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CONSULTORIO SETIMENTAL
Por el profesor Jean de Frem isse
Hombrecillo de los consejos:
Sucede que mi esposo, el Turulatus
Absurdus, que no tiene ni tierra en los
zapatos y menos una luca en el bolsillo,
dice que quiere exiliarse con el Hernán
Buche, ¿o será Büchi? – bueno, da lo
mismo--, porque en este país
tratan mal a los empresarios.

Le contesté que él ni siquiera trabaja y me salió con la novedad del año para los regalones: Mira, mujercita, a tí el caletre apenas te da para pelar cebollas moradas en un restaurante peruano. Yo,  en cambio, todo este tiempo me la he pasado pensando en ser millonario y ya, casi-casi, termino. Por eso me voy donde aprecien mi intelecto.

Estoy cansada, profe, de pasar pellejerías en este país y este otro quiere ir a sufrir carencia en otro lugar, donde no tengo ni una amiga, esta loco. ¿Qué opina usted?           

La Chefita Chefosa

Mi niña:

Dio usted en el clavo haciéndome esta pregunta.

Durante muchos años, mientras iba de pensión en pensión, mi especialidad eran las chiquillas de la cocina. Por eso nunca pasé hambre.

Dígale al Turu que se acabó lo que se daba y se casa con un lava copas con buena pinta y cuando mucho se tendrá que ir a Renca.

Jean, el gourmet

DE LA FILOSOFÍA TANGUERA

 

CUANDO COMER ES TODO UN LUJO

 

Por el hijo de Jean de Fremisse

El tango, aunque en lunfardo rioplatense, suscribe con entusiasmo el viejo proverbio aquel de guatita llena, corazón contento.

Y se comprueba una vez más en pleno siglo XXI -¡que vergüenza!, aseguran quejumbrosos los bandoneones-, cuando se leen unos documentos de la Fundación Amigos de Rimkieta, uno de los barrios más miserables de Ouagadougou, la andrajosa capital de Burkina Faso.

Los activistas de la organización entrevistaron a 20 niñas, sin una alfabetización completa, de aquel lugar, empezando por la pregunta: "Y a ti, ¿qué te hace feliz?"

Burkina Faso, en una ironía cruel y amarga, está lleno de yacimientos de diamantes, sin embargo, la inmensa mayoría de su población pasa habitualmente mucha hambre, por eso las niñas, en líneas generales,  contestaron: "Estoy contenta cuando puedo comer tres veces al día".

Se trata de pequeñas entre ocho y 11 años. "Lo que me hace feliz es poder comer ensalada alguna vez", afirma Bintou, de ocho años. "Cuando me dejan una muñeca para jugar un rato soy feliz", indica Saibata, de la misma edad. "Lo que me hace feliz es poder estar en la escuela  y poder tener cuadernos y lápices", apunta Julienne, de 10 años. "Ser la primera en clase y que me regalen un cuaderno para hacer los deberes, me hace feliz", contesta Latifatou, de 9 años.

"La mayoría de estas respuestas están en otro plano, en el de necesidades tan elementales que no se nos ocurre que sean las respuestas que se darían en nuestra sociedad", señala ingenuamente la Fundación en su blog. Asimismo, se planteó la interrogante: "¿Qué te pone triste?" y la respuesta más recurrente (10 de las 20 niñas) fue la siguiente: "Me pongo triste cuando me pegan en casa". "El hambre". "Cuando mi abuela no me puede comprar el desayuno" o "Cuando saco malas notas".

En relación al remedio que utilizan las menores para poner fin a esta tristeza, "trabajar bien en el colegio", "obedecer en casa" y "hacer los quehaceres y tareas del hogar que me piden, para que no se enfaden conmigo y así no me golpeen", fueron algunas de las confesiones.

La pregunta que no se hace el tango es si esto solo ocurre en África porque es lógico pensar: ¿Y cómo andaremos por casa?

En los cinturones de pobreza de las grandes ciudades, no mucho mejor, eso lo sabemos todos, menos el Chapo Piraña y su amigote trasandino Mauricio Macri.

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