ALDR

Un estudio demuestra que los
déficits funcionales originados
por un solo microinfarto afectan
a un área de tejido doce veces
mayor de lo que se pensaba y
de lo que se aprecia
en un comienzo.
Por la doctora Verónica
Gutiérrez Portillo

En un artículo publicado en el Journal of Cerebral Blood Flow and Metabolism por investigadores de la Universidad Médica de Carolina del Sur, (MUSC, por

sus siglas en inglés), se informa de los resultados de una investigación preclínica que demuestra que los microinfartos cerebrales inducen una disfunción prolongada en áreas del cerebro que se estima que son 12 veces más grandes que el sitio visible de la lesión.

La evidencia encontrada apoya un vínculo entre el deterioro cognitivo y las

enfermedades cerebrovasculares como la aterosclerosis (también conocida como arterio esclerosis) y la angiopatía amiloide cerebral (afección en la que las proteínas llamadas amiloides se acumulan en las paredes de las arterias cerebrales. La AAC incrementa el riesgo de accidente cerebrovascular causado por sangrado y demencia).

Los sujetos con enfermedades cerebrovasculares no son los únicos que presentan una incidencia mucho mayor de microinfartos corticales (mini-accidentes cerebrovasculares), sino que también en estudios post mortem radiológicos, histológicos y ha quedado demostrado que la carga de los microinfartos es significativamente mayor entre las personas con deterioro cognitivo vascular y demencia (VCID, por sus siglas en inglés) que en las personas con la misma edad sin demencia.

Hasta el momento actual los mecanismos por los que estas minúsculas lesiones (que van desde 0,05 hasta 3 milímetros de diámetro) contribuyen a déficits cognitivos, incluida la demencia, se han entendido erróneamente. Los efectos funcionales de los microinfartos son extremadamente complicados de estudiar porque son difíciles de detectar con técnicas estándar de neuroimagen  post morten hacen que sea prácticamente imposible conectar los microinfartos con la cronología del deterioro cognitivo.

Andy Shih, principal autor del artículo y profesor asistente de neurociencias, ha

reconocido que “estos infartos son tan pequeños e impredecibles que simplemente no hemos tenido buenas herramientas para detectarlos cuando la persona aún estaba viva.

Así que, hasta ahora, básicamente teníamos instantáneas post morten de estos infartos l final de la batalla contra la demencia, así como medidas de deterioro cognitivo de la persona, que podían haber sido tomadas años antes de que el cerebro estuviera disponible para su estudio”.

El equipo de Shih planteó la hipótesis de que los microinfartos podrían perturbar la función cerebral más allá de lo que era visible mediante la histología o el estudio de resonancia magnética. Shih señala: “A pesar de que una persona puede experimentar cientos de miles de microinfartos en su vida, cada evento es extremadamente pequeño y se piensa que se resuelve en cuestión de días. Se estima que, en general, los microinfartos afectan a menos del 2% de todo el cerebro humano, pero esas estimaciones de pérdida de tejido se basan solo en el 'núcleo' del microinfarto, el área de tejido muerto o moribundo que podemos ver en manchas histológicas post mortem de rutina”.

Para investigar su teoría de impactos más amplios, el equipo de investigación desarrolló un modelo de ratón para poder examinar los efectos de los microinfartos corticales individuales sobre la función del tejido circundante in vivo a lo largo de varias semanas después del evento.

Shih relató: “Necesitábamos un modelo preclínico para crear lesiones muy predecibles que pudiéramos seguir con el tiempo. Además, necesitábamos poder obtener lecturas de la actividad cerebral que fueran consistentes en el tiempo”.

Los investigadores utilizaron fototrombosis para ocluir una única arteriola en la corteza de barril de los ratones y comparó las lecturas funcionales de la actividad cerebral provocada por los sentidos, indicada por la actividad dependiente de la expresión de la proteína c-Fos o por la formación de imágenes de dos fotones in vivo de respuestas hemodinámicas de un solo vaso sanguíneo, hasta la localización del núcleo del microinfarto.

Un área afectada 12 veces mayor que el núcleo del microinfarto durante 17 días.

La inmunotinción post mortem de c-Fos reveló que un área al menos doce veces mayor en volumen que el núcleo del microinfarto había resultado afectada por el evento.

Además, imágenes en vivo de dos fotones de un solo vaso sanguíneo revelaron que la actividad neuronal a través del área afectada del tejido permanecía parcialmente deprimida entre 14 y 17 días después del microinfarto.

Fue también una sorpresa para el equipo de Shih la duración del efecto de un solo microinfarto. “La señal de resonancia magnética aumentó y luego se fue como habíamos esperado, pero nos sorprendió ver en la autopsia que había daño en los tejidos y neuroinflamación”, explica Shih.

Asimismo, añade que “incluso después de tres semanas, solo se habían recuperado parcialmente las respuestas de grupo sanguíneo evocadas neuralmente, lo que significa que un microinfarto puede ir y venir y se puede ver brevemente con la resonancia magnética, pero deja una impresión duradera en la función cerebral, posiblemente durante meses”.

Cabe mencionar y es importante destacar, que una persona con VCID es probable que experimente otros microinfartos durante este tiempo de recuperación. Además, estos diminutos infartos suceden no solo en la materia gris del cerebro, lugar en que se desarrolló este estudio, sino también en la sustancia blanca, que envía mensajes de una parte del cerebro a otra.

Shih señala: “Con el tiempo, después de tener un montón de microinfartos, puede haber suficiente daño acumulado en los circuitos del cerebro para igualar el impacto de un evento más grande”.

ClariNet