PINOCHO MANDO MATAR
PARA OCULTAR SUS
MULTIPLES NEGOCIADOS

La campaña electoral hizo que pasaran a segundo plano los escándalos del hombre que hizo posible la fortuna del Sebas Piraña, entre otros derechistas conocidos

Por Osvaldo Pino

Finalmente el ladrón y asesino prontuariado de Augusto Pinochet, logró su libertad bajo fianza tras que el juez Víctor Montiglio se la otorgó poniendo fin a su arresto domiciliario en su lujosa mansión del exclusivo barrio de La Dehesa – producto de sus rapiñas --, desde el pasado 24 de noviembre. Pero, igual sigue acusado de ser responsable por la desaparición de varios izquierdistas en la llamada Operación Colombo. La decisión la tomó el magistrado tras ser careado Pinochet con el ex jefe de la siniestra Dina, el antiguo general, igualmente asesino y torturador prontuariado, Manuel Contreras.

            La medida fue ordenada con consulta a la sexta sala de la Corte de Apelaciones, tribunal que falló en su favor. El magistrado fijó en los mismos 10 millones de pesos la fianza que había rebajado la sexta sala, haciendo suyos los argumentos de que "se trata de una unidad procesal y por lo tanto se debe fijar la fianza una sola vez", en el marco de la petición planteada por la defensa de Pinochet, constituída no sólo por unos cuantos abogados de pensamiento fascista, si no por un montón de empresarios como el Sebas Piraña, que labraron su fortuna gracias a la dictadura.

            Pero, si por ese lado las cosas le van un poco menos peor, por el lado de su fortuna mal habida, cada vez queda más en evidencia que el ex dictador para calmar su avaricia, fue un vulgar traficante de la muerte, es decir un despiadado comisionista en materia de compras y ventas de armas, las últimas de estas efectuadas mientras el ex tirano aún era el comandante en jefe del Ejército y ya había salido de La Moneda. Para peor, al momento de cobrar comisiones ilegales, no dudó en ordenar matar a testigos inoportunos.

            Entre las numerosas ventas que hizo el Ejército en la década de los años de 1990, las sospechas se dirigen, por ahora, a dos escandalosas y torpes operaciones: Croacia y Ecuador, en que se repiten varias maniobras al parecer hechas en base a la impunidad de que gozaba el ratero con galones.

           En todas ellas interviene la industria militar, es decir Famae, hay un conflicto bélico, embargos de armas, la intervención del Banco de Chile, transferencias bancarias abortadas, la asesoría de Óscar Aitken y el férreo secreto impuesto a los militares que debieron intervenir, todo lo cual apunta a una misma mano en ambas transacciones, es decir la del dictador.

           En 1991, Famae negoció nombre del Ejército, una exportación de armas que supuestamente irían a la ensangrentada isla de Sri Lanka en guerra civil -según autorización del Ministerio de Defensa- , pero que terminaron requisadas en Hungría, antes de llegar a su destino final: Los grupos ustachis (los fascistas locales) de Croacia, un país que se encontraba bajo embargo de las Naciones Unidas.

           Tres años más tarde, en septiembre de 1994, Famae vendió armas a Ecuador en guerra con Perú por el Akto Cénepa, autorizado por las autoridades ministeriales de la época. Pero al igual que en la exportación a Croacia, la entrega del material al Ejército de Ecuador se hizo en febrero de 1995, cuando los ecuatorianos estaban enfrentados con los peruanos por eternas disputas fronterizas en la Cordillera del Cóndor, complicando nuevamente a Chile ahora en la región, ya que a esa fecha era garante del Protocolo de Río, que buscaba una solución pacífica entre ambos Estados.

           Si bien la venta a Croacia fue claramente ilegal y la transacción con Ecuador tenía sus permisos en regla, ambos negocios tenían un atractivo similar por el alto valor que alcanzan las armas cuando los ejércitos están dispuestos a pagar cualquier precio para enfrentar al enemigo. Igualmente, en los dos negociados, Famae activó su aparato de intermediación financiera y a sus empresas que la representan en el extranjero, dando instrucciones al Banco de Chile para recibir los depósitos pertinentes. Nada menos que en la sucursal bancaria de calle San Diego del Banco de Chile, una oficina muy menor, llegaron los pagos por la venta a Croacia y a Ecuador. La primera instrucción de Famae era depositar estos millonarios fondos en una cuenta del Banco de Chile, pero en Nueva York, a nombre de una compañía llamada Ultracan.

           La transferencia bancaria a la cuenta de Ultracan fue paralizada a última hora y las armas, a la postre, fueron pagadas por otro traficante de la muerte, el francés Yves Marziale quien entregó un vale vista por 203.000 dólares, documento que fue depositado en la sucursal San Diego del Banco de Chile, donde pocas veces llegan este tipo de negocios. La plata luego ingresó a las arcas de Famae.

           Los negociados de Ultrajan, que parece que son muchos más, están siendo investigados a través de un exhorto que el ministro Sergio Muñoz remitió a Suiza, cuando sustanciaba aún este proceso. De acuerdo a lo que se ha logrado establecer, esa empresa fue creada en 1988 por y para Famae por su director de la época, en cumplimiento de un acuerdo unánime del Consejo Superior de la empresa bélica y del Estado Mayor del Ejército, y de un decreto supremo del propio Pinochet, que envió al funcionario en comisión de servicios a las Islas Vírgenes Británicas.

            Para la exportación a Ecuador, Famae recibió en su cuenta del Banco de Chile, sucursal San Diego, un depósito por 1.907.500 dólares, abonado por las fuerzas armadas ecuatorianas. Ese depósito dejó en evidencia la intervención de la empresa militar chilena en la venta, pues Famae se apuró en desviar los fondos a una cuenta del Banco de Chile en Nueva York, a nombre de Famae Limited.

           El entonces albacea de Pinochet, su contador y su asesor financiero, Óscar Aitken Lavanchy aparece metido hasta las orejas en todo este lío. El tipejo, en todo caso, fue fiscal y luego asesor de la dirección de Famae. Primero trabajó a las órdenes del ex general Guillermo Letelier Skinner, quien debió dejar su cargo tras descubrirse la exportación ilegal a Croacia, en 1991. Después asesoró a su sucesor, el ex general Luis Iracabal Lobos, bajo cuya gestión se vendieron las armas a Ecuador.

            En ambos casos, las negociaciones se hicieron pa’callao, sin decirle mucho a los funcionarios subalternos, quienes se limitaron a cumplir las órdenes de sus superiores, aprovechándose para ello de la estricta jerarquía militar, y donde todo se hace mediante reserva y gracias a que todo funciona compartimentado.

           Las cosas, más allá del negociado involucrado a favor de Pinochet, se complican porque la posibilidad de quedase al descubierto la venta de armas a Croacia, llevó al asesinato del coronel de Ejército, Gerardo Huber, después de declarar en proceso por exportación ilegal de estos pertrechos. La muerte de Huber también obedece a un patrón determinado, dado que cada vez que el ex dictador se sintió en peligro, ordenó matar, como ya está comprobado en el caso del químico de la DINA, Eugenio Berríos.

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