Consultorio Sentimental
Por el profesor Jean de Fremisse
Estimado consejero:
A mí siempre me han pasado
cosas raras, pero estimo que
esta ya se pasó de la raya.

Sucede que me enamoré, desde el dedo gordo del pie hasta el último pelo de mi rebelde cabellera, de una amiga de la familia que tiene 45 años, recién divorciada.

Lo peor del caso es que ella se ríe en mi cara, me dijo y con razón, debo aceptarlo, que podía ser mi mamá y haberme tenido cuando se iniciaba en los 20.

Lanzada en el chuleteo hacia mi pobre y rajado corazón, dice que soy una guagua que necesita de una nodriza y de un chupete, que soy ridículo y que me debería hacer revisar el coco. No sé qué pensar.

Eliseo Segundo Babilonio

  

Mi  adolorido admirador de antigüedades:

Se encuentra usted ante una disyuntiva muy difícil de enfrentar.

Cuando ellas no quieren, no quieren y punto.

Es muy difícil que cambien de opinión. Lo que más le puedo recomendar es que se busque una de 35 porque si le da por las de 15 también le va a ir mal, pero con los papás.

Jean, el precavido

  

De la FilosofíaTanguera

 

 UN CARRETE BIEN VALE

JUGARSE  LA SUERTE FAMILIAR

 

 Por el hijo de Jean de Fremisse

Como reconocería el tango, una buena farra, un carrete por todo lo alto, bien vale jugarse la suerte de la familia, aunque tenga que arrepentirse por mucho tiempo hasta alcanzar el perdón.

Y como el viejo ritmo tropical, contemporáneo de la música ciudadana, el cuitado no estaba muerto, sino que simplemente andaba de parranda, aunque en realidad no le dijo a su señora que se había marchado al otro mundo, sino que esos malandrines que tanto abundan en estos días, lo habían secuestrado.

La pobre mujer de este taxista ni siquiera pensó en que su familiar no era como para darse el trabajo de raptarlo, porque no era precisamente un adinerado caballero del cual podría obtenerse un jugoso rescate, pero en realidad los nervios y la angustia no ayudan a abrirle la puerta a la razón y el sentido común.

Una vez descubierto el pastel pidió que lo llevaran silenciosamente a una oscura celda donde nadie le viera la cara, menos su gente, pero los polis no están para juegos y lo echaron al agua miserablemente. Fue así como su media naranja se enteró que la engañó fingiendo un burdo secuestro cuando en realidad se había concertado con un par de amigotes para pasar una noche de licor y bonitas féminas.

El  tontorrón, de 23 años y a quien se identificó solamente por su primer nombre: Franco, un mal bautizo porque la franqueza no es una de sus virtudes, le hizo saber a la incauta Beatriz, un año mayor que él, que estaba en poder de temibles asesinos. La pobre se fue a la 52ª comisaría de La Rinconada de Maipú, donde hizo escuchar a los pacomios de guardia los escalofriantes llamados telefónicos de auxilio del farrero.

Los mensajes de voz incluyeron gemidos, amenazas de supuestas torturas y ruidos de golpes. Beatriz fue conminada por crueles varones de siniestros acentos a no llamar al celular de su amado, porque eso lo condenaría a muerte.

Se movilizó el OS-9 e inició la búsqueda. Rápidamente quedó en claro que las rutas seguidas por la banda eran raritas y correspondían a los domicilios de los tres mejores amigos de Franco, una que otra botillería y locales nocturnos de admisión restringida, que cobran por la entrada y no poco.

Al final, lo pararon en Lo Errázuriz con Costanera Norte, cuando se mataba de la risa junto a dos de sus compinches y rapidito confesaron.

Ahora Franco trata de convencer a Beatriz que todo fue una inocente broma, gatillada porque ella es muy celosa.

Como diría el tango, en este caso a una percanta, ya no sos mi Margarita ahora te llamás Margot y te gusta la vida fácil.

ClariNet