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DEBACLE-ARGENTINA

Derrumbe económico
sumerge a Argentina
en incertidumbre política.

Por Daniel Gutman

“Estoy cansado de escuchar gente que me dice que lo votó y está arrepentida”, cuenta Orlando Gómez, cuyo trabajo le permite sentir el pulso de Buenos Aires en tiempo real: es taxista. Su experiencia resume el viaje de la ilusión al desencanto de la mayoría de los argentinos durante la presidencia de Mauricio Macri.

Macri, un empresario que llegó en diciembre de 2015 a la Casa Rosada con un discurso pro mercado, transita su último año de gobierno en un escenario mucho peor al que encontró. La inflación se duplicó, la pobreza creció y la actividad económica se derrumbó al ritmo de la pérdida de poder adquisitivo del salario.

El deterioro que parece no tener fin abrió una gran incertidumbre de cara a las elecciones presidenciales del 27 de octubre.

El mandatario parecía encaminarse a la reelección luego del triunfo de su alianza de centroderecha Cambiemos en los comicios legislativos de 2017, pero hoy, con el malhumor y la tensión social como datos dominantes, es imposible hacer pronósticos.

Luego de un 2018 en el cual el producto interno bruto (PIB) se contrajo un 2,6 por ciento, el gobierno dijo que la situación ya había tocado fondo, pero la realidad en lo que va de 2019 lo ha desmentido.

Prácticamente cada día hay precios que aumentan en Argentina y nuevos datos negativos de la economía, desde que se duplicó la cantidad de créditos bancarios impagos hasta que el consumo de carne vacuna –costumbre inveterada de los argentinos- perforó el piso de 50 kilogramos anuales por habitante por primera vez en décadas.

Gómez, quien asegura que hoy lleva la mitad de pasajeros que hace tres años, dice que no se priva de aconsejar a quienes suben a su taxi: “La próxima elección piénselo mejor. Mire lo que tenemos ahora: negocios y fábricas que se cierran, la plata que no alcanza, todo el mundo está de mal humor…”

El taxista viste una camiseta con la leyenda: “Orgulloso de no haberlo votado”. Son muchos, afirma, los que le piden que los deje fotografiarla. “Lo votaron a Macri por odio a Cristina y este es el resultado”, concluye.

Cristina es Cristina Fernández, quien gobernó entre 2007 y 2015, cuando se cerró el ciclo de 12 años de centroizquierda del llamado kirchnerismo, abierto entre 2003 y 2007 con la presidencia de su marido, el ya fallecido Néstor Kirchner.

El kirchnerismo –aliado del también fallecido Hugo Chávez (Venezuela), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y Evo Morales (Bolivia, el único aún en el poder)- vivió su momento de apogeo en 2011, cuando Fernández fue reelegida con 54 por ciento de los votos, pero ese pico marcó también el inicio de su declive.

Fernández abandonó el poder cuatro años después, desgastada por una economía que ya no crecía ni creaba empleo y por múltiples denuncias de corrupción, que posibilitaron el triunfo de Macri, con una alianza a la que nombró “Cambiemos”.

Desde entonces, la expresidenta ha acumulado 11 procesamientos en otras tantas causas de corrupción. En cinco de ellas le dictaron prisión preventiva y si no está presa es solo porque la protegen sus fueros como senadora.

Sin embargo, a pesar del avance de las investigaciones judiciales, de que casi no habla públicamente y de que no ha revelado si se va a postular o no para volver a la presidencia, las penurias del momento han hecho a Fernández crecer en las encuestas y aparecer con serias posibilidades de ganar las elecciones de octubre.

Cambio de libreto

Alarmado, el gobierno, que venía aplicando con severidad un programa ortodoxo de reducción del déficit fiscal bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI), anunció el miércoles 17 un brusco cambio en el libreto, con el que busca contener la avalancha de malas noticias.

El paquete incluye el congelamiento temporal del precio de 60 alimentos de la canasta básica, de los abonos de teléfonos celulares y de las tarifas de servicios públicos, que aumentaron hasta un 800 por ciento desde 2016.

En Buenos Aires, por ejemplo, se suspendió un aumento de 10 por ciento del pasaje de metro (tren subterráneo), que ya había sido anunciado para mayo, como parte de un interminable programa de incrementos que Macri siempre justificó en que, durante su gobierno, los servicios y los bienes “se pagan lo que valen”.

“Son medidas en las que el gobierno nunca creyó y que ahora son un manotazo de ahogado frente a una inflación que no pueden controlar después de tres años y medio de gestión”, dijo a IPS el analista financiero Christian Buteler.

“Desde 2016 hemos escuchado decir al presidente muchas veces que lo peor ya pasó, pero la inflación pega cada vez más fuerte. Hay desorientación. El gobierno perdió la confianza de  los inversores y la sociedad; es muy difícil que la recupere”, agregó.

Macri presentó las medidas como un desvío temporal que no altera el rumbo elegido, de bajar el gasto público y reducir la intervención del Estado en la economía, a pesar de los pésimos resultados hasta ahora.

“Estas son herramientas para generar un alivio en el corto plazo mientras lo de fondo funciona”, explicó el presidente en un singular video, preparado en un hogar de la golpeada clase media, donde la mujer de la casa le renovó la confianza: “Seguimos apoyando tu trabajo, aunque el día a día se convirtió en algo difícil”.

La crisis pegó duro en la capacidad de compra de la mayoría e hizo blanco en la actividad comercial. Solo en enero cerraron 2.536 negocios en Buenos Aires y sus alrededores, según un relevamiento de la organización no gubernamental Defendamos Buenos Aires.

En este país del Cono Sur americano con 44 millones de personas, la pobreza pasó en un año a afectar de 25 a 32 por ciento de la población, según números oficiales y alcanza a 13 millones de personas, de los cuales 2,7 millones son indigentes.

“Nunca había visto algo así. Hoy hay familias enteras y jubilados viviendo en la calle, porque ya no les alcanza para pagar un alquiler. Es el departamento o la comida, me dicen muchos”, contó a IPS Nancy Maldonado, presidenta de Sumando Voluntades, una organización que desde hace 10 años se dedica al trabajo social en la ciudad de La Plata, a 60 kilómetros de Buenos Aires.

“Por las noches en las guardias de los hospitales hay gente en la sala de espera que parece estar esperando un turno. Pero nosotros los conocemos y sabemos que están pasando la noche allí”, contó.

Incluso el poder económico está sintiendo la crisis. Una de las mayores empresas del país, Arcor, que emplea a más de 20.000 personas del sector alimenticio, reportó pérdidas por unos 25 millones de dólares en 2018 por la caída de ventas y la devaluación de la moneda nacional, que llegó a 100 por ciento.

“El rechazo a la gestión de Macri alcanza a 59 por ciento de la sociedad. El deterioro económico llevó al gobierno a su peor momento”, explicó el politólogo Lucas Romero, en entrevista con IPS.

“De cara a las elecciones, los principales candidatos son Macri y Cristina, pero la particularidad es que los dos tienen más de 50 por ciento de imagen negativa. Sus votantes los siguen porque creen que son la mejor herramienta para impedir que gane el otro”, agregó Romero, que dirige la consultora política Synopsis.

“En este escenario puede ganar Macri, si la inflación empieza a bajar o, si persiste puede hacerlo Cristina. Pero también podría crecer un tercero. Cualquier cosa puede pasar de aquí a octubre”, concluyó.

IPS