DEBATE-AMBULANTES

La calle Huérfanos,
especialmente entre
McIver y Amunátegui,
se ha transformado en
un gran escaparate del
comercio ambulante
de la capital.

Por Justo Calcante

Desde que el derechista Felipillo Alessandri, asumió la alcaldía, viene anunciando supuestos y falsos planes piloto, que según él implican una mano dura no conocida hasta ahora, contra estos emprendedores como los llama el Piraña, que son algunos desempleados, otras gente que no acepta horarios ni jefes y también algunos malvivientes colados.

El ambulantaje no es nada nuevo y se viene debatiendo sobre este por muchas décadas, en la medida que nuestro modelo  de desarrollo capitalista dependiente ha sido incapaz de acabar con un desempleo de carácter estructural y la urbanización de la mayoría de la población, se hizo realidad.

Desde el siglo XX, la derecha ha transformado a este tipo de actividad en una suerte de práctica ilegal consentida, lo que además le permite conseguir votos a cambio de obviar la represión policial.

Sin embargo con Alessandri, los ambulantes han aumentado en número de forma vertiginosa, especialmente entre aquellos que venden comida preparada envasada a la hora de almuerzo y quienes se especializan en golosinas, jugos y fruta ofrecida en recipientes plásticos, tanto para consumirla al paso como para llevarla al hogar, como los que ofrecen derechamente ropa de alto precio, que implican un capital que nadie dice de dónde sale.

Si uno se para en la esquina con  Ahumada, es decir en el cruce de dos paseos peatonales de alta afluencia de personas de toda condición, se puede observar como de pronto llegan un par de varones muy bien vestidos, con pinta de oficinistas, que conversan con el vendedor y luego toman nota sobre lo que este les dice. Si se está cerca se podrá escuchar que se trata de una lista de productos, es decir que están tomando un pedido que se surte por las mañanas en algunos locales en lugares como la galería Cervantes sin ir más lejos, aunque hay al parecer varios de estos mayoristas.

ClariNet cuenta con información confiable de que se trata de una suerte de mafias integradas por burócratas del propio municipio, que mediante este sucio truco se dedican a hacer caja electoral para algunos candidatos, además de obtener una jugosa comisión por lo que todo indica que no les importa mucho si sus minoristas son nacionales o inmigrantes. En su mayoría, se nos dijo, estos pequeños capos trabajan con esa falange de gestores habitacionales, hoy desocupados, que eran parte del aparataje electoral de la UDI.

La parte más evidente es que este comercio ambulante surgido con Felipillo, vende artículos caros: Chaquetones de nylon de 35.000 o 50.000 pesos, relojes de marca revueltos con los tradicionales cuneteros de tres lucas para disfrazar la coda; perfumes diversos y de costo diferente: guantes de cuero real de procedencia argentina y de cuero sintético fino llegados desde Brasil, etc., mismos que se encuentran en el comercio establecido.

Frente a esto, los esfuerzo de la Intendencia capitalina de hacer algo al respecto se frustran y la presencia de Investigaciones, Carabineros y el Servicio de Impuestos Internos (SII), que se supone deberían realizar una fiscalización eficientes de este tipo de comercio informal, no pasan de ser cantos de sirena.

El intendente Claudio Orrego se desgañita anunciando operativos conjuntos para regularizar esa economía que ya no tiene nada de subterránea, pero en la realidad no pasa nada. En el tema de los alimentos, el funcionario explica: "Esto no es por capricho de las autoridades, sino por la salud de las personas", afirma, recordando que se ha constatado que algunos de estos trabajadores gastronómicos, cocinan no en ollas sino en tarros de pintura.

Aseguró el intendente que con la llegada de inmigrantes, especialmente de los peruanos, surgieron las cocinerías ambulantes, las cuales, dijo, deben cumplir con las normas sanitarias chilenas o cerrar. Incluso Orrego llamó a los ambulantes a acercarse a los municipios para regularizar su situación y para que puedan atender sin violar la ley y entre otras cosas, dar boletas.

Con singular frescura, Alessandri declaró al respecto que "queremos que los espacios los ocupe la ciudad y no el comercio ambulante ilegal que no se ciñen a las normas. Ellos van a tener espacios, pero tienen que adecuarse a las normas", insistió.

Por eso creo su mafia burocrática que está explotando a estos emprendedores, como tanto le gusta llamarlos a la derecha, porque los grandes patronos saben que la tecnología, como lo hemos dicho muchas veces, cada día desplaza más y más mano de obra, tanto en fábricas, comercios como en oficinas.

ClariNet