se entienda, ya que solo hablando el mismo idioma y dándole el mismo significado a los distintos conceptos, se logrará un entendimiento social pleno que permita la unión de las todas las fuerzas de cambio para lograr así la reparación (o re-construcción) de un país que debe ser más pleno, justo y próspero.

La Derecha al manipular y pervertir el lenguaje justamente lo que hace es dividirnos, que desconfiemos y nos ataquemos entre nosotros, entre quienes quieren – y luchan – por una necesaria transformación social y cultural del país.

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