Consultorio Sentimental
Por el profesor Jean de Fremisse
Sacrificado caballero:
Soy un varón maduro, con mis
décadas a cuestas, que ni en mis
pesadillas soñé siquiera que
quedaría solo y abandonado.

Mi señora parecía ser la compañera perfecta dentro de lo que se puede pedir y todo anduvo bien por años.                  

El problema ha sido el hijo. Le costó concebirlo y el parto fue difícil, tanto que los médicos le advirtieron que la maternidad se cerraba para ella, Convirtió a la guagua en un objeto de culto y mientras crecía, la cosa empeoró.

Para poner las cosas en limpio, tiene 24 años y sigue estudiando la secundaría ahora en un liceo nocturno. Se emborracha, fuma como chino en velorio, exige mesada diaria, no mueve un dedo en la casa y en la calle es un vago agresivo.

Desde que me dí cuenta, intenté enderezarlo y ahí comenzó la pelea.

Finalmente, hace unos meses rompimos porque nuestra vida en común no daba para más, el cariño y el respeto se esfumaron y somos dos adultos mayores que no se soportan.

Tras tener un hogar, vivir solo es duro. He pensado en buscar otra señora, pero me da miedo. Usted ¿qué piensa?   

Madurito

Colega de canas:

La empresa que anhela no es imposible, tampoco fácil. Busque alguna mujer recatada y sin ínfulas de ser la amiga del barrio.

En lo posible sin hijos ni menos sobrinos adorados; aunque parezca ridículo haga encargos en lugares de esos para desarrollar talentos y cosas parecidas.

Ni se le ocurra visitar un club de la tercera edad porque ahí se van intercambiar recetas para los achaques y fingir juventudes desaparecidas. Y ruegue, porque es cosa de suerte más que nada.

Jean, el serio

De la Filosofía Tanguera

 

LOS AVIVADOS NOS HAN ESTAFADO

Y LO CONTINÚAN HACIENDO

 

Por el hijo de Jean de Fremisse

El tango repele a los pillos, los avivados, les llama, y asegura que son una peste citadina a la que nadie pone atajo.

Esta vieja y no tan olvidada poesía urbana, que se debate entre lo sentimental y lo social, produce historia, dicen los sabios. Son hechos que se recuerdan en la memoria de los pueblos y por lo tanto, sucesos sin tiempo pero que levantaron ampollas y crearon agravios colectivos, cuya remembranza, aunque brumosa, persiste a través de las generaciones que se suceden sin mengua.

Desde siempre, la gente ha incorporado dichos, frases y hasta versos completos en la conversación diaria. ¿Quién no ha respondido con un dicho o una letra de tango? Uno de ellos, de los más amargos, nos habla de ese siglo XX cambalache que ya se fue y que se tornó en XXI, sin que el progreso tecnológico, fuera del calzado y los pantalones bermuda, cambiara a fondo el transcurrir de las horas y los días para los de abajo.

En cambio, los pillos, ahí siguen medrando. Un segmento de estos seres, los sostenedores de colegios subvencionados, tratando de paliar la gratuidad, por estos días, ponen en práctica muchas trampitas.

Una de estas es coludirse con algunos fabricantes y cambiar una prenda del uniforme, para obligar a los padres a comprar otra y así echarse unos pesitos al bolsillo, como les enseña la Marianita Aylwin y sus empresas de asesorías docentes.

La pillería de este año han sido las blusas y camisas. Se pasó de las blancas a las celestes y de las celestes a las azul marino, la rocha no ha sido mucha, tampoco las ganancias, pero son billetes que robustecen la fortuna familiar de los involucrados.

Como viene pidiendo el tango, por décadas, sería bueno que las autoridades se pongan las pilas y le paren el carro a estos pilletes.

ClariNet