UN SISTEMA INTEGRAL
PARA ENFRENTAR LAS
TRAGEDIAS COMUNES
La ola de incendios forestales que
han arrasado medio millón de
hectáreas de bosques y pastizales,
a raíz de un año de altas
temperaturas veraniegas -que
dejan en dramática evidencia lo
grave del cambio climático y del
calentamiento global-, obligan a
repensar nuestro actual sistema de
respuesta a los desastres naturales,
sean de la naturaleza que sean.

No es que todo lo que tenemos sea malo, por el contrario, el problema es que son insuficientes en un país sísmico y volcánico como el nuestro, a lo que ahora se agregan los siniestros de bosques, que como se ha comprobado en California -una región rica y con recursos infinitamente superiores a los nuestros-, son extremadamente difíciles de prevenir y combatir. Por el momento lamentamos una docena de víctimas fatales, el 2018 pueden ser más, y es menester repensar con serenidad y madurez lo que pensamos hacer para salir adelante.

Afortunadamente y hay que reconocerlo, la presidenta Michelle Bachelet se tomó en serio la tragedia y prueba de eso es su reunión en La Moneda con las máximas autoridades de Bomberos de Chile, donde se realizó un balance de lo que hasta ahora ha sido su forma de enfrentar a los incendios que todo indica llegaron para quedarse en la zona central y sur del país. En la ocasión, la mandataria anunció que se destinarán cuatro mil millones de pesos adicionales para un nuevo equipamiento y la reconstrucción de los cuarteles de los voluntarios. "Cuatro mil bomberos, hombres y mujeres, han entrado en el combate contra el fuego. Les debemos muchísimo como país", dijo la doctora Bachelet junto con condenar a quienes los atacan mientras realizan su trabajo y obstaculizan su labor, algo que necesita de una legislación urgente pues debe ser sancionado.

Los diputaditos de derecha empeñados en empatar a como dé lugar sus robos y escándalos con denuncias absurdas cuando las urgencias vitales están a la vista, podían comenzar a trabajar en serio y dejarse de torpezas y mezquindades que hasta las encuestas que ellos pagan y fomentan demuestran que no ayudan en nada a su alicaído candidato presidencial, y el senador Alejandro Guillier podría presentar planes aterrizados al respecto.

Por el momento, se anunció que en marzo se enviarán dos proyectos de Ley al Congreso: uno que mejora las capacidades que tiene la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi) para conjurar los peores efectos de las catástrofes y otro que crea el Servicio Nacional Forestal, para optimizar las tareas que ahora cumple la Conaf, un organismo tan fracasado como su par empresarial, la Corma.

Es bueno advertir, por majadero que parezca, que se debe hacer una gran convocatoria, solicitando las mejores ideas para ir creando y mejorando con el paso del tiempo, a las instituciones que combatirán los fenómenos como sismos, erupciones volcánicas, incendios tanto rurales como urbanos de significación, inundaciones y otros similares, amenazas permanentes en nuestra loca geografía.

El cambio climático -pese a las estupideces que pueda decir el Pato Donald Trump-, ha intensificado la escasez hídrica acompañada contradictoriamente de intensas lluvias e inundaciones que no solo afectan recursos naturales, fuentes de trabajo y de desarrollo regional y nacional, sino también acaban con las vidas y los bienes de las personas.

Una de las respuestas la constituye lo que pueden hacer los bomberos de Chile, que desde ya y sin que sea su competencia, deben asumir la responsabilidad de conjurar estas emergencias con buena voluntad y lamentablemente no siempre con el conocimiento necesario, el equipamiento adecuado ni una coordinación previa al más alto nivel.

Es imperioso crear una suerte de Estado Mayor (tanto a nivel país como de forma regional y comunal), que puede encabezar una Onemi reconstruida y con un  mando centralizado donde intervengan no solo sus funcionarios, sino que igualmente las policías, las instituciones de la defensa nacional, los bomberos, los cuerpos de brigadistas y un organismo creado por las universidades que se encargue de crear y fomentar una cultura de la prevención y el combate de los desastres naturales, preocupándose de crear las carreras secundarias o de educación superior que sean necesarias, para contar con los mejores profesionales en cada aspecto. El dilatar estas acciones no tiene lugar ya ante lo serio de la situación.

Hay que hacer un balance del grado de preparación y coordinación que tenemos a todos los niveles para mitigar grandes catástrofes desde Arica a Magallanes y sopesar seriamente cuáles son las tácticas y estrategias para la reducción de riesgos.

Es indudable que se trata de una tarea gigantesca, pero es inevitable y urgente acometerla.

ClariNet