DEBATE-PACOS

El último escándalo que sacude
a Carabineros demuestra, una
vez más, que las instituciones de
seguridad interna y externa del
país necesitan de una
fiscalización severa.

Por Justo Calcante

La dictadura (1973-1990), otorgó a las Fuerzas Armadas y a las policías de grados importantes de autogestión e independencia de sus organismos superiores frente a los poderes del Estado, lo que se ha traducido en una seguidilla de escándalos especialmente en el Ejército y la policía uniformada, donde queda en claro que el poder de fiscalización con que cuenta la Contraloría General de la República es abiertamente insuficiente, tanto en el aspecto de adquisiciones como aquel de la administración de las finanzas de cada rama.

Es necesario cambiar la legislación al respecto y junto con eliminar la Ley Reservada del Cobre, se hace imperioso que el organismo fiscalizador sea dotado de una división dedicada exclusivamente a los institutos militares y policiales, con potestad para recibir rendiciones de cuentas a lo menos semestrales en todos los órdenes y cuyos requerimientos sean obedecidos con prontitud y veracidad, bajo la pena de infracciones severas a los funcionarios renuentes a cumplir con lo que debe transformarse en una obligación normal y rutinaria.

Eso impediría actitudes inconcebibles como las del general director de Carabineros, Bruno Villalobos, quien descartó poner en conocimiento de la opinión pública -el monto del fraude- una prueba de la magnitud de la escandalosa situación que sacude desde hace 15 días a esta policía y que debería significar la salida de Villalobos.

En una primera medida nueve oficiales fueron dados de baja, entre ellos el general jefe de finanzas de la institución, Flavio Echeverría Cortez. Sin embargo, de a poco, han ido apareciendo otros implicados, especialmente suboficiales, que se robaron bajita la mano, unos 15.000 millones de pesos.

Este dinero se gastó en autos de lujo, mansiones y platas para el bolsillo de estos delincuentes con uniforme que se cebaron en la impunidad de la que gozan.

Como ha trascendido, la investigación se originó por el informe entregado por un banco a la Unidad de Análisis Financiero (UAF) institucional por una transacción sospechosa de dinero que infringió las nuevas leyes sobre lavado de activos. Para hacer corto el cuento, un teniente que gana un sueldo líquido que no supera los dos millones de pesos recibió un depósito de unos trescientos guatoncitos en su cuenta corriente. Actualmente, se llevan a cabo dos investigaciones: una por parte de la Fiscalía Regional de Magallanes, que es reservada, y otra administrativa, la que generó la salida de los nueve oficiales.

El capo del robo es parte de esta nueva aristocracia de los doctorados y magísteres que ofrecen muchas universidades locales y extranjeras a buen precio (matrículas y mensualidades fuera de toda lógica pero que aseguran un cartoncito que abre las cuevas de la fortuna), tiene un magíster en gestión empresarial de la Universidad Técnica Federico Santa María y era miembro del Programa de Cooperación Internacional del Gobierno de Chile para las Policías Uniformadas Extranjeras (Cecipu). Su nombre es Flavio José Echeverría Cortez, quien fue llamado a retiro tras el descubrimiento de fraude.

Pese a todo, se afirma que el ahora ex oficial no está implicado en el desfalco, según las palabras del propio Villalobos. Echeverría, que fue desvinculado junto al coronel Jaime Paz Meneses, pertenece al escalafón de Intendencia tras finalizar su magíster en la citada casa de estudios con la tesis Plan Cuadrante de Seguridad Preventiva, pero ¿es un efectivo aporte a la seguridad ciudadana?

También era el director tesorero de la Fundación Paz y Familia, como igualmente director de la corporación cultural de la institución. Como parte del escalafón de Intendencia acudió varias veces al Congreso Nacional, en especial a las comisiones relacionadas con el área de presupuestos. Entre sus labores estaba la supervisión de las compras institucionales y en 2013 acompañó al director de Compras Públicas, general Jorge Vidal Varas, en un viaje a China para conocer "nuevos procesos de administración logística".

Por supuesto, el señor no le rendía cuentas a la Contraloría.

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