DEBATE-JUZGADOS

Lo sucedido en el Juzgado de
Garantías de San Bernardo
reviste una máxima gravedad,
que no solo revela la profundidad
de la crisis en Gendarmería.

Por Osvaldo Pino Tovar

También desnuda lo que ocurre en la administración de justicia en el país, donde un matoncito veinteañero pone a temblar a nuestra institucionalidad.

Un juez es amenazado por un reo, que instantes antes con un cuchillo -cuyo origen y características se callan- redujo al custodio que estaba junto a él y le quitó la pistola de servicio, misma que usó para huir previo ataque al magistrado al que arrastró por el suelo y golpeó.

El hampón, que no logró huir más de una semana y que estaba en el mismo San Bernardo y ahora es huésped de un recinto de régimen severo, es peligroso cierto, pero tampoco es un Superman del delito.

Se trata de un asesino brutal que mató a pedradas a una muchacha de 19 años, culminación de una carrera como ladronzuelo de poca monta y con dos violaciones consumadas, habiendo sido exonerado de una de estas “por falta de pruebas”.

El suceso provocó un debate público que continúa y que los involucrados eluden, y es de fondo.

La Corte Suprema repite lo de siempre en estos casos, la Asociación de Magistrados se va por las ramas y Gendarmería sale con que no fue una pifia institucional (¡por favor!), sino “una falla humana”.  

Nadie se pregunta por qué los reos no son sometidos a una revisión seria y completa mediante un aparato que detecte metales y otro que permita una radiografía del presidiario y que delate objetos plásticos, por ejemplo. Y no se trata de instalarlos en los juzgados, algo que resulta engorroso, sino en las cárceles de mediana y alta seguridad por razonables motivos económicos; tampoco se habla de la seguridad que ofrecen las carceletas de los centros judiciales, de la escasa preparación de los gendarmes, etc. 

El juez implicado, Sergio Henríquez Galindo, usado como escudo humano durante la fuga del Juzgado de Garantías de San Bernardo, es un abogado de 38 años que reconoce que no estaba preparado anímicamente para la acción del reo Leonardo Azagra Valdivia, de 27 años, que cumplía una condena benévola de 10 años. Este amenazó con un objeto cortante a su guardia, le quitó la Taurus modelo PT 99 y sacó a Henríquez de su lugar, arrastrándolo por las escaleras para llevarlo como rehén en su fuga del tribunal.

El magistrado dice que fingió tropezar, se botó al suelo y finalmente el asesino optó por arrancar solo, total tenía el camino despejado.

En Prisiones se lavan las manos y alegan que el personal era el adecuado pero “fallaron", según la irresponsable versión del funcionario Maurice Grimalt.

Afirma que "lo que ocurre en una fuga es que siempre tiene que haber alguna falencia en la seguridad. Las fugas anteriores han sido por fallas humanas del personal". Soluciones no aportó ninguna y eso que habló en una teatral mesa de trabajo para evitar delitos dentro de los tribunales.

La magistrado María Teresa Díaz, presidenta de la Corte de Apelaciones de San Miguel, señaló por su parte que "la preocupación de los jueces por la seguridad efectivamente es a nivel nacional, pero que no se ha repetido en otras ocasiones la agresión de la que fue objeto este magistrado". Según ella "se siente temor en algunas audiencias cuando la gente empieza a hacer manifestaciones o a agredirse entre ellos, y eso claramente causa preocupación porque el magistrado muchas veces no está separado de las banquetas en que están estas personas". Muy pedestre descripción.

Para muchos abogados los juzgados están para impartir justicia, por lo tanto, Gendarmería tiene el deber muy principal de cautelar que esto se cumpla adecuadamente. Los reos condenados por crímenes violentos deben permanecer esposados, especialmente quienes tienen tres o más condenas.

No faltan quienes señalan que la selección del personal de guardianes no se basa en capacidades y preparación, sino en parentescos y favores a los amigos.

La escuela de formación de la institución, cuyos albores datan del año 1927, bajo la dictadura del general Carlos Ibáñez del Campo, cuenta con filtros demasiado básicos y no necesariamente pasan por estudios, aptitud física y mental, capacidad de reacción ante lo inesperado y capacidad para soportar presiones inesperadas.

El tema da para hablar mucho, pero se necesita comenzar con soluciones ya.

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