FRANCIA-ESRANZA

La campaña del terror
aún es tendencia.

Por Luis Casado

Curiosas elecciones presidenciales francesas, que ofrecen de todo un poco, y un poco de todo. Las “primarias” de la derecha designaron un candidato en oro macizo, el futuro presidente, –tú ya sabes como son los “expertos” y los encuestadores–, nada podía detener a François Fillon.

Nada, salvo la codicia: Le Canard Enchaîné hizo pública la costumbre de Fillon de pagarle a su esposa y a sus hijos generosos salarios con plata del Parlamento, sin que nadie pueda probar que algún día trabajaron.

La Justicia inculpó a Fillon y a su mujer –esperando la inculpación de sus hijos, que ya viene– por malversación de fondos públicos, complicidad y encubrimiento de malversación de fondos públicos, complicidad y encubrimiento de abuso de bienes sociales, y encubrimiento de estafa agravada. La nada misma. Fillon, que había prometido retirar su candidatura si era inculpado, hizo como Piñera: puso cara de palo y desconoció su propia palabra.

Por si fuese poco, se supo que un “generoso amigo” le pagaba los lujosos trajes que siempre lleva encima. Poca cosa, media docena de ‘ternos’ a 8 mil euros cada uno. Todo dios gritó que eso se llama tráfico de influencia. La gente es mala…

Los socialistas galos, para no ser menos, organizaron su propia “primaria” en la que debía ganar el primer ministro Manuel Valls, un tipo que está a la derecha de Gengis Khan.

Neoliberal convicto y confeso, a su lado François Hollande –un picha floja que cedió ante los mercados financieros en menos tiempo del que tardo en contarlo– pasa por un bolchevique del ala radical.

Patatrás… los sociatas eligieron a Benoît Hamon, del ala izquierda del PSF. En menos que canta un gallo todo el gobierno socialista, Manuel Valls y medio PSF, le declararon su apoyo al “traidor” Emmanuel Macron, un tomate hidropónico que el propio Hollande fue a buscar al Banco Rotschild para ungirlo ministro de Economía.

Macron tiene una trayectoria clásica entre los altos funcionarios del Estado: brillantes estudios pagados por la República, para luego “pantuflear” (ganar plata) poniéndose al servicio del sector privado.

Cuando Hollande aun soñaba con presentarse a la reelección, Macron se fue del gobierno y presentó su propia candidatura: de ahí lo de “traidor”. Pero el bichito neoliberal sigue ahí. El PSF se despedaza ahora entre Hamon y un Macron que declara que él no es ni de izquierda ni de derecha, en todo caso de socialista nada. Como Piñera, Macron quiere un “gobierno eficiente”. Lo malo para él es que como ministro de Economía fue un desastre.

Sin embargo, oliendo oro en barras, una masa de políticos con un sentido de la ubicación superior al de Maradona corrió a apoyar a Macron: una decena de ex ministros de Chirac (derecha), la élite neoliberal encabezada por Alain Minc (guardando las proporciones, una suerte de Tironi galo), Robert Hue, ex secretario general del partido comunista francés, François Bayrou, líder del extremo centro, y los ya mencionados socialistas. Como bandera bien pudiesen elegir la Jolly Roger, el emblema de los piratas.

Su argumento principal, sino único: “hay que impedir el triunfo de Marine Le Pen”, la candidata del neofascismo. Eso es lo bueno de la progresía, siempre encuentra una excusa –un enemigo letal– para justificar mantenerse amorrada a las sinecuras públicas. Como era de esperar, los fabricantes de encuestas a pedido y a la medida proclamaron que Le Pen es grito y plata, y sugirieron que el único que puede impedir su victoria es el ectoplasma Macron.

Era sin contar con la realidad: Le Pen no tiene ninguna posibilidad de ser elegida porque aun cuando llegase al 30% en la primera vuelta (apuesto a que estará lejos de eso), en la segunda pierde 70-30.

Por otra parte, como que no quiere la cosa, empezó a aparecer con fuerza la candidatura de la Francia Insumisa (FI) de Jean-Luc Mélenchon. No solo la brillantez que le reconocen moros y cristianos lo sitúa por encima de candidatos de probada mediocridad.

Su programa, –en el que figuran la paz, la ecología militante, los derechos sociales, una justa distribución de la riqueza, la apertura a las nuevas tecnologías, la transición hacia energías renovables, el reforzamiento de los servicios públicos Salud y Educación a la cabeza–, le habla a una población cansada de verse empobrecida en un país que nunca ha sido más rico en toda su Historia.

Y he ahí que hasta los encuestadores más empedernidos se vean obligados a mencionar la posibilidad de tener, en la segunda vuelta, a Jean-Luc Mélenchon.

Mélenchon declara con fuerza y convicción que quiere la paz. En un continente atravesado por la fiebre marcial, cuyos países están inmensos en cuanta guerra haya en el planeta (Afganistán, Iraq, Libia, Siria, Malí…) y en cuanta disputa territorial subsista (Ucrania, Georgia, Bulgaria, Macedonia, Kosovo, Irlanda del Norte, Cataluña…), la palabra paz cobra una importancia mayor.

Si a eso le agregas la actitud de buena parte de los gobiernos de la UE, que siguen en la OTAN aun cuando no hay nada que lo justifique sino los intereses del imperio… hablar de paz requiere de un enorme coraje.

Mélenchon, admirador de Jean Jaurès, no ignora que el fundador del socialismo francés –partidario de la paz– fue asesinado precisamente para meter a Francia en la I Guerra Mundial. Frente a las ominosas amenazas de guerra –los EEUU acaban de enviar una flota a las aguas de Corea del Norte– la cuestión que se plantea no es la de la elección entre izquierda y derecha, sino la alternativa entre la supervivencia de la Humanidad y su desaparición.

Atrás, como telón de fondo, tenemos un planeta que se muere de calentamiento global, de destrucción del medio ambiente (en Chile contribuimos con la quemazón de medio millón de hectáreas hace muy poco), de energías contaminantes, de consumo irracional de basura industrializada, de alimentos cancerígenos, de sobre-explotación de las riquezas mineras y los millones de toneladas de residuos tóxicos que la acompañan, de la masacre de las riquezas pelágicas (mareas rojas entre otras), del uso del mar como un vertedero de basura.

En el vortex del Pacífico, inmenso continente de plástico, cada día los peces ingieren 66 toneladas de residuos plásticos, 24 mil toneladas al año. La fundación suiza Race for Water inicia ahora un estudio que durará cinco años gracias a su barco Planet Solar –que se mueve gracias a la energía solar, al viento y a motores a hidrógeno cuyo único residuo es agua– para medir la gravedad de la contaminación de los océanos.

Las cifras disponibles dan escalofríos: según Marco Simeoni, presidente de Race for Water, “hoy en día 5 a 10% de la producción mundial de plástico termina en los océanos, o sea un kilo de plástico por cada cinco kilos de peces. El año 2050 podríamos llegar a la paridad.”

De ahí que cuando Jean-Luc Mélenchon evoca la planificación ecológica, millones de seres humanos sientan renacer la esperanza.

Como los estadounidenses con Bernie Sanders, los británicos con Jeremy Corbyn, los españoles con Pablo Iglesias…

Evolucionar hacia un mundo más racional, más justo, más respetuoso de la finitud de la Tierra y de sus recursos, so pena de liquidar nuestro hogar común, es una consigna que podría darle a Francia un presidente digno de nuestros tiempos. Uno que haría renacer, junto con la esperanza, la misión universalista de los revolucionarios de 1789.

LE FIGARO

Olvida lo que cada candidato “marca en las encuestas”, esa bobería para subnormales con la que pretenden imponernos el vencedor de cualquier elección. Las manipulación de los sondeos de opinión forma parte de la artillería liviana, simple fusilería de arcabuces, metralla de carabinas de Ambrosio y escopetas para conejos.

La campaña del terror es otra cosa. Empieza a funcionar cuando los poderes financieros temen por la estabilidad de su poder omnímodo. Entonces surge la artillería pesada, la mentira industrial, Goebbeliana: “Miente, miente, que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá”.

El propagandista de Hitler hizo escuela, y El Mercurio fue y es alumno aventajado.

Contra Salvador Allende El Mercurio usó y abusó del insulto, del embuste y de la infamia, un concierto de basura que fue el preludio al viaje de Agustín Edwards a Washington para implorarle un golpe de Estado a Richard Nixon.

Hace apenas unas horas te comenté que Jean-Luc Mélenchon, candidato de la Francia Insumisa a la presidencia de la República gala, aparece cada vez más como un eventual actor de la segunda vuelta. Que sus posibilidades de disputarle el Eliseo a un candidato de la derecha –Macron, Fillon o Le Pen– crecen día a día. Pero… ¿cómo creerle a las encuestas que yo mismo denuncio día a día como un instrumento de confusión y de propaganda?

Justamente, no les creo. Pero la reacción del Mercurio francés, el diario Le Figaro, es otra cosa. Y si a eso le sumas los comentarios de la prensa financiera, como Les Échos, la cosa deviene más que clara: nítida.

Ejemplos.

Ayer, Les Échos publicó una suerte de editorial en el que leemos lo que sigue:

 “Un sondeo de opinión y abrimos los ojos. Emmanuel Macron y François Fillon comenzaron recién este fin de semana a considerar Jean-Luc Mélenchon como un peligro, y a atacar su programa. Los mercados solo enloquecieron este lunes…”.

Lo que Macron y/o Fillon vean o no vean no es el tema. La cuestión importante son los mercados. Que como de costumbre no ven nada, no prevén nada, no se enteran. Y solo este lunes, –anteayer–, perdieron la chaveta al darse cuenta que el pueblo de Francia considera seriamente recuperar el poder democrático usurpado por la borrachera bursátil.

Los mercados… ¿te das cuenta? Esa sí que es una información en hormigón armado, como los precios, que en la pinche teoría económica es la única señal que permite decidir de todo: inversiones, Salud, Educación, tener hijos, comprar arrollado o caldo de gallina en polvo.

Aun así, lo sorprendente es la violencia del ataque de Le Figaro, cuyo propietario – el diputado Serge Dassault– fue condenado hace poco a cinco años de inelegibilidad y una multa de dos millones de euros por repetidos fraudes al fisco. Dassault no está en prisión solo en consideración a su avanzada edad de 92 años: el juez consideró que los delitos cometidos justificaban sin lugar a dudas un período tras las rejas, pero lo eximió de la pena por viejo.

En Corbeil-Essonnes, ciudad de la que fue Alcalde, Dassault compraba votos, coimeaba dirigentes poblacionales, perseguía a los sindicatos, financiaba mafiosos de barrio y estuvo involucrado en un intento de asesinato. Younès Bounouara, uno de sus esbirros, le disparó a dos electores que habían grabado a Dassault confesando la corrupción electoral.

¿Te sorprendería si te cuento que Dassault, en esa grabación, reconoce haber comprado la victoria de su sucesor a la Alcaldía? Esa fue la razón que llevó a su sicario a cometer un intento de homicidio premeditado. Hechos conocidos de la policía, y aun peor, de la reputada agencia de prensa Médiapart que los dio a conocer a la opinión pública.

Esta perla, Serge Dassault, –heredero de la fábrica de aviones de combate que lleva el nombre de su ilustre padre, el talentoso empresario que creó la actividad y fue un brillante ingeniero aeronáutico–, en la portada de su diario,

Le Figaro, dispara misiles de grueso calibre. He aquí el titular en gruesos caracteres:

“Mélenchon, el delirante proyecto del Chávez francés”

LE-FIGARO

Cuando no hay argumentos, –como en un país del Tercer Mundo que conocemos bien–, se recurre a la figura de Hugo Chávez para aterrorizar a los incautos. No solo a la figura de Chávez. El fabricante del avión de combate Rafale sabe de armas pesadas, bombas inteligentes, misiles guiados por laser, proyectiles a fragmentación y bombas de racimo. El Editorial de Le Figaro dispara toda la munición disponible. He aquí el título del Editorial:

“Maximilien Ilitch Mélenchon”

En tres palabras tienes la referencia a Robespierre y la Revolución Francesa (que Dassault debiese honrar), y a Lenin y la Revolución Rusa (de la cual Dassault  puede pensar lo que le salga de las narices). Dos revoluciones de importancia histórica y planetaria en un solo nombre: Jean-Luc Mélenchon.

¿No será mucho honor para un hombre que dice inspirarse en Charles de Gaulle, Jean Jaurès y François Mitterrand ?

Por si no le hubiese quedado claro a los más asopados, un cuadro destacado llama la atención del lector que suponen ingenuo e ignorante:

“De Robespierre a Castro, pasando por Lenin”

He ahí, de yapa, la Revolución Cubana. A Serge Dassault, delincuente condenado por la Justicia, solo le faltaron la Revolución Mexicana, Álvaro Obregón, José Vasconcelos, Francisco Madero, Emiliano Zapata y Pancho Villa… La gesta de Ernesto Ché Guevara en Bolivia y la Larga Marcha de Mao-Tse-Tung en China quedan para una segunda andanada. Junto a Espartaco y sus gladiadores luchando contra el imperio romano.

En cuanto a Benoît Hamon, el candidato socialista, sus propios camaradas le preparan un funeral de primera clase. El pobre tiene el imperdonable defecto de formar parte del ala izquierda del PSF. Les Échos publica una nota que evoca el futuro que le espera inmediatamente después de las presidenciales:

“El último clavo para la féretro de Benoît Hamon”

Benoît Hamon

Los jerarcas, que le traicionaron abandonándole en plena campaña, se preparan a retomar las riendas del PSF y a enterrar toda veleidad de progresismo. Su arma preferida: proponerle un pacto a Macron, el candidato del banco Rotschild. No te sorprendas: en Chile hay sociatas en el directorio del banco Chile.

El surgimiento de la esperanza no se advierte en las encuestas truchas, sino en el miedo que se apodera de los mercados y de los poderosos. En la campaña del terror desatada por la prensa, por la asociación patronal (Medef) y la televisión a las órdenes. Mientras más avanzan las ideas de progreso, más infame y descarada se hace la campaña del terror. Oficialmente, el gobierno de Hollande suprimió el voto por correo electrónico aduciendo el peligro de un hackeo por parte de… la Rusia de Putin.

De una plumada, los adoradores de la “democracia” le hacen virtualmente imposible votar a la mayoría del millón 300 mil franceses que residen fuera del territorio metropolitano. El ministerio de Asuntos Exteriores suspendió el voto por Internet el 6 de marzo “teniendo en cuenta el nivel de amenaza extremadamente elevado de ciber-ataques” (sic).

Chileno, en el año 1970 voté por la primera vez de mi vida. Por Salvador Allende. Contra la campaña del terror lanzada para dañarle. Por la esperanza pronto ahogada en un baño de sangre. Viví el golpe de Estado de 1973 y sufrí el exilio. Ahora –en mi calidad de ciudadano francés– me preparo para votar por Jean-Luc Mélenchon, y vienen a mi mente los versos de Nicolás Guillén, –de su poema Canción Portorriqueña–, que le hago llegar al pueblo francés:

“Ay, yo bien conozco a tu enemigo… el mismo que tenemos por acá…”

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