POLIAMOR

La palabra comenzó a
sonar con fuerza cuando
el ancestrólogo Pedro
Engel causó revuelo al
contar -relajadamente-
que tenía una relación
simultánea con 2 mujeres.

Por Rocío Venegas

Engel, quien cree que la monogamia está tan sobrevalorada como antes lo estaba la virginidad, no es el único chileno que lleva a la práctica esto que llaman el poliamor. Un concepto que resulta cada vez más cómodo para las personas que sienten que el amor puede darse con más de una persona y que, con una fuerte connotación política, busca acabar con el amor posesivo.

Cuando tenía 13 años, Constanza no creía en el amor. O al menos no en el amor que veía a su alrededor. Criada en La Granja, en una casa donde vive con ocho mujeres que considera fuertes e inteligentes, observaba como ellas se emparejaban con hombres celosos y mediocres, que no las dejaban salir o les decían qué tenían que hacer. Sin entender por qué ellas aguantaban a gente así, comenzó a mirar de manera cada vez más crítica las relaciones amorosas.

La sensación de que lo importante era tener un hombre al lado le desagradaba casi tanto como ver que los celos parecían ser el valor agregado de un vínculo amoroso. Encontró entonces una nueva piedra de tope: la monogamia, una roca sólida sobre la que se tenían que sostener obligatoriamente las relaciones.

En plena adolescencia, y movida por la curiosidad, comenzó a leer mucho y, entre la filosofía y el feminismo, llegó al término poliamor, que se refiere a vivir relaciones sentimentales o sexuales no monógamas, donde existe el consentimiento de todos los miembros implicados. Con esa idea, Constanza logró encajar todo lo que la venía inquietando.

La monogamia está sobrevalorada

En Chile, el término poliamor empezó a sonar en la prensa y en los medios masivos de comunicación cuando el astrólogo y ancestrólogo Pedro Engel contó en el matinal “Bienvenidos” de Canal 13 que él mantenía una relación con dos mujeres. Además contó que ellas sabían, que no había problemas, porque lo importante era el amor y la confianza, añadiendo que incluso viajaban los tres.

Ante el ojo de lince tuitero, Engel quedó como un “loquillo” y el poliamor se transformó rápidamente en una idea que los medios trataban de explicar. El astrólogo ya había criticado la monogamia como única forma de relacionarse: en una entrevista con Archivo Amoroso, al referirse a la visión del amor fue categórico al decir que la exclusividad y la fidelidad como ideas sobrevaloradas. Para él, es perfectamente posible amar y estar con dos personas, siempre que sea de manera honesta.

Rastreándola en el tiempo, el autor Cristopher Ryan observa la monogamia como una consecuencia de la revolución agrícola, que garantizaba la propiedad privada, la posibilidad de delimitar la herencia de bienes y la perpetuación de especies y familias. Varios siglos después, estar con una pareja -ojalá para toda la vida- es, en común acuerdo, la forma correcta de amar.

“Si miramos el porcentaje de personas que han sido infieles es muy alto, obvio que hay un carerrajismo enorme, sobre todo si le dan color con el tema del poliamor”, dice Constanza riendo, al explicar cómo ha sido vivir relaciones poliamorosas.

Su experiencia partió con una infidelidad. Luego de cinco años de relación con su pololo, le fue infiel con una mujer. Ahí confirmó que era bisexual y se dio cuenta de que, más allá de una culpa heredada, no creía haber hecho nada malo. Finalmente terminó con él y con las relaciones monogámicas.

A Javiera le ocurrió algo similar. Ella se identifica como pansexual -es decir que se siente atraída por las personas independiente de su género-, y también le fue infiel a su pololo con una mujer. Entre los remordimientos, se empezó a cuestionar por qué se sentía tan mal si, pese a todo, lo seguía queriendo. Esa relación no perduró, pero ella ya se sentía abierta a otras formas de relacionarse.

El ex mormón que convenció a su pareja y el Tínder poliamoroso

El caso de Antonio es distinto. Ex mormón, había vuelto hace poco de estar dedicado a las misiones en Estados Unidos junto a su pareja Camila. Viviendo en la región del Bío Bío, comenzó un proceso de cuestionamientos tan intenso, que lo hizo salirse de la iglesia y preguntarse cómo enfrentaba el amor.

Aunque su religión permitía en hombres la poligamia, él y su pareja encontraban machista que las mujeres no pudieran practicar lo mismo. Sin embargo, le hacía sentido la idea de sentirse atraído por más de una persona, pues a menudo le pasaba. Primero recordando a ex parejas y luego asumiendo que por años la religión lo había hecho reprimir en más de una ocasión el hecho de que se sentía atraído por hombres.

Por eso, navegando en internet dio con un video en donde una norteamericana hablaba de poliamor, una palabra que lograba explicar lo que le ocurría: amaba a Camila, pero también quería enamorarse de otras personas.

“Cuando lo hablé con la Cami, más que una conversación fue una confesión.

Ella ya sabía que era bisexual, pero nunca se había planteado la posibilidad que yo pudiera estar con otros hombres u otras mujeres. Fue chocante para ella, se puso súper insegura y triste, tenía miedo de lo que iba a pasar con nuestra relación”, explica. Lo que él quería es que ella lo acompañara en la experiencia.

Primero la convenció de que abrieran la relación y comenzó a usar Grindr -aplicación similar a Tinder, pero gay- para conocer hombres, pues quería satisfacer su curiosidad. Luego, comenzaron los tríos. Para eso, usaban Tinder, describiéndose desde el principio como una pareja poliamorosa. Rápidamente empezaron a tener muchos “match”, la señal de compatibilidad mutua que arroja la red social cuando dos personas se dan “like”. Pero en ese caso, eran hombres que querían estar con ellos.

A partir de ese momento, cuenta Antonio, Camila se comenzó a sentir cómoda con la idea, teniendo citas con otros hombres y explorando facetas de su sexualidad que con él nunca había vivido.

Así como ellos, Constanza también usó Tinder en su momento con su ex compañero. En relación a lo que cuenta Antonio, tiene una gran discrepancia: al decidir que iba a ser “poli”, como suele abreviarse, no iba a hacer que nadie se adaptara a ella y, al ver a su pololo incómodo al asimilar la idea, prefirió terminar la relación. Para ella es algo que tiene que nacer antes que nada del cuestionamiento personal.

Celos cuando miras a otrx chicx: el poliamor no es la panacea

Lo dicen las películas, las teleseries y las canciones: el amor es de a dos, y ante cualquier amenaza que pueda destruir esa exclusividad, aparecen los celos.

En las conversaciones con Constanza, Javiera y Antonio surge constantemente la idea de la comunidad “poli”. A través de grupos de Facebook y páginas en internet, los poliamorosos de Chile y el mundo se ponen en contacto, se conocen y, ante todo, comparten experiencias.

Coinciden en algo: ser poliamoroso no es ser “un loquillo”, como titularon en The Clinic al hablar de Pedro Engel, pues comienzas a cuestionarte la forma de querer que aprendiste durante toda tu vida.

“Si quieres ser poliamoroso tienes que construir mucho tu seguridad personal, sacarte ciertos cánones. Para una persona promedio como yo es un trabajo muy duro, que vas esculpiendo desde adentro. Es como si te metieras la mano al cerebro y trataras de sacarte tumores, costumbres arraigadas”, explica Constanza, quien ha tenido relaciones en “V”, es decir ella y dos personas, y en “tríada”, es decir, una relación de a tres. En otros casos puede ampliarse, generando más vínculos dentro de un grupo o hacia afuera, partiendo desde el consenso.

Javiera hoy se encuentra contenta. Tiene una relación en “V”, donde está con un chico y una chica simultáneamente. Aunque se conocen, no pasa nada entre sus dos parejas. Para ella, la idea que más le acomoda es la de la anarquía relacional, donde no jerarquiza sus relaciones y la reconoce distintas e igualmente valorables.

“Es un espacio de resistencia, te conoces a ti mismo y, si lo logras, decanta en amores más maduros, que salen del sistema heteronormado”, explica. Para ella, lo mejor ha sido salir de la zona de comodidad y dejar de concebir otro tipo de relaciones solo desde la teoría. “También hay días malos, como en cualquier tipo de relación”, reconoce.

La psicoanalista y columnista Constanza Michelson concuerda en que la monogamia no es la única forma de relacionarse amorosamente, sin embargo cree que el amor siempre, como sea, trae consigo grandes escollos: la vulnerabilidad de dejar entrar a una persona en tu vida y la posibilidad, casi inevitable, de terminar con el corazón roto sufriendo por amor.

Aunque observa que el poliamor hoy se concibe principalmente desde la premisa política de que la otra persona no te pertenece, teme que detrás de ellos está lo que observa clínicamente como “la promesa de superar la neurosis”, buscando a través de esta determinación evitar, por ejemplo, las penas de amor.

“Ocurre al final que hay cuestiones que no se controlan, entonces lo poliamoroso no es tan cierto. No siempre se pueden evitar o controlar los celos”, explica.

Para ella, el problema es cuando, huyendo de una moral impuesta, como sería la monogamia, se cae en otra. “Cuando uno cree que eso es una verdad o es mejor que otra cosa, volvemos a reproducir la misma moral que estamos tratando de superar. A propósito de amor, a mí me parece muy interesante que todo el progresismo cultural tenga como mecanismo el deconstruir. El amor es deconstrucción permanente porque te obliga a ir más allá de ti”, asegura.

Tanto para Javiera como para Constanza, asumirse poliamorosas fue un proceso antes que nada, personal, en donde se vieron obligadas a enfrentarse a sí mismas, para luego decidirse a enfrentar las imposiciones externas con seguridad.

“Salir del closet” es una idea que se repite casi tanto como la de los celos. Javiera cuenta que, aunque no lo dice explícitamente, en su familia y en la de su compañero saben que es pansexual y que están en una relación “más liberal”.

Antonio cuenta que él y su pareja están en un proceso paulatino de asumirse poliamorosos, pero por el momento lo han hecho ante una comunidad reducida, que han conocido principalmente a través de las redes sociales.

Entre todas las dudas o artículos que aparecen en las comunidades poliamorosas, en más de una ocasión aparecen publicaciones que rápidamente sus miembros repudian, pero que demuestran que se puede haber superado la monogamia, pero no el machismo o la noción de pertenencia en las relaciones.

Algo así experimentó Constanza, que estuvo con un hombre que más que practicar el poliamor, en su opinión soñaba con ser polígamo y fantaseaba con la idea de estar con varias sin embargo, se conflictuaba ante la posibilidad de que ellas estuvieran con otras personas, algo que efectivamente experimentó, al estar en una relación de triada con Constanza y otra mujer, que terminó cuando la chica decidió cortar con él. Tras una separación de un par de meses, decidieron volver a estar juntas.  “Que la otra persona sea poliamorosa está lejos de ser una garantía de que la relación va a funcionar”, reflexiona, agregando algo parece ser la regla en casi cualquier ámbito de la vida: siempre depende de la persona.

ClariNet