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De paso, su entonces yernísimo, Julio Ponce Lerou, se encargo del desmembramiento de la Soquimich, la que finalmente se convertiría en la joya de su imperio financiero.

Por Justo Calcante

 

La Corporación de Fomento a la Producción (CORFO), la herramienta creada por el Frente Popular al comienzo de la década de 1940 para industrializar el país y prevenir las carencias de un mundo en guerra, fue descuartizada por la dictadura. Afortunadamente no corrió la suerte de los detenidos-desaparecidos y aún sigue siendo un valioso instrumento de desarrollo, pese a los intentos de Augusto Pinochet y sus cómplices por estrujarle hasta el último dólar y el postrer peso y borrarla del mapa, tras convertirla en una máquina de fabricar millonarios, entre ellos su ahora ex yerno, Julio Ponce Lerou, quine se convirtió en el Rey Midas del nitrato y el yodo.

En el reparto de roles, a Ponce Lerou le tocó, precisamente y afortunadamente, descuartizar a Soquimich. Para ello contó con la ayuda de importantes personajes del oscuro submundo dictatorial donde confluyen negocios y privatizaciones, como los ex ministros Hernán Buchi, Sergio de Castro y Sergio Melnick Israel (flamante comentarista televisivo del Sebas Piraña), empresarios surtidos y una galería de políticos UDI, amén de coroneles y generales botados a entendidos en finanzas. Por supuesto que todo lo que hizo contó con la concurrencia o la aprobación documentada del propio tirano, que seguro y dados los antecedentes que se conocen ahora, agarró su tajada.

Un informe presentado a las autoridades de CORFO, al comenzar la pasada década y que debería ser investigado por la justicia, es un estremecedor documento de los crímenes de lesa economía cometidos por quienes, de acuerdo a los antecedentes reunidos, no tuvieron otro norte más que la prosperidad personal.

Para hacer historia, la Sociedad Química y Minera de Chile S.A. (SOQUIMICH) fue creada el año 1968 por el gobierno de Eduardo Frei padre y se integró en un 62,5% por capital de la compañía británica Anglo Lautaro y un 37,57% de la CORFO. Eran los tiempos que el salitre iba cuesta abajo en su rodada y todavía no comenzaban las explotaciones anexas de las sales de nitrato que la convertiría finalmente en un pozo de dinero.

Cuando esas oportunidades comenzaron a vislumbrarse ya en 1980, se mantuvo a la empresa con pérdidas para después desmembrar poco a poco su paquete accionario y finalmente hacer de Ponce, su propietario. Al 31 de diciembre de ese año, la Corporación tenia inversiones en SOQUIMICH por 123.490.005 de dólares. En julio de 1981 se acordó aumentar el capital a 123.491.099 de la divisa, lo que ya era raro, y el 26 de julio de 1984, el directorio acordó reducirlo a 79.528.000 de dólares, argumentando las pérdidas, de las cuales la CORFO absorbió 43.962.644 de dólares.

Pero, ese mismo año ya no fue posible seguir tapando con un dedo lo inocultable y SOQUIMICH empezó a generar utilidades importantes, con un incremento anual significativo.

Fue en estas condiciones que el Estado perdió no sólo la plata si no que, paulatinamente, el control de la empresa del nitrato natural y según el estudio del contador público Rolando Godoy Lisboa, “además de la pérdida señalada, debe considerarse que se vendió una inversión altamente rentable y subvaluada, ambos elementos conocidos al tomar la decisión de vender, o al menos al vender más del 90%, de tal forma que la alternativa de no vender era la más adecuada”.

Agrega que “frente a la alternativa de no vender el perjuicio asciende a diciembre de 1989, a US$ 261.977.202.

Especial relevancia tuvo la venta de acciones a trabajadores. Estas se efectuaron directamente fuera de la Bolsa y sin licitación pública”.

Esta última, por supuesto, fue una operación tenebrosa y que nunca favoreció a ningún pampino.

Para tener claro lo que el Fisco no percibió en su totalidad en utilidades, veamos este cuadro:

1984     US$       9.463.000      

1985     US$      21.672.000

1986     US$      30.083.000

1987     US$      35.595.000

1988     US$      36.396.000

1989     US$      45.941.000

Por supuesto que entre 1984 y 1987 se repartieron en un 100% las utilidades y en 1988 y 1989 en un 75%.

En tanto, dice el contador Godoy, “el capital de la sociedad se dejó en US$ 79.528.000, pero la empresa presentaba una situación especial, que era que sus activos se encontraban subvaluados. Esto se corrigió en 1989, procediéndose a una retasación técnica del activo fijo, que representó incrementarlo en US$ 61.344.000 con el consiguiente aumento del patrimonio”, que agarraron los descuartizadores.

Pese a las acciones enajenadas, entre noviembre de 1984 y diciembre de 1987, CORFO recibió de SOQUIMICH dividendos por 42.148.787 dólares pese a su disminuida participación accionaria, lo que ilustra lo que percibieron los protegidos del dictador.

Para no ir dejando sin nada al Estado, el 30 de junio de 1983 el consejo de CORFO acordó vender en la Bolsa de Comercio hasta el 30% del capital de SOQUIMICH. “Según los antecedentes investigados, la idea de vender las acciones se originó en una Comisión de Venta de Activos del Estado la que en sesión de fecha 26 de mayo de 1983 propuso esta venta. No se ubicaron antecedentes de esta comisión y lo único significativo que se logró saber, fue que se encontraba constituida prácticamente por los consejeros de CORFO”, indica el profesional.

El carnaval de ventas siguió: El 20 de diciembre de 1985, se acordó enajenar hasta el 49% de varias empresas, entre las que se contaba SOQUIMICH. El acuerdo se tomó con presencia y participación de Pinochet.

Como la cosa iba viento en popa, el 17 de octubre de 1986 se acuerda vender hasta el 65% acciones de SOQUIMICH.

El 14 de mayo de 1987 se remata otro 22% del paquete, alcanzándose con eso el 87%. Para variar esta operación fue autorizada por quien se hacía llamar presidente de la República, el tal Pinocho. Y debido a que el hambre entra comiendo, el 13 de agosto de 1987, se vendió el 100% de las acciones de SOQUIMICH.

La Corporación de Fomento recibió entre el 7 de septiembre de 1983 y el 4 de marzo de 1988, un equivalente a 118.203.881 de dólares, deducidas las comisiones y gastos del corredor, que también fue otro negociado más. En moneda nacional, la cifra representa la suma de 26 mil 116 millones y 808 mil 264 pesos con 87 centavos para ser exactos. Todo se ve muy bonito, pero resulta que CORFO al 31 de diciembre de 1980, había invertido en Soquimich, 123.490.005 dólares.     Según Godoy, “en términos nominales, a valores históricos, los ingresos provenientes de venta de acciones y de dividendos, le significaron a CORFO una diferencia a su favor ascendente a US$ 36.862.633,89”.

Sin embargo, “si se compara la inversión realizada por SOQUIMICH, actualizada al 31 de marzo de 1988, mes en terminó de transferir el 100% de sus acciones, con los provenientes de las ventas de acciones y de dividendos, actualizados a esa fecha, se tiene un déficit o pérdida. 49.554.312,74 dólares”.

Peor aún, dice, “si se comparan los ingresos obtenidos por CORFO en la venta de las acciones y dividendos, con la alternativa de no vender, se tiene que al 31 de diciembre de 1987 la Corporación habría obtenido ingresos por US$ 106.137.154,80 en dividendos y una participación en el patrimonio de US$ 79.708.000, lo que totaliza US$ 185.845.154,80. El flujo de ingresos con el cual se está comparando ascendió a US$ 176.645.678,26, de tal forma que la venta representó al 31 de diciembre de 1987, una pérdida de US$ 9.190.476,54, frente a la alternativa de no vender”.

Luego vino el oscuro episodio de la ventas a los trabajadores, que finalmente se redujeron casi a uno, Ponce.

Incluso el financiamiento se obtuvo en el sector bancario, con participación del Banco del Estado, lo que permite suponer que se obtuvieron créditos preferenciales. A esto debe agregarse que aparece en el suculento negocito el Banco Edwards, al que estaba vinculado el ex ministro de Hacienda, Sergio de Castro Spikula, incorporado al directorio de Soquimich el 10 de agosto de 1988. ¡Que casualidad!

Godoy Lisboa, entre otras cosas descubrió que:

1) En la venta de 3.154.594 acciones el consejo de CORFO fijó como precio el promedio alcanzado en la Bolsa el mes anterior. Este precio de Bolsa ascendió a $ 98,87 y el precio pagado fue de $ 97,89 de tal forma que se pagó un precio inferior en $ 0,98, significando a CORFO un menor ingreso de $ 3.091.502, el 11 de febrero de 1986.

2) En la venta de 6.774.520 acciones el Consejo de CORFO fijó el precio en el precio promedio alcanzado en la Bolsa entre los días 1º y 19 de febrero de 1988, el cual ascendió a $383,115. El 4 de marzo de 1988 Corfo recibió el pago de las acciones a un precio unitario de $ 381,746; es decir, inferior en $ 1,409 por acción al fijado por el Consejo, representando un menor ingreso de $ 9.545.298.

3) Las siguientes acciones se vendieron a Sociedades anónimas cerradas, es decir, que no tienen más de 500 accionistas, las cuales serian de los trabajadores: 960.000 accs. a Soc. de Inversiones Norte Grande 1 S.A.; 960.000 accs. a Soc. de Inversiones Norte Grande 2 S.A. ;923.200 accs. a Soc. de Inversiones Norte Grande 3 S.A. Después hubo otras de estas sociedades como Norte Grande y Pampa Calichera.

Entre los nombres que aparecen en todas estas operaciones tan lesivas para el patrimonio nacional, aparecen los nombres del coronel de Ejército, Francisco Ramírez Migliassi, su sucesor como capo de la CORFO, el brigadier general Fernando Hormazábal Fajardo, el prócer de la UDI, Juan Carlos Délano Ortuzar, quien fue ministro de Economía, su colega de Hacienda Hernán Buchi Buc y Cristian Zegers Prado. Todos ellos fueron privatizando en un solo paquete, empresas como Chilectra Metropolitana S.A., Chilectra V Región, Chilectra Generación, ENTEL S.A., Soquimich S.A. y Schwager S.A., y la entonces CTC, actual Telefónica.

A partir de 1986, entre en escena el gerente general de SOQUIMICH, el hermanito Eugenio Ponce Lerou, quien apareció hablando a nombre de los trabajadores, quien a nombre de un supuesto y falso capitalismo popular, encabezó la batalla para que los empleados y obreros de la empresa, compraran parte de la propiedad, como una manera de asegurarles una “jubilación digna”. Los pobres pagaron con sus gratificaciones y a poco andar, como la necesidad tiene cara de hereje, les compraron la mayor parte de los papelitos adquiridos por ellos, alrededor de 4.400 trabajadores.

El contador Godoy Lisboa en su informe dice que “para determinar la real pérdida sufrida por CORFO, debe compararse el ingreso que obtuvo CORFO por SOQUIMICH, constituido por los ingresos de venta de acciones y dividendos, con la situación que habría tenido CORFO en SOQUIMICH si no hubiese vendido sus acciones.

Esta comparación debe hacerse a dos fechas:

1) Al 31 de Diciembre de 1987, ya que poco después terminó CORFO su participación en Soquimich, y

2) Al 31 de diciembre de 1989, fecha del último balance”.

Basado en las premisas enunciadas, se tiene que al 31 de diciembre de 1988, CORFO habría tenido un ingreso de 106.137.154 dólares con 80 centavos. Agrega que “los que sumados al Capital y Reservas de SOQUIMICH US$ 79.708.000, totalizan US$ 185.845.154,80. El flujo de ingresos con el cual se está comparando ascendió a US$ 176.654.678,26, de tal forma que mirada desde esta perspectiva, se tiene una pérdida de US$ 9.190.476,54”.

Pero “además de la pérdida señalada, se tienen dos situaciones que deben considerarse:

1) Se vendió una inversión altamente rentable, que en 1988 obtuvo utilidades por US$ 48.528.000 y en 1989 por US$ 61.254.000. Si se tiene en cuenta la naturaleza de la empresa y la inercia en su marcha, puede asumirse que dichas utilidades fueron generadas sin que influyera el cambio de administración, y

2) La empresa se encontraba subvaluada. Como se informó, el 1989 se llevó a efecto una Retasación del Activo Fijo por 61.344.000, cifra que estimo también es válida para el 1987”.

Por lo expuesto, dice el experto “considero que la alternativa de no vender era la más adecuada y que al momento de iniciarse la venta masiva de SOQUIMICH existían antecedentes suficientes como para tomar esta decisión. Efectivamente, de no haber vendido las acciones, CORFO habría tenido al 31 de diciembre de 1989, la siguiente situación en SOQUIMICH: USS$467.804.280”. Sostiene que esas cifras apuntan a “un perjuicio de US$ 261.977.202”.

En cuanto a los trabajadores accionistas, afirma que “en un lapso de 26 meses recuperaron la inversión, quedando dueños de un 2,55% de la Sociedad y un excedente de $ 39,95 por acción”. Luego, la recuperación correspondiente a otras “2.271.542 acciones se hizo en un plazo de 33 meses, quedando un excedente de $ 15,78 por acción. A la adquisición de los 10.077.568 de acciones, debe aplicarse, además de los dividendos señalados, los dividendos recibidos de las otras compras, después de cubierta la inversión”.

Aclara Godoy Lisboa que “la venta de estas acciones a trabajadores tuvo una tramitación bastante especial” y que se les negó la posibilidad de llegar a un mínimo de 30 por ciento y a un máximo del 45%, de acuerdo a la Federación Nacional de Sindicatos del Salitre. La negativa provino del propio Pinochet y en definitiva se vendió el 10% de las acciones, las cuales fueron financiadas con créditos bancarios.

Curiosamente las Sociedades de Inversiones Norte Grande 1, 2 Y 3, fueron sociedades anónimas cerradas de tal forma que cada una de ellas no tuvo más de 500 accionistas y de paso no dejaron huella en la Superintendencia de Valores y Seguros, porque no se encontraban sujetas a su fiscalización.

Lo más sabroso de todo esto, es el nombre de quienes mandaron en Soquimich durante este período y desde 1980:

Presidente: Julio Ponce Lerou, vicepresidente: Juan Manuel Casanueva Prendez; directores: Sergio Jadue Magluf, el mayor Eurelio Palomino de Bernardis; Patricio Phillips Saenz; Pedro Troncoso Caviares y el coronel Sergio Valenzuela Ramírez.

Los ejecutivos fueron: Vicepresidente ejecutivo y gerente general, Patricio Contesse González, amigo del alma de Ponce hasta hoy; gerente de operaciones, Enrique Colzani Inocente; gerente de finanzas y abastecimiento, Gonzalo del Valle Alliende; gerente de ventas, Octavio Navarrete Rojas, asesor legal Sergio Gutiérrez Nilo.

Convenientemente en 1983, desaparece el presidente Ponce, pero se va a la CORFO, hasta 1987 cuando reaparece en Soquimich. Poco más tarde lo hace Contesse.

Como se ve, puras casualidades.

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