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Septiembre

mes de la

memoria

 

El mes de septiembre es un
momento lleno de memorias
para los trabajadores y el
pueblo, el mes de la interrupción
brutal del proyecto revolucionario
que comenzaban a construir en
fábricas y fundos, escuelas y
poblaciones, con organización
independiente, primarios órganos
de defensa, Comandos Comunales,
gérmenes del futuro Poder Popular.
Todo el pueblo preparaba la
revolución socialista y la
construcción de una nueva sociedad.

Este proyecto no surge de la nada en 1973. Durante décadas de lucha se acumularon las capacidades, la experiencia política y la organización que permitían plantear esas metas: una estrategia revolucionaria, un Programa con las tareas para la clase obrera y sus aliados: los pobres del campo y la ciudad, los comuneros mapuche que inician las “corridas de cerco”, los pobladores y pobladoras de las “tomas de terreno” en las ciudades, los cesantes y los jóvenes. 

El Programa proponía, además de la continua lucha por mejores condiciones de vida, las tareas del socialismo: destrucción del Estado burgués y sus aparatos represivos, su reemplazo por una democracia directa de los trabajadores y el pueblo. Expropiación de bancos y empresas de la burguesía. Poner en manos de los trabajadores la seguridad social, el transporte, la salud, la educación, etc.

En este nuevo aniversario de esa primavera revolucionaria interrumpida con tanto odio, volvemos la vista a ella y sus enseñanzas. El capitalismo actual es más ladrón y criminal que en esos tiempos. No sólo explota a los trabajadores en cada país, arrasa con los recursos naturales y destruye la atmósfera del planeta con procesos.maquinarias contaminantes. 

Diversas propuestas reformistas prometen humanizar este capitalismo. Pero han fracasado una vez más, como fracasaron antes. El capitalismo, bajo cualquier nombre es irreformable, requiere de la miseria de millones para aumentar los privilegios de una minoría. El único camino para salvar a la humanidad de un desastre planetario es terminar con la explotación y la acumulación de riquezas en manos de unos pocos. 

En Chile, el sector de la burguesía instalado por la dictadura optó por una economía basada en la exportación de materias primas. Todos los gobiernos desde entonces continúan y profundizan este modelo, privatizando, firmando acuerdos de libre comercio y pactos internacionales. Hoy, la compenetración entre capitales globales y del país es tan grande que casi no es posible distinguir la diferencia. No se puede entender la política local o las decisiones económicas, sin tener en cuenta esta íntima relación. 

El encuentro de gobernantes de grandes potencias que se realizará este año, la APEC, nos muestra el nuevo capitalismo que enfrentamos; un capitalismo que funciona como un solo sistema en todo el planeta, a pesar de las pugnas entre grandes imperios, que aquí se reunirán como socios. Dueños de la tecnología, que ahora nos venden para modernizar la economía local, dejando decenas de quiebras y miles de familias sin sustento. Debemos desenmascarar sus promesas mentirosas, su desinterés por el pueblo, su infinita codicia y crueldad. 

Como en 1973, enfrentarlo no será una tarea sencilla. La represión y las ilusiones reformistas nos han atrasado por décadas. Serán necesarias incontables luchas para construir una nueva fuerza social con decisión revolucionaria; reunir experiencia para construir el nuevo Programa de los Trabajadores, que articule las diversas luchas del pueblo. Extender la mano a los trabajadores de otros países, en un mundo que hoy funciona unificado. Hoy resuena con más claridad el llamado del Manifiesto Comunista: ¡Trabajadores de todos los países, únanse! 

Los plazos son breves, y sólo contamos con nuestras propias fuerzas para organizar la revolución socialista en las nuevas condiciones: la infinita capacidad creativa, la solidaridad y entrega que despliega el pueblo cuando construye su propio destino. 

ClariNet