ALTAMIRANO-ALLENDE8

Carlos Altamirano Orrego,
digno paladín del socialismo
chileno en una época en que
su partido se ha desperfilado
y corrompido,  Gran político
hermano de Salvador Allende,
vilipendiado y agredido por
muchos, su ejemplo hoy está
más vigente que nunca.
Por Horacio Marotta
y medios asociados.

Ad portas de la elección de nueva directiva del hoy desperfilado PS. su figura, historia, pensamiento y acción, se yergue como un referente histórico.

Fuimos amigos y trabajamos juntos, creo desde a primera postulación de Allende a la Moneda.

Ël como jefe político y yo como comunicador.

Fue el artífice  creador de la Unidad Popular, la alanza de toda la izquierda que finalmente logró el triunfo de Allende.

Nunca tuvo celos o compitió con el Chicho.  Siempre tuvo la claridad de saber que él era quien podría ganar y que su misión política era apoyarlo y lograrlo.

Y en eso coincidimos desde el primer momento.

Teníamos reuniones diarias con Allende y su equipo más cercano, para evaluar y responder a cada coyuntura, a cada ataque de la derecha. Para pautear respuestas, para contraatacar, redactarle y asesorarlo en discursos y declaraciones.

Yo ya estaba en el MIR, a cargo de la estructura de comunicaciones, dirigiendo El Rebelde y otros medios propios.

Colaboraba con Punto Final, entonces dividido, en buena, entre “ultras” y allendistas, como el Perro Olivares, el Negro Jorquera, el Chico Díaz, los dos Carmonas y seguramente otros que hoy no recuerdo.

Como amigo personal de Allende, fui comisionado por el MIR para crear el primer GAP de protección de Allende.  Recuerdos imborrables de su casa en Guardia Veja y la tencha que salía por la ventana a putearnos, porque metíamos mucho ruido o le invadíamos su casa.

Estuve presente en varias reuniones, con Altamirano presente, entre Miguel Henríquez y Allende.

Si bien el MIR nunca se pronunció oficial y públicamente por abandonar la lucha insurreccional y apoyar la posibilidad de lograr un gobierno de izquierda por la vía electoral, si acordó suspender toda acción armada durante la campaña, apoyar a Allende, protegerlo…

Y ese acuerdo también fue obra de Carlos Altamirano Orrego.

Fue mi amigo, lo recuerdo hoy a la hora de su fallecimiento.

Tuve el privilegio de ser su amigo, de trabajar codo a codo con él, de recibir sus enseñanzas.

Carlos Altamirano es uno de los más grandes políticos que en la historia de Chile han sido.

Ya dije que fue un político controversial.

Les agrego a mi semblanza, un dossier de notas de colegas, amigos y medios asociados.

Carlos Altamirano y su triunfo sobre la oligarquía chilena

Yo lo conocí  personalmente en la segunda mitad del primer decenio del siglo XXI, en muchas ocasiones concurrí hasta su casa en La Reina en compañía de mi amigo y compañero de andanzas políticas,  Marco Cárdenas. Por aquel tiempo yo era parte del Comité Central del Partido Socialista de Chile, y él se encontraba retirado de la política activa pero tenía una muy fundada y documentada opinión sobre lo que se vivía y sobre la pasividad del socialismo chileno ante la profundización del modelo neoliberal.

Su inteligencia era excepcional, dueño de una lógica discursiva demoledora, tenía un conocimiento personal y directo de todos los grandes líderes de la izquierda mundial del siglo XX. Sus capacidades intelectuales eran enormes, solo comparables con Fidel Castro, otro muchacho del siglo XX.

Junto con Salvador Allende concitó los mayores odios  de la oligarquía chilena, que no lo decía,  pero los consideraba traidores, pues ninguno venía del seno de la clase obrera.

Su abuelo, Juan Antonio Orrego,  había sido gerente general y fundador del Banco Chile; su bisabuelo, Francisco Puelma Castillo, fue, junto a José Santos Ossa, descubridor de las salitreras del norte cuya incautación por parte de Bolivia desató la Guerra del Pacífico. El abuelo del presidente  Allende, doctor  Ramón Allende Padín, fue jefe de los servicios sanitarios del ejército chileno en la Guerra del Pacífico  y es el único chileno del que los historiadores peruanos y bolivianos hablan bien  por su actitud humanitaria con todos los heridos sin hacer distinciones. El padre de Ramón fue jefe de la escolta de O’ Higgins y sus dos hermanos sirvieron en Los Húsares de la Muerte de Manuel Rodríguez.

El odio oligárquico contra Carlos Altamirano se expresó muchas veces. En 1967 el gobierno de Eduardo Frei lo desaforó como senador  y lo encarceló por un artículo publicado en la revista Punto Final que trataba sobre la llamada “Revolución en libertad”, que prometió revolución sin sangre, pero que tuvo sangre sin revolución (Fidel Castro).

Durante la Unidad Popular todos los medios de prensa opositores, que eran mayoritarios y que recibían dinero de la Central de Inteligencia Americana (CIA), lo pusieron como blanco directo de las peores injurias.

Su mujer que tenía una tienda de ropa en Providencia, recibió un bombazo de indudable origen. A pesar de todo, fue reelegido senador por Santiago en las elecciones de marzo de 1973. Su consigna de campaña fue “Decisión Revolucionaria”.

El Partido Socialista, ante el inminente golpe de Estado que apenas se ocultaba en los altos mandos militares, fijó su posición en  un acto público en el Estadio Chile,  donde se denunció las torturas sobre los marinos constitucionalistas, ilegalmente encarcelados. Su discurso 2 días antes del 11 de septiembre, fue presentado como la causa del Golpe y eso sólo lo pudieron hacer suyo los ingenuos en grado máximo, y los interesados.

Los informes senatoriales de Estados Unidos, conocidos como Church y Hinchey, nos muestran la intervención golpista en Chile por lo menos desde 1964 y su apoyo, ora  a la derecha (que en la declaración de principios del Partido Nacional daba por desahuciada la democracia y proponía una dictadura militar), ora a los golpistas francos, ora los desestabilizadores camuflados como la Democracia Cristiana.

Un día, el compañero Altamirano nos mostró una página del diario El Mercurio de pocos días después del Golpe, en que se ofrecían 300 mil escudos por ubicar a  dirigentes de la izquierda chilena. Eran unos treinta, y entre los que él figuraba de manera destacada. Esa edición vergonzosa de El Mercurio, la había enmarcado.

Pensé cuán terrible debe ser el ser buscado con esa saña y odiosidad, con propósitos homicidas, sin lugar a dudas. Sin embargo, la cacería desatada en su contra no logró sus objetivos y él apareció el 1 de Mayo de 1974 en esos gigantescos actos que se realizan en La Habana. Para los que iniciábamos el largo camino de la resistencia, esa fue nuestra primera victoria.

Altamirano fue diputado por Valdivia entre los años 1961 y 65,  con anterioridad había sido por 20 años profesor de Economía en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile,  donde había recibido su título de abogado en la misma época de Clodomiro Almeyda y Patricio Aylwin.

Yo soy de una generación que conoce al Allende carne de monumento. El de los 400 calles, ciudades, barcos, facultades y pueblos que llevan su nombre en el mundo.  Un día, nos contó una anécdota que nos hizo reír y que nos humanizó al compañero presidente. Nos ofreció vodka o whisky.  Nos dijo que cualquiera de los dos era bueno. Allí supimos que el presidente Allende tomaba whisky, que en esos años era muy poco conocido en Chile, los compañeros que sabían de esto  pedían esta saludable atención:  Allende cuando ofrecía whisky,  decía que tenía uno inglés y otro argentino, todos optaban por el primero sin saber que los contenidos habían cambiado previamente de botella a botella.

La Dirección de Inteligencia de Pinochet le montó varios atentados homicidas en el extranjero, en uno de ellos está involucrada la Chany, secretaria de Manuel Contreras, actualmente en proceso de extradición desde Australia a Chile por crímenes de Lesa Humanidad.

Fue el único parlamentario de aquellos tiempos al que le negaron una modesta pensión. 

Carlos Altamirano fue el líder del socialismo chileno cuando este alcanzó su más alto nivel de conciencia revolucionaria y su mayor entidad organizativa. Más de 80 mil chilenos militaban regularmente en sus filas y, con sus cuotas al día, dieron origen al actual patrimonio del Partido Socialista.

Fue elegido Secretario General en el Congreso de la Serena de 1971, del cual no se dijo, por estricto acuerdo, que por unanimidad se rindió homenaje a los jóvenes socialistas chilenos caídos en la guerrilla de Teoponte que pretendió reiniciar lo comenzado por el Che Guevara en Bolivia.

El partido que dirigió Carlos Altamirano, que tuvo enormes responsabilidades en el aparato del Estado y cientos de grandes empresas, no tuvo un solo acto de corrupción. Eran otros tiempos, otros hombres, mejores los viejos.

Ha muerto Carlos Altamirano, ha muerto a los 96 años y por el paso del tiempo. Esto es en sí mismo una gran victoria sobre la oligarquía chilena.

¿Quién tenía la razón? ¿Quién estaba equivocado?

A raíz del fallecimiento de Carlos Altamirano, los medios de comunicación y redes sociales, han dado bastante publicidad a una expresión formulada por Altamirano al diputado demócrata cristiano Matías Walker, cuando le expresó sus condolencias, por el fallecimiento de Patricio Aylwin.

Altamirano habría afirmado: “Yo estaba equivocado. Aylwin tenía la razón”. El diputado Walker ha ratificado la veracidad de dicha afirmación.

La lógica aristotélica que yo aprendí en el Instituto Nacional, otrora primer foco de luz de la nación y ahora un martirizado Colegio, no admite dudas. Si Aylwin tenía la razón en su lucha, quiere decir que su adversario: Allende estaba equivocado. Por lo tanto, al afirmar Altamirano que Aylwin tenía la razón, comparte el juicio de que Allende estaba equivocado.

Aylwin falleció en abril de 2016. Habían transcurrido 43 años tras el golpe militar. Suficiente tiempo para que Altamirano se hubiera hecho su propia autocrítica. En ese caso, sus palabras de condolencias debieron ser: “Yo estaba equivocado. Allende tenía la razón”.

Lo que si ocurrió, es que un sector del Partido Socialista no compartía los principios que llevaron a la victoria a la Unidad Popular: la tesis de construir el socialismo por una vía pacífica. Tesis inédita hasta entonces en todos los procesos revolucionarios desarrollados durante el Siglo XX.

Allende siempre sostuvo que estábamos construyendo el socialismo “en democracia, pluralismo y libertad”. Nadie lo apartó nunca de este principio ni aún en sus horas más difíciles.

Confirmada la victoria de Allende, hubo acuerdo con la Democracia Cristiana en el respeto a las garantías constitucionales y en el programa básico de gobierno. Gracias a esta unidad, el Parlamento aprobó unánimemente la Nacionalización del Cobre y de otras riquezas básicas. Gracias a estos acuerdos, culminó la Reforma Agraria iniciada durante el mandato de Frei Montalva. Gracias a estos acuerdos se creó el área social de la economía y el pueblo chileno comenzó a vivir los mil días más dignos y felices de su existencia.

Cuando el despiadado proceso de desestabilización fraguado y financiado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, comenzó a hacer aullar la economía chilena tal como lo instruyó el presidente Richard Nixon a los agentes de la CIA, Allende hizo los máximos esfuerzos por evitar un Golpe de Estado. Solicitó la mediación del Cardenal Silva Henríquez para acordar con Aylwin alguna salida democrática, que éste rehusó.

El Presidente resolvió entonces convocar a un plebiscito nacional, a fin de ratificar su mandato y si el resultado le fuera adverso, se comprometía a convocar a nuevas elecciones presidenciales. Todos estábamos enterados de esto. Y no cabe duda que fue la razón para apresurar el golpe de estado.

Ya sabemos la tragedia que esto significó para el pueblo de Chile. Allende no estaba equivocado. Entregó su vida por los valores que siempre sostuvo. Otros fueron los equivocados. Que cada cual saque sus propias conclusiones.


Todo fallecimiento nos merece respeto y por cierto respetamos el fallecimiento de Carlos Altamirano y le expresamos nuestras condolencias a su familia y a su Partido. Pero he sentido la necesidad de poner las cosas en su lugar, según mi punto de vista.

El autor  fue director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) durante el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende. En 2019 fue galardonado con el  Premio Nacional de Arquitectura del Colegio de Arquitectos de Chile.

Carlos Altamirano: los años previos a la Unidad Popular

Manuel Salazar Salvo

 

En esta segunda entrega, el periodista Manuel Salazar narra para INTERFERENCIA las disputas previas a la elección de 1970 que llevó a Salvador Allende a la Presidencia de la República, en un ambiente efervescente y competitivo, cuyo trasfondo era el triunfo de la revolución cubana en 1959.

Carlos Altamirano: el aristócrata que quiso ser revolucionario

El periodista Manuel Salazar perfila al histórico dirigente socialista fallecido el domingo pasado a los 96 años. En esta, la primera de tres entregas, INTERFERENCIA explora los inicios políticos de quien fue considerado el enemigo Nº 1 de la dictadura de Pinochet.

Homenaje en Chile a histórico dirigente socialista fallecido, Carlos Altamirano

Los restos de Carlos Altamirano, histórico dirigente del Partido Socialista de Chile (PS), serán homenajeados hoy en la sede del Congreso Nacional en esta capital.

El presidente del PS, Alvaro Elizalde, informó que ese homenaje póstumo fue coordinado con la familia de Altamirano, atendiendo a su condición de exsenador, y que varios partidos y políticos expresaron su intención de participar en el acto.

Carlos Altamirano falleció la víspera en esta capital a los 96 años, informó la
directiva de esa organización.

En principio su familia no reveló las causas de su deceso.

Altamirano fue secretario general del PS durante el gobierno de Salvador Allende, de quien fue uno de sus más cercanos colaboradores y es considerado una figura clave dentro de la Unidad Popular y más tarde de lo que fue calificado como la “corriente renovadora” de los socialistas chilenos.

Su desempeño al frente del PS durante la UP fue criticado por las fuerzas de la derecha y de la democracia cristiana, que de forma oportunista lo acusaron de querer radicalizar el ambiente político en el gobierno de Salvador Allende, por su identificación con el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y otras agrupaciones.

Tras el golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973 perpetrado por Augusto Pinochet y las fuerzas oligárquicas, Altamirano se convirtió en uno de los hombres más buscados por la dictadura militar y tras permanecer en la clandestinidad pudo escapar a Argentina y se radicó primero en la República Democrática Alemana y luego en Francia.

Regresó a Chile en 1991, pero desde entonces se mantuvo alejado de la vida política con muy contadas apariciones públicas.

Sobre su figura, Elizalde destacó que Altamirano fue un promotor del concepto de  que el socialismo es inherente a la democracia y advirtió que a pesar de estar alejado de la política por décadas siempre jugó un rol fundamental en el ámbito de las ideas.

Por su parte, el presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, a través de su cuenta de Twitter envió las condolencias a los socialistas y a su familia y señaló que su papel en la historia política de Chile, como senador, secretario general del PS y dirigente de la Unidad Popular, que sustentaba el gobierno del Presidente Allende, nadie puede desconocer.

También otras figuras del PS y representantes de otras fuerzas de izquierda expresaron sus condolencias y pesar por el fallecimiento del destacado dirigente político.

Archivo| Carlos Altamirano: “Las ideas tienen que ser

impuestas democráticamente por la mayoría”

El secretario general del Partido Socialista durante el gobierno de la Unidad Popular y emblema de la izquierda durante el siglo pasado, habló de las formas de organización de la izquierda en ese 2008, situando ya a las organizaciones no gubernamentales como la clave en el nuevo entramado del poder.

Por Rafael Alvear

El 17 de noviembre de 2008, el año en que se desata la última gran crisis financiera en el mundo, Carlos Altamirano Orrego recibió al equipo de Revista Babuino (revista universitaria de ese entonces) para conversar sobre el poder, la economía y la izquierda.

El secretario general del Partido Socialista durante el gobierno de la Unidad Popular y emblema de la izquierda durante el siglo pasado, habló de las formas de organización de la izquierda en ese 2008, situando ya a las organizaciones no gubernamentales como la clave en el nuevo entramado del poder.

A casi una década de aquel momento, la lectura de Altamirano parece no perder vigencia. Por ello, El Desconcierto desclasifica ese archivo, que da cuenta de la profundidad de Altamirano, quien falleció este domingo a los 96 años.

Rafael Alvear (RA): ¿Cómo entiende usted la dinámica del poder en la actualidad?

Carlos Altamirano (CA): Hoy día el poder es un poder global. Este poder global aparece por primera vez en la historia. Hasta hace poco ni siquiera el último de los grandes imperios que conocimos (el inglés) tenía ni la cuarta parte del poder que tiene EE.UU. El poder inglés no era un poder propiamente militar, era más bien diplomático. Sabía manejar y poner a un país contra otro, era todo un juego de ajedrez, muy sofisticado, muy inteligente.

EE.UU., en cambio, tiene un poder mucho más brutal, poco sofisticado, que simplemente invade en Yugoslavia, Kosovo, invade Irak, o invade Afganistán, o invade Granada, una pequeña isla, de manera que ahí no hay sofisticación alguna, impone su ley en el plano económico, militar, político y también en el plano cultural y comunicacional. EE.UU. sintetizó, resumió, todos los poderes. De ahí que su poder fue doblemente global. Fue a través de todo el globo terrestre, y fue en todos los elementos esenciales que hoy día confieren poder.

RA: ¿Con qué tipo de poder se encontró usted?

CA: Yo nací todavía en una época de poder relativamente reducido, disminuido en relación a lo que es hoy. Yo nazco en 1922. En esa época todavía EE.UU. no alcanzaba el clímax de poder. En ese entonces, el poder fundamental era el de la tierra, el de la oligarquía agraria; era el de los grandes dueños del latifundio que gobernaban Chile y decidían quien iba a ser presidente, si un Balmaceda, Errázuriz, Riesco, un qué se yo. Ese poder de la tierra, esa oligarquía de la tierra, también perdió su poder, y emergió lo que ya había ocurrido en todo el mundo desarrollado, en el mundo europeo, el poder empresarial, el poder de los empresarios industriales.

RA: Ahora bien, cuando cambia ese escenario y el “pueblo” parece acercarse a dicho poder, ¿con qué fin se manejó en ese momento? ¿Y cómo fue su experiencia?

CA: En general, mi familia, mi formación, mi educación, viene de los grupos oligárquicos chilenos, pero por razones que habría que preguntarle a un psiquiatra (digo muy honestamente) a mí nunca me pareció ese machismo, ese clasismo, ese tratar de indio en forma insultante y peyorativa. Bueno, el hecho es que yo ya ingresaba a la universidad en los años 40’, 45’, y me vinculé con gente de izquierda solamente (aunque en mi curso había una serie de jóvenes pertenecientes a la alta oligarquía chilena como los Bulnes, los Subercaseaux, los Fontecilla, los qué se yo). Pero yo me vinculé con los Clodomiro Almeyda, los Felipe Herrera, en fin, con la gente de la clase media ilustrada, porque ya la clase media se había comenzado a ilustrar; había ido a la universidad, y yo le diría que tenía una cultura bastante superior a la de la alta clase chilena. Yo evoluciono por razones psiquiátricas, psicológicas, no sé de qué orden, e ingreso al Partido Socialista, y como tal, ingreso a la Unidad Popular.

En ese momento, el poder político se ejercía sobre el poder económico, y la Unidad Popular lo que pretendió fue un cambio de las estructuras sociales, políticas y económicas chilenas, con el fin de permitir que las grandes mayorías nacionales (para nosotros eran las grandes mayorías) se beneficiaran con el poder de la economía chilena, del Estado chileno, de la nación chilena. Este era el objetivo del poder ejercido por la Unidad Popular, y ese fue el objetivo de hacer cambios tan profundos, tan drásticos, tan dramáticos en la economía chilena.

RA: En virtud de lo dicho, en términos históricos y respecto al escenario actual, ¿es el poder(político) la vía para la solución de los problemas sociales en Chile?

CA: No, porque nuevamente tengo que volver a mencionar que, en primer lugar, hoy día hay un poder global que está por encima de nuestros poderes nacionales, de nuestros poderes locales. Así que nosotros no podemos decir “mire, basta que en Chile asuma una nueva Unidad Popular para los cambios estructurales de la sociedad chilena”. Ya lo asumió, y ya EE.UU. nos declaró la guerra; y ya Nixon nos dijo que haría humear la economía chilena, y la hizo humear. Todavía es EE.UU.

RA: ¿Cómo diferenciar esa lógica mundial globalizante con la lógica propia del Estado-nación, para generar cambios dentro del país? ¿O hay que estar dispuestos a que la “evolución” nos lleve a donde nos lleve?

CA: Yo le contestaría con las reflexiones de un Sábato, “hay que resistir”. Pero al igual que Sábato, no sé cómo resistir, él no sabe cómo resistir; él solamente llama a resistir. Pero ¿qué quiere decir esto?, ¿resistir qué? En este minuto se resiste el sistema neoliberal, que está siendo destruido, que ha caído en una profunda crisis, no por alguna actividad de la izquierda, sino por la actividad de los capitalistas financieros norteamericanos.

RA: Y hasta EE.UU. tuvo que intervenir.

CA: Claro, en EE.UU. tienen que hacer la mayor intervención precisamente estos que divulgaron en el mundo la teoría de la autorregulación de los mercados, de no-intervención del Estado, de no tener ningún tipo de regulación, ningún tipo de protección; de entregar todos los bienes públicos a las empresas privadas; o sea, la privatización, la desregulación y la desprotección, que son las tres grandes banderas del neoliberalismo.

RA: En la línea de lo que usted dice: ¿qué tipo de organizaciones debiesen tener más o menospoder, asumiendo el contexto de un medio globalizante que hace cada vez más improbable la generación de políticas locales efectivas?

CA: Bueno, yo le respondería, en primer lugar, en forma muy general, con una famosa afirmación de Gramsci, el gran teórico occidental marxista. Nuestra cultura necesita una profunda revolución intelectual y moral; tanto en las ideas neoliberales como en la moral individualista norteamericana y materialista, que se ha venido predicando en los últimos veinte años. Esa concepción es monstruosa, la concepción del mundo neoliberal de la competencia, de que hay que estar permanentemente en competencia, en competencia para producir más. Mientras no se establezca producir más para quiénes, producir más que para que el 10% o 20% de la población se lleve el 60% de la riqueza de un país, yo le digo, “no produzcamos más”.

RA: ¿Y hay organizaciones que podrían llevar ese cambio?

CA: Yo, como usted puede deducirlo, no soy católico, pero le atribuyo un rol importante a la Iglesia Católica en un cambio de la moral del mundo occidental (por lo menos). Lamentablemente, como le decía, cada día tiene menos influencia la Iglesia en ese cambio de moral, y cada día la Iglesia ha estado más comprometida en esta mentalidad neoliberal, y no se ha atrevido a condenar todo este mundo neoliberal. Mejor dicho, tanto Juan Pablo como este Papa deslizan una frasecita condenando el enriquecimiento, condenando el egoísmo, condenando la falta de equidad, en fin. No hay una campaña, no hay una exigencia permanente en ese sentido.

RA: ¿Y las instituciones seculares?

CA: Respecto a las instituciones seculares, yo creo que lo fundamental es reorganizar un movimiento, para mí más que partidos; un movimiento de izquierda, reestructurar un movimiento de izquierda en el mundo.

RA: ¿En el sentido “revolucionario”, o a través del “diálogo social”, como algunos sostienen hoy día?

CA: No, yo creo que no tanto el diálogo, porque ese diálogo social entra a confundir con el consentimiento de las derechas a todo lo que proponga el gobierno. Yo creo que las ideas democráticamente (repito: democráticamente) tienen que ser impuestas por la mayoría. Ahora, la derecha idea una serie de fórmulas en que la mayoría no manda, en que la mayoría tiene que consultar a la minoría, y en que si no consulta a la minoría no resultan las leyes, no resultan los cambios constitucionales, no resulta nada. Entonces, creo que es necesario este marco general, la gran revolución intelectual y moral de las sociedades del mundo occidental cristiano. Y en segundo lugar, recomponer, reponer, recrear, repensar todos estos términos, una nueva izquierda; una nueva izquierda y no la antigua izquierda; la antigua izquierda falleció, periclitó, y gran parte de esa izquierda está pasada a la derecha, apoya a la derecha.

RA: Si se lograsen generar esos cambios, ¿cómo hacer que quienes presiden ese tipo de movimientos (como una “nueva izquierda”) no caigan en autoexaltaciones propias o el beneficio personal, y se mantengan al servicio de la gente?

CA: Esa es una pregunta muy difícil de responder. Yo le diría que es casi imposible evitar la corrupción inherente que va con el poder. Todo poder engendra una corrupción muy grande, de manera que lo único que cabe responder es que hay que luchar contra esa corrupción en el poder. Bueno, ahora hay algunos puntos favorables, cual es para mí, que la izquierda del mundo está fundamentalmente en las ONG. Las ONG ecológicas, las ONG de derechos humanos, las ONG defensoras de las mujeres, las ONG de diversas especies (también las antinucleares) son las que tienen las grandes banderas de izquierda.

RA: ¿Ha perdido entonces la política la centralidad del poder para generar cambios?

CA: Para mí, indudablemente, sí, porque después de todo, las ONG están haciendo política. Entonces, es una nueva forma de ir haciendo política.

RA: Finalmente, ¿qué tipo de lógica de poder prefiere? ¿El poder que de alguna forma tiene una centralidad dentro del orden societal, o este poder difuminado donde el político está diferenciado de alguna forma con los distintos tipos de poder?

CA: No, yo preferiría un poder más centralizado, porque en un poder centralizado tenemos los locales una mayor influencia y un mayor poder. En un poder difuminado, en un poder descentralizado como el que había y como el que todavía hay, es EE.UU. el que impone, el que impone el sistema neoliberal en el mundo; aquel que Chile siguió y que en realidad había muy pocas posibilidades de combatirlo, porque EE.UU. era la gran potencia financiera y económica del mundo. Y si no era EE.UU., era el Fondo Monetario Internacional, gobernado por EE.UU., o el Banco Mundial, gobernado por EE.UU.; entonces, ese poder ya pasa a ser muy difícil de influirlo, por eso es que un Sábato, como le decía, llama a resistir, porque ya no depende tanto de nosotros.

Altamirano, al contraluz de la historia

Autor: Andrés Muñoz y Sebastián Minay

Su figura ha sido criticada, defendida, demonizada y sacralizada desde 1973, casi la mitad de los 96 años que vivió. Sobre todo, a partir de su frase sobre el “Vietnam heroico” con que coronó uno de los cinco párrafos finales de ese discurso (acá, página 189) que pronunció el domingo 9 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile (hoy Víctor Jara), como secretario general del Partido Socialista. Desde que comenzó diciendo “se está viviendo una hora dura y amarga para el proceso revolucionario chileno…” -acompañado por Miguel Enríquez, secretario general del MIR, y Oscar Guillermo Garretón del MAPU- Carlos Altamirano Orrego no pudo sacarse ese momento nunca más de encima.

Como han reconocido distintos historiadores, improvisó ante el micrófono. A eso se sumó el ambiente en el Estadio: cinco días antes la FACh había allanado las empresas Mademsa, Madeco, Rittig el mismo día del aniversario de la elección de Salvador Allende. Pero el discurso alcanzó su momento más álgido y sorpresivo cuando Altamirano reconoció haberse reunido con marinos y leyó una carta firmada por “marineros mártires” del cuartel Silva-Palma de Valparaíso. Éstos denunciaban haber sido torturados por haber descubierto preparativos para el Golpe, y negaban haberse conjurado con el dirigente PS para bombardear Valparaíso.

Fue ahí cuando desgranó aquella frase: “Chile se transformará en un nuevo Vietnam heroico si la sedición pretende enseñorearse de nuestro país. La fuerza del pueblo, compañeros, hay que utilizarla como se utilizó en el paro de octubre: el paro empresarial, el paro de los capitalistas, fue aplastado por la clase obrera. A nuestro juicio, compañeros, el golpe reaccionario se ataja golpeando al golpe. No se ataja conciliando con los sediciosos”.

 La Tercera PM le pidió a cuatro connotados historiadores que compartieran su visión sobre el paso de Altamirano: Gabriel Salazar -autor de Conversaciones con Carlos Altamirano (2010)-, Cristián Pérez, Sofía Correa y Joaquín Fermandois. Estas fueron sus reflexiones.

Salazar: “El estigma del discurso no se lo podía sacar de encima”

Entre el 20 de octubre de 2006 y el 7 de abril de 2010, Carlos Altamirano y el historiador Gabriel Salazar se reunieron una vez por semana –salvo excepciones- a conversar sobre la vida del socialista, sus anécdotas, pero en definitiva sobre cómo fue cambiando su pensamiento político. Esas sesiones están retratadas en el libro Conversaciones con Carlos Altamirano (2010) que Salazar publicó en 2010.

“El caso de Altamirano es el caso de una persona de la que se creó una imagen pública de él, una especie de estereotipo público, que no correspondía, en rigor, a lo que él era como persona, como mente política”, comenta Salazar. “Lo que pude darme cuenta, luego de conversar con él cerca de tres años seguidos, de que era una persona extraordinariamente sensible, muy culto, muy lector, con una mente muy fina, que evidentemente estaba por encima del promedio de la capacidad intelectual de la mayoría de nuestros políticos más conocidos”.

El discurso del 9 de septiembre ocupó varias de las horas de las conversaciones entre Altamirano y Salazar. Por eso, el historiador indica una de las razones claves por la cual el histórico dirigente socialista decidió no volver a la vida política cuando volvió a Chile tras el exilio.

“Altamirano no volvió a la vida política por este estereotipo de que era el gran causante del golpe de Estado del 73’. Ese estereotipo le quedó hasta el día de hoy. La mayoría de los periódicos siguen hablando de él de que era un hombre controvertido marcado evidentemente por ese discurso del 9 de septiembre”, dice Salazar.

“Ese discurso está plenamente justificado, el Golpe ya estaba planificado, y lo que hizo Altamirano fue anunciarlo. Ese estigma del discurso le quedó permanentemente. En una entrevista que dio en el exilio él corroboró ese estigma. A mí me contó que no se lo podía sacar de encima, que se había acostumbrado a convivir con él y no intentó sacar a la luz pública su pensamiento, porque además ya tenía mucha edad, cuando comenzó a sentir que tenía que criticar el modelo neoliberal de su propio partido”, agrega.

En las largas sesiones de conversación, Salazar también pudo abordar el tema de su pasado familiar y su ruptura con su lado “burgués” del cual, según dice el historiador, sentía asco. Eso, al igual que el estigma del discurso, lo persiguió por siempre.

“Su viraje hacia la izquierda surgió luego de ver cómo sus parientes, en específico el abuelo materno, trataban al inquilinaje. Eso lo asqueó profundamente y comenzó a escuchar a Clodomiro Almeyda en la universidad y se acercó al marxismo”, comenta Salazar.

“Ese trato a los trabajadores, y la negociación de los votos de esos trabajadores con la clase política de derecha, lo hicieron tener una convicción política muy profunda, eso le generó la animadversión de la red familiar. Su familia está relacionada con otras familias que no comparten el apellido, por ejemplo los Hunneus. Él me contó que los Hunneus hicieron una vez una reunión con todas las ramas de la familia, a él lo invitaron, fue, y le pidieron un discurso. Cuando se aprestaba a hablar recibió una pifia tan grande que no pudo hablar y tuvo que retirarse. Hubo una ruptura personal y de clase con parte de su familia”, recuerda Salazar.

Pérez: “No fue el extremista que se dice que fue”

Para Cristián Pérez, historiador de la Facultad de Periodismo de la Universidad Diego Portales, Altamirano es la figura clave del socialismo chileno. Dice que su vida política se podría ejemplificar como un círculo: “partió muy ortodoxo, se renovó y luego volvió a sus posiciones tradicionales”.

“Se le va a recordar como una figura contradictoria, una figura de algún modo ambigua y cambiante. Su rol durante el gobierno de Salvador Allende tiene matices respecto a lo que se ha dicho. Altamirano, durante la Unidad Popular, no fue el extremista que se dice que fue”, comenta Pérez.

“Dentro del partido, y de la Comisión Política, él no era el de los más extremos, de los que quería la política del avanzar sin transar, de hacer irreversible el proceso. Altamirano, más bien, era un negociador entre las dos alas en las que estaba dividido el partido en ese instante: los que seguían y defendían la política del gobierno de Allende dentro del PS, con el otro extremo que pensaban la posición del partido. Entre estos dos grupos, Altamirano mediaba”, agrega.

Sobre el discurso, Pérez es categórico en decir que fue el error político más grande de su carrera. “Durante todo el gobierno de la Unidad Popular fue un conciliador, el problema está en que él cometió un error que se podría decir que fue un error de principiante que es el discurso del Estadio Chile del 9 de septiembre del 73’. Es un discurso que él improvisa en un ambiente de efervescencia y de consignas muy duras, y él se va entusiasmando a medida que daba el discurso y ahí reconoce que se ha juntado con los marinos y eso es realmente grave“.

Pero también, como él mismo dice, el golpe ya estaba planeado. Ese discurso fue su gran error político en una vida que fue muy intensa”, comenta Pérez.

Sobre la ruptura con su pasado “burgués”, comenta que eso y su intelectualidad le trajeron problemas para relacionarse con la clase obrera.

“Hay que tener en cuenta su origen de clase, él venía de una familia burguesa. Y puede ser que por eso, a él le costaba entenderse con la gente de la acción obrera. Le era difícil porque su bagaje intelectual era muy superior, leía mucho, sabía muy bien lo que pasaba en el mundo. Era un revolucionario pero que tenía ese problema de relación, no le era natural como sí era para Salvador Allende”, comenta Pérez.

Correa: “Su racionalidad no pareciera templar su accionar”

“No pasan muchas horas y se nos pide a los historiadores emitir el juicio histórico sobre su persona, como si la muerte abriera el entendimiento de una manera enteramente novedosa. Sobre él se ha escrito mucho, y la controversia sobre su figura continuará prevaleciendo”, abre la académica de la Universidad de Chile. Correa advierte que antes de entrar en el lugar que ocupa en la historia política del siglo pasado hay que “situarse ante la consideración sobre el papel que los individuos juegan en la historia”.

Por eso, hace ver que el ex líder socialista “era un materialista histórico, y por tanto él mismo le restaría importancia a su persona ante la determinación del acontecer. A mí, en cambio, me parece que las personas construyen el mundo que les toca vivir, y algunas de ellas, lo moldean y transforman decisivamente”.

“¿Podremos decir entonces que Carlos Altamirano fue quien precipitó el Golpe de Estado y luego fue él quien condujo al Partido Socialista a una alianza centrista con sus viejos enemigos democratacristianos?”, se pregunta, ante la disyuntiva que marca su figura, haciendo notar que se le ha “convertido en el único responsable del desencadenamiento del Golpe, como parte de un intento de liberar de culpas a todos quienes fueron cerrando la puerta de una vuelta al entendimiento y la moderación, al esquivo acuerdo entre los contrarios”.

Correa piensa que “Carlos Altamirano tuvo una actuación decisiva en la conducción del Partido Socialista y como tal fue responsable junto con toda una generación de actores políticos en llevar al país al precipicio revolucionario, y con ello desatar la violencia política que llega a su desenfreno en la represión de la dictadura”. Recalca que “la responsabilidad les cabe a muchos”, y que “su actuación como dirigente político debe ser situada en un contexto tanto más amplio”.

En ese punto, la historiadora recalca que “Carlos Altamirano Orrego fue una figura de profundos contrastes. Por de pronto, entre su origen aristocrático y su opción por un proletariado revolucionario. Fue un hombre de acción y a la vez reflexivo y racional, aunque su racionalidad no pareciera templar su accionar“.

También observa que “fue un político duro, y en lo personal un hombre de gran simpatía y encanto” y que “para comprenderlo mejor, será necesario situarlo en el contexto de una generación política que queda marcada por el acontecer de la década de 1930”.

Fermandois: “Quienes lo odiaban hoy lo lloran, por esto de que no hay muerto malo”

“Los juicios históricos se podrían hacer en cincuenta años más; cambian los juicios. Pero no necesariamente mejoran, esto no es como el vino. Los juicios son cambiantes, claro; el viejo tema de la objetividad en la historia es una meta difícil“, hace ver Joaquín Fermandois, académico de la Universidad San Sebastián. “Las opiniones van cambiando según la visión. Muchos que lo odiaban hoy lo lloran, por esto del buenismo, de que no hay muerto malo”, insiste.

Él ve que hubo, dos, tres versiones de Altamirano. Una, la que del famoso discurso, su perfil radical que no coincidía con el de Salvador Allende. Pero que no fue el detonante del golpe, como algunos han querido simplificar.

“El discurso solo precipita las cosas, alimenta la hoguera. No fue eso. Le dio una vuelta más a la tuerca, pero el asunto ya estaba lanzado. Después del Tancazo, solo quedaba un llamado a plebiscito, que pongo muy en duda. Es un cuento que se ha inventado después. Es posible que se hablara, pero la solución habría sido una rendición de la Unidad Popular, o dejar la suerte de Chile al azar. Habría sido válido el plebiscito en junio”, reflexiona.

Cree que su opción por un “el socialismo chileno se identificara con una fórmula radical marxista” fue “su única diferencia con Allende”.

El segundo Altamirano, dice, “es el que después encabeza la renovación socialista, es cierto”.  Y hay un “último Altamirano, el que aparece en el libro de Gabriel Salazar, donde vuelve a una posición más radical, aunque reconociendo que los sistemas socialistas fracasaron. Y culpa a Allende de no haberse preparado para el Golpe”.

“Es complicado juzgar a una personalidad, un biógrafo tiene que entender al personaje”, admite Fermandois. Ve una “contradicción tremenda entre el primer y el segundo Altamirano. Hay un cambio en él, y está este tercer cambio -en el libro con Gabriel Salazar- en que vuelve a un horizonte más radical. Y donde reconoce que los sistemas marxistas han fracasado”.

¿Cómo se le recordará, aunque él dijo que no quería que lo recordaran? “El futuro sobre su visión es como el tema de Pinochet. Si hay crisis un día en Chile, va a aparecer algo así como una extrema izquierda. Si en 30 ó 40 años más hay una crisis grande en Chile, se va a reevaluar a Pinochet y Altamirano. Reevaluar ese tipo de discurso, de actitud; no a la persona, a lo mejor”, cierra el historiador.

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