ALDR-HUMO

De acuerdo a muchos años de
estudios y contra creencias
populares tan viejas como la
humanidad, el humo es el peor
asesino que se oculta tras el
brillo trágico de las lenguas de
fuego y la causa principal de las
muertes relacionadas con
incendios, muy por encima de
las quemaduras, que es lo que
usualmente se suele pensar.
Por la doctora Verónica
Gutiérrez Portillo

Los cálculos más recientes indican que es la mezcla de elementos tóxicos que emanan de una combustión de productos inflamables, en realidad una mezcla de partículas ardiendo y gases, que ocasionan desde graves problemas para inhalar oxígeno, con riesgo de muerte, hasta irritaciones menores en la mucosa respiratoria.

Según decenas de indagaciones, la gravedad del cuadro dependerá de numerosos factores, como si el incendio se produce en espacios cerrados, la combustión de determinados materiales que contienen sustancias asfixiantes, el tiempo que la víctima haya estado atrapada en el siniestro y el historial personal de enfermedades respiratorias, como el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).

Con los abrumadores incendios forestales que afectan a parte de Chile, el tema se impone.

Veamos: El humo daña el organismo de tres modos diferentes, por la asfixia dado que la combustión consume el oxígeno disponible, que desciende a unas concentraciones por debajo del 15%; por la inflamación rápida de los tejidos quemados que obstruyen el flujo de aire a los pulmones; y los daños a nivel celular ocasionados por los tóxicos en combustión.

Como si no fuese suficiente, el humo provoca lo que se conoce como hipoxia tisular, que es una afección en la que se produce disminución de oxígeno a un tejido provocado por isquemia (trastorno celular causado por la disminución transitoria o permanente del riego sanguíneo) y que es sumamente peligrosa porque puede derivar en una necrosis (muerte del tejido), un proceso irreversible y muchas veces mortal.

Los responsables de esta disfunción son los tóxicos principales del humo: el monóxido de carbono y el ácido cianhídrico o cianuro. El humo también puede contener otros tóxicos, como la acroleína (un líquido que se inflama fácilmente en el aire y que a temperaturas normales se transforma en vapor mucho más rápido que el agua.

Esta transformación se acelera a medida que la temperatura aumenta. Altas concentraciones de acroleína en el aire pueden resultar fatales para los animales y humanos), el fosgeno (también conocido como oxicloruro de carbono que a temperatura ambiente es un gas venenoso) o el ácido clorhídrico que actuarán como irritantes en las vías respiratorias y que desatan una complicación severa del cuadro.

La composición exacta de este asesino es variable y depende de los objetos que se hayan quemado, la temperatura del fuego, la cantidad de oxígeno disponible, etc. La muerte por inhalación de humo suele ser rápida. Algunos de los síntomas de esta suerte de envenenamiento son tos, falta de aliento, ronquera, dolores de cabeza, irritación ocular, presencia de hollín en las fosas nasales y garganta, cambios agudos en el estado mental (confusión, mareos...) y pérdida de conocimiento.

En los tiempos en que la muerte en la hoguera era una sanción judicial corriente, los verdugos cobraban a los parientes del condenado un soborno por rellenar el cadalso con leña verde, que produce más humo que la seca, como tan bien lo saben en el sur del país.

ClariNet