Responsabilidad

En estos días se habla
mucho de responsabilidad,
a propósito de la decisión
del Frente Amplio de
comprometerse a medias
en la segunda vuelta
electoral presidencial,
pero es preciso
desmenuzar el concepto
y agregar otras
consideraciones para
poder entender
de qué se trata.

En primer lugar, hay que decir que no es lo mismo la responsabilidad moral que la responsabilidad política.   Desde el punto de vista moral es claro que la primera responsabilidad es con la sociedad en la que uno participa (barrio, país, Humanidad) y luego viene el compromiso con uno mismo.

La responsabilidad política, en cambio, es un deber con la causa en la que se participa, es decir el logro de determinados objetivos -que creemos dentro de nuestra subjetividad- que van en beneficio de esa sociedad de la que formamos parte, pero que fácilmente se confunden con la búsqueda del poder para poder materializar nuestra visión acerca de la forma en la que debe organizarse el país.

Cuando la estrategia indica que es necesario postergar el bienestar de la sociedad por los fines propios del partido (lo cual es legítimo), debe reconocerse que los principios morales tienden a flexibilizarse hasta el punto que en alguna ocasión puedan abandonarse en nombre de la “causa” e incluso justificar, al menos ante uno mismo, esa decisión.

Evidentemente, el análisis abstracto choca con la realidad, y no es porque la realidad sea amoral o inmoral sino porque toma en consideración otros factores tan válidos como la moral, como son en el caso actual chileno una percepción de conflicto generacional que, real o no, es un hecho concreto para quienes deciden que la responsabilidad se ejerce de una forma distinta a la interpretación que tienen otros.

Hay lógica en la decisión social de no exigir responsabilidad a los niños, pero la verdad es que cuando se trata de jóvenes mayores de edad que sí tienen responsabilidad desde el punto de vista de las leyes los adultos tienden a decirles lo que deben hacer, cómo si todavía fueran menores, y si no actúan de la forma esperada se les califica de irresponsables.

Los jóvenes tienen, sin duda, el derecho a tomar sus propias decisiones y a equivocarse eventualmente, aun por el propósito de seguir sus propios y subjetivos intereses y las generaciones anteriores tienen el deber de respetar sus decisiones, aunque les parezcan descabelladas, aunque signifiquen la posibilidad de empujar al conjunto de la sociedad a una involución.  El progreso se hace de éxitos y fracasos, y la experiencia necesariamente incluye heridas, manchas y arrepentimientos.

Andres Rojo