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¡Que la

Tecnología no

nos Supere!

 

Cada día sentimos una
creciente inquietud por la
pérdida de privacidad
cuando nos sentamos al
computador o cuando
escribimos un whatsapp
en el celular.

Por Lidia Baltra

Hasta ahora, cada uno de nosotros, humanos y humanas, teníamos como gran refugio nuestro yo o ser interior, pensamientos y sentires íntimos que sólo exteriorizábamos cuando queríamos.

Pero de un tiempo a esta parte, parece que se hubieran caído las murallas donde conteníamos este, nuestro mundo, y quedamos desnudos, a la intemperie. Y sentimos que somos vigilados, controlados. ¿Cómo, dónde y por quien? … No, no hay personas chiquitas dentro del computador ni del celular que te hablen … Pero Algo o Alguien – que ciertamente no es Dios, aunque podría llegar a serlo –  nos vigila permanentemente y contra nuestra voluntad.

¿Qué es?

¡Es la tecnología, estúpido!…

Y esa es la tarea de hoy: entender la tecnología actual para desenvolvernos mejor en este nuevo mundo, en esta nueva sociedad, la Sociedad de la Información y la Comunicación Digital a la que nos ha trasladado la Revolución Digital que vivimos.

Afortunadamente hay personas dedicadas a desentrañar este nuevo mundo. [1] Con ellas hemos aprendido que éste ya no lo manejan los poderosos de siempre como antes Tienen nuevas herramientas: la Información (Big Data o BD) y la Inteligencia Artificial (IA), que ya están aquí con nosotros.

Con ellas crean nuestro “perfil en la sombra” recogiendo todo aquello que hablamos o recibimos por teléfonos fijos o móviles, o de textos que escribimos o escogemos en cualquier soporte informático. Uno que va más allá de lo que nosotros mismos quisimos entregar a Facebook, Twitter o Instagram.

Así alimentan la información que las grandes transnacionales de la informática (Google, Amazon, Facebook…) necesitan porque subsisten de la publicidad: deben conocer nuestras necesidades y gustos para que los distintos medios nos ofrezcan productos que los auspiciadores de sus espacios en los distintos medios de comunicación requieren vender. No hay duda: seguimos en manos del comercio y el consumismo.

De modo que aunque no estemos en Facebook, ya la BD y la IA lo saben todo de nosotros, nos guste o no. Tendremos que acostumbrarnos a vivir en un mundo más transparente (aunque la transparencia es manejada también).

No es la primera revolución tecnológica. También lo fueron pasar del feudalismo al renacentismo con la invención de la imprenta en el siglo XV y al capitalismo con la revolución industrial en el siglo XVIII. La diferencia es que aquéllas demoraron siglos y hoy los cambios son de una pestañeada.

¿Peligraría con esto la democracia que tanto cuidamos? 

Esta requiere de conocimientos e información fidedignas, que procesamos en nuestro cerebro para decidir a quién elegir como gobernantes. Pero ya parece lento el actual sistema para procesar la información que tenemos los ciudadanos para practicar la democracia – elecciones, Parlamento, Poder Judicial – , que funciona cada cuatro años. Con la IA y la BD podríamos hacer más rápidamente los cambios que pensamos el país requiere. Solo tendríamos que adaptar nuestro procesador personal de información, el cerebro, a la nueva complejidad y rapidez de la máquina.

¿La rapidez no tendría el riesgo de dejar afuera algunos factores importantes en este proceso? Hasta ahora, nosotros formamos nuestras opiniones con unos pocos factores que la modelan: raza, género, edad, religión, ideología …

En cambio la IA cuenta con miles de millones (que le proporciona la BD) que, al procesarlos, la pueden llevar a una mejor conclusión u opinión.

Y aquí nos encontramos con una afirmación de la nueva sapiencia digital dura de digerir: la Inteligencia Artificial (IA), con la ayuda de la BigData (BD) o Información gigantesca, piensa mejor que nosotros. ¡La máquina piensa mejor que nosotros!

A muchos les asusta la tecnología porque la identifica solo con las redes sociales,  sus verdades, mentiras y despropósitos. Pero no hay que olvidar los beneficios de la digitalización. Si la conocemos y dominamos nos permite mejorar nuestra vida.

Por ejemplo, hoy es mucho más fácil encontrar la información que se necesita para crear un proyecto, realizar un trabajo o comprar un producto. ¿Qué también Twitter o cualquier otra red social puede denigrar a una persona o hundir un  buen proyecto? Bueno, cualquier tecnología se puede usar para bien o para mal.

Cierto: a través de estas nuevas tecnologías podríamos mejorar nuestra democracia o bien, sepultarla para siempre, como pareciera estar ocurriendo hoy con algunos líderes negativos que se han levantado con las “fake news” y los bots (falsos seguidores) de campañas electorales. Hay quienes usan las Noticias Falsas (mentiras) para ganar adherentes en una elección presidencial y desprestigiar a sus contendores. Los conocemos muy bien.

¿Podría transformarse la IA en un Gran Hermano que dictamine todo lo que hay que hacer en nuestras vidas? Si nos dejamos dominar por la tecnología y la abandonamos en malas manos, sí. No si la dominamos nosotros para seguir construyendo una democracia mejor.

¿Quién gobierna hoy el mundo?  Nosotros y la tecnología. Nunca más sin ella porque la Tecnología llegó para quedarse.

Pero la tecnología no nos puede superar. Nosotros, humanos y humanas, somos mucho más máquinas de pensar. Y eso nos hace diferentes.

Partiendo por la capacidad de amar y sentir afectos y emociones. Pero en el caso que nos ocupa, de construir la sociedad que necesitamos, además hemos sido privilegiados en la creación cuando se nos sacó del magma o del barro premunidos de ética, facultad que nos permite distinguir el Bien del Mal. La IA no la tiene ni le importa.

Entonces, la tarea es impedir que el mundo sea manejado por aquellos que eligieron el camino equivocado con sus bots, sus noticias falsas, su negacionismo y su postverdad.

[1] Uno de ellos es Martin Hilbert, experto alemán, doctor en Comunicaciones de la Universidad de California (Davis), que ha participado en algún evento Puerto de Ideas en nuestro país.

ClariNet