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Una selección de noticias
de lo que ha ocurrido esta
semana con el fracasado
intento de golpe en Venezuela.

Gobiernos de Uruguay y México convocan

a conferencia internacional sobre Venezuela

Los Gobiernos de ambos países estiman que más de diez delegaciones de países y organismos internacionales asistan a la conferencia en Uruguay.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay publicó este miércoles un comunicado para convocar una conferencia con países y organismos internacionales que respalden un diálogo en Venezuela.

"El propósito de la conferencia es sentar las bases para establecer un nuevo mecanismo de diálogo que, con la inclusión de todas las fuerzas venezolanas, coadyuve a devolver la estabilidad y la paz en ese país", refiere el texto.

La conferencia está prevista para el próximo 7 de febrero en Montevideo, capital de Uruguay, y estiman que acudan delegaciones de más de diez países y organismos internacionales.

Ambos Gobiernos han indicado que la decisión responde al llamado a diálogo realizado por el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres.

Además, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, también ha reiterado en varias oportunidades su disposición a dialogar con sectores de la oposición y así garantizar la paz en la nación suramericana.

Esta convocatoria pretende ser "un diálogo inclusivo y creíble que soluciones de una vez por todas la delicada situación por la que atraviesan nuestros hermanos venezolanos", continúa.

Asimimos, destacaron que Uruguay, México y la ONU están listos para trabajar con los miembros de la comunidad internacional que "deseen apostar por la diplomacia".

Asesor de Trump reconoce interés de

Estados Unidos en el petróleo venezolano

John Bolton, asesor del gobierno del presidente estadounidense, señaló en una entrevista con Fox Business que la presencia de compañías estadounidenses en Venezuela serían un aporte tanto para el país norteamericano como para los propios venezolanos.

“Estamos conversando con las principales compañías estadounidenses para que esas empresas produzcan el petróleo en Venezuela” dijo en una entrevista con la cadena televisiva Fox el asesor de Donald Trump, John Bolton. Seguidamente señaló que para que pueda producirse lo anterior es estrictamente necesaria la salida de Nicolás Maduro del gobierno de ese país.

“Haría una gran diferencia para los Estados Unidos, económicamente, si pudiéramos tener a las empresas petroleras estadounidenses invirtiendo y produciendo petróleo en Venezuela. Tenemos mucho en juego haciendo que esto salga de la manera correcta” expresó el político durante la entrevista televisada.

Las declaraciones de Bolton se enmarcan con la política del país norteamericano de reconocer a Juan Guaidó como gobernante de la nación caribeña, lo que ha conllevado que se le autorice para recibir y controlar ciertos activos venezolanos.

El asesor del gobierno de Donald Trump ya había causado polémica el lunes cuando, al anunciar un paquete de sanciones contra la compañía estatal venezolana PDVSA, tendientes a ejercer presión sobre el mandatario Nicolás Maduro para que transfiera el poder a la oposición o convoque a nuevas elecciones, había exhibido accidentalmente  un manuscrito con tinta negra en el que se podía leer la frase “5.000 militares a Colombia”.

Posteriormente el departamento de Defensa de Estados Unidos aclaró que no había planes para enviar tropas a Sudamérica. mientras el gobierno colombiano aseguró no estar al tanto de ningún envío de tropas estadounidenses.

Estados Unidos crea condiciones para ‎invadir Venezuela

Por Thierry Meyssan

Estados Unidos tiene para la Cuenca del Caribe un proyecto que el Pentágono expuso ‎en 2001. Ese plan es tan destructivo y sanguinario que Washington no puede reconocer ‎su existencia, así que tiene que inventar una narrativa aceptable. Eso es lo que estamos ‎viendo en Venezuela. Pero, ¡cuidado!, las apariencias esconden cada vez más la ‎realidad, durante las manifestaciones prosigue la preparación de la guerra. ‎

Creación del conflicto

Durante los últimos meses, Estados Unidos ha logrado convencer a una cuarta parte de los países ‎miembros de la ONU –entre ellos 19 países de las Américas– para que no reconozcan el ‎resultado de la elección presidencial realizada en Venezuela en mayo de 2018. Por consiguiente, ‎esos países tampoco reconocen la legitimidad del segundo mandato del presidente Maduro. ‎

En una entrevista concedida al Sunday Telegraph y publicada el 21 de diciembre de 2018, el ‎ministro británico de Defensa, Gavin Wiliamson, declaraba que Londres está negociando la ‎instalación de una base militar permanente en Guyana para retomar la política imperial británica ‎anterior a la crisis de Suez. Aquel mismo día, un diputado guyanés hacía caer sorpresivamente el ‎gobierno de su país y, de inmediato, se refugiaba en Canadá. ‎

Al día siguiente, la transnacional petrolera estadounidense ExxonMobil afirma que un barco que ‎había alquilado para realizar trabajos de prospección dentro de la zona en litigio entre Guyana y ‎Venezuela había sido expulsado de aquellas aguas por la marina de guerra venezolana. ‎La expedición contaba con una autorización concedida por el gobierno guyanés saliente, que ‎administra de facto la zona en litigio. Inmediatamente, el Departamento de Estado, y después ‎el Grupo de Lima, denuncian el incidente como un peligro que Venezuela hace correr a la ‎seguridad regional. ‎

Pero el 9 de enero, el presidente Maduro revela grabaciones de audio y video que demuestran que ‎ExxonMobil y el Departamento de Estado mintieron deliberadamente para crear una situación de ‎conflicto y empujar los países latinoamericanos a entrar en guerra entre sí. Los países miembros ‎del Grupo de Lima reconocen entonces la manipulación, con excepción de Paraguay y Canadá. ‎

El 5 de enero, la Asamblea Nacional de Venezuela elige su nuevo presidente, Juan Guaidó, y ‎se niega a reconocer la legalidad del segundo mandato del presidente de la República, Nicolás ‎Maduro. Según la Asamblea Nacional, la situación es similar al caso previsto en el artículo 233 de ‎la Constitución. Según ese artículo, cuando un presidente de la República se ve impedido de ‎ejercer sus funciones –por enfermedad–, el presidente de la Asamblea Nacional lo reemplaza ‎automáticamente. Como puede verse, esto no tiene nada que ver con la situación actual. ‎

El 23 de enero, los opositores a la Revolución Bolivariana y sus partidarios realizan ‎simultáneamente una serie de marchas en Caracas. Juan Guaidó se autoproclama entonces ‎presidente interino del ejecutivo. Estados Unidos, Canadá, Reino Unido e Israel lo reconocen ‎de inmediato como nuevo presidente de Venezuela. España que ya participó antes en varias ‎intentonas golpista contra Hugo Chávez, empuja la Unión Europea a sumarse a la nueva ‎maniobra.‎

La lógica de los acontecimientos conduce Venezuela a romper las relaciones diplomáticas con ‎Estados Unidos y a cerrar su embajada en Washington. Afirmando que el presidente Nicolás ‎no tiene derecho a romper relaciones con Estados Unidos, Washington mantiene su embajada ‎en Caracas y sigue aportando leña al fuego. ‎

La aplicación de un esquema ya utilizado

Contrariamente a lo que creen los venezolanos, el objetivo de Estados Unidos no es derrocar al ‎presidente Maduro sino aplicar en la Cuenca del Caribe la doctrina Rumsfeld-Cebrowski de ‎destrucción de las estructuras estatales en los países de la región. Eso exige, ciertamente, la ‎eliminación de Nicolás Maduro, pero también la de Juan Guaidó. ‎

Este esquema ya fue utilizado antes para convertir los incidentes internos que tenían lugar en Siria ‎en 2011 en una agresión externa perpetrada por todo un ejército de mercenarios, en 2014. En ‎el caso de Venezuela, la Organización de Estados Americanos (OEA) –cuyo secretario general ‎ya reconoció a Juan Guaidó como presidente– asume el papel que hizo la Liga Árabe‎ en el ‎caso de Siria. El papel de los Amigos de Siria lo asume el Grupo de Lima, que ‎se encarga de coordinar las posiciones diplomáticas de los aliados de Washington. Y Juan ‎Guaidó hace el papel del jefe de la oposición siria Burhan Ghalioun. ‎

En el caso de Siria, Burham Galioun, quien desde hace mucho tiempo colaboraba con la NED ‎estadounidense, fue reemplazado por otro personajillo, que a su vez fue reemplazado por otro, ‎luego por otro y por otro más, tantas veces que ya nadie recuerda su nombre. Juan Guaidó será ‎rápidamente desechado de la misma manera. ‎

Pero el esquema sirio funcionó sólo en parte, en primer lugar porque Rusia y China se opusieron ‎reiteradamente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

En segundo lugar, porque el pueblo sirio ‎apoyó a la República Árabe Siria y dio pruebas de excepcional resistencia. Y, finalmente, porque ‎Rusia logró respaldar y equipar al Ejército Árabe Sirio ante los mercenarios extranjeros y la OTAN. ‎Sabiendo que el Pentágono ya no podrá seguir utilizando a los yihadistas para debilitar el ‎Estado sirio, Washington va a poner ahora el caso sirio en manos del Departamento del Tesoro, ‎que hará todo lo posible por impedir la reconstrucción del país y del Estado. ‎

En los próximos meses, el autoproclamado presidente interino Guaidó tratará de crear una ‎administración paralela 


 para apoderarse del dinero del petróleo en varios litigios; 
 para “resolver” el diferendo territorial con Guyana; 
 para negociar la cuestión de los refugiados; 
 para cooperar con Washington y hacer encarcelar en Estados Unidos a los dirigentes ‎venezolanos con diversos pretextos.‎

Si tenemos en cuenta la experiencia adquirida durante los 8 últimos años en el Gran Medio ‎Oriente, no debemos comparar lo que sucede en Venezuela con lo sucedido en Chile en 1973. ‎El mundo postsoviético ya no es el de la guerra fría. ‎

En aquella época, Estados Unidos trataba de controlar todas las Américas y cerrar el paso a ‎toda forma de influencia soviética. Quería explotar las riquezas naturales de aquella parte del ‎mundo con el menor control posible de los gobiernos nacionales y con el menor costo posible. ‎

Pero hoy, por el contrario, Estados Unidos se obstina en ver el mundo como unipolar. Ya ‎no tiene amigos ni enemigos. Según la visión estadounidense una población está integrada a la ‎economía globalizada o vive en territorios que contienen recursos naturales, recursos que ‎Estados Unidos no explotará necesariamente pero que siempre quiere controlar. Y como esos ‎recursos no pueden estar simultáneamente bajo el control de los Estados-naciones donde ‎se encuentran y del Pentágono, Washington aspira a impedir el funcionamiento de las estructuras ‎estatales de esos países. ‎

Cegar a los actores

Es posible que Juan Guaidó crea realmente que puede resolver la crisis y servir a su país ‎autoproclamándose presidente interino. En realidad es lo contrario. Su autoproclamación creará ‎una situación que será asimilada a una guerra civil. Guiadó, o sus sucesores, pedirán ayuda a ‎Brasil, Guyana y Colombia, que desplegarán fuerzas “de paz” con apoyo de Israel, Reino Unido ‎y Estados Unidos. La violencia continuará hasta que ciudades enteras estén en ruinas. ‎

No importa que el gobierno de Venezuela sea bolivariano o liberal, que sus relaciones con ‎Estados Unidos sean buenas o no. El objetivo no es lograr un “cambio de régimen” sino debilitar ‎el Estado lo más posible. Ese proceso comienza en Venezuela pero se extenderá de inmediato ‎a otros países de la región, como Nicaragua, hasta que no quede verdadero poder político en el ‎conjunto de esa región. ‎

Esta situación es muy clara para numerosos árabes, cuyos países ya cayeron en esa trampa. ‎Pero, por el momento, los latinoamericanos no parecen verla con claridad. ‎

Por supuesto, también es posible que los venezolanos tomen conciencia de la manipulación, dejen ‎de lado sus divisiones y salven el país. ‎

“Han empujado a Venezuela al precipicio”:

Intelectuales publican carta en contra del Golpe a Maduro

Entre los más de 70 firmantes se encuentra el filósofo, politólogo y lingüista Noam Chomsky, y advierten de las consecuencias de reconocer a Juan Guaidó como "presidente encargado", profundizando la crisis hacia una violencia y sufrimiento innecesario que repetirá los trágicos resultados de anteriores empresas de cambio de régimen de Estados Unidos en otros países como Irak, Siria o Libia.

Un grupo de 70 intelectuales, historiadores y expertos en política latinoamericana publicaron una carta abierta donde critican en duros términos al gobierno de Estados Unidos y lo instan a no interferir en la política interna venezolana y apoyar un diálogo entre el chavismo y el antichavismo.

El texto señala sobre las consecuencias de reconocer al autoproclamado “presidente encargado” en medio de la crisis política que vive Venezuela. “Al reconocer al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, como el nuevo presidente de Venezuela, algo ilegal bajo la Carta de la OEA, el Gobierno de Donald Trump ha acelerado la crisis política de Venezuela con la esperanza de dividir a los militares venezolanos y polarizar aún más a la población, obligándolos a elegir bandos”, manifiesta el escrito publicado por diversos intelectuales.

Los firmantes, entre los que se cuentan el filósofo, politólogo y lingüista Noam Chomsky y el relator independiente de la ONU Alfred de Zayas, afirmaron que el golpe orquestado por Estados Unidos y sus aliados, solo empeorará la situación en ese país y generará “un sufrimiento humano innecesario, violencia e inestabilidad”.

El texto que también fue firmado por jefes de cátedra, profesores eméritos y directores de centro de estudios, recuerda los trágicos resultados de anteriores empresas de cambio de régimen en otros países como Irak, Siria o Libia o los históricos intervenciones en los golpes de Estado en América Latina en el siglo XX.

“Estados Unidos y sus aliados, incluido el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y el presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, han empujado a Venezuela al precipicio”, aseguraron y sostuvieron que la única solución  para una salida pacífica a la crisis es “un acuerdo negociado, como sucedió en el pasado en países latinoamericanos cuando las sociedades polarizadas políticamente no pudieron resolver sus diferencias a través de las elecciones”.

Lee el texto completo a continuación:

El gobierno de los Estados Unidos debe dejar de interferir en la política interna de Venezuela, especialmente en sus intentos de derrocar al gobierno de ese país. Resulta casi seguro que las acciones de la administración Trump y sus aliados regionales empeorarán la situación en Venezuela, lo que llevará a un sufrimiento humano innecesario, violencia e inestabilidad.

La polarización política de Venezuela no es nueva; El país ha estado dividido por mucho tiempo en términos raciales y socioeconómicos. Pero la polarización se ha profundizado en los últimos años. Esto se debe en parte al apoyo de los Estados Unidos a una estrategia opositora dirigida a destituir al gobierno de Nicolás Maduro por medios extraelectorales. Si bien la oposición se ha dividido en esta estrategia, el apoyo de los EE.UU. ha respaldado a los sectores de la línea dura en su objetivo de derrocar al gobierno de Maduro mediante protestas a menudo violentas, un golpe de estado militar u otras vías que eluden el camino electoral.

Bajo la administración de Trump, la retórica agresiva contra el gobierno venezolano se disparó a un nivel más extremo y amenazador, con los funcionarios de la administración de Trump hablando de “acción militar” y condena a Venezuela, junto con Cuba y Nicaragua, como parte de una “troika de tiranía”. Los problemas resultantes de las políticas del gobierno venezolano han sido empeorados por las sanciones económicas de Estados Unidos, que serían ilegales bajo los parámetros de la Organización de Estados Americanos y las Naciones Unidas, así como de la legislación de los Estados Unidos y otros tratados y convenciones internacionales. Estas sanciones recortaron los medios por los cuales el gobierno venezolano podría haber escapado de su recesión económica, y a la vez causaron una dramática caída en la producción de petróleo y el empeoramiento de la crisis económica,  causando la muerte de muchas personas que no pudieron acceder a medicamentos que hubieran podido salvar sus. Mientras tanto, los gobiernos de EE.UU. y sus aliados continúan culpando únicamente al gobierno de Venezuela por el daño económico, incluso el causado por las sanciones estadunidenses.

Ahora EE.UU. y sus aliados, incluido el secretario general de la OEA, Luis Almagro, y el presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro, han empujado a Venezuela al precipicio. Al reconocer al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó como el nuevo presidente de Venezuela –algo ilegal bajo la Carta de la OEA— la administración Trump ha acelerado drásticamente la crisis política de Venezuela con la esperanza de dividir a los militares venezolanos y polarizar aún más a la población, obligándola a elegir bandos. El obvio, y a veces explícito objetivo, es expulsar a Maduro a través de un golpe de estado.

La realidad es que a pesar de la hiperinflación, la escasez y una profunda depresión, Venezuela sigue siendo un país políticamente polarizado. Los Estados Unidos y sus aliados deben dejar de alentar la violencia presionando por un cambio de régimen violento y extralegal. Si la administración Trump y sus aliados continúan su curso imprudente en Venezuela, el resultado más probable será el derramamiento de sangre, el caos y la inestabilidad. Estados Unidos debería haber aprendido algo de sus iniciativas de “cambio de régimen” en Irak, Siria, Libia y su larga y violenta historia de patrocinio de “cambios de régimen” en América Latina.

Ninguna de las partes en Venezuela puede simplemente vencer a la otra. El ejército, por ejemplo, tiene al menos 235,000 miembros de primera línea, y hay al menos 1.6 millones en las milicias. Muchas de estas personas lucharán, no solo sobre la base de la creencia en la soberanía nacional que se mantiene ampliamente en América Latina, frente a lo que parece ser una intervención liderada por Estados Unidos, sino también para protegerse de una posible represión si la oposición derroca al gobierno por la fuerza.

En semejante situación, la única solución es un acuerdo negociado, como sucedió en el pasado en países latinoamericanos cuando las sociedades políticamente polarizadas no pudieron resolver sus diferencias a través de las elecciones. Ha habido esfuerzos con potencial, tales como los liderados por el Vaticano en el otoño de 2016,  pero no recibieron apoyo de Washington y sus aliados concentrados en el cambio de régimen. Esta estrategia debe cambiar para que exista una solución viable a la crisis actual en Venezuela.

Por el bien del pueblo venezolano, la región y por el principio de la soberanía nacional, estos actores internacionales deben apoyar las negociaciones entre el gobierno venezolano y sus oponentes que permitirán que el país salga finalmente de su crisis política y económica.

Firmado:

Noam Chomsky, Profesor Emérito, MIT y Profesor Laureate, Universidad de Arizona  

Laura Carlsen, Directora, Programa de las Américas, Centro de Política Internacional  

Greg Grandin, profesor de historia, Universidad de Nueva York  

Miguel Tinker Salas, profesor de Historia de América Latina y Estudios Chicano / a Latino / a en Pomona College  

Sujatha Fernandes, profesora de economía política y sociología, Universidad de Sydney  

Steve Ellner, editor gerente asociado de Perspectivas de América Latina  

Alfred de Zayas, ex experto independiente de la ONU sobre la promoción de un orden internacional democrático y equitativo y único relator de la ONU que visitó Venezuela en 21 años  

Boots Riley, escritor / director de Sorry to Bother You, músico  

John Pilger, periodista y cineasta  

Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación Económica y Política  

Jared Abbott, PhD Candidate, Departamento de Gobierno, Universidad de Harvard  

Dr. Tim Anderson, Director, Centro de Estudios Contra Hegemónicos  

Elisabeth Armstrong, profesora del estudio de mujeres y género, Smith College  

Alexander Aviña, PhD, Profesor Asociado de Historia, Universidad Estatal de Arizona  

Marc Becker, profesor de historia, universidad estatal de Truman  

Medea Benjamin, Cofundadora, CODEPINK  

Phyllis Bennis, Directora de Programas, New Internationalism, Institute for Policy Studies  

Dr. Robert E. Birt, profesor de filosofía, Bowie State University  

Aviva Chomsky, profesor de historia, Universidad Estatal de Salem  

James Cohen, Universidad de París 3 Sorbonne Nouvelle  

Guadalupe Correa-Cabrera, Profesora Asociada, Universidad George Mason  

Benjamin Dangl, PhD, editor de Hacia la libertad  

Dr. Francisco Dominguez, Facultad de Ciencias Sociales y Profesionales, Universidad de Middlesex, Reino Unido  

Alex Dupuy, John E. Andrus Profesor de Sociología Emérito, Universidad de Wesleyan  

Jodie Evans, Cofundadora, CODEPINK  

Vanessa Freije, profesora asistente de estudios internacionales, Universidad de Washington  

Gavin Fridell, Cátedra de Investigación de Canadá y Profesor Asociado en Estudios de Desarrollo Internacional, St. Mary’s University  

Evelyn González, Consejera, Montgomery College  

Jeffrey L. Gould, Profesor Rudy de Historia, Universidad de Indiana  

Bret Gustafson, profesor asociado de antropología, Universidad de Washington en St. Louis  

Peter Hallward, profesor de filosofía, Universidad de Kingston  

John L. Hammond, profesor de sociología, CUNY  

Mark Healey, Profesor Asociado de Historia, Universidad de Connecticut  

Gabriel Hetland, profesor asistente de estudios latinos de América Latina, el Caribe y los Estados Unidos, Universidad de Albany  

Forrest Hylton, Profesor Asociado de Historia, Universidad Nacional de Colombia-Medellín  

Daniel James, Bernardo Mendel Cátedra de Historia Latinoamericana  

Chuck Kaufman, Co-Coordinador Nacional, Alianza por la Justicia Global  

Daniel Kovalik, profesor adjunto de derecho, Universidad de Pittsburgh  

Winnie Lem, profesora, Estudios de Desarrollo Internacional, Universidad de Trent  

Dr. Gilberto López y Rivas, Profesor Investigador, Universidad Nacional de Antropología e Historia, Morelos, México  

Mary Ann Mahony, profesora de historia, Universidad Estatal de Connecticut Central  

Jorge Mancini, Vicepresidente, Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA)  

Luís Martin-Cabrera, Profesor Asociado de Literatura y Estudios Latinoamericanos, Universidad de California San Diego  

Teresa A. Meade, Florence B. Sherwood Profesora de Historia y Cultura, Union College  

Frederick Mills, profesor de filosofía, Bowie State University  

Stephen Morris, profesor de ciencias políticas y relaciones internacionales, Middle State State University  

Liisa L. North, profesora emérita, Universidad de York  

Paul Ortiz, Profesor Asociado de Historia, Universidad de Florida  

Christian Parenti, Profesor Asociado, Departamento de Economía, John Jay College CUNY  

Nicole Phillips, profesora de derecho en la Universidad de la Fundación, Dra. Aristide Faculté des Sciences Juridiques et Politiques y profesora adjunta de derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de California en Hastings  

Beatrice Pita, profesora del Departamento de Literatura de la Universidad de California en San Diego  

Margaret Power, profesora de historia, Instituto de Tecnología de Illinois  

Vijay Prashad, Editor, El TriContinental  

Eleanora Quijada Cervoni FHEA, facilitadora de educación del personal y mentora de EFS, Centro de Educación Superior, Aprendizaje y Enseñanza en la Universidad Nacional de Australia  

Walter Riley, abogado y activista  

William I. Robinson, profesor de sociología, Universidad de California, Santa Bárbara  

Mary Roldan, Dorothy Epstein Profesora de Historia Latinoamericana, Hunter College / CUNY Graduate Center  

Karin Rosemblatt, profesora de historia, Universidad de Maryland  

Emir Sader, profesor de sociología, Universidad del Estado de Río de Janeiro  

Rosaura Sánchez, profesora de literatura latinoamericana y literatura chicana, Universidad de California, San Diego  

TM Scruggs Jr., Profesor Emérito, Universidad de Iowa  

Victor Silverman, profesor de historia, Pomona College  

Brad Simpson, Profesor Asociado de Historia, Universidad de Connecticut  

Jeb Sprague, profesor de la Universidad de Virginia  

Christy Thornton, profesora asistente de historia, Johns Hopkins University  

Sinclair S. Thomson, Profesor Asociado de Historia, Universidad de Nueva York

Steven Topik, profesor de historia, Universidad de California, Irvine  

Stephen Volk, profesor de historia emérito, Oberlin College  

Kirsten Weld, John. L. Loeb Profesor Asociado de Ciencias Sociales, Departamento de Historia, Universidad de Harvard  

Kevin Young, profesor asistente de historia, Universidad de Massachusetts Amherst  

Patricio Zamorano, académico de estudios latinoamericanos; Director Ejecutivo, InfoAmericas

Unión Europea llama al diálogo en Venezuela

y no entrega apoyo a Juan Guaidó

La alta representante de política exterior de la Unión Europea, la italiana Federica Mogherini, emitió un comunicado en el que se mantiene el rechazo a Nicolás Maduro pero sin apoyar la autoproclamación de Juan Guaidó.

"La UE pide con fuerza el inmediato comienzo de un proceso político que lleve a unas elecciones libres y creíbles, de acuerdo con el orden constitucional", señala el texto que debió ser autorizado por los 28 gobiernos que componen al gobierno europeo.

Informa El País que la posición consensuada en los últimos meses considera que las elecciones celebradas en mayo en Venezuela no fueron democráticas y se rechaza el proceso de reelección de Maduro por carecer de credibilidad y legitimidad.

"2.000.000 en milicia, listos": Diosdado Cabello

responde al polémico apunte de Bolton

Este miércoles, el presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) en Venezuela, Diosdado Cabello, dejó ver una ficha con un curioso mensaje mientras conducía su programa televisivo, en aparente respuesta a la polémica nota mostró recientemente el asesor de seguridad de la Casa Blanca, John Bolton. 

El dato en la ficha indica la cantidad de 2.000.000 de miembros de la Milicia Nacional Bolivariana, que prepara Venezuela ante cualquier  amenaza de intervención militar.

El pasado lunes, Bolton dejó ver una nota que decía "5.000 tropas a Colombia", un día antes de que el general Mark Stammer, comandante del Ejército Sur de los EE.UU., perteneciente al Comando Sur, realizara una visita "rutinaria" a Bogotá.

Cabello dijo: "yo también cargo aquí (una ficha)", y por segundos  se vio un mensaje encabezado por la frase "Rondón no ha peleado", luego "2.000.000", "Milicia" y la palabra "Listos".

¿Qué significa la expresión 'Rondón no ha peleado'?

La expresión 'Rondón no ha peleado' hace referencia al coronel Juan José Rondón, un héroe de la Independencia de Venezuela que durante la batalla del Pantano de Vargas (25 de julio de 1819) fue llamado por el Libertador Simón Bolívar, quien le dijo: "coronel, salve usted la patria", y su respuesta fue "es que Rondón no ha peleado".

La cantidad de milicianos que aparece en la ficha de Cabello coincide con la meta anunciada por el presidente, Nicolás Maduro, de conformar 2.000.000 de milicianos y  lograr el "mejor nivel de organización" de las unidades de defensa en todo el país. 

En ese sentido, el mandatario ordenó recientemente la conformación de 50.000 unidades de defensa en todos los barrios a nivel nacional. Antes, en rueda de prensa con medios internacionales, el dignatario había llamado a la población y a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana a prepararse "para la defensa de Venezuela en cualquier escenario". 

ClariNet