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ITALIA.INGOBERNABLE

El Movimiento 5 Estrellas (M5E)
ha ganado las elecciones
generales en votos y la coalición
de derechas lo ha hecho en
escaños, pero sin llegar, ninguna
de las dos opciones, a la mayoría
necesaria del 40% –que marca la
nueva ley electoral– para gobernar.

Por Jesús Gellida*

La inestabilidad vuelve a Italia –si es que alguna vez se había marchado– y preocupa a la Unión Europea, en un contexto de incertidumbre para la gobernabilidad de la tercera potencia europea, donde los partidos euroescépticos y anti-establishment han sido los más votados, relegando a un segundo plano a los partidos tradicionales.

El 32% de los italianos han dado su apoyo al M5E de Luigi Di Maio, el joven sucesor de Beppe Grillo, que ha consolidado su fuerza gracias a un 7% más de votos respecto a las elecciones anteriores, y a convertirse en el partido mayoritario en el sur del país.

En cuanto al, hasta hace poco, referente del centro izquierda, el Partido Demócrata (PD) se ha situado por debajo del 20% de los votos, y tan sólo con un 22% en la coalición que lideraba –obteniendo los peores resultados de su historia–, a pesar de ser la segunda fuerza más votada.

Este hundimiento ya ha comportado la primera víctima política con el anuncio de dimisión de Mateo Renzi como líder del partido; que ya tuvo que dimitir como primer ministro, en diciembre de 2016, después de perder de forma contundente el referéndum sobre la reforma constitucional que le tenía que servir para centralizar el poder en su gobierno.

Por su parte, en el centro derecha, la xenófoba y populista Liga (Norte) de Matteo Salvini ha hecho el sorpasso a la Força Italia de Silvio Berlusconi, avanzando también a la ultraderechista Hermanos de Italia. En este sentido, la Liga se ha convertido en la otra gran fuerza vencedora de la noche electoral, pasando de un 4% a representar el 18% de los votos y consiguiendo liderar una coalición conservadora que ha obtenido un 37% de los votos.

En este sentido, Berlusconi pierde el liderazgo de la derecha y es el otro gran derrotado, junto a Renzi, de unos comicios que han dibujado un mapa político fraccionado y sin mayorías parlamentarias ni de gobierno claras.

La responsabilidad pasa ahora a manos del presidente de la República, Sergio Mattarella, que tendrá que abrir consultas con las diferentes fuerzas políticas para decidir a quién encomienda el intento de formar gobierno.

En este sentido, los posibles escenarios son pocos y complejos.

En primer término, tanto la M5E y la Liga amenazaron durante la campaña de unir fuerzas para defender los intereses de Italia frente la Unión Europea. Una posibilidad aterradora para Bruselas, pero de muy difícil realización ya que chocarían en las propuestas económicas donde, el M5E es más cercano a postulados por la justicia social y, en cambio, la Liga tiene sus mejores aliados en la ultraderecha europea y, además, no parece –por ahora– dispuesta a romper la coalición conservadora.

Una coalición que Berlusconi se ha afanado en defender como la clara ganadora de los comicios que, según él, tiene que recibir el encargo de formar gobierno y donde él se quiere situar como el garante de la unidad de la coalición.

En la misma línea, desde la Liga, Salvini defiende que “tenemos todo el derecho y el deber de gobernar en los próximos años”.

No obstante, la posibilidad de un gobierno de derechas es remota ya que tendría que captar el apoyo de 50 diputados tránsfugas.

Una tercera posibilidad sería un gobierno de coalición de izquierdas liderado por la M5E con el apoyo de Libres e Iguales y del PD. Di Maio asegura que está abierto a negociar y que “ahora tocar gobernar”. Un escenario improbable pero no imposible donde, primero, haría falta una revuelta interna dentro del PD para superar el bloqueo de los fieles a Renzi, los cuales no aceptan una alianza con la M5E a los que llevan criticando toda la campaña por “extremistas”.

Por la misma cuestión, se ve ficticia la posibilidad de una alianza entre la coalición conservadora y el centro izquierda para evitar la llegada al poder del M5E. Finalmente, si ninguno de estos escenarios es posible, el presidente Mattarella podría proponer un gobierno tecnocrático, temporal, –al estilo del de Mario Monti impuesto por la Troika–, con el mandato de reformar la ley electoral y volver a las urnas.

Una situación de bloqueo institucional, de incertidumbre política, de ascenso de los populismos, que pone sobre la mesa el descontento –de cada vez una más amplia mayoría– hacia la establishment europeo, a un año vista de las elecciones al Parlamento europeo.

Un euroescepticismo que avanza, también en Italia, por el camino de la “lepenización de los espíritus”, con la hegemonía de un relato perverso de “primero los de casa”, acompañado con el discurso del miedo; mientras las izquierdas transformadoras observan paralizadas la deriva hacia el abismo.

*Jesús Gellida, politólogo y escritor

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