MUNDO

Investigadores de la
Universidad de Southern
California han anunciado
recientemente la exitosa
aplicación de implantes
cerebrales para mejorar
la memoria en
voluntarios humanos.

Esto ha supuesto un importante espaldarazo para la BRAIN Initiative —puesta en marcha por el ex presidente Obama en 2013—, un ambicioso proyecto con muchas luces pero también algunas sombras. La principal, la importante participación de la Agencia de Defensa estadounidense DARPA .

“Si queremos tener los mejores productos debemos invertir en las mejores ideas. Cada dólar invertido en investigar el genoma humano ha revertido 140 dólares en nuestra economía. Actualmente nuestros científicos están mapeando el cerebro humano para descifrar las claves de enfermedades como el Alzheimer. No es el momento de cortar las inversiones que crean puestos de trabajo en ciencia e innovación, es el momento de alcanzar un nivel de investigación y desarrollo nunca visto desde el momento cumbre de la carrera espacial”.

Con esta encendida proclama, el presidente Barak Obama anticipaba durante el discurso sobre el estado de la nación de 2013 lo que pocos días después iba a convertirse en anuncio oficial: la puesta en marcha de la bautizada como Iniciativa BRAIN (Brain Research through Advancing Innovative Neurotechnologies), con una inversión inicial de 100 millones dólares —aportada por agencias gubernamentales y por contribuyentes privados— y con el ambicioso objetivo de promover e impulsar el desarrollo y aplicación de nuevas tecnologías a fin de revolucionar nuestro conocimiento sobre el cerebro humano y encontrar cura para los diversos desórdenes cerebrales.

El pasado noviembre, investigadores de la Universidad de Southern California dieron a conocer los exitosos resultados alcanzados con implantes cerebrales para mejorar la memoria. En esencia, estas prótesis son pequeños dispositivos equipados con electrodos que se insertan en la región cerebral del hipocampo. Al generar impulsos eléctricos replican el mecanismo natural por el que se forman y almacenan los recuerdos a largo plazo.

Para ello, integran un software programado con un “neurocódigo”, identificado y desarrollado a partir del análisis y estudio de las señales cerebrales. Lo que se persigue es que los implantes restauren o reemplacen los circuitos neuronales de la memoria en personas con lesiones cerebrales o afectadas por dolencias como la demencia o el Alzheimer, que han perdido la capacidad para recuperar sus recuerdos. Actuarían como una especie de bypasscerebral para sortear el área dañada.

En el experimento efectuado, los investigadores constataron que los resultados alcanzados por los veinte sujetos voluntarios en los tests de memoria mejoraban en un 30% con el empleo de los dispositivos. Y sus creadores están convencidos de que, de forma inminente, implantes análogos se podrán emplear para tratar otro tipo de lesiones, trastornos y desórdenes cerebrales. Si se desarrolla el correspondiente código neuronal para programarlo, se podrán tratar desde problemas neurodegenerativos hasta lesiones oculares o de movilidad, autismo o dislexia.

El primer mapa de conexiones eléctricas del cerebro

Casi simultáneamente al equipo de California, científicos de la Universidad de Pensilvania anunciaban la construcción del primer mapa completo de las conexiones eléctricas del cerebro humano, que facilitará la identificación de los necesarios códigos neuronales. Otro logro adscrito a la BRAIN Initiative.

“Los implantes neuronales tienen el potencial de mejorar la calidad de vida de personas con lesiones ofreciendo, por ejemplo, una forma de traducir un impulso motor del cerebro y transmitirlo o dirigirlo a un dispositivo ya sea un cursor, una silla de ruedas o una prótesis.

Y la iniciativa Brain constituye una importante financiación para investigar en este campo” expone en declaraciones para Openmind Sara Goering, profesora de Bioética en la Universidad de Washington y coautora del artículo publicado en Nature en el que un grupo de expertos aboga por el inmediato establecimiento de un código ético y una legislación relativa a la aplicación de dispositivos cerebrales.

Y es que las nuevas tecnologías neuronales no están libres de zonas oscuras. “Hay que tener mucho cuidado cuando se trata de intervenir sobre el cerebro humano debido a que nuestra identidad y autonomía depende del mismo. Por lo que debemos de ser muy conscientes de que cuando coloquemos un implante, éste no las ponga en riesgo. Debemos ser plenamente conscientes de dónde debemos situar el límite y pensar muy bien cómo queremos regular y proteger lo que más valoramos” argumenta Sara Goering.

Implantes para soldados

Estas preocupaciones son mayores, si cabe, cuando la principal agencia gubernamental que contribuye a financiar la iniciativa BRAIN es la organización militar DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency). Y entre los programas que sufraga se incluyen algunos como los denominados RAM (Restoring Active memory), RAM Replay, que persiguen el desarrollo de tecnologías para la recuperación de recuerdos en personas afectadas por daños o lesiones cerebrales traumáticas como los veteranos de guerra. Y también la recuperación de recuerdos específicos y habilidades previamente adquiridas por cualquier persona (sana), específicamente por soldados.

Se desarrollan bajo la premisa de que “el personal militar soporta una creciente responsabilidad a la hora de valorar, tomar decisiones y actuar apoyado por su experiencia. Cómo de bien se recuerde y se recuperen dichas experiencias puede marcar la diferencia en su forma de proceder en combate o en otras situaciones de riesgo”, dice el Dr. Justin Sánchez, director de programas de DARPA.

En tanto, el programa bautizado como TNT (Targeted Neuroplasticicty Training) tiene como objetivo alcanzar tecnologías que optimicen el aprendizaje y adiestramiento de los soldadospara reducir tiempo y coste y maximizar sus capacidades.

Y en realidad, todos ellos son herederos de las líneas de actuación puestas en marcha por la Agencia de Defensa en el campo de la investigación en implantes cerebrales desde la década de los 1970.

“Emplear implantes neuronales para mejorar las capacidades de los soldados resulta conflictivo —apunta Sara Goering—. Entiendo que la mejora de sus capacidades reduzca las bajas y proteja a  los soldados, pero en el contexto militar me preocupa las presiones que puedan existir para consentir su uso y la forma de aplicarlo.

Es por ello que nuestro grupo está planteando la formación  de una comisión internacional a fin de establecer las líneas de actuación y los límites para el desarrollo y la aplicación de neurotecnologías, aun cuando somos conscientes de las dificultades de predecir qué puede llegar a ser posible”.

Miguel Barral

ClariNet