DEBATE-FRANJAS

¿Por qué la franja política tiene
que reducirse a cuarenta minutos
diarios? ¿Por qué las campañas
de incentivo de la participación
electoral se realizan en períodos
de campaña? Son dos preguntas
que hace días han
captado mi atención.

Por Patrick H. Fisk

Todos queremos que la votación popular sea representativa, algo así como más del 60% del padrón electoral. Muchas personas se llenan la boca de asambleas constituyentes, plebiscitos y acciones ciudadanas, pero cuando hacemos política, no la inyectamos en el entramado social de una manera eficiente. Quienes sostienen que la educación cívica es lo central, se equivocan, los adolescentes desarrollan involucramiento (en su mayoría) un par de años después de ingresar al mundo laboral, el desafío por tanto es influenciar medios masivos. 

De ahí mi duda/sugerencia, por qué no se amplía la franja, incluyendo spots de 30 segundos que puedan transmitirse aleatoriamente en horarios más visibles, tal como ocurre en la radio, porque no diseñar una manera de presentar las ideas de los candidatos en horarios que tengan más impacto. Con contenidos regulados, libres de ataques y ordinarieces, simplemente presentación de ideas, visiones de chile, etc. Quizás me repliquen temas de costos y rating, puede ser, pero todo tiene un costo y potenciar la democracia nacional es lejos más importante.

Lo mismo sostengo con las campañas de incentivo de la participación electoral, no voy a detenerme a cuestionar la intencionalidad del gobierno al no impulsarla en primarias, eso ya está, mi propuesta por tanto es que se haga todo el año, en todo momento, como parte del aporte de la parrilla programática de la televisión, para sembrar el interés de la ciudadanía a largo plazo, a toda hora y para todo fin.

La participación ciudadana es un desafío a toda hora, piensen que en educación pública, la asistencia de los apoderados a las reuniones y/o la expresión de necesidades en las asambleas es súper acotada, casi determinada por la personalidad de quienes toman la batuta, pero en lo global, silencio absoluto y complacencia plena.

Hace tiempo vengo sosteniendo que la parrilla televisiva debe ser intervenida y regulada, otorgándole un sentido social a su programación y aunque a algunos les pueda molestar, involucrarse en política es mucho más social que la búsqueda de risas morbosas con la retransmisión del personaje de Daniel Alcaíno a la hora de almuerzo.

Para bien o para mal, que canal trece le compita al nacional con programas políticos en el mismo horario, es saludable, tanto como en su momento lo fue Vigilantes en la Red, pero del momento que nadie regula que en ese mismo horario exista una oferta de comedias estupidizantes, afecta la madurez de la ciudadanía. Si la sociedad es quien brinda las oportunidades al mercado y por consiguiente a los consumidores, quizás llegó la hora de que el Estado disponga de momentos en los cuales los chilenos nos aburramos con programas que sirvan para que aprendamos algo más que urbanismo turco.

ClariiNet