DEBATE-ENCUESTAS

En el país de los ciegos,
el tuerto es rey,

Por Samuel Muñoz Rozas

Las encuestas de opinión pública (GFK-Adimark, CEP, CERC-mori y CADEM) influyen en la percepción de la población sobre un determinado fenómeno. Incluso, en coyunturas específicas, pueden ser determinantes para los ciudadanos al momento de tomar una decisión como votar por algún candidato o apoyar alguna política pública.

Por citar un caso, podríamos pensar en la elección de Alejandro Guillier como candidato a presidente, que incluso llevó al Partido Socialista a desechar la alternativa de Ricardo Lagos. Es de conocimiento general que la razón que hoy lo lleva a estar en la competencia se basó en los resultados sobre popularidad que éstas mostraban.

Lo preocupante de lo previamente señalado, es que estos hechos han sustentado sobre la base de información imperfecta.

Las instituciones dedicadas a la elaboración de estadísticas oficiales como el Instituto Nacional de Estadística (INE) o el Banco Central, elaboran sus productos en función de estándares internacionales lo más actualizados posibles.

En la mayoría de los casos, se fundamentan en las recomendaciones emanadas por la División de Estadísticas de las Naciones Unidas (UNSD) o algún otro organismo de prestigio, a nivel internacional, como la Oficina Europea de Estadísticas (Eurostat), la Oficina de Censos de Estados Unidos (U.S Census Bureau) o, por último, la Agencia Nacional de Estadísticas de Canadá (STATCAN).

Lo anteriormente expuesto no, necesariamente, sucede con las estadísticas publicadas, periódicamente, por las instituciones encargadas de realizar encuestas de opinión pública. Evidentemente, hay una diferencia significativa respecto al tipo de información que divulgan en relación con las estadísticas oficiales de un país. Por lo tanto, no están obligadas a cumplir con ese tipo de estándares; en realidad, no están obligadas a cumplir ningún estándar. 

Existen organizaciones internacionales como la Asociación Mundial de Investigación de la Opinión Pública (WAPOR), la Asociación Americana para la Investigación de la Opinión Pública (AAPOR) y la Sociedad Europea de Opinión e Investigación de Mercados (ESOMAR), por nombrar algunas, dedicadas a producir guías de publicación e interpretación de resultados, protocolos y metodologías de encuestas de opinión.

Sin embargo, los estándares que proponen no son vinculantes, en el sentido que obliguen a una institución determinada a cumplir con ellos, ni menos a que sean sancionados en el caso de que los vulneren. Por ende, cualquier empresa podría publicar las estadísticas de opinión pública como desee. Al fin de cuentas, la mayor prueba de blancura se hace presente al momento en que los resultados publicados por ésta coincidan con lo indicado por la competencia.

Por ejemplo, hoy, ninguna de las encuestas de opinión cuenta con alguna certificación nacional o internacional por parte de alguna de las organizaciones expertas en la materia (ni siquiera algún departamento de estadísticas de alguna universidad de renombre). Por lo tanto, solo existen incentivos a cumplir con estándares mínimos. Muchos expertos asumen que las cosas se hacen bien, parece que no ven esta discusión como algo sobre lo cual haya que preocuparse y para que hablar de los medios de comunicación; éstos consumen cualquier dato que les sirva para impactar a la opinión pública.

Sin embargo, las encuestas tienen muchas cosas por mejorar que la ciudadanía desconoce:

Ninguna encuesta hace mención explícita (dato numérico) al marco muestral de referencia.

Ninguna diferencia lo que es representatividad respecto de lo que es cobertura (es más, utilizan los términos como equivalentes).

Algunas no señalan, siquiera, el método de muestreo. Otras solo indican que es probabilístico, pero no especifican el tipo (excepto CEP).

Ninguna publica datos adicionales al error de muestreo como error típico, coeficiente de variación o el efecto de diseño.

En la mayoría de los casos no publican tasas de respuesta (excepto CEP).

Ninguna publica errores de estimación, errores de medición, errores de procesamiento,

En la mayoría de los casos (excepto CEP), la base de datos de la encuesta no es pública.

En la mayoría de los casos (excepto CADEM), las metodologías no están disponibles para uso público y, si lo están, sus planteamientos son vagos. La idea de éstas es que, en teoría, cualquier persona pudiera replicar los resultados de una encuesta leyendo este documento. Lo anterior es imposible de realizar.

En síntesis, como pueden apreciar, hay muchas cosas, aspectos esencialmente técnicos, que deberían publicarse y, con ello, permitir que la información que ponen a disposición de la población y medios de comunicación sea más perfecta y pulcra.

Recordemos que, en función de lo que indican, muchas autoridades toman decisiones relevantes. Con antecedentes adicionales como los que expongo, por lo menos, éstas tomarían los resguardos pertinentes. Al fin de cuentas, que solo sean encuestas de percepción, no quiere decir que deban prescindir del rigor técnico necesario.

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