DOSSIER-SAO-PAULO8

Una selección de artículos
y opiniones sobre este
evento que congregó a la
heterogénea izquierda
latinoamericana.

La izquierda latinoamericana:

en la unión está la fuerza

Por Luis Manuel Arce

El XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, que en esta edición tiene su sede en La Habana, Cuba, asume la insoslayable misión de fortalecer la unidad latinoamericana y caribeña, única forma efectiva de enfrentar los enormes retos planteados por la ofensiva global de una derecha en decadencia y por eso más peligrosa que nunca.

Más de un centenar de representantes de partidos y organizaciones de la izquierda de la región se han dado cita en el Palacio de las Convenciones capitalino para buscar mecanismos de concertación más adecuados y dinámicos que los actuales, impelidos por una agresiva política ultraconservadora encabezada por Estados Unidos que no da tregua ni permite dejar para mañana las urgentes acciones que la situación continental del momento exige.

El foro, creado en Sao Paulo en 1990 por el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, y (ahora el expresidente) Luiz Inácio Lula da Silva, sesionará hasta el martes 17 con una amplísima agenda de trabajo en consonancia con las amenazas y agresiones que se ejecutan para impedir una recuperación de los gobiernos progresistas en aquellos países donde han sido duramente golpeados, y derribar a los que han soportado con firmeza los ataques más furibundos de los últimos tiempos.

La derecha ha regresado al poder en países como Argentina, Paraguay, Brasil y Honduras como resultado de una escalada de la agresividad de Estados Unidos ante la pérdida de hegemonía en la región, y presiona con fuerza contra Bolivia, Venezuela y Nicaragua para aniquilar a las fuerzas revolucionarias y populares que sostienen esos gobiernos.

Lo importante es que la izquierda sigue viva y con deseos de recuperar el terreno perdido, como sucedió en México donde, después de numerosos intentos, las fuerzas más prometedoras encabezadas por Andrés Manuel López Obrador arrasaron en las urnas; y lo mismo puede suceder en Brasil si el pueblo logra derrotar a los golpistas encabezados por Michel Temer y el juez Sergio Moro, sacar a Lula de la injusta, ilegal y cobarde prisión, y permitir su candidatura a la presidencia en las elecciones de octubre.

De que la izquierda sigue coleante lo demuestran las luchas actuales del pueblo argentino contra el gobierno entreguista, proyanqui y fondomonetarista de Mauricio Macri, y en Ecuador donde una derecha sibilina intenta liquidar la Revolución Ciudadana del expresidente Rafael Correa, revertir lo logrado hasta ahora en materia social y económica, y tergiversar burdamente la historia reciente del país de Sucre.

Nicaragua estará en el centro de los debates y el presidente Daniel Ortega recibirá todo el apoyo del continente ante el golpe sangriento y brutal dirigido por Estados Unidos.

Al igual que ocurrió en el pasado, el Frente Sandinista saldrá del hueco en el que lo han tratado de enterrar las fuerzas mercenarias que han ensangrentado al país.

Venezuela será uno de los focos de gran atención por parte de los delegados, y Nicolás Maduro tendrá, como ha sido hasta ahora, el apoyo unánime del foro en su heroica lucha de mantener fuerte y firme, siempre victoriosa, la revolución chavista que tanto les duele a los imperialistas y sus secuaces nativos.

En La Habana, se volverá a sentir el clamor de América Latina contra el bloqueo económico y financiero de Estados Unidos y la demanda de que sea levantado de inmediato y sin condiciones.

El foro alertará del regreso de la Casa Blanca a la era de las cañoneras cuando, bajo la égida de la doctrina Monroe de América para los norteamericanos, los yanquis saquearon el continente hasta dejarla en el hueso.

De igual manera, los líderes de izquierda sostendrán una discusión fraternal y franca de los aciertos y errores de los gobiernos progresistas y de izquierda, un asunto insoslayable para conseguir las metas más ambiciosas de la reunión y demostrar que en la unión está la fuerza.

La izquierda debe reconstruir

el significado de democracia

Elmer Pineda dos Santos

CLAE / Rebelión

Las asignaturas pendientes de América Latina y la izquierda regional en la soberanía de los medios y las políticas comunicacionales, la mediatización de la política y el escenario de internet como una de las plataformas en que se soporta y expande el poder cultural, económico y político de la derecha y de Estados Unidos, fueron centro de análisis en la segunda jornada del XXIV Foro de Sao Paulo, que tiene lugar en La Habana.

El diálogo necesario entre movimientos y partidos 

En el encuentro entre los partidos de izquierda y los movimientos sociales y populares, el costarricense Jorge Coronado señaló que 10 plataformas regionales de América Latina, de diversos movimientos, de expresiones sindicales, de mujeres, de jóvenes iniciaron un diálogo con los partidos para ver cómo enfrentar esta contraofensiva, y cuál es la apuesta política de los sectores de izquierda y progresistas para enfrentar ese proceso más coordinadamente.

Coronado señala que no existe un diagnóstico común y hay diferencias de análisis entre los movimientos populares (con mayor cercanía con los territorios y las comunidades) y la izquierda política, ante procesos de este mecanismo neoliberal del capitalismo depredador que son diferentes a la práctica histórica que han planteado los partidos.

Los partidos no siempre logran leer todas las sensibilidades de grupos y comunidades locales; en muchos casos se quedan en la superestructura o no están leyendo los temas del momento. Por ejemplo, la lucha por una justicia fiscal en América Latina, donde las elites y las corporaciones extraen recursos y no pagan impuestos. La izquierda política no está abordando ese asunto, ni el de la deuda interna, no ya la externa, ni el extractivismo, añadió.

«Hay que establecer los diálogos: no es que los movimientos sociales tengamos la lectura integral correcta, sino analizar cómo complementarnos, y hay una discusión fundamental que tenemos que hacer: la del asunto de la democracia, ya que la institucionalidad burguesa se ha tragado a una corriente importante de la izquierda que sigue la lógica de esa institucionalidad.

“Al final hay que volver a reconstruir el concepto de democracia –que no es sólo elecciones y acceder al parlamento- desde una mirada de la izquierda, y hoy es más evidente que eso no existe”, indicó Coronado, quien agregó que la izquierda se ha centrado en esa superestructura de representación política.

«Sólo e rompe con la arremetida neoliberal articulando desde abajo”, concluyó.

Varios delegados se sumaron al reclamo de acercarse a las nuevas realidades, con sensibilidades distintas y propuestas como los movimientos LGTBI, los jóvenes que ahora se definen autoconvocados en muchas luchas, las mujeres y la nueva lógica de identidad de género. Son enfoques que van construyendo el discurso de lógica democrática que va más allá de la tradicional de la institucionalidad superestructural que nos construyó la burguesía.

La juventud de izquierda no está perdida

El décimo Foro de Juventudes del Foro de Sao Paulo hizo un llamado a la unidad contra el enemigo común —el poder imperial, neoliberal, enajenante— para alcanzar la segunda y definitiva independencia en América Latina y el Caribe. Las más acuciantes y problemáticas realidades de la región y el futuro de la izquierda y de los movimientos populares, fueron analizadas por centenares de jóvenes reunidos en La Habana.

Diosvany Acosta, de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de Cuba señaló que «La cultura es un campo de batalla, en especial para los países que buscamos una alternativa, es un terreno de resistencia frente a las manipulaciones del imperialismo y las oligarquías nacionales, que buscan implantar una hegemonía imperial de su valores del mundo».

Indicó que es útil para EEUU ver una juventud descontenta, desmovilizada, ajena a sus realidades, que se convierte en terreno fértil para la desvinculación de esa generación con las pasadas e insistió en que en las cuestiones de la hegemonía cultural las nuevas tecnologías y los medios de comunicación juegan un papel vital, como «herramientas de dominación o herramientas para la liberación y descolonización. El objetivo es saber cómo utilizarlas».

Lla Juventud del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) puso en el tapete los golpes blandos, que se han configurado como una de las cartas de mayor uso de las agencias de inteligencias, en especial la CIA, para derribar los gobiernos inconvenientes para sus intereses. Si bien no son infalibles, ha tenido éxitos. Esta estrategia ha sido reiterada y perfeccionada en caso de Venezuela y recientemente en Nicaragua, señalaron.

La representante de la brasileña Unión de la Juventud Socialista, se refirió a la persecución política, que sufren los expresidentes Dilma Rousseuf y Luiz Inácio Lula da Silva. Planteó que el empleo de instrumentos jurídicos, la destrucción de la imagen del líder y el derrocamiento de las instituciones pueden confundirse con los debates de corrupción e impiden ver el golpe del imperialismo donde sí lo hay, y así se desarma a la izquierda y a la unidad, destacó.

La Juventud Comunista de Colombia (Juco) dialogó sobre el despojo y la aplicación de la Doctrina Monroe, la legitimación de las intervenciones militares y el peligro de ver la realidad fragmentada y no analizarla como un todo, mientras los dirigentes de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE), se refirieron a los retos de la educación y las organizaciones estudiantiles.

La batalla cultural

La cultura como terreno en el que se libra una batalla entre la liberación y la enajenación de las mentes a nivel global fue debatido en la segunda sesión del XXIV Foro de Sao Paulo que se lleva a cabo en La Habana. El politólogo cubano Enrique Ubieta señaló que el imperialismo miente con impunidad. “No importa que al correr de los días se descubra la falsedades, la mentira permitió la acción deseada y dejó una huella en la conciencia de las masas”.

“La guerra que se nos hace”, añadió, “no es estrictamente de pensamiento, no es solo una batalla por la verdad, sino por la toma del poder y por su conservación”, y afirmó que la guerra de los revolucionarios sí debe ser de pensamiento y “demostrar a los potenciales lectores-espectadores-oyentes que los mensajes que ha recibido son trampas que explotarán en sus manos”.

Ubieta sostuvo que la izquierda no reparó en el siglo 20 ni en lo que va del 21 en la batalla cultural, que es probablemente la más difícil y a la vez decisiva, ya que no existe una sociedad nueva si una cultura nueva. “La ofensiva imperialista no se apoya en una reconquista del electorado, sino en actos criminales, golpes de estado judiciales, enjuiciamiento de líderes políticos y sociales”, señaló.

El venezolano Gustavo Borges, del grupo Misión Verdad, mostró su preocupación porque muchos intelectuales de izquierda a nivel internacional han sido penetrados por la propaganda occidental y desconocen la realidad de los gobiernos progresistas. Dijo que su país enfrenta una guerra no convencional sin precedentes, similar a la de las revoluciones de colores en Europa Oriental y la Primavera Árabe en Oriente Medio, y es uno de los pocos países del mundo que ha logrado resistirla gracias al apoyo popular.

Por su parte, el cineasta y político argentino, Tristán Bauer, destacó la importancia de abordar la cultura como parte del planteamiento estratégico de quienes apuestan por llevar adelante cambios sociales en sus países. “Entendemos los modelos neoliberales como modelos económicos, pero sin dudas el neoliberalismo es también un modelo cultural que crea subjetividades colonizadas”, añadió.

Criticó que se intente poner un signo negativo a los cambios llevados a cabo en América Latina en los últimos años y mostrarlos como “experiencias frustradas”. “Tenemos que reivindicarlos, aprender de las experiencias, tener una mirada crítica, pero saber que hemos avanzado en esta etapa como hemos avanzado en pocos momentos de nuestra historia”, dijo.

Varios participantes llamaron a articular arte, pensamiento e historia para construir cultura política y hacerlo desde las bases y señalaron que los intelectuales tienen que ayudar a sus pueblos a pensar”.

Los intelectuales

Hernando Calvo Ospina, periodista y escritor colombiano exiliados en Francia habló sobre el papel que le toca a la intelectualidad de izquierda en esta coyuntura: “Primero, darse cuenta que son de izquierda. Nuestra agenda en la izquierda nos la manejan los grandes medios de información. Si mañana dicen algo que yo sé no es así, comienzo a dudar de lo que sé. Todos podemos hacer un discurso sobre manipulación de medios, pero los medios nos manipulan”.

«Es momento de darnos cuenta de que el enemigo es uno, no hay otro: el gran imperio, encabezado por Estados Unidos. Debemos que tener conciencia de clase. El sistema (burgués) sí tiene conciencia de clase y sabe defender sus miles de millones. Nosotros, no. Es un problema muy grave. No sabemos hablarle a la gente.

Muchos de nuestros compañeros cuando escriben o hablan parecen hallar placer en buscar los sinónimos más complicados”, dijo Calvo: “Hablamos de pueblo pero no sabemos hablarle al pueblo".

El contexto comunicacional

Raúl Garcés, decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, recordó que ya no se puede ver el poder solo en términos de economía, de la organización política, sino en términos de poder simbólico, y este determina en las sociedades contemporáneas la configuración de gobiernos, sistemas políticos, de la relación entre gobiernos y opinión pública. “Por eso los centros de poder le dedican tanto dinero”.

Entre los principales rasgos y tendencias que definen hoy el poder simbólico, Garcés mencionó la norteamericanización, la personalización, la comercialización e incluso lo que algunos han llamado la norteamericanización de segundo grado, ya que la dominación no es solo de Norte a Sur, sino también dentro del propio Sur.

“Hay una franca norteamericanización de la comunicación política a partir de un franco dominio de EEUU en los modelos de comunicación política imperantes”, dijo, y subrayó que ello influye también desde el punto de vista de exportación de los modos de producción y las relaciones entre sistema político y sistema comunicativo en el mundo de hoy.

Garcés dijo que otro de los rasgos es la tendencia a personalizar los procesos políticos con un objetivo: dar a entender que desapareciendo las personas desaparece el problema, como lo hicieron con Fidel Castro, con Hugo Chávez, con Rafael Correa…” Es la idea de presentar al líder, y promover la idea de desaparecerlo, como si no fuera parte conductora de proceso mucho más complejo que nace desde abajo”, señaló.

Dotar de sentido a lo alternativo (al mensaje hegemónico) significa restaurarle su sentido a la palabra ‘deliberación’. No hay comunicación democrática sin debate, no hay debate sin que la gente tenga voz, y no hay voz sin que la gente tenga educación que permita compartir ideas.

Colonialismo 2.0

En una sociedad que transita aceleradamente de la producción y comercio de bienes y servicios físicos a la producción digital, la nueva e intensa concentración comunicativa y cultural con centro de Estados Unidos decide, por ejemplo, cómo gasta un cuarto de la población mundial cerca de 50 millones de horas diarias, señaló Rosa Miriam Elizalde, vicepresidenta de la Unión de Periodistas de Cuba y de la FELAP.

“Hay pocas instituciones públicas a nivel nacional o global que puedan enfrentar estos poderes trasnacionales. De hecho, las nuevas plataformas tecnológicas han alterado dramáticamente la naturaleza de la comunicación pública. No existe Estado-nación que pueda remodelar la red por sí solo ni frenar el colonialismo 2.0 aun cuando ejecute normativas locales de protección antimonopólica”, consideró la periodista e investigadora.

Según datos de la CEPAL, cerca del 90% de la información electrónica de América Latina y el Caribe pasa por algún nodo administrado directa o indirectamente por EEUU, y entre 70 y 80% de los datos que intercambian internamente los países de la región también van a ciudades estadounidenses, donde se ubican diez de los 13 servidores raíces que conforman el código maestro de Internet.

A ello se suma, continuó, que América Latina “es la región más atrasada, según datos internacionales, en la producción de contenidos locales y, sin embargo, es líder en cuanto a presencia de internautas en las redes sociales. De los cien sitios más populares en la región, solo 21 corresponden a contenidos locales: quiere decir que en lugar de crear riqueza para la región, el continente está transmitiendo riquezas todos los días a Estados Unidos, donde están alojadas las grandes empresas de Internet”.

Como dijo Darcy Ribeiro, es una colonización en curso de la mano de una tecnología revolucionaria, y EEUU está cumpliendo su papel con enorme eficacia en el sentido de buscar complementariedades que nos harán dependientes permanentemente de ellos.

Elizalde recalcó que “en ningún caso las llamadas plataformas sociales son un servicio neutral que explota un servicio genérico, sino que se fundan en cimientos tecnológicos e ideológicos y son sistemas institucionalizados que inevitablemente diseñan y manipulan las conexiones”.

Varios delegados coincidieron en la falta de estrategias y programas que permitan a la izquierda desafiar e intervenir las políticas públicas, y generar líneas de acción y trabajo definidas para construir un modelo verdaderamente soberano de la información y la comunicación. Es más, aún no se ha logrado concretar en la región el proyecto de un canal propio de fibra óptica que fue un sueño de UNASUR.

La izquierda en la UE y en Latinoamérica

Los delegados de los Partido de la Izquierda Europea y los miembros del Foro de Sao Paulo abogaron por un frente común para enfrentar las amenazas a uno y otro lado del Atlántico que sufren los movimientos progresistas y contrarios al estatus quo. Pablo González, del Frente Amplio de Uruguay, dijo que existen desafíos nuevos y que es necesario construir respuestas efectivas. “Nuestra incapacidad de discutir estos temas es una ventaja para la derecha”, dijo.

La delegada italiana Ana Campos Silveiro explicó que, del lado europeo, el problema mayor es una integración bajo presupuestos económicos, militares y comerciales, y no sobre la base de la justicia y la democracia. Denunció que su país cuenta con más de 300 bases militares de Estados Unidos y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo que implica un tipo nuevo de colonización y subordinación.

“Hay que tener más coraje para proponer modelos diferentes”, dijo Campos, quien criticó a la socialdemocracia europea por plegarse a los intereses económicos del gran capital, mientras la diputada alemana Heike Haense, vicepresidenta del Partido de la Izquierda (Die Linke), criticó la injerencia de EEUU y la Unión Europea (UE) en asuntos internos de diferentes países, así como el distanciamiento de gobiernos progresistas con algunos sectores de la población y de los movimientos de base.

En Europa, aseguró, el fortalecimiento de la derecha significa el fracaso de los partidos socialdemócratas y socialistas que dejan a su vez un vacío político, que ocupan generalmente los partidos de derecha radical o neonazi.

Elmer Pineda dos Santos: periodista cubano  asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la

DECLARACIÓN FINAL DEL XXIV ENCUENTRO

DEL FORO DE SÃO PAULO, REALIZADO

ENTRE EL 15 Y 17 DE JULIO 2018 EN LA HABANA

1. América Latina y el Caribe viven hoy, 28 años después de haberse fundado el Foro de São Paulo, los efectos de una multifacética ofensiva reaccionaria, conservadora y restauradora neoliberal, fruto de intereses convergentes y de esfuerzos combinados entre las élites mundiales del capitalismo transnacional, del gobierno de los EE.UU. como su núcleo hegemónico, y de las clases dominantes aliadas de nuestra región.

2. Esta multifacética ofensiva, ha logrado hacer retroceder a las fuerzas de izquierda y progresistas, mediante el derrocamiento de gobiernos, los golpes parlamentarios y judiciales. La derecha imperial y las oligarquías subordinadas han amplificado para ello los errores y las limitaciones de las fuerzas transformadoras, que sufren reveses y a la vez poseen inmensas potencialidades de lucha. Ello explica en un grado fundamental el cambio adverso en la correlación coyuntural de fuerzas imperante.

Examinar el carácter y la profundidad de los errores e insuficiencias, corresponderá de forma soberana a los partidos políticos y a los movimientos sociales de cada país.

 3. El golpe militar y parlamentario contra Zelaya, en Honduras (2009); el golpe parlamentario dado a Lugo, en Paraguay (2012); la derrota electoral de Cristina Kirchner, en Argentina (2015); el Impeachment contra Dilma Rousseff en Brasil (2016), mediante un “golpe parlamentario, judicial y mediático; la victoria de figuras de derecha conservadoras o ultraconservadoras en Chile, Paraguay y Colombia; la condena sin pruebas y prisión de Lula para impedir su candidatura a la presidencia de la República del Brasil; las divisiones ostensibles en el campo popular a la hora de encarar las agendas neoliberales restauradas; la descalificación de la política que en importantes países de la región favorecen los planes de la derecha, y el fortalecimiento público de figuras y proyectos de raíz fascista en varios países, constituyen, entre otros muchos, indicadores de la ofensiva neoliberal, que las fuerzas de izquierda están desafiada a revertir a favor de los pueblos.

 4. La actuación de la derecha guarda relación directa, con la naturaleza expansionista y depredadora del capitalismo, y con los intereses del capital financiero que lo dominan.

 5. Los hechos hablan: entre el último Encuentro del Foro de Sao Paulo (Managua/2017) y este de La Habana (2018), a nivel global se ahondaron los efectos negativos de la concentración de la propiedad, el poder y la riqueza en manos de una élite mundial decidida a imponer, a cualquier precio, mejores condiciones para elevar sus tasas de ganancia.

 6. Así lo confirman la destrucción de la naturaleza, con efectos negativos crecientes sobre el clima; las tentativas de privatización de los bienes públicos como el agua, la tierra y el petróleo y su uso predatorio por las trasnacionales; las tentativas de privatización de los fondos públicos; el ataque a los derechos laborales y sociales; el incremento insultante de la inequidad y la desigualdad; la destrucción de fuerzas productivas mediante la guerra para animar las economías llamadas centrales; la multiplicación de los flujos migratorios y del sufrimiento que millones de seres humanos padecen al verse obligados a emigrar, y la ofensiva que desarrollan los intereses transnacionales contra la soberanía nacional de nuestras naciones, a fin de facilitar el libre movimiento de los capitales.

 7. Estas realidades, agravadas por el peligroso desempeño de la Administración Trump, que busca revertir la tendencia declinante de la hegemonía norteamericana, multiplican los riesgos para la paz mundial y el estatus de América Latina y el Caribe como Zona de Paz. América Latina y el Caribe seguirán siendo prioridad para la política exterior estadounidense, cuyo dominio es de vital importancia en su afán por mantener un insostenible orden mundial unipolar.

 8. Los Estados Unidos y sus aliados necesitan consolidar la percepción de que la historia continental entró en una fase regresiva imparable a favor del capitalismo. Aunque la reacción contra los gobiernos progresistas y de izquierda fue inmediato, debido al descredito y el debilitamiento extremo de los partidos políticos de derecha utilizados para imponer la reestructuración neoliberal, los inhabilito como instrumentos capaces de descarrilar las transformaciones sociales impulsadas, según el caso, por los movimientos políticos del Foro de Sao Paulo. De ahí la necesidad de recurrir a la estrategia desestabilizadora que combina la guerra mediática, jurídica y económica, la injerencia externa y la criminalización del movimiento y la protesta social, entre otros, que sirven a los golpes de nuevo tipo (judicial o parlamentario) o la derrota electoral.

Ante esta reacción del imperialismo y las oligarquías locales contra las fuerzas progresistas, rechazamos la idea del “fin de ciclo” con la misma firmeza y convicción con que en su momento lo hicimos con la del “fin de la historia. Las fuerzas progresistas de América Latina seguiremos luchando por horizontes de un mundo basado en la justicia social.

 La Casa Blanca y sus aliados buscan lograr exactamente lo contrario: dividir, cooptar, desmovilizar y generar desánimo. Es razón suficiente para que impongamos con hechos e ideas los verbos de la unidad de la izquierda y el campo popular para organizarse y luchar.

9. Preservar las experiencias de soberanía, de ampliación de la democracia, de gobierno de carácter popular y con proyecciones antiimperialistas, impulsadas por partidos de izquierda y progresistas; ofrecer apoyo decidido y estimular los esfuerzos emancipatorios y los ideales anticapitalistas de los movimientos sociales y populares que así actúan; trabajar con denuedo por consolidar una paz duradera con justicia social e impulsar esfuerzos que permitan avanzar en la integración soberana de la que Martí llamó Nuestra América, se transforman en imperativos políticos y en pruebas de honor para la izquierda continental.

10. Como en 1990, cuando emerge como espacio de concertación y construcción colectiva de la plural izquierda latinoamericana y caribeña, frente a una coyuntura internacional marcada por la incertidumbre y la desorientación que generó la desaparición de la URSS y el llamado campo socialista, el Foro de Sao Paulo siguiendo su tradición de reflexión crítica y formulación política se ve de nuevo ante el desafío de examinar con mirada crítica el camino andado, reunificar fuerzas y hacer renovados esfuerzos para seguir construyendo los consensos que exige la ofensiva de la derecha en curso.

11. Los partidos políticos miembros del Foro de Sao Paulo llegan a este XXIV Encuentro con un acumulado político superior, que a su vez se ve multiplicado por la acción articuladora del Foro y, con plena conciencia de la imposibilidad del capitalismo depredador para ofrecer alternativas a la humanidad, lo que genera la rebeldía popular y potencialidades para la acción transformadora del progresismo y la izquierda, si esta se reorganiza, actúa al lado de los movimientos sociales, prepara cuadros y mejora sus proyectos de cambio, algunos de clara orientación socialista. Existen suficientes ejemplos en la historia latinoamericana y caribeña que prueban que cuando hay unidad, dirección política decidida y capaz, objetivos claros de lucha y moral de combate, y arraigo en las clases populares, se multiplican las opciones para contener cualquier ofensiva contra revolucionaria, conservadora y restauradora neoliberal, incluso más, para vencerla.

12. Ceder al derrotismo; auspiciar o tolerar los personalismos y sectarismos que emergen y proliferan en épocas de reveses; aceptar o promover la pérdida de confianza en la capacidad política de nuestros pueblos explotados, no solo sería hoy una afrenta a los héroes y mártires de las luchas por la emancipación del continente, sino una concesión gratuita e innecesaria a los EE.UU. y sus aliados internacionales y locales.

13. Frente al plan del imperialismo por socavar la soberanía de nuestras naciones y tomar control de sus recursos naturales, opongamos con auténtico espíritu internacionalista latinoamericano y caribeño, con firmeza e innegociable sentido de dignidad, el plan emancipador de nuestros nobles pueblos.

14. Trabajemos por fortalecer las luchas por la justicia y emancipación social, por plena soberanía política e independencia económica, por la soberanía de los pueblos y la paz mundial. ¡Reivindicar las mejores experiencias emancipatorias de los movimientos sociales y populares de la región!

En este contexto, los delegados y delgadas e invitados e invitadas al XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo, desde La Habana, Cuba, en representación de América Latina y el Caribe, de Asia y África, de Europa y América del Norte:

1. Convocamos a fortalecer el movimiento mundial en defensa de la Paz. La realidad impone sumar fuerzas para presionar, por todos los medios posibles.

2. Advertimos que los representantes del gran capital transnacional – gubernamentales y privados, militares y económicos, mediáticos e ideológicos – están operando con niveles de concertación superiores a los que conocemos.

Concluimos, por tanto, que se impone un ejercicio práctico del internacionalismo mutuo entre todas las fuerzas de izquierda de América Latina y el Caribe, Asia, África, Europa y América del Norte.

3. Observamos con preocupación cómo la derecha imperial opera de forma concertada en el Consejo de Seguridad de la ONU; a favor del sionismo en Medio Oriente; para cercar militarmente a Rusia en Eurasia; para impedir que la República Popular China, en Asia, continúe su avance como potencia económica mundial con propuestas de paz y cooperación; para destruir, en América Latina, los proyecto de justicia social, democráticos y de internacionalismo latinoamericano y caribeño que impulsan nuestras fuerzas políticas; y para fragmentar el Caribe mediante distintas fórmulas, incluidas las coloniales como Puerto Rico.

4. Ratificamos la vigencia de las siguientes causas y líneas de actuación reivindicadas por el XXIII Encuentro del Foro de Sao Paulo, efectuado en Managua el pasado año:

 – Convertir la defensa de la CELAC, mayor acontecimiento unitario de los últimos 200 años, en objetivo político prioritario a promover por todos nuestros partidos, movimientos sociales y populares, desde cada escuela, universidad o espacio de creación intelectual. Sembrar la idea integracionista en la conciencia de nuestros pueblos, ya de por sí será un avance frente a la política divisionista impulsada por los Estados Unidos y sus aliados. Confiamos en el valor de las ideas justas: aseguremos que ellas sean escuchadas por cada uno de los gobiernos de Nuestra América.

 – Transformar en objetivo de toda la izquierda y de los sectores patriotas y demócratas de América Latina y el Caribe, la defensa intransigente de los presupuestos de la Proclama de América Latina como Zona de Paz.

 – Repudiar el militarismo nacido de las entrañas del Imperialismo, que carece de límites y de escrúpulos, es una necesidad política, ligada a la sobrevivencia de nuestros pueblos. Dar forma concreta a este repudio, en cada acción política cotidiana, es una cuestión de principios que ratificamos.

 – Rechazar de forma enérgica, la idea absurda e inadmisible de que esta región del mundo pertenece a las élites de poder de los Estados Unidos o de cualquier país del mundo. Que cada día sea para la Casa Blanca un recuerdo concreto de lo afirmado por la II Declaración de La Habana: “… esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia.

 – Concertar en cada espacio internacional que lo permita, por encima de diferencias subalternas de tipo nacional o sectorial, toda acción que debilite los niveles de dominación y hegemonía de los Estados Unidos en nuestros países, es esencial y posible. El Imperio ha optado por priorizar los componentes de la guerra cultural y de símbolos. Rescatemos, como respuesta ofensiva, las tradiciones de libertad de cada uno de nuestros países. Honremos a los que las forjaron. Impidamos que la banalidad cultural del Norte que nos desprecia, se imponga sobre la rica historia de los países que representamos.

 – Conocer con rigor cómo está desarrollando la derecha internacional sus planes de desestabilización, contra las experiencias de gobierno y populares de carácter emancipatorio en América Latina y el Caribe, constituye una necesidad de primer orden. Ello será más eficaz si creamos un sólido sistema de intercambio de informaciones y experiencias colectivas. El Foro de Sao Paulo puede jugar en este campo un papel central, en particular haciendo esfuerzos en la formación política.

 – Al igual que los delegados al XXIII Encuentro de Managua, por entender que se trata de causas vigentes:

 – Reafirmamos la importancia del acercamiento y la acción concertada entre la izquierda de Europa y la de América Latina y el Caribe. Nos comprometemos en esta nueva etapa a tornar más sistemático y eficaz la acción antiimperialista unitaria entre ambas regiones. El PIE y el Foro de Sao Paulo están en condiciones de posibilitar este objetivo.

 – Denunciamos, esta vez con razones adicionales, el papel injerencista de la OEA, que sigue siendo utilizada por el gobierno de los Estados Unidos como su Ministerio de Colonias. La actuación de su secretaría general, marcada por una despreciable supeditación a los intereses de la Casa Blanca, así lo prueba todos los días. La OEA, junto al Grupo de Lima, constituyen los Caballos de Troya actuales contra la unidad latinoamericana y caribeña. Hagamos todo lo posible para impedir que continúen su avance destructor.

 – Condenamos la guerra no convencional y de amplio espectro, aplicada por el imperialismo yanqui y sus aliados europeos, latinoamericanos y caribeños contra la Revolución Bolivariana. Esta se ha convertido para la Casa Blanca en el objetivo estratégico inmediato a derrotar. Sea para nosotros, por tanto, el objetivo mayor de solidaridad en estas circunstancias. Como hace un año atrás, en Managua, el Foro de Sao Paulo se mantiene en estado de alerta y en sesión permanente de solidaridad internacionalista contra la intervención internacional hacia Venezuela.

 – Mantenemos intacta la solidaridad con lo(as) argentinas(os) y brasileñas(os), hondureñas(os) y paraguayas(os) que se resisten a aceptar el retroceso al neoliberalismo en sus respectivos países, luego de experiencias de gobierno que, por caminos propios, buscaron el crecimiento económico, la mejor redistribución de la riqueza, la garantía de derechos sociales, la ampliación de la participación popular y la democracia, asegurar la soberanía nacional y fortalecer la integración regional en el ámbito de los BRICS, todo para combatir las desigualdades sociales, regionales y de género, el racismo, o que, simplemente, retaron por su política exterior la lógica hegemonista de la política exterior de los Estados Unidos.

 – Reafirmamos nuestra absoluta convicción de apostar por la paz, en concordancia con la Declaración de la CELAC, que en enero de 2014 declaró América Latina como zona de paz. Por eso, respaldamos el pedido de las fuerzas políticas y sociales de Colombia para que el gobierno colombiano cumpla con la implementación de los Acuerdos de la Habana, mantenga abierto el proceso de dialogo con el ELN y de pasos certeros para acabar con el asesinato de ex combatientes y líderes sociales, políticos, ambientales y defensores de DDHH. Denunciamos las acciones de la ultraderecha nacional e internacional para boicotear la Paz. Es evidente que la Casa Blanca, el sionismo internacional y las fuerzas más retrógradas del continente, persisten en lograr que los grupos oligárquicos de Colombia sigan siendo tropa de choque a favor de los intereses transnacionales en América del Sur. Es vital la lucha contra esta estrategia, que ya colocó a uno de los países de la CELAC como miembro de la agresiva OTAN.

 – Rechazamos de forma enérgica la política intervencionista de los Estados Unidos en los asuntos internos de la Nicaragua sandinista, país en el que se está implementando la fórmula que viene siendo aplicada por el imperialismo norteamericano a los países que no responden a sus intereses hegemónicos, causando violencia, destrucción y muerte mediante la manipulación y la acción desestabilizadora de los grupos terroristas de la derecha golpista, que boicotean la búsqueda del diálogo, el cual constituye el mejor camino para superar la actual crisis y alcanzar la paz, lo que es indispensable para la continuación del proceso de transformaciones sociales impulsado por el FSLN desde el gobierno presidido por el Comandante Daniel Ortega y que ha reducido de manera notable la pobreza y la desigualdad social en ese hermano país.

 – Nos solidarizamos con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional y con el gobierno del compañero presidente Salvador Sánchez Cerén, que enfrentan con energía la guerra mediática, la guerra jurídica, el boicot económico y otras formas de desestabilización, y nos comprometemos a acompañarlos como observadores internacionales en la elección presidencial del 3 de febrero de 2018.

 – El XXIV Encuentro del Foro de Sao Paulo convoca y alienta a Bolivia y Chile a encontrar, cuidando las sensibilidades de ambos países, una salida al enclaustramiento marítimo boliviano en base al diálogo y el derecho internacional, y que contribuya a una verdadera integración de nuestros pueblos.

 – Renovamos el rechazo del Foro de Sao Paulo a la política de la Casa Blanca, que criminaliza a los emigrantes latinoamericanos y caribeños y, de manera particular, a los hermanos centroamericanos. Un mundo sin fronteras y con ciudadanía universal es el norte de nuestra lucha emancipatoria.

 – Rechazamos cualquier forma de racismo, intolerancia y discriminación. Impulsamos el ejercicio pleno de los derechos económicos, culturales, sociales y políticos de las mujeres, y la eliminación de la cultura patriarcal.

 – Demandamos la retirada de las fuerzas de la MINUSTAH que, siguiendo un mandato del antidemocrático Consejo de Seguridad de la ONU, mantienen ocupado Haití desde hace más de una década.

 – Condenamos el narcotráfico, el tráfico de personas y el terrorismo, y denunciamos la doble moral de un sistema que dice combatir al crimen organizado, mientras protege a sus grandes promotores y principales responsables. Defendemos el cultivo legal y el uso tradicional benéfico de la hoja de coca.

 – Proclamamos el acceso al agua como derecho humano y los demás bienes comunes (tierra, aire puro, energía etc.,) luchamos contra la depredación del medio ambiente, la amenaza a la biodiversidad y al ecosistema en general.

 – Apoyamos las exigencias de los pequeños Estados insulares del Caribe a ser resarcidos por los daños humanos de la esclavitud y a acceder a recursos que permitan su resiliencia frente al cambio climático.

 – Demandamos el levantamiento incondicional, total y definitivo del bloqueo económico, financiero y comercial del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, y la indemnización al pueblo cubano por los daños y perjuicios causados por más de medio siglo de agresiones de todo tipo.

 – Exigimos la devolución al pueblo de Cuba del territorio ocupado por la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo.

 – Apoyamos el reclamo histórico de Argentina sobre la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

 – Exigimos la eliminación de todas las bases militares estadounidenses que existen en la región (77en total, que junto a la IV Flota, cubren todo el espacio regional), y de todas las bases militares extranjeras de cualquier país, dondequiera que se encuentren.

 – Defendemos los derechos y las culturas de los pueblos originarios y afrodescendientes, y asumimos sus luchas para la restitución y ejercicio pleno de sus derechos históricos.

 – Demandamos la descolonización total del Caribe y apoyamos de manera particular la independencia de Puerto Rico, al conmemorarse el 25 de julio de 2017, ciento veinte años de la invasión militar estadounidense contra esta nación caribeña. Asimismo, nos pronunciamos por la eliminación de toda forma de coloniaje y neocoloniaje.

 – Respaldamos, en apego a la autodeterminación de los pueblos, la postulación del presidente Evo Morales habilitado constitucionalmente y respaldado por la Convención Americana para las elecciones de 2019, y rechazamos los planes desestabilizadores impulsados por la derecha de ese país, la OEA y la embajada de Estados Unidos.

 – Exigimos la libertad inmediata de Lula, después de una condena y prisión sin pruebas y el derecho a ser candidato presidencial en las elecciones de octubre en Brasil, respetándose la voluntad de la mayoría del pueblo brasilero.

                  ¡Lula Live! ¡Lula Inocente! ¡Lula Presidente!

 5. ¡Como hace un año atrás, ratificamos que América Latina y el Caribe siguen en pie de lucha! Y mantienen la decisión de actuar con optimismo, decisión y mayor sentido unitario.

 ¡Hasta la Victoria, Siempre!

La Habana, 18 de julio 2018

FORO DE SAO PAULO:

REFLEXIONES INDISPENSABLES

Y RESPONSABLES

Por Marcel Garcés M.

La realización en La Habana, Cuba, del 15 al 17 de julio, de una nueva versión del Foro de Sao Paulo, es una oportunidad indispensable y responsable para un análisis, sereno y profundo y con una perspectiva de futuro,  pero también asumiendo un sentido autocrítico, del escenario  político social de nuestra región y de la nueva épica  indispensable, que conjugue  proyectos y realismo con nuevos protagonismos  y  tradiciones que permanecen en nuestra cultura, historia, la cambiante realidad y el futuro.

Al mismo tiempo deberá ser escenario de reflexiones  sobre la responsabilidad de los sectores democráticos y progresistas, y de los nuevos actores sociales emergentes tanto como los que asumen ser herederos de las viejas tradiciones, proletarias, insurgentes, reformadoras, en el camino que hay que construir o reconstruir, y que aparece obstaculizado por las políticas cavernarias de la Casa Blanca administrado por Donald Trump y sus aliados en la región.

Los peligros para la democracia, la paz, el respeto por los derechos humanos, sociales, económicos, medioambientales, étnicos, para la convivencia, el progreso, la seguridad social, la salud, la educación, generados por un modelo neoliberal y una política neocolonial, amenazan la democracia, la seguridad internacional, la convivencia social y el porvenir de las nuevas y viejas generaciones.

No es casual que desde la Casa Blanca se revelen planes de intervención militar para ahogar en sangre  el proceso venezolano, aprobado por su pueblo y ratificado por decisiones político-electoral democráticas.

Si  tenemos una OEA que busca- tras años de conspiraciones, dar una plataforma jurídica a una intervención  armada a tropas de Estados Unidos o de una “coalición” de gobiernos y Fuerzas Armadas subordinadas, en Venezuela, Cuba, Nicaragua, Brasil o Colombia, los sectores democráticos de la región, no pueden quedarse impávidos frente a la agresión.

Esto no es ciencia ficción. En agosto del año pasado en la Casa Blanca  el presidente Donald Trump planteó a sus asesores más cercanos la posibilidad de una invasión militar contra Venezuela para derrocar a su gobierno legitimo,- según  reveló la agencia The Associated Press hace pocos días. La “opción militar” fue  planteada luego, el 11 de agosto de 2017 en una cena privada con el presidente, Juan Manuel Santos, de Colombia, idea que reiteró en septiembre del año pasado durante la Asamblea General de la ONU, ante Santos y otros aliados latinoamericanos, según la revista por internet “Político”, en febrero pasado.

Además los planes de intervención militar en la región fueron la hipótesis de guerra  de la reciente  Operación Unitas Lix, segun lo estableció, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Almirante  Kurt W. Tidd en un texto publicado bajo el título de “Golpe Maestro; un plan para derrocar la dictadura en Venezuela”, en que considera que ha llegado el momento de intervenir militarmente en Venezuela, según denunció la periodista argentina e investigadora, Stella Calloni.

No se trata de bravatas castrenses, sino que es un tema que se está discutiendo al máximo nivel de la Casa Blanca., y frente a lo que nadie puede permanecer indiferente.

Se busca elaborar una estrategia de confrontación bélica a nivel global, contra pueblos y gobiernos soberanos, en África, Oriente Medio, y la ofensiva tiene como blancos  estratégicos también a  China, Rusia, y otros lugares que  el presidente Donald  Trump, el Pentágono, el Complejo Militar Industrial y  las empresas multinacionales consideren su “Teatro de Operaciones”.

Por otro lado la reunión de destacados líderes de fuerzas políticas y sociales democráticas se desarrolla cuando parece venir de vuelta una etapa de reveses políticos y electorales de las izquierdas,  y aparecen algunos signos esperanzadores en el horizonte latinoamericano.

Como ejemplo el triunfo abrumador del líder popular mexicano,  Andrés Manuel López Obrador y su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional, MORENA,  en los comicios presidenciales del presente mes de julio,  con un  53.17 por ciento  y que significó una derrota contundente de la Derecha local y sus aliados internacionales.

Pero lo más importante es la clave de este éxito: la conexión  del candidato con la ciudadanía, la empatía lograda por su discurso y el hacerse cargo de las demandas populares, además de la superación de la aparente contradicción entre la retórica política y los problemas reales o aspiraciones de los ciudadanos.

Ello explica, en contraste con la situación que afecta en general a los procesos electorales en la región- una alta abstención y rechazo progresivo a los cenáculos partidistas y desencanto hasta por la institucionalidad democrática- por qué en los comicios mexicanos se registró un significativo bajo porcentaje de  abstención,, un 37.56 por ciento- Ello es una enseñanza al mismo tiempo que un compromiso a no olvidar por la izquierda latinoamericana  y de  Chile en particular castigada por los resultados de los comicios municipales de  2016 y presidencial y parlamentaria de 2017.

Y sobre todo,  porque nueva realidad política de México constata una recuperación de la confianza ciudadana en una propuesta política progresista, democrática, latinoamericana con la que los ciudadanos se identificaron.

Este valor de la confianza y la adhesión es un atributo de la política y debe estar en la orden del día de los partidos y movimientos de la Izquierda y se debe pensar creadoramente en  lograr este vínculo lenguaje-acción para los combates futuros.

Además, claro, de la unidad  y coherencia política, y sobre todo la responsabilidad patriótica y popular, en cada escenario nacional, y de una línea estratégica a nivel regional. De ello depende la claridad de objetivos, el sentido de futuro de las estrategias y tácticas del acontecer político, de las libertades  y la profundización de la democracia. En fin de la felicidad de los pueblos.

América Latina está dejando de ser un campo de experimentación y despojo del neoliberalismo, del intervencionismo económico, financiero y militar y algunos de sus presidentes, al mismo tiempo destacados empresarios, prohombres y  del modelo económico neoliberal han debido dejar el poder o permanecen en el, con los más bajos niveles de adhesión ciudadana, acusados de corrupción, sobornos, nepotismo.

Ahí están los ejemplos de algunos socios y amigos del presidente chileno, Sebastián Piñera, el peruano  Pedro Pablo Kuczynski, que alcanzo a gobernar 20 meses y se  vio forzado a renunciar al cargo,; de un  Michel Temer,  con un rechazo del 90 por ciento de los brasileños; del argentino  Mauricio Macri  que ha bajado a un 35 de aprobación y una desaprobación de 54 por ciento, y con una movilización opositora de magnitud.

Es evidente que tenemos la obligación de dar respuestas. Y eso esperan muchas voluntades dispuestas a hacer su aporte a las transformaciones necesarias.

El protagonismo popular, la sintonía entre el clamor del electorado y el discurso y acciones de los políticos es una experiencia y una tradición que no se puede volver a olvidar en nuestra izquierda latinoamericana  y que estuvo, por ejemplo, presente en la derrota electoral de la izquierda progresista chilena.

Obviamente no esperamos que el evento en La Habana  sea una simple reflexión autocritica, o se quede en  un mero ejercicio de  retórica autoflagelante o un ajuste de cuentas sectario e inconducente , sino que abra una perspectiva de futuro, el germen de un proceso de reagrupamiento de fuerzas, de voluntades, de sueños y la generación de una plataforma movilizadora.

La discusión es indispensable, necesaria, pero no puede quedarse en la academia, en la retórica. Debe encontrar las respuestas, la voluntad, el compromiso para propuestas elaboradas con los ciudadanos, el pueblo organizado, en un escenario de democracia participativa, de  efervescencia de “la calle”, con el despliegue  del entusiasmo de las masas, vocación libertaria, compromiso con justicia social, más allá del sectarismo, de siglas que no representan sustancia ni fuerza política o representativa, o de un mesianismo con ribetes de soberbia que solo se escucha a si mismo y menosprecia al pueblo.

Tenemos sin duda, los sectores progresistas, un conglomerado que abarca a muchas visiones, demandas, experiencias, grandes tareas políticas y sociales.

Hay muchos sectores, sensibilidades, que esperan su lugar en la construcción de una sociedad que los incluya, y los reciba y acoja como hermanos, camaradas, correligionarios, compas.

En cada rincón del continente hay muchos que confían en las deliberaciones del Foro y en sus conclusiones, con la certidumbre de que hay que pasar de la reflexión a la acción.

Estamos a tiempo.

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