ELECCIONES-ANDALUZAS

La crisis de la primera fuerza,
PSOE, es tan inquietante
como la pujanza de la
quinta, Vox.

POR RUBÉN AMÓN

Las elecciones las ha ganado el perdedor y las ha perdido el ganador. No cabe una paradoja más elocuente del resultado que arrojan literalmente las urnas andaluzas. La crisis de la primera fuerza (PSOE) es tan inquietante como la pujanza de la quinta (Vox), de forma que la agonía del susanismo tanto implica la capitulación de San Telmo como destrona la hegemonía paquidérmica de la izquierda desde una sorpresa electoral que normaliza, homologa e institucionaliza la ultraderecha.

Las elecciones andaluzas las ha ganado Vox sin partido, candidato ni campaña. Las ha ganado sin credibilidad en la prensa y sin espacios de propagación convencionales. Es una victoria que subordina la política convencional a la eficacia de la clandestinidad. Que premia la agitación de las redes sociales. Que sacraliza la antipolítica. Que simboliza el lenguaje desacomplejado. Que reúne la bandera itinerante de la indignación. Y que demuestra la eficacia del voto en silencio. Han fallado todas las encuestas al respecto. Y ninguna con más estrépito que la elaborada en la cocina del CIS, pero la sorpresa no se explica sin la vergüenza que implica proclamar públicamente la afinidad a un partido confesional, supremacista, xenófobo, eurófobo.

De otro modo, no se hubiera precipitado Marine Le Pen a celebrar la victoria.

Del susanismo al oscurantismo, el cambio de época de la política de Andalucía se ha producido desde una anomalía: el viaje de la izquierda a la derecha depende de las condiciones de Vox, cuya irrupción no se restringe a la escena andaluza. Implica el amanecer dorado de la extrema derecha en España. Y presupone, ya veremos, la unción de Juanma Moreno como presidente de la Junta. No lo consiguió Javier Arenas con 50 diputados. Lo va a conseguir su hijo político con 26.

Pírrica o no, la victoria de Moreno es la victoria de Casado. Tanto se implicaba el líder nacional en la campaña, tanto se exponía al umbral del fracaso o del éxito. De hecho, estos comicios han premiado la clave de lectura de la política nacional por encima de la regionalista, andalucista o autonómica. Albert Rivera ha tenido la astucia o el instinto de plantear estos comicios como una revancha al soberanismo, como una segunda vuelta de las catalanas hacia fuera. Y como una oportunidad de aglutinar en las urnas el discurso de la unidad de España.

Era la manera de despecharse de Sánchez, tan ausente en Andalucía como Pablo Iglesias. Y hermanados ahora en la distancia cínica del fracaso ajeno. El rechazo de Susana Díaz al líder socialista era tan evidente como la aversión de Teresa Rodríguez al líder de Podemos. Serán ellas quienes ahora tengan que explicar, explicarse, el desengaño electoral de la izquierda.

Semejante evidencia no contradice la frustración que supone para Sánchez haber perdido la autonomía más relevante ni haberse confrontado a su primer desencuentro electoral. Iglesias podrá relamerse con el varapalo que ha sufrido Adelante Andalucía renegando de Podemos, del color morado, pero se trata de un premio de consolación precario porque la izquierda se ha expuesto no ya a un contratiempo circunstancial, sino acaso a una tendencia que rectifica la euforia que había proporcionado la moción de censura en la expectativa de un cambio de inercia.

Serán complejas las negociaciones entre los actores del centro-derecha. Y reclamará Juan Marín su derecho al trono de San Telmo en cuanto figura pujante de alas naranjas, pero la prioridad de evacuar al socialismo subordinará cualquier obstáculo. Incluido el abrazo a Vox. No es una fuerza gregaria ni menor. Suma 400.000 votos. Y ha reunido tres diputados más de cuantos logró Ciudadanos en 2015.

Las fuerzas políticas convencionales pueden aislarlo de los pactos, neutralizarlo. Pongamos por caso un acuerdo al estilo danés, tipo Borgen, que convertiría a Marín (Cs) en presidente con los votos del PSOE y PP, pero la maniobra no resolvería el problema, o sea, la irrupción de la extrema derecha, simplemente maquillaría el síntoma.

Contra el feminismo, la inmigración y

nacionalista: la ultraderecha irrumpe en España

Por Diego Vera

La irrupción de un partido ultraderechista en un Parlamento regional por primera vez en España desde el regreso de la democracia tras la muerte de Francisco Franco en 1975, sacudió el escenario político del país en el inicio de una cargada temporada electoral.

Primer examen electoral desde la llegada al poder del socialista Pedro Sánchez en junio, las elecciones anticipadas en Andalucía, la región más poblada de España y feudo tradicional socialista, provocaron el domingo “un terremoto” que “cambia el panorama político nacional”, estimó en su editorial el diario El País.

Esto ocurre a las puertas de un 2019 de alto voltaje electoral, con comicios municipales, regionales y europeos el 26 de mayo y unas muy probables legislativas a nivel nacional durante el año.

Fundado en 2013, Vox se convirtió el domingo en el primer partido ultraderechista en entrar en un Parlamento regional español desde que se restableció la democracia hace más de cuarenta años.

El lunes por la noche, cientos de personas salieron a la calle en varias ciudades andaluzas, entre ellas Sevilla y Málaga, para protestar contra la irrupción de esta formación ultraderechista, según se podía ver en videos en las redes sociales y los medios locales.

Con 12 diputados regionales, Vox tendrá peso en la formación del futuro gobierno regional. El Partido Popular (derecha) y Ciudadanos (centroderecha) no han excluido una alianza con esa formación.

“Hemos recibido el mensaje de la ciudadanía”, tuiteó la presidenta regional andaluza Susana Díaz, que difícilmente podrá mantenerse en el cargo.

“Ahora toca (…) impedir que el gobierno de Andalucía dependa de un partido extremista, machista, homófobo y racista”, añadió.

En Polonia para participar en la conferencia sobre el clima COP24, Pedro Sánchez aseguró en Twitter que “los resultados en Andalucía refuerzan nuestro compromiso de defender la Constitución y la democracia frente al miedo”.

“Hemos dejado de ser una excepción en Europa”, donde ha habido un avance de partidos de extrema derecha, como en Italia, Francia o Alemania, indicó Fernando Vallespín, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Madrid.

Según analistas, el fenómeno Vox, que se benefició en Andalucía de la desmovilización de la izquierda tras 36 años en el poder y de la fragmentación de la derecha, se va a amplificar en el escenario nacional.

“Por la puerta grande”

Vox “ha entrado por la puerta grande en España” y “va a empezar a subir rápidamente en las encuestas a nivel nacional”, opinó Pablo Simón de la Universidad Carlos III, quien no alberga dudas de “que este partido va a conseguir representación en las municipales, europeas y autónomas” en mayo.

“La Reconquista (en alusión a la Reconquista española sobre los musulmanes entre los siglos VII y XIV) comienza en tierras andaluzas y se extenderá en el resto de España”, tuiteó la formación de extrema derecha tras conocerse los resultados del domingo.

Subestimado en los sondeos en Andalucía, que no les otorgaban más de 5 escaños en el Parlamento regional, encuestas a nivel nacional muestran que Vox podría ganar un escaño en unas legislativas anticipadas.

Si Vox entra en el Parlamento en Madrid, será la primera vez que la extrema derecha tenga representación allí desde 1982.

El partido “tendrá varios escaños, porque este era un problema de romper el tabú” del voto para la ultraderecha, estimó Vallespín. Para Pablo Simón, Vox podría conseguir “entre 5 o 6” diputados en la Cámara Baja.

Más allá de sus argumentos populistas, sobre todo su rechazo a la inmigración, el voto a favor de Vox, que promueve la ilegalización de los partidos independentistas catalanes, se nutrió del tema de la tentativa de secesión de Cataluña hace un año. Un tema que también impulsó a Ciudadanos, otro gran vencedor de las elecciones andaluzas, con 21 escaños.

La crisis catalana “indudablemente tenía que tener un efecto y ha tenido el efecto que muchos temíamos: la revitalización de un nacionalismo español también extremo”, explicó Vallespín.

Al contrario que en otros países europeos donde el adversario de la ultraderecha “es Europa y los inmigrantes y las propias élites políticas”, en España “el adversario es quien no comparte una determinada idea de España, una idea bastante franquista de una España unitaria“, acotó.

Antifeminista, nacionalista y antiinmigración

El discurso de Vox está marcado por su posición contra la migración y particularmente la de países musulmanes. En su programa electoral -publicado en la web del partido- destacan como propuestas: la deportacíón de los migrantes sin documentos, que hayan cometido delitos, prohibir que puedan regularizar su situación si llegan a España de forma ilegal, perseguir penalmente a organizaciones que colaboren con inmigrantes irregulares, aunque tengan carácter humanitario.

“La inmigración se afrontará atendiendo a las necesidades de la economía española y a la capacidad de integración del inmigrante. Se establecerán cuotas de origen privilegiando a las nacionalidades que comparten idioma e importantes lazos de amistad y cultura con España”.

Otro tema fundamental en la agenda de Vox es “la familia” y su lucha contra la agenda de “género”, incluso uno de sus líderes a nivel nacional, Santiago Abascal, ha criticado públicamente las leyes de violencia contra la mujer y los movimientos feministas.

“Quiero libertad contra ese feminismo que nos quiere oprimir”, ha llegado a declarar según el portal español Diario.es.

Vox propone derogar la ley de violencia de género, prohibir los vientres de alquiler, persecución penal a cualquier denuncia de violencia que resulte ser falsa (algo que ya está penado por la ley española), subvenciones por hijo a las familias, defensa de la “vida” desde la concepción hasta la muerte natural y la “supresión de organismos feministas radicales subvencionados”.

El tercer punto de su agenda se trata sobre el nacionalismo español. Vox reivindica en sus propuestas la formación de un estado unitario, a diferencia de la composición actual de España que se conforma de regiones autonómicas.

Un punto clave en este ámbito es que propone suprimir la autonomía de Cataluña, región al norte de España donde en los últimos años ha tenido un auge importante el independentismo, que ha conseguido mayoría en el parlamento local y en las elecciones catalanas.

“Un solo gobierno y un solo parlamento para toda España. Como paso previo: devolución inmediata al Estado de las competencias de Educación, Sanidad, Seguridad y Justicia limitando en todo lo posible la capacidad legislativa autonómica”, agrega la formación de ultraderecha.

Vox “complica cualquier cálculo nacional”

Para el diario El País, los resultados en Andalucía “complican cualquier cálculo nacional que pueda tener (…) Pedro Sánchez, que tras la debacle socialista aumenta su debilidad”.

El presidente del gobierno español está “en una situación compleja”, a juicio de Pablo Simón, toda vez que podría plantearse a corto plazo un adelanto electoral de las legislativas para “intentar sacar a los votantes de izquierda a la calle con el miedo a la extrema derecha”.

Pero esa estrategia podría ser contraproducente y abrir la puerta a un gobierno del PP, Ciudadanos y Vox en España, “algo que podría ocurrir también”, advirtió.

ClariNet