ALDR

Una investigación llevada a cabo
en 1868 personas con edades
comprendidas entre los 55 y
los 80 años, ha encendido
las sirenas de alarma.
Por la doctora Verónica
Gutiérrez Portillo

Se trata de pacientes con un alto riesgo cardiovascular, y ha dejado en evidencia que aquellos sujetos que beban más de cinco vasos de bebidas azucaradas e incluso endulzadas sin azúcar, presentan un mayor riesgo, 43 y 74% respectivamente, de desarrollar síndrome metabólico que aquellos que beben menos de un vaso a la semana.

De la misma manera, con esta investigación ha quedado demostrado que un elevado consumo de zumos (jugos) de fruta naturales envasados también aumenta el peligro de desarrollar este síndrome con el tiempo.

El trabajo de investigación demuestra además, que un consumo de más de cinco vasos por semana de cualquiera de estas bebidas eleva no solo el riesgo de desarrollar un síndrome metabólico en su conjunto, sino que también de presentar algunos de los componentes de este síndrome.

En el caso de consumir frecuentemente bebidas azucaradas (más de 5 vasos a la semana) se incrementa en un 9% el riesgo de padecer hipertensión (HTA) y también de tener niveles bajos de colesterol HDL (el conocido como colesterol bueno). Con respecto a las bebidas de dieta, y los jugos de fruta naturales, su consumo está asociado a un riesgo mayor de obesidad abdominal.

En comparación con aquellas personas que ocasionalmente beben zumos de fruta envasados y bebidas light, las que sí lo hacen como ya se ha dicho en una cantidad de 5 o más vasos semanales, tienen más riesgo de presentar los triglicéridos elevados en sangre (hipertrigliceridemia).

Durante el transcurso de la investigación se analizaron los datos de 1.868 participantes de entre 55 y 80 años de edad sin síndrome metabólico al inicio de la misma, pero que presentaban un alto riesgo cardiovascular. Los resultados obtenidos refuerzan la hipótesis de que las bebidas azucaradas o edulcoradas y los zumos de fruta deben estar en la cúpula de la pirámide nutricional, por ende, se debe recomendar la reducción de su consumo para prevenir el desarrollo del síndrome metabólico y las alteraciones que lo acompañan.

El síndrome metabólico se define como un conjunto de factores de riesgo, entre los que encontramos: obesidad abdominal, hipertensión arterial, niveles bajos de colesterol HDL en sangre y elevados de triglicéridos y glucosa.

Se calcula que una cuarta parte de los adultos de países desarrollados presenta este trastorno y, tomando en consideración que los sujetos con síndrome metabólico tienen dos veces más riesgo de morir por un ataque al corazón o una embolia (obstrucción de una vena o una arteria provocada por un émbolo (coágulo sanguíneo, burbuja de aire, gota de grasa, cúmulo de bacterias, células tumorales, entre otros)) cerebral que los sujetos que no lo presentan, hay que tomarse en serio las recomendaciones sugeridas.

Durante los últimos años, se ha relacionado el consumo excesivo de este tipo de bebidas con un mayor riesgo de padecer sobrepeso y obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer, entre otras patologías.

En el caso del síndrome metabólico, todavía no se había encontrado evidencia científica suficiente que relacionara el consumo frecuente de este tipo de bebidas con el riesgo de desarrollar un síndrome metabólico.

En este sentido, pocos estudios han relacionado al síndrome metabólico con el consumo de bebidas light o diet, esto se debe a que las personas que las consumen son precisamente las que más cuidan su alimentación. Es usual que se considere que los zumos de fruta son una opción más saludable al contener minerales y vitaminas no obstante, hay pocos estudios que hayan analizado su efecto sobre el metabolismo.

Los datos presentados en esta investigación contribuyen a subrayar la importancia de seguir un patrón de consumo de alimentos y bebidas más cercano a la dieta mediterránea para evitar la enfermedad. Mientras que beber una cantidad suficiente de agua y vino tinto con moderación son hábitos propios de muchos países mediterráneos, las bebidas azucaradas o edulcoradas, desde luego, no lo son.

ClariNet