DEBATE-RDYFA8

Principios y desafíos para la
construcción de una
Revolución Democrática.
Por Carlos Figueroa Salazar*
Frente Amplio:
Ni etiquetas ni ideologías.
Por Antonio García Varela*

Revolución Democrática está en un proceso de consolidación como organización política. Carlos Figueroa, militante de RD, escribe en El Desconcierto los cinco desafíos para la discusión orgánica del incipiente partido.

“Si te sientes, como nosotros, llamado a revolucionar Chile, esta invitación es para ti”. Así terminaba el llamado que hicimos hace 5 años –un 7 de enero del 2012– invitando a la ciudadanía a unirse a Revolución Democrática. A las pocas semanas ya eran más de 3.000 adherentes los que se sumaron por medios virtuales y cerca de 500 personas las que comenzaron a participar activamente a los largo de Chile. Hoy, 5 años después, ese movimiento inicial se ha transformado en un partido político, con más de 10.000 militantes, un diputado, 5 concejales y una fuerza activa cercana a las 1.000 personas a lo largo de Chile.

En el inicio el primer desafío fue existir. Para ello debíamos dar dos pasos: 1) situarnos como un actor capaz de amenazar el acuerdo político que mantenía intacto el modelo socio-económico heredado de los Chicago Boys y administrado por los siguientes gobiernos y 2) constituir una orgánica, un modo de funcionar del naciente movimiento, capaz de responder a los desafíos del contexto político: despolitización social, concentración del poder, centralización, luchas sociales aisladas, entre otros.

De allí que hayamos optado, para existir, por levantar un proceso que nos llevó a presentar un candidato el año 2013 (Giorgio Jackson), reforzar nuestro trabajo e inserción en movimientos sociales y apostar por disputas electorales e institucionales. Paralelamente a este proceso comenzamos un proceso largo de constitución territorial que finalizó en un Congreso Fundacional donde definimos por primera vez nuestra orgánica interna.

Hoy, 5 años después, hemos comenzado una nueva apuesta de existencia política, más grande y colectiva, y un nuevo proceso de definición orgánica.

Hemos optado en nuestro último congreso estratégico por la unidad de las fuerzas de izquierda en el proto Frente Amplio para abrirnos paso en el abanico de la post-transición. Y en paralelo hemos iniciado un nuevo proceso de reorganización interna, en parte para cumplir las exigencias de la Ley de Partidos Políticos, y en parte empujados por las tensiones creativas de un movimiento que busca responder a su nueva militancia interna y a los desafíos que hemos ido madurando para radicalizar la democracia.

Quiero detenerme hoy en el desafío orgánico al que se enfrenta Revolución Democrática. Para ello, plantearé algunos principios que podrían orientar la discusión orgánica y, seguidamente, algunos desafíos que nos pone el contexto político para nuestras definiciones.

Principios para una discusión orgánica

Quiero presentar cuatro puntos que creo importantes tener en consideración en las discusiones sobre nuestra orgánica interna. Quizás llamar principios a lo que viene no corresponde a una definición estrictamente filosófica, dado que no son necesariamente máximas universalizables de las cuales se desprendan consecuencias. Pero pretenden servir de orientación y puntos de apoyo para las disyuntivas en discusión.

El primero de ellos es que no creo que hoy exista, en eso que llamamos sociedad, un sujeto uniforme al cual politizar. Algunos teóricos traducen esta idea en la necesidad de unir luchas que hoy representan a distintos tipos de opresión (patriarcal, capitalista, colonialista, racista, etc) y que antes se leían como transversales y únicas (como la anticapitalista desde el sujeto obrero). En la práctica esto significa que la manera de politizar hoy una sociedad desarticulada y sin un único sujeto es la multiplicación de los espacios políticos (nunca su disminución) que hagan manifiestas las distintas carencias, desigualdades, injusticias, etc., y la articulación de estas en pos de la superación de la dominación y la exclusión de condiciones materiales igualitarias.

En ese sentido, la orgánica de un partido político revolucionario debiera propiciar la multiplicación de los espacios políticos que puedan modular las diversas luchas y tender, en el conjunto del partido, a generar una sinergia que conduzca esa multiplicación hacia horizontes comunes de transformación más sistémicas.

El segundo principio debiese ser la desconcentración del poder. La democracia radical implica imaginar un espacio de poder vacío, no personificado, y carente lógicas heredadas, divinas o infundadas. En la historia de RD, no obstante, hemos configurado -tanto geográfica como culturalmente- un tipo de poder que está modelado por características que no lo hacen un lugar vacío. Tanto la estructura de poder geográfica central, como la cultura patriarcal o la aún insuficiente presencia de espacios de formación, discusión y politización dejan al debe una orgánica que pueda hacerse cargo de este modelamiento de quiénes pueden hoy acceder al poder.

Esta desconcentración o autonomía del poder político (autonomía como ausencia de una estructura cultural o social que impida el libre ejercicio de la libertad no dominada de un sujeto) no implica una falta de conducción o una democracia donde todas toman todas las decisiones. Una orgánica debe plantear una conducción que sea capaz de otorgar garantías de desconcentración del poder (desconcentración en género, en geografía, etc.), a la vez que garantías de conducción de la multiplicidad espacios políticos para su articulación interna y, sobretodo, la externa.

Un tercer principio para construir una orgánica capaz de lidiar con el aumento de la participación y de hacer cara a los conflictos internos es la de concebir la democracia como un proceso temporalizado y universal. Toda transformación cultural, política y económica radicalmente democrática requiere de procesos y etapas que hagan posibles la apropiación. Es necesario construir superficies (procesos) y plataformas (instrumentos) que permitan intensificar al máximo la participación de todos y todas (de allí que sea universal), pero que, al mismo tiempo, consideren la temporalidad de los procesos como un elemento esencial. Pero no todas las decisiones podrán ser temporalizadas ni construidas como procesos.

La democracia radical se caracteriza por un ejercicio concreto y no solo formal de la soberanía. Por lo mismo, las elecciones son un instrumento necesario pero no su esencia. Al menos tan importante como ellas son la deliberación y la formación políticas.

No todo se debe votar, no todo se debe plebiscitar, no todo se debe aprobar por todos y todas. Lo importante es definir qué aspectos deben considerarse como relevantes de ser temporalizados como procesos democráticos y cuáles serán las cláusulas que, en períodos de excepcionalidad, permitirán recurrir a otros mecanismos que no sean los procesos e instrumentos que deben operar en la normalidad del partido. Con esto quiero decir que la democracia radical no es democracia procedimental en todo momento. Debemos aprender a decidir qué, cuándo y cómo se tomarán las decisiones más relevantes. De lo contrario, llegaremos a votar cosas que no hemos procesado pero para las cuales dimos nosotros la temporalidad.

Un último principio concierne al sujeto militante: el principio material no excluyente de la militancia política. A este proyecto está invitado a ser parte todo aquel o aquella que observe nuestro proceso y quiera integrarse.

Observar el proceso es sujetarse al desenvolvimiento histórico, a las decisiones democráticas procedimentales y los principios ideológicos que en conjunto la orgánica ha construido. La militancia es por tanto aceptar las condiciones históricas de un proceso y la aceptación de sus reglas.

No obstante, existe el riesgo de que la militancia se convierta en una obligación material insostenible, en vez de una oportunidad de compromiso. El carácter de la militancia formal no debiera exigir deberes de participación que excluyan a quienes materialmente no puedan hacerse parte por sus condiciones de vida.

Debe existir una militancia ética (monetaria incluso de aporte al partido según cada cual pueda), pero no una exigencia de actividad para obtener los derechos más relevantes. El compromiso activo no puede ser condición de posibilidad de acceso al poder. El compromiso es una oportunidad deseable y permanentemente potenciada por quienes puedan dedicar más tiempo a la tarea de politizar, articular y conducir el proceso de politización de la sociedad.

Como mencioné, de estos principios no necesariamente se desprende una única orgánica en particular. Ni son tampoco los únicos principios que podrían discutirse. Pero pretenden poner en tensión algunas de las discusiones que hemos venido dando en Revolución Democrática y guiar los desafíos que tenemos por delante. Terminaré mencionando algunos de esos desafíos que son, quizás también para otras orgánicas, desafíos del día a día en nuestra organización.

Desafíos para una orgánica en proceso de expansión

Pienso que el desafío general de RD es construir una fuerza que siga avanzando posiciones en movimientos sociales, en el espacio local (sobre todo en el espacio local institucional), y en luchas electorales, mostrándose como una alternativa real para transformar las condiciones de vida, en un proceso que reconoce antagonistas.

En este desafío general caben otros más específicos. El primero de ellos es el desafío prioritario de politización social y territorial de RD. Al trabajo con movimientos sociales y también al trabajo territorial les cabe una especial misión en la estrategia de avanzar posiciones y multiplicar las instancias de trabajo político en la sociedad. Desde ambos espacios es posible predicar en la práctica la transformación de las condiciones de vida en procesos que reconocen adversarios y dominaciones frente a las cuales es posible articular poder político. Este horizonte prioritario no excluye la necesaria multiplicación de otro tipo de espacios que politicen desde las ideas, los vínculos internacionales o cualquier otro lugar.

El segundo es el desafío de la conducción y la inclusión. Una tensión manifiesta en cada proceso organizador del poder político se da entre la amplitud de la representación de sensibilidades y la necesidad de poder conducir procesos políticos para los cuales una mayoría es necesaria. Una representación mínima de la diversidad de tendencias políticas en la conformación de una directiva, por ejemplo, la creo más idónea que un escenario donde no exista posibilidad de conducción y se incentive la dispersión, apuntando a una representación máxima de las sensibilidades. En este desafío, cabe toda la discusión sobre los mecanismos de elección y la composición de los espacios. En ellos me inclino por mecanismos que consoliden espacios de dirección con expresiones mayoritarias, pero que incluyan minorías.

En tercer lugar, Revolución Democrática debiese tomar como bandera urgente el desafío de la despatriarcalización. Este desafío no sólo corresponde a cambios estructurales en los mecanismos de selección y elección de puestos de poder. Corresponde sobre todo a la forjación de una cultura política (expresada en reglamentos, espacios de formación y disciplina partidaria) que potencien una militancia política consciente de la desigualdad estructural y milenaria que arrastra nuestra sociedad (y por tanto también nuestra organización) en la igualdad de acceso al poder, la cultura y a mejores condiciones de vida de mujeres. Hacerse cargo de esto no es baladí, tampoco un desafío que requiera unas pocas líneas en una web. Requiere que pensemos los horarios, los cuidados compartidos, la arquitectura de los espacios, el tono de las discusiones, el lenguaje, entre otras muchas características. Este desafío supera nuestra actual lista de mociones estatutarias.

En cuarto lugar, el desafío de la internacionalización. Es fundamental que Revolución Democrática deje de mirarse el ombligo y salga a una discusión pública internacional sobre el sentido y estrategias de las reformas que realizaremos. Hace algún tiempo llegamos en la izquierda al convencimiento de que el proceso revolucionario chileno tiene que tener su propio camino y carácter. Ello no obsta (¡y sería un gran error pensarlo!) a que este camino necesite de la colaboración, y formación de espacios que articulen las fuerzas políticas y sociales internacionales que a nivel global pueden empujar las mismas o similares luchas que las nuestras. Este desafío implica expandir nuestras relaciones políticas internacionales, fortalecer nuestro trabajo expansivo hacia el continente y potenciar aquellos espacios que hemos formado (territorios extranjeros por ejemplo) que podrían colaborar en esta y otras tareas.

Por último, está el desafío de la construcción de una nueva militancia interna: más amplia, más generosa, pero también más exigente para quienes tomen responsabilidades. La politización de nuestra militancia está inherentemente unida a la generación de espacios de formación política e ideológica (las escuelas no son sólo con profesores; también hay escuelas de la vida como las federaciones, los sindicatos y otros espacios donde nuestra militancia puede formarse políticamente). Para ello será muy necesario ampliar el rango de lo que concebimos como formación e intensificar la presencia en todos los espacios de militancia de mínimos formativos ideológicos y políticos para los militantes.

En suma, cinco desafíos que nos permiten tomar con más discusión el presente proceso de discusión orgánica y plantear el desafío general de RD de politizar espacios y avanzar en posiciones que articulen luchas diversas.

Pues si en el siglo XX la tarea de un partido democrático era la irrenunciable penetración de los desplazados por proceso industrial y político emergente: los sectores populares obreros y, posteriormente, los campesinos; en el siglo XXI, el partido democrático debiera abocarse a reivindicar las demandas de los nuevos desplazados: luchas segmentadas que no necesariamente comparten un trazo común ideológico, pero sí un diagnóstico común con respecto al sistema actual que buscan cambiar.

Revolución Democrática debiera constituirse como motor de esta politización y consolidar la capacidad de fundar una mayoría transversal nueva. Un RD más amable y con más capacidad de convencer hacia afuera. Un RD con la obligación de politizar las discusiones y de multiplicar los espacios políticos.

La orgánica que de ello se desprende no es unívoca ni completamente condicionante pero tampoco irrelevante. En los próximos días comenzaremos un nuevo proceso de constitución que nos permitirá discutir algunos de estos puntos. Así como el llamado inicial de Revolución Democrática fue a hacerse parte de un proceso de cambio que hoy está en curso, tras 5 años de existencia, y con más de 10.000 militantes, nuestro nuevo llamado debiese hacerse para expandirnos, al mismo tiempo que comenzamos a consolidar lo que hemos formado en miras a construir un partido radicalmente democrático y con claridad en sus objetivos.

*Filósofo y cientista político, militante de Revolución Democrática.

Frente Amplio: Ni etiquetas ni ideologías

Por Antonio García Varela*

En respuesta a la columna “Principios y desafíos para la construcción de una Revolución Democrática” que escribió Carlos Figueroa Salazar en El Desconcierto, otro militante de ese partido propone otros ejes y objetivos que debería tener el Frente Amplio.

Uno de los diputados del Frente Amplio se esfuerza para que éste no se declare de izquierda ni sujeto a ideología alguna.

El propósito del Frente es construir un país justo y rescatarlo de manos de los grandes saqueadores. Las discusiones teóricas pueden esperar. No es fácil manejar a rugientes leones del pasado que vociferan que el Frente solo puede ser de izquierda, lo que permite evitar la tentación de pensar.

Jorge Sharp arrasó en Valparaíso con el apoyo de los dos diputados del Frente Amplio y de movimientos  ciudadanos que van de izquierda a derecha, simplificaciones maniqueas.

China, esclava del comunismo que la ahoga y la obliga a adulterar cifras y hechos, solo pudo salir de “La gran hambruna de Mao” gracias a Deng Xiaoping: “No importa si el gato es blanco o rojo. Solo importa que coma ratones”.

Jesucristo, desde que lo hicieron preso en el Monte de los Olivos hasta que lo crucificaron en el Calvario, pasó por un vía crucis de quince estaciones, imagen de gran efectismo. El vía crucis de cada chileno tiene treinta estaciones, y éste no lo padece una vez en la vida: lo sufre todos los días.

La primera y la ultima estación de su cada día es el Transantiago, que lo obliga a pagar entre un 20% y un 40% de su sueldo para ir y venir del trabajo y además lo amenaza con cárcel si se niega a pagar por un servicio caro y miserable diseñado al antojo de los corruptos que se enriquecen mediante contratos que se reescriben a puertas cerradas.

Las demás estaciones del diario vía crucis del chileno son de todos conocidas, a pesar de lo cual los partidos políticos no las alzan como bandera porque su negocio no es solidarizar con el oprimido, si no oprimir un poquito más, que algo queda.

La tarea del Frente Amplio es identificar esas estaciones y combatirlas con urgencia y pasión, porque el hambriento necesita comer hoy y porque el oprimido, responsable de la mantención del Estado y de la Teletón, necesita con urgencia ser liberado de esas obligaciones.

De nada sirven al oprimido formulaciones teóricas y declaraciones ideológicas o religiosas. Lo que necesita es ayuda concreta y pura: que le quiten de inmediato “los grillos de la esclavitud de la patria”.

Los objetivos del Frente Amplio deben ser entonces específicos y concretos: ahí donde existen abusos y exacciones, yo estaré para librarte de ellos.

¿Cuáles son esos objetivos?

Plebiscito, referendum, democracia directa

Esta es la primera aspiración del 98% de los participantes en los cabildos para una Nueva Constitución. El chileno no tiene derecho a decidir acerca de nada. Su papel, en la farsa democrática, es ser testigo impotente y llevar la cruz.

Si hubiera plebiscito ya no habría AFP, ni el gobierno seguiría intentando firmar el TPP para vender el país. La Ley de Pesca ya habría sido anulada y la integración vertical de las isapres habría sido penalizada con cárcel para sus propietarios. No habría Alto Maipo ni tronaduras en Isla Riesco, ni portales adicionales en cada autopista serpiente que devora el bolsillo del usuario.

Nada teme más un político que devolver a la ciudadanía su derecho a decidir.

Por eso han inventado la “Participación Ciudadana”: intentan que el soberano -el conjunto de los ciudadanos- acepte opinar ahí donde tiene derecho a decidir.

En el plebiscito se juega la democracia. No existe democracia si el pueblo ha sido despojado de la soberanía que reside exclusivamente en él. El Frente Amplio debe comprometerse a paralizar Chile hasta que se instaure la democracia directa: plebiscito y referéndum.

Nuestra democracia debe ser directa, como es en Uruguay, Suiza o California, donde las personas a lo largo de su vida deciden irrevocablemente acerca de mil asuntos y dejan sin efecto las leyes con las que, al decir de Neruda, los abogados del dólar remachan los grilletes de la esclavitud de la patria.

No Más AFP

También el 98% de los participantes en los cabildos para una Nueva Constitución quieren No Más AFP. Las Administradoras de Fondos de Pensiones, además de cobrar comisiones que son 40 veces las imperantes en el mercado financiero, lo que es un crimen, hacen negocios ilegales: incurren a diario en ilícitos que causan enormes pérdidas a los fondos previsionales del chileno.

La pseudo democracia que sucedió a la dictadura ha hecho mil modificaciones al marco legal que regula el actuar corsario de las AFP, cada una de ellas para hacer mas obsceno el saqueo a que nos someten.

No al TPP

Si el plebiscito devolverá la soberanía a los ciudadanos, mal se puede aceptar que la Corteza Política venda a las trasnacionales la soberanía de la que ha despojado a la nación.

No más IVA a la cesta básica o productos de primera necesidad

El Impuesto al Valor Agregado (IVA) representa el 50% de los ingresos del Estado y son los oprimidos quienes pagan la mayor parte de ese impuesto.

El IVA uniforme y sin excepción que aplica Chile hace que el desposeído sea quien mantiene el aparato del Estado, el que a su vez permite que los saqueadores puedan despojar al desposeído de sus bienes y derechos.

Eliminar el IVA a la cesta básica significa aumentar en un 20% el ingreso disponible del 50% de los chilenos. Un 20%: es como si a cada billonario parásito de Chile el Estado le regalara mil millones de dólares más.

No más UF

Nadie habla ni toca la Unidad de Fomento (UF). Parece sagrada. Se diría que fue impuesta por dios.

La UF grava a diario el bolsillo del oprimido y determina que haya mas inflación que la que realmente hay, lo que representa un impuesto adicional que afecta al más necesitado. Induce al “gran retail” a subir cada día sus precios para asegurar que haya inflación, porque mientras mas crezca la UF más aumentarán las cuotas de los créditos, que son su verdadero negocio.

El año 2015, a nivel mundial los alimentos bajaron un 15% mientras en Chile subieron un 20%, de modo que el oprimido terminó pagando por los alimentos un 41% (1.20/0.85) mas de lo que debería pagar. Lo expuesto es resultado de la colusión y del deseo de cuidar que haya inflación para que la UF siga su rauda marcha hacia la inequidad absoluta.

La cuota del crédito, la tarifa de la autopista, el precio de los combustibles, los alquileres, todo sube con la UF, menos las pensiones y los salarios de los que sale el dinero que pagar este maravilloso engendro de la dictadura preservado por los políticos que despotrican de ella y se benefician de sus instituciones.

No mas cárcel por abortar, por evadir el Transantiago, por protestar o por ser mapuche.

Como el país dio las cárceles en concesión, necesita presos para alimentar a la fiera que metió en su patio.

Los concesionarios plantean que si el 1% del 1% es rico y poderoso y el 99,99% apenas puede consigo mismo porque sufre y se desangra por mil heridas, sería absurdo además de imposible llenar las cárceles con 100 saqueadores obsesivos cuando hay 15 millones de oprimidos para estar dentro o fuera de la cárcel.

El Frente Amplio debe significar justicia para el oprimido y, algo nunca visto en Chile: cárcel para corruptos y grandes delincuentes.

Basta del saqueo de la gran minería

El cobre exportado en bruto permite que salgan del país, sin declarar y como si no existieran, el molibdeno, el oro y la plata, que valen tanto más que el cobre que se exporta.

El gran comprador de políticos y parlamentarios se lleva el litio y el potasio sin dar cuenta de nada: sin que el Estado tenga cómo determinar cuánto material extrae para vendérselo a sus propias empresas en paraísos fiscales.

Unos y otros dejan su criminal huella ambiental: millones de metros cúbicos de contaminantes, agua envenenada y relaves que sepultan al oprimido.

El Frente Amplio podrá optar por nacionalizar, chilenizar o aplicar un royalty del 50%. Su tarea es impedir que la gran minería siga saqueando y destruyendo a cambio de nada.

No mas discriminación a la tercera edad

Para pagar un pasaje rebajado en el transporte público a horas en las que a nadie le sirve debes acreditar con documentos que eres “tercera edad”. El carnet de identidad que permite la detención por sospecha no sirve para demostrar ni siquiera que eres mayor de 65 años.

La tercera edad debe gozar de pasaje libre en el transporte público. Así es en muchos países. También debe gozar de un ingreso neto, después de exacciones, que le permita vivir.

Salarios Justos y “Tasa Humana”

Las empresas que paguen a alguno de sus trabajadores menos de dos salarios mínimos y aquellas cuya nómina sea menos del 20% de sus costos y gastos deben pagar la Tasa Humana; esto es, repartir cada año, entre todos sus trabajadores -incluso multiruteados, tercerizados y contratados a honorarios- el 15% de sus utilidades.

Los parlamentarios deben percibir como dieta no mas de 10 veces el salario mínimo, de modo que el único modo que tengan de incrementar sus remuneraciones sea aumentar el salario mínimo.

Basta de bonos que permiten al presidente de la nación decidir a quienes comprarse. Las personas necesitan justicia y equidad, no limosnas.

Auditoría al Registro Civil y Servicio Electoral

Aunque los estudios científicos apuntan a que la edad máxima que puede alcanzar el hombre es 125 años, en Chile existen oficialmente 100.000 personas de 125 años de edad o más. ¿Quiénes cobran esos salarios y beneficios ¿Qué partidos políticos existen gracias a esas firmas?

Basta de discutir si el modelo neoliberal debe modificarse gradualmente o demolerse hasta los cimientos para luego construir otro. Con solo despojarlo de sus instrumentos concretos de explotación desaparecerá para dar lugar a instituciones económicas y políticas inclusivas o no extractivas, para expresarlo en el lenguaje de Acemoglu (“Por qué las naciones fracasan?, 2012). Después, con menos hambre, menos pobreza y menos desigualdad se podrá discutir qué más hay que hacer para destruirlo hasta los cimientos.

Basta de discutir sobre cómo debe ser y cómo llegar a formular una Nueva Constitución. Esta discusión bizantina agrada a todos, desde los vociferantes de ultra derecha y ultra izquierda hasta los lobbistas y demás zorros que saben que a toda ley se le pueden agregar disposiciones que ellos venden al mejor postor.

Todos dicen querer una nueva Constitución porque los astutos  saben que la diversión de discutir 500 artículos, bien acicateada, durará siglos para que todo siga igual. Al ciudadano y a la democracia les basta con un plebiscito. Es suficiente devolverles el derecho a decidir del que fueron despojados desde el propio nacimiento de la república.

Entonces decidirán  si Asamblea Constituyente o no; si las aguas son para las eléctricas, para los bien relacionados o para todos; si seguirá el Tribunal Constitucional o habrá, precisamente, plebiscito.

No es momento de gastar años para diseñar una nueva Constitución si una sola ley de quince líneas que imponga el plebiscito permitirá romper de inmediato las cadenas más dolorosas y hará que el país cambie del cielo a la tierra y que se echen por tierra las instituciones de la dictadura y de los arteros Abogados del Dólar que la sucedieron.

Nueva Constitución suena muy bello, tanto como gatopardismo. Suena a designios que serán realidad un día muy lejano que, al sentir de sus promotores, ojalá no llegue jamás porque para ellos el fuego que dejó encendido la dictadura es suficiente para  moldear y cocinar todos sus privilegios.

Plebiscito, en cambio, suena al metal de la lanza capaz de horadar una y  mil veces la Corteza Política que se interpone entre la nación y sus sueños y que acalla los gritos del desesperado.

*Ingenierio y escritor. Militante de revolución Democrática.

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