DEBATE-NABILLA

Coyhaique es tierra bronca,
de naturaleza a la vez bella y
hostil, donde se produjo el
horrible drama de una dueña
de casa, sometida a un trato
brutal y que conmueve.

Por Osvaldo Pino Tovar

Sin embargo, y gracias a una curiosidad masiva que mucho tiene de malsana, lejos de transformarse en un debate serio sobre la violencia intrafamiliar y el salvajismo que se oculta tras los muros de los hogares, dio paso a una exhibición farandulera que ofendió a muchos ciudadanos de ambos sexos.

El punto esencial, el fracaso en Chile y en la mayoría de los países, de las órdenes judiciales de alejamiento de los agresores, ni se tomó en cuenta, algo que las organizaciones feministas no deben dejar pasar y deben revertir con mucha fuerza. 

A tal punto llegó el exceso que la presidenta Michelle Bachelet condenó cómo se dio a conocer a la opinión pública, este crimen que data de mayo del 2016, que volvió a ser un tema de amplia discusión al producirse el respectivo juicio oral del caso.

“No naturalicemos la violencia cotidiana que sufrió. Por ella y por sus hijos, Nabila Rifo demanda justicia y respeto por su historia”, opinó la mandataria en su cuenta de twitter. Fue estremecedor cuando la mujer de 29 años entregó su versión del ataque del que fue víctima y del que por un milagro, escapó con vida.

Nabila aceptó la presencia de reporteros en la sala penal para difundir lo que no debe volver a ocurrir pero no contó ni con la farándula de los medios ni con la morbosidad con que lo acogió mucha gente, que al parecer no hace diferencia entre las idioteces que se ven en televisión con el sufrimiento real de una madre.

La unión de Navila y Mauricio Ortega fue un error desde el comienzo y por eso ella se fue a vivir sola en otra vivienda, hasta donde -según su testimonio- llegó él en forma atroz. Rompió la puerta con un hacha gritando que le haría “la vida imposible”.

Esta primera vez la justicia, emitió una orden de alejamiento, que realmente se han demostrado inútiles y que obligan a pensar en otras medidas. Luego de dos meses hubo un intento de reanudar la relación, pese a que las agresiones verbales continuaron hasta que según el testimonio de Nabila “pasó todo”, la madrugada del 14 de mayo.

“Cuando dijo que ‘nunca más lo volvería a hacer’, le creí un poco, pero también conocía su genio, sabía donde podía llegar”, señaló la mujer al admitir su error. Incluso la tragedia se originó en una fiesta familiar, que culminó con Ortega golpeando las paredes y los muebles.

Al ver el cariz que tomaban los hechos, un familiar sacó a los niños que estaban en la casa, quedando Nabila y Mauricio Ortega, junto a otros dos amigos, quienes no pudieron calmar la situación y optaron por irse. Ella intentó huir y el hombre la golpeó en la cabeza con una piedra. “Quedé mirando hacia arriba, me hice como la muerta para que no me pegara más. Después, no me acuerdo”, relató la mujer que quedó ciega.

Entre las cosas que jamás debieron ocurrir, están los esfuerzos de los familiares de Ortega que la llamaron para evitar que acusara al individuo que negó participación alguna en su intento de asesinato y quien llegó a la bajeza cobarde de acusarla de prostituta.

Un caso que expone claramente que se necesita un castigo muy duro para la violencia hogareña.

ClariNet