DEBATE-BCOESTADO

Si algo no hicieron ni la
Concertación ni la Nueva
Mayoría, fue transformar al
Banco del Estado en un
organismo financiero al
servicio del pueblo, tema
que merece un debate serio.

Por Arnoldo Silva Lagos

Empero, hoy, frente a una nueva elección presidencial no le importa a ningún soñador o avivado con ganas de instalarse en La Moneda –o al menos obtener el pago que hace el Servel por los sufragios obtenidos– reformar esta institución.

Tal y como dice su nombre es un ente que pertenece a todos y a cada uno de los chilenos, pero que sin embargo es administrado a la pinta de los sucesivos gobiernos en turno, cada vez más lejos de las necesidades de los habitantes del país y desde la dictadura, en abierta competencia con los bancos privados, centrándose en generar utilidades y pagar a sus ejecutivos sueldos millonarios. Para lograrlo, idea fórmulas para esquilmar a sus clientes sin vergüenza ni límites. 

Hasta 1973, al menos, el ahora Banco Estado, cumplía con ciertas normas sociales como brindar atención bancaria a las comunidades pequeñas y que no interesan a las casas de intermediación financiera dada sus limitadas posibilidades de generar negocios; otorgar préstamos con intereses reducidos para la compra de la casa propia, fundamentar un negocio o ser una herramienta para el progreso.

Con la dictadura todo eso cambió y vemos como en una absurda continuidad la institución nacida de la Caja Nacional de Ahorros, es una fuente de abusos que como bien sabe el Sernac, acumula decenas de reclamos diarios que en su mayoría se consuman en desmedro de personas modestas y con escasos ingresos.

Este banco es administrado por una trilogía que incluye a un presidente, un vicepresidente y un gerente general, que se ufanan de su lucro, sin importar que la esencia de su misión siga postergada como un mueble viejo, arrinconada en el cuarto de los trastos inútiles y llena de telarañas.

En este momento, el cargo más relevante lo ocupa Jorge Rodríguez Grossi; le secunda Enrique Marshall Rivera en la vicepresidencia; y remata este elenco, Jessica López Saffie, con el ostentoso cargo de gerenta general ejecutiva.

Esta señora es funcionaria de la confianza exclusiva del Poder Ejecutivo y es quien ejerce la administración del Banco de acuerdo a las facultades que le son conferidas y las instrucciones recibidas de los anteriores.

Ella es, legalmente, la autora nominal de los abusos contra los clientes, dado que le corresponde ejercer la representación judicial del organismo. Además, es quien coordina a los gerentes generales de área, que es donde se incuban los abusos y la rapiña que permiten ganancias inmorales para una financiera estatal, cuya misión es ayudar a impulsar la economía del país dentro de su esfera de influencia, no incrementar los capitales de los accionistas, como lo hacen las particulares.

Hasta que internet transformó la mecánica bancaria y dado su origen, las libretas de ahorro fueron una de las tareas prioritarias del Banco. Hasta hoy, miles de estafados por cajeros inescrupulosos esperan una satisfacción que, por supuesto, jamás llegará. La pillería era sencilla: El funcionario, al momento de registrar el depósito en la libreta del ahorrador, lo imprimía sobre uno anterior, haciéndolo ilegible y se embolsaba el dinero sin dejar constancia de la transacción. Cuando la víctima se daba cuenta, nadie le respondía.

Hoy, la mecánica ha cambiado como indica Ximena Denisse Briceño Jiménez, quien el pasado enero tenía en su cuenta corriente 819.741 pesos. Relata que “de pronto en un recuadro aparece una señal que indicaba un sistema de seguridad del Banco en el que aparecía mi número de tarjeta de transferencias y para que se hiciera operativo este sistema de seguridad debía ingresar una serie de coordenadas”.

Lo hizo y apareció una cifra como cobro por el uso del sistema, acto seguido le piden una tercera clave, recibe sobre la marcha un llamado telefónico con una grabación, siguió un pantallazo y reapareció la cartola con una sorpresa, un saldo en contra de -380.259 pesos. La pantalla se apagó y le avisaron que se había caído el sistema y ya no pudo volver a ingresar. Salvando las diferencias y la electrónica, es una versión moderna de la libreta con los números ilegibles.

Doña Ximena ingresó el reclamo Nº 1348186 pero le tocó una ejecutiva que nunca la pudo escuchar correctamente y que ante esto la traspasó a un colega, Carlos Vargas de la sucursal Quilicura, que jamás le contestó. La derivaron a Seguros Banco Estado con la ejecutiva Rudelinda González, quien le da una serie de instrucciones que le permiten acceder a la cartola, esta vez para enterarse de una operación por $1.200.000.

Finalmente, le dicen que sufrió un fraude pero que no se puede hacer nada, en otras palabras, que tal como en el caso de las libretas de ahorro, el Banco se lava las manos olímpicamente, quedando en la duda y la sospecha de qué pasa con los empleados involucrados.

Las cosas no paran ahí y agrupaciones de empleados bancarios, ya no un pobre particular solitario, han denunciado que la llamada Caja Vecina, que serviría para facilitarle la vida a los más humildes, es una trampa.

La Caja Vecina, mediante un dispositivo web instalado en el pequeño comercio, trabaja en línea con el Banco, permitiendo la realización de giros, pago de cuentas de servicios, de créditos de consumo y pago de cuotas de crédito hipotecario.

De acuerdo al dirigente Luis Mesina, “este conjunto de servicios es privativo de las empresas bancarias establecidas y gestionado por medio de los empleados tradicionalmente dispuestos para ello.” La externalización de funciones propias de los trabajadores financieros y las instituciones bancarias, contraviene la Ley General de Bancos y Orgánica del Banco Central que señala en su artículo 39 que “Ninguna persona natural o jurídica que no hubiera sido autorizada para ello por otra ley, podrá dedicarse a giro que, en conformidad a la presente, corresponda a las empresas bancarias, y, en especial, a captar o recibir en forma habitual dinero del público”, y en otra parte del mismo articulado dice que “Se presume que una persona natural o jurídica ha infringido lo dispuesto en este artículo cuando tenga un local u oficina en el que, de cualquier manera, se invite al público a llevar dinero a cualquier título o al cual se haga publicidad por cualquier medio con el mismo objeto”.

En un momento histórico, donde amplios sectores de trabajadores están poniendo en cuestión la nefasta estrategia del subcontrato, la flexibilidad laboral y la externalización de funciones, todas ellas, atentatorias contra el empleo, el salario y la estabilidad laboral, resulta un despropósito que el Banco del Estado, se aventure en un proyecto que no guarda vínculo alguno con sus propósitos fundacionales. Las cajas vecina sirven y mucho, pero se debe acotar cuidadosamente sus ámbitos para que ayuden a la población, no para que provoquen cesantía. 

ClariNet