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Chile. el
problema
de fondo
Por estos días observamos
la manipulación de la opinión
pública desde importantes
medios de comunicación en
relación a los sucesos actuales
y cuando el pueblo ha dicho
basta y echado a andar
exigiendo cambiar el modelo
de sociedad en Chile.

Son los propios periodistas, es decir trabajadores de los mismos medios, los que formulan dichas denuncias, demostrando así cómo los canales de televisión y los clásicos de la prensa escrita deforman la realidad y mienten.

Hemos conocido, por ejemplo, las revelaciones del periodista Juan Wilfredo González Mardones del Canal 13 de TV, así como las denuncias de periodistas del diario La Tercera. Todos han tenido la valentía de hacer públicas las deformaciones y adulteraciones de la realidad perpetradas por esos medios, aun a riesgo de sus empleos.

Lo que trae al recuerdo que los golpistas del 73, manejados y financiados desde Washington, no fueron sólo las Fuerzas Armadas y el gran empresariado, nacional y extranjero, sino además los principales medios de comunicación privados.

Es preciso seguir las notas de El Mercurio y La Tercera por estos días y su intento por acomodar la realidad a los intereses de los grupos que representan.

Con razón la académica de la Universidad de Chile Faride Zerán, en una interesante nota escrita para la Agenda Popular 2019 titulaba que el Pluralismo y la Libertad de Expresión son una deuda pendiente para la democracia y no sólo “por la alarmante concentración mediática”, sino además por la existencia de normas legales obstructoras de la libre expresión.

Llega pues el momento de analizar el comportamiento actual del conjunto de los factores desestabilizadores, lo que ayuda a entender mejor cuanto ocurre y los riesgos que la situación encierra cuando se manipula la conciencia colectiva.

La conducta de las FFAA y de Carabineros no constituye sorpresa alguna.

Acorde a su formación prusiana y su impronta clasista, los uniformados de todas las ramas de las FFAA no han cambiado su orientación fundamental. Su enemigo principal es el pueblo y parecen creer que la democracia consiste en un gobierno manejado por los poderosos y vaya que han hecho esfuerzos por serlo también ellos personalmente.

No nos referimos sólo a sus muy exagerados privilegios legales, sino además a los ilícitos perpetrados por varios de sus altos mandos, algunos de ellos hoy sometidos a procesos judiciales por diversos delitos.

Que nadie se sorprenda entonces por la represión desatada en estos días. No respetan a los trabajadores ni a los estudiantes, ni a los profesionales, ni a las dueñas de casa, ni a los sindicatos y demás organizaciones sociales que protestan por los bajísimos salarios, pensiones de hambre, altos precios, especulaciones y negociados.

Algo positivo ha sido la actitud del Poder Judicial chileno que, golpista el 73, en cambio hoy ha tenido una importante conducta en defensa de la democracia, al punto que ha hecho presente, incluso, su acuerdo como poder del Estado para llevar adelante una Asamblea Constituyente que pueda dar a Chile una Nueva Constitución.

Además, cuando fue convocado precipitadamente el Consejo de Seguridad Nacional, (Cosena), por un desorientado y torpe Piñera, el presidente de la Corte Suprema no tuvo inconveniente en hacer pública su opinión en el sentido de la improcedencia de ese paso, coincidiendo con varios de los otros convocados por el personaje de triste memoria.

A estas alturas ya nadie duda que el problema de fondo, lo que está en el centro del debate nacional es el modelo de sociedad de nuestro país que, impuesto de modo sanguinario por los golpistas del 73, ninguno de los gobiernos democráticos posteriores tuvo el valor de cambiar.

Es el modelo capitalista, el de la propiedad privada de los medios de producción, el que concibe un Estado sin recursos para atender las necesidades de la sociedad las que son atendidas por empresarios que cobran caro.

Es el Chile sin educación pública, sin salud pública, si  previsión social pública.

El Chile de un Estado despojado del aprovechamiento de los recursos naturales del país, cedidos al gran empresariado y a los grandes grupos económicos transnacionales. El cobre, el litio, la luz, el agua, los caminos, todo privado, todo de unos pocos.

¿Es sólo en Chile donde la población da señales potentes de la urgente necesidad de poner fin a esta infamia histórica? No. El empeño por terminar con el así llamado neoliberalismo  es hoy tendencia mundial.

Sólo un ejemplo: el periódico ruso Izvestia del 6 de noviembre de este año da cuenta del estudio que la agencia Sputnik encomendó a la compañía francesa I Fop respecto de la aprobación o desaprobación del modelo económico social en que se vive.

El resultado del trabajo efectuado entre el 2 y el 15 de octubre del presente año, encuestando en cada país a mil personas de diferentes estratos sociales respecto de la crisis del modelo vigente y de su aspiración a cambiarlo pronto por otro modelo de sociedad, fue el siguiente. En Italia se pronunció así el 80 por ciento de los encuestados, en Francia el 73, en Alemania el 61 y en Inglaterra el 58.

En nuestro caso, cada día que pasa muestra la creciente maduración de chilenas y chilenos y su percepción de que el tema pasa por cambiar a fondo el actual modelo y establecer un nuevo modo de vida, una nueva sociedad, fijando sus aspectos fundamentales en la ley de leyes. Esto es en la Ley superior del Estado, es decir en una Nueva Constitución Política.

Una normativa radicalmente diferente a la actual y que reemplace a la que nos fuera impuesta por la violencia de las armas y mantenida con la complacencia de políticos más leales al gran empresariado que a su pueblo.

¿Lograrlo es esta una tarea sencilla, exenta de riesgos? En lo absoluto. Nuestro continente abunda en ejemplos de avances, pero también de retrocesos, en fin de la pugna histórica entre las clases trabajadoras, explotadas y las clases dominantes de cada país.

La gran noticia de la libertad de Lula en Brasil contrasta con el golpe contra Evo en Bolivia.

En efecto, el derrocamiento del presidente Evo Morales -que cambió para mejor la vida de su pueblo alcanzando logros históricos de desarrollo y bienestar- ha sido impuesto por la burguesía de su país ante el silencio cómplice de los institutos armados.

Ello da cuenta de lo que sostenemos. Porque, dicho de modo general, los institutos armados del continente salvo escasas honrosas excepciones, han sido modelados para sostener el injusto modelo bajo la atenta mirada de los gobiernos de Estados Unidos.

Todo puede suceder, pero el pueblo chileno ha dado muestra cabal, firme, reiterada, de asumir la tarea. Y sus demandas de Nueva Constitución, de Asamblea Constituyente, de Plebiscito Ahora, así lo muestran.

Es además una cuestión de dignidad y de patriotismo. Es que urge terminar con la desigualdad y éste es un momento histórico apropiado que no debe desperdiciarse. Chile despertó, se puso de pié, está caminando y de algún modo, tal como advertía Neruda en su hermoso poema “El Barco”, está conminando a los explotadores de siempre a terminar con las enormes desigualdades, pero además a hacerlo ahora.

Mañana puede ser tarde y podemos lamentarlo mucho.

ClariNet