APAGON-VENEZUELA

Decíamos hace unos pocos
días que el fiasco con que
terminó la operación “ayuda
humanitaria” intensificaría la
agresividad de la Casa Blanca
por la vía de atentados y
sabotajes selectivamente
planificados para ocasionar el
mayor daño posible a la
población y, de ese modo,
desatar lo que según los
expertos de la CIA y el
Departamento de Estado sería
un masivo levantamiento popular
en contra del gobierno
de Nicolás Maduro.

Por Atilio Boron

Algunos críticos pretendieron descalificar nuestro análisis aduciendo que quienes impidieron que llegara la “ayuda humanitaria” fueron los colectivos chavistas. Pero ahora, con un inexplicable retraso, el propio New York Times confirmó lo que quienes estuvimos en esos momentos en Venezuela supimos de inmediato: que el ataque a esa pretendida ayuda -que no era tal sino materiales para futuros atentados o brotes de violencia- fue obra de los mercenarios contratados por la oposición que de ese modo procuraron destruir las pruebas de sus mentiras y la exposición de sus designios.

Cabe resaltar que, como ocurriera en tantas otras ocasiones este lumpenaje mercenario es exaltado por la prensa del sistema cual si fueran virtuosos combatientes por la libertad generosamente financiados con dinero de los contribuyentes estadounidenses y, en este caso, la descarada complicidad del narcogobierno colombiano.

En suma, una iniciativa análoga a la que la CIA organizara en Bengasi para facilitar el ataque a Gadafi en Libia en 2011. El periódico neoyorquino publica esa noticia en sus ediciones en lengua inglesa y en castellano, y puede consultarse en The New York Times.

Numerosos informes y notas aparecidas en estos últimos días confirman que el apagón fue precisamente producto de un atentado informático, obra de hackers de alto nivel de sofisticación técnica. No viene al caso dar mayores detalles del asunto pero basta con decir que un artículo de la revista Forbes, insospechada de simpatías chavistas, si bien dice que la causa más probable del apagón venezolano hayan sido fallas y deficiencias en el mantenimiento de la red de represas no puede descartarse que lo ocurrido hubiese sido parte de una operación del gobierno de Estados Unidos dada la manifiesta beligerancia de la Casa Blanca en contra de la República Bolivariana de Venezuela y la creciente importancia que la ciberguerra ha adquirido en los círculos políticos y militares de Washington.

Según el autor de la nota, Kalev Leetaru, el “cyber first strike” tiene por misión debilitar a un estado adversario como preparación del terreno para una invasión convencional y el caos y la anarquía generados pueden forzar el derrocamiento de un gobierno extranjero sin que éste pueda acusar a su agresor. El artículo tiene un tono muy cauteloso, pese a lo cual no omite decir que “en el caso de Venezuela la idea de que un gobierno como el de Estados Unidos pueda interferir a distancia en su red eléctrica es completamente realística.”

En efecto, el ataque se dirigió al cerebro informatizado de todo el sistema eléctrico venezolano. Como lo comenta un experto de ese país, El Guri es después de Itaipú la central hidroeléctrica más grande de Sudamérica (Venezuela tiene aparte otra gran represa, la de Macagua, también afectada por el ataque) y la cuarta a nivel mundial y es controlada en su casi totalidad por sistemas robotizados de apertura/cierre de compuertas del flujo hídrico que alimentan las turbinas generadoras de electricidad.

Los sofisticados protocolos de seguridad del sistema, elaborados conjuntamente por la empresa estatal venezolana con otras dos privadas de origen europeo, fueron rebasados por una ofensiva fenomenal de “millones de incursiones por segundo de manera simultánea y multiubícua” que lograron penetrar los sistemas de seguridad de la enorme represa. Esta no es una tarea de aficionados, ni algo que Guaidó y sus rústicos compinches pudieran haber hecho desde Venezuela. Esto es guerra cibernética, la guerra de quinta generación cuyo objetivo es la destrucción física del territorio de una nación y de la nación misma, la quiebra definitiva de una conciencia nacional y la transformación de su hábitat en un páramo a ser reconstruido, parcialmente, por las grandes transnacionales que se apoderan de aquél con el sólo fin de saquear sus recursos naturales.

¿Paranoia, obsesión antiestadounidense? Nada de eso. Un crimen de lesa humanidad; terrorismo puro y duro meticulosamente planificado y perpetrado por Washington. En casos como estos la investigación siempre procura establecer los móviles de un crimen, su naturaleza e impacto, los instrumentos utilizados (el “arma homicida”) y las pruebas correspondientes.

Veamos. ¿Los móviles de Washington? Claros como el agua. ¡Maduro debe irse, ya, braman Trump, Bolton, Pompeo, Abrams, Rubio! Y para ello nada mejor que crear un caos indescriptible que afecte la totalidad de la vida social porque en el mundo actual, desde la provisión de agua y la iluminación hasta el acceso a la internet, la telefonía, el combustible, el pago con tarjetas de débito o crédito, utilizar ascensores, movilizar el metro, prácticamente todo depende de la energía eléctrica. Pompeo lo confesó en su infame tuit del 7 de marzo a las 8:19 pm: “No Food. No Medicine. Now, No Power. Next, No Maduro.” (No hay comida, no hay medicamentos. Ahora no hay electricidad. Lo siguiente: no hay Maduro). O sea, el criminal ha manifestado sus intenciones.

El motivo está claramente establecido. ¿El arma homicida? La ciberguerra, la aplicación militar de la informática, que no requiere instalar en el territorio agredido ni un solo hombre. Se puede librar esa guerra de quinta generación desde los bunkers ocultos en el desierto de Nevada, donde se manejan los drones que siembran muerte y destrucción en todo el mundo. O desde los refugios especiales en donde decenas de miles de hackers vigilan y monitorean absolutamente todo, inclusive las cuentas privadas de los gobernantes amigos de Washington.

Recordar el caso Angela Merkel a comienzos de este año.

¿Pruebas? Todavía no las hay, pero son muchos los gobiernos y las organizaciones que a su vez están vigilando y monitoreando lo que la Casa Blanca hace y deshace. Y más pronto que tarde las pruebas aparecerán, para sorpresa de los engreídos imperialistas que se creen invulnerables. Pero a falta de pruebas hay presunciones muy bien fundadas de que allí reside la banda criminal responsable del atentado contra Venezuela. Misma a la cual se subordina por completo la “oposición democrática” de ese país ante el silencio cómplice de los medios hegemónicos y los desacreditados custodios de la democracia y los valores de la república, agrupados en el nauseabundo Cartel de Lima.

El sabotaje eléctrico es una versión perfeccionada de los proyectos de desestabilización y golpes de estado que el gobierno de Estados Unidos ha aplicado desde siempre. Tomemos el caso del plan concebido para acabar con la izquierda en El Salvador en la década de los ochentas. Según testificara ante el Senado Robert White, un ex embajador de EEUU en ese país,

“los de Miami explicaron …. que para reconstruir el país primero había que echarlo totalmente abajo: se tenía que hundir la economía, el desempleo tenía que ser masivo, había que acabar con el gobierno y había que poner en el poder a un ‘buen’ oficial que llevase a cabo una limpieza completa matando a trescientos, cuatrocientas o quinientas mil personas. … ¿Quiénes son esos locos y cómo actúan? … Los más importantes son seis (empresarios) inmensamente ricos… Traman conjuras, organizan reuniones constantemente y dan instrucciones a XX”. ( Ver Oliver Stone y Peter Kuznick, Historia no oficial de Estados Unidos (Buenos Aires: El Ateneo, La Feria de los Libros, 2015, p. 630.)

El gobierno de Estados Unidos, en nombre de la burguesía imperial, busca hacer exactamente lo mismo, pero apelando a un armamento muchísimo más perverso, si cabe, para demoler la economía y destruir la sociedad venezolanas para luego reconstruirlas para su exclusivo beneficio. Como hicieron en Irak, en Libia, como trataron de hacer en Siria y en el Líbano. Y los “XX” de ahora son los Guaidó, Borges, López, Machado, Ledezma, toda esa oposición cipaya y vendepatria que en un imperdonable e inolvidable alarde de ignominia aplaude el terrorismo que Washington descarga sobre tu propio pueblo.

¿Prevalecerá el imperio en su afán no sólo de acabar con el gobierno de Maduro sino de hacer lo propio con la nación venezolana, con la patria de Bolívar, de Miranda, de Zamora, de Chávez?

No creo. Hay un dato significativo que abona mi esperanzada respuesta: en el fragor de un ataque brutal, masivo y persistente como el actual no se ha registrado ni un solo saqueo, ni un solo disturbio, ninguna bandera blanca agitándose para confesar su rendición. Inclusive en los barrios del Este de Caracas hay una tensa calma pero nada más. Hasta ahora la promoción del caos y la violencia ha fracasado, y esto es una gran noticia. Y una lección importante, que habla de enjundia de ese bravo pueblo al que le canta el himno nacional de Venezuela y que no se doblegará ante el criminal ataque de Estados Unidos.

Mientras tanto, sería bueno que la fiscalía de la Corte Penal Internacional iniciara una investigación sobre la responsabilidad que le cabe al gobierno de Estados Unidos en la comisión de delitos de lesa humanidad como los que actualmente padece el pueblo de Venezuela.

Caos y sabotajes contra el pueblo

La nueva hoja de ruta

de la agresión de EU.

Por Aram Aharonian*

Tienen razón las autoridades venezolanas en dudar de las matrices emitidas desde Washington y promocionadas por los grandes medios de comunicación, que suavizarían la agresión y los planes de injerencia de EU (Estados Unidos) en el país, con una nueva “hoja de ruta” que, sin embargo,  incluyó un ataque cibernético contra la estructura energética, extendiendo la oscuridad a lo largo y ancho del territorio, sobre las ciudades y el campo.

No solo fue un apagón: éste tiene sus secuelas en la creación de un clima de inseguridad general e incluso de indefensión; el corte de expendio de gasolina con el colpaso del transporte colectivo e individual, el bombeo del agua corriente, la caída de las comunicaciones, incluyendo internet y la televisión, el control aéreo… y la muerte de decenas de hospitalizados por imposibilidad de operarlos o aplicarles diálisis . ¿De ésto se trata la “ayuda humanitaria”?

Y el imaginario colectivo no olvida que en 2016, cuando la oposición pidió amnistía para los presos por el terror callejero, incluyeron a aquellos que participaron en el sabotaje energético y eléctrico. Ningún dirigente opositor ni la llamada “comunidad internacional de la que habla Washington y sus cómplices del Grupo de Lima condenaron el sabotaje, ni entonces ni ahora.

Con apagón incluido, militantes bolivarianos salieron a la calle a protestar por este nuevo ataque criminal. También la oposición, midiendo fuerzas en sendas marchas. Con un megáfono y desde una camioneta, Juan Guaidó reiteró que está dispuesto a usar la acción de una fuerza extranjera para deponer a Maduro. “¡Intervención!”, vociferó parte de sus seguidores, a lo que contestó con una frase amenazante de su mandante, el presidente Donald Trump: “Todas las opciones están sobre la mesa”.

El efecto de Guaidó entre sus seguidores que pedían “intervención” tras el fracaso de las acciones del 23 de febrero (Operación Cúcuta) fue de receptividad, señala Marco Teruggi. El portavoz de Washington afirmó que podría apelar al artículo 187 de la Constitución, que abriría la puerta a una intervención, según dijo, “cuando llegue el momento”. El fugado y exiliado dirigente acciondemocratista Antonio Ledezma, tuiteó: “Vamos pdte. @jguaido solicite formalmente la intervención humanitaria”.

El autoproclamado presidente interino, Juan Guaidó, degradado por los medios hegemónicos a “presidente de la Asamblea Nacional” tras el fracaso de la Operación Cúcuta, regresó al país… y no pasó nada. Ni los veteranos líderes de la oposición se le acercaron, mientras algunos países latinoamericanos, la socialdemocracia europea y sectores de la iglesia buscan un diálogo entre el gobierno y la oposición, instancia para cuya concreción Caracas puso sus condiciones.

La parte difundida de la “nueva ruta”, calificada de “adormecedora” para que el gobierno baje la guardia, son las anunciadas sanciones y presiones diplomáticas, financieras y políticas de EU para conseguir el derrocamiento del gobierno constitucional y la insistencias para que otros gobiernos se adueñen (pirateen) los fondos venezolanos en sus país. La idea es deteriorar permanentemente a Venezuela.

La oscuridad

Y la muestra de la parte de la “hoja de ruta” con la que realmente Washington quiere dañar no solo al gobierno sino al país, fue el ataque cibernético al backbone (columna vertebral) del sistema de generación (turbinas) eléctrico de El Guri, que dejó sin luz ni electricidad a casi toda Venezuela, y de paso también al norte de Colombia y Brasil, que dependen de la energía venezolana.

Ya la bélica Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) había señalado que “la interrupción del abastecimiento energético de una nación puede destruir la economía y el entramado social de un país de una forma similar a una guerra, aún sin haberse disparado un solo un tiro”.

La represa hidroeléctrica de El Guri es controlada casi en un 100% por sistemas robotizados de apertura/cierre de compuertas de flujo hídrico que alimentan las turbinas generadoras de electricidad que surten al país, con protocolos de seguridad que son de los más modernos y seguros del mundo. Pero también existen ciberatacantes de alta factura, que manipularon a distancia su Centro de Control Automatizado.

Curiosamente, el secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo, tuiteó: Las políticas de Maduro no traen más que oscuridad, para agregar que “Sin comida, sin medicinas, ahora sin electricidad. Próximamente, sin Maduro. Por su parte, Guaidó tuiteó: “Venezuela tiene claro que la luz llega con el cese de la usurpación”.

La estrategia de EU es la de estrangular a Venezuela, económica y financieramente y para eso exige el apoyo de sus cómplices. Las advertencias de Rusia y China, hicieron reaparecer los fantasmas de la Crisis de los Misiles de 1962, y la falta de respaldo total por parte de los países latinoamericanos y caribeños. Hicieron cambiar la hoja de ruta.

Por las sanciones, las refinerías de EU suspendieron la compra de 500.000 barriles diarios de petróleo de Venezuela, cuota que fue absorbida por China y principalmente por India, la que fue advertida por Washington de no comprar crudo de Venezuela. Curiosamente, India recibió un ataque misilístico desde Paquistán, que decidió distanciarse de EU y acercarse a Rusia-China, una alianza que Washington tratará de impedir.

Antecedentes acá y acullá

Este accionar de Washington ya lo había sufrido Venezuela tras el golpe de abril de 2002, cuando durante el llamado golpe-paro petrolero (diciembre de 2002 a febrero de 2003 desde Miami la empresa Intesa, que monopolizaba el “cerebro”, se manipuló el sistema que regía toda el área operativa de la estatal petrolera Pdvsa, que fue recuperado por expertos en software y hackers venezolanos.

BBC Mundo recuerda que en enero de 2010, los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica que visitaban una planta nuclear en Natanz, Irán, notaron con desconcierto que las centrifugadoras usadas para enriquecer uranio estaban fallando.

El fenómeno se repitió cinco meses después en el país, pero esta vez los expertos pudieron detectar la causa: un malicioso virus informático, Stuxnet, diseñado con una mentalidad bélica, había tomado el control de mil máquinas que participaban en la producción de materiales nucleares y les dio instrucciones de autodestruirse.

Esa fue la primera vez que un ataque cibernético logró dañar la infraestructura del “mundo real”. Pero el 23 de diciembre de 2015, alrededor de la mitad de los hogares en la región ucraniana de Ivano-Frankivsk (1,4 millones de habitantes) quedaron sin electricidad durante horas, a causa de un “virus”(BlackEnergy)  utilizado en un ataque de hackers.

Nueva hoja de ruta

El ciberataque al que fue expuesto el sistema eléctrico trató de generar e impulsar un caos, que justificara la aplicación de la Doctrina de la Necesidad de Proteger. Los venezolanos pasan a ser, para los autores de esta nueva hoja de ruta, daños colaterales en esta guerra,  Frente a un modelo de caos social, no sirve una estrategia militar, sino una estrategia social.

La nueva hoja de ruta significa entrar en una guerra compleja de desestabilización, con acciones bélicas encubiertas o con aplicaciones de la guerra psicológica (las llamadas de cuarta y quinta generación) que lleven a generar violencia, e incluso una confrontación interna, excusa para una externa. Supone también la preparación de un proceso de balcanización, que podría conducir a una fragmentación del territorio.

Llega tras el fracaso de la Operación Cúcuta, donde con el auspicio del gobierno colombiano y la dirección de Washington, participaron  grupos de guarimberos profesionales venezolanos, paramilitares colombianos, fuerzas especiales estadounidenses, con el concurso del inmenso aparato de terrorismo comunicacional y actores de las grandes empresas del espectáculo y la comunicación.

Fracasó porque no lograron vulnerar la seguridad fronteriza, defendida por militares de la FANB, pero también por milicianos, campesinos, trabajadores, pueblo. Fracasó porque los militares colombianos y brasileños no están en condiciones (y tampoco de acuerdo) con una invasión y la consecuente ocupación de la Amazonia, con temor al poder de fuego venezolano.

La nueva hoja de ruta retoma el camino de sabotajes y terrorismo interno, con el fin de aumentar el descontento y el miedo entre la población (de allí el gran apagón) afectando la distribución de alimentos y medicinas o prestación de servicios (electricidad, agua) y buscando un golpe militar contra el gobierno de Maduro. Pero el “goteo” de militares hacia la oposición, base de la propaganda opositora made in usa, fracasó (por ahora, diría Chávez)

En esta nueva hoja de ruta posiblemente estén previstos asesinatos selectivos, en busca del cambio de la correlación interna de fuerzas del bolivarianismo. Según la agencia noticioso-financiera Bloomberg, EU desgasta a Guaidó para abrir paso a la guerra. Y obviamente, para EU en estos momentos Guaidó le sirve más como mártir que como héroe.

Si Jehová mandó la siete plagas contra Egipto para salvar al pueblo judío, pareciera que el presidente tuitero estadounidense, autoproclamado nuevo mesías imperial, está dispuesto a toda costa ya no a derrocar al gobierno constitucional venezolano y erradicar el “virus” chavista, sino también a destruir al país.

*Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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