CONSULTORIO SENTIMENTAL
Por el Profesor Jean de Fremisse
Bondadoso y sabio señor
Estoy en un dilema desgarrador.
Mi marido el Ladrillo Verde,
está preso porque lo pillaron
robando en una tienda importante,
con unos colegas
malacatosos como él.

Logré verlo en el tribunal y me dijo muy campante: “¿Si los generales se roban 25 mil millones por qué nosotros no podemos agarrar un par de palitos?” “Además era La Polar, que dicen es llegar y llevar… que nos estafaron en millones y a mí me siguen cobrando cuotas onerosas por una deudita”.

Ahora está incomunicado y expulsado de las filas o sea, preso y cesante.

Yo lo quiero profe, tenemos dos niñitos que, hasta ahora, querían seguir los pasos de su padre y convertirse en verdolagas.

En el barrio me señalan con el dedo y hasta me insultan. Antes teníamos el respeto de todos los vecinos.

¿Qué debo hacer? ¿Divorciarme y volver a mi pueblo en el sur y olvidarme del Ladrillo? ¿O debo solidarizar con él y esperar que, con suerte le den una pena bajita o remitida y ver cómo nos arreglamos?

DESOLADA

LA ACOMPAÑO EN SU DESOLACIÓN

Su caso no es muy fácil de resolver.

Su marido está inmerso en una mafia verde, muy descompuesta desde la cabeza hasta el último paco del tránsito.

Esa frase para el mármol que se mandó, si los jefes roban, y mucho, ¿Por qué yo no sólo un poquitito? De alguna manera tiene razón aunque no creo que esa sea la solución de nada, porque acá, siempre, el ladrón de gallinas va preso y el Piraña va de candidato.

Creo que los jueces, que con los uniformados han sido siempre benevolentes, atenderán a su recta conducta anterior y le darán una pena remitida de morondanga, con un firmita mensual cuando mucho.

Cuando salga, que se busque alguna changa como emprendedor que está de moda. Tal vez váyanse todos a los sures para que no los sigan basureando los vecinos.

Y por favor, sáqueles de sus cabecitas infantiles a sus retoños un futuro verde. 

Ahora le educación es gratuita y en vez de andar apaleando gente, podrían llegar ser profesionales.

JEAN EL SABIO

ClariNet