LA JORNADA LABORAL
DE 40 HORAS Y NUEVO
MODELO  ECONÓMICO
Es de esperar una tramitación
seria y con visión de futuro en
el congreso del proyecto de ley
presentado por la diputada Camila
Vallejo, para implantar la jornada
laboral de 40 horas
en vez de las 45 actuales.

Más allá del torpe empecinamiento de los momios y los sectores empresariales más cavernarios por obligar a los trabajadores a permanecer más horas de las necesarias en sus lugares de labor por sus anticuados principios, se trata de un tema que requiere de flexibilidad de pensamiento y apego exclusivo a las realidades económicas.

Especialmente en este momento, en que se vive una transición a un nuevo modelo económico-social, con un creciente empleo de tecnología que elimina mano de obra humana pero que requiere de personal más calificado, que mejor pagado y con mayores posibilidades de consumo, mantiene el mercado dentro de sus parámetros habituales y por tanto, no afecta los ingresos del gran capital.

Esto a su vez, como se está viendo en Santiago, lleva al nacimiento de empleo informal de servicios, ya no se trata de cesantes vendiendo escobas o paños de cocina en una esquina ni lavando parabrisas en los semáforos, sino de gente que ofrece colaciones ultra rápidas, ensaladas listas para aliñar, fruta picada en vasos, jugos, empanadas y otras comidas tradicionales para consumir de inmediato, etc.

Las cifras de las autoridades del sector apuntan a que crece el número de quienes viven de estas mini-empresas, nombre no afortunado pero no se los ocurre otro, que deben ser regularizadas para que sea posible que estos auto empleados cuenten con garantías de salud y previsión. Ellos son los marginados por el internet, cada vez más, que se convierten en una suerte de proveedores domésticos de los asalariados que ganan más pero no tanto como para ir a un restaurante, aunque solo tengan un camión con cocina o una pequeña fuente de soda.       

Aparentemente, y eso deben tenerlo en cuenta los legisladores, la jornada de 40 horas debe aumentar los empleos de la hora del crespúsculo, los nocturnos y los de fin de semana, pero hay que hilar fino para que no sea tema de pagar horas extraordinarias, sino de crear plazas nuevas.

El inicio de esta complicada pero indispensable discusión -más allá de la estúpida rigidez del ministerio de Hacienda-, no ha sido auspicioso y se había anunciado su inadmisibilidad, pero el sentido común de poco más de una cuarentena de parlamentarios, la tercera parte de la sala, permitió iniciar su trámite, aunque aún quedan decenas de escollos por eludir.

Con mucho criterio, Camila Vallejo dijo que su intención no es influir en la base de cálculo de las remuneraciones sino incidir en problemas que no individualizo pero que se refieren obviamente al descanso diario, la productividad, las fluctuaciones en la masa laboral y la eficacia empresarial sin explotación.

Es un hecho, que salvo los reaccionarios más porfiados y crueles, ya se acepta universalmente, que los empleados que trabajaban más tiempo, tienen una productividad menguante. En otras palabras, la misma persona puede fabricar la misma cantidad de lo que sea, en menos horas, siempre que se pueda ir a su hogar antes.

La mentalidad es impulsar la eficiencia productiva con menor permanencia de la mano de obra en fábricas u oficinas, sin reducir los sueldos y, de paso, consumiendo menos energía, algo nada secundario. Ya hay cientos de ejemplos de compañías que aumentaron las remuneraciones con seis o siete horas de labor, amén de la hora de colación. Pero es algo que funciona donde hay creación, no en el comercio donde el secreto del éxito es tener abierto según las necesidades del público. Factor al que también se le puede encontrar acomodo.

La jornada laboral, específicamente la de siete horas mayoritariamente en los países desarrollados, significó un aumento de entre el 10% y el 15% en la producción diaria. Así de simple. La ciudad de Gotemburgo en Suecia adoptó la jornada de seis horas para sus funcionarios corroborando la noción que los horarios más cortos alcancen los mismos objetivos, pero de manera más eficiente y provocando menos días de licencia por enfermedad.

Por supuesto, que cuando se trata de atención de público, es necesario estudiar los momentos de mayor afluencia de personas y adaptarse a ellos. Una investigación realizada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), demostró que las jornadas tediosas y largas, disminuyen lo producido, pero contradictoriamente en Corea del Sur, se valoró solo de boquilla el paso de 44 horas a 40 y pese a que el sábado quedó como día libre oficial, se retrocedió. En ese país, un menor tiempo para cumplir la misma cantidad de trabajo, derivó en agobio y mal humor.

Para los expertos, y esto en líneas generales, el éxito de las jornadas laborales cortas tiene más que ver con el tipo de función realizada, la carga de trabajo y la calidad de la supervisión, antes que con el tipo de empresa que realiza el cambio. Parte del problema es que un horario de trabajo no tiene por qué aplicarse a la masa total de empleados. Incluso se debe tener en cuenta ingresos y salidas diferentes con una flexibilidad dictada por el carácter de la labor a cumplir.

En fin, el tema da para mucho y para los legisladores sí que significará más trabajo y capacidad de estudio. Pero, por algo, ellos ganan más que la inmensa mayoría de los habitantes del país. 

ClariNet