DEBATE-ALCALDES

Por supuesto que no son todos,
pero hay un número lamentable
de alcaldes que se dedican a
robar o hacer tonterías.

Por Osvaldo Pino Tovar

Es cosa de ver las udioteces de Joaquín Lavín en Las Condes y los coimetazos de los matones de negro del Felipillo Alessandri, en el centro de la capital.

En Santiago, por ejemplo, se notó de inmediato la mano de Felipillo con una inundación del comercio ambulante y la reaparición absurda en las calles céntricas de esos falsos policías de oscuro uniforme, tal vez una reminiscencia de la milicia nazi hitleriana, la SS, que se caracterizaba por sus tétricos uniformes y sus crímenes horripilantes. Claro, los de allá eran elegantes, los del Felipillo, una herencia del Joaco Lavín, unos atorrantes.

Y como alguien le dijo que gobernar es educar, echó a 350 profesores. Está más que dispuesto a acabar con la educación pública. Su mentor, el Joaco, convencido al fin, quiere que su guardia municipal esté armada con gases, en lo posible más venenosos que la pimienta, y con picanas eléctricas. Como quien dice, el golpe de Estado va, aunque sea de a poco.

La única explicación cuerda del empeño, es que ambos ridículos cuerpos de seguridad de mentira son para los matones que usan la UDI y RN para los acarreos electorales y a los que hay que darles algún tipo de pega y sueldito entre comicio y comicio. Por eso se inventó este derroche de dineros municipales en base a un supuesto grupo de guardianes que no son tales, que carecen de los poderes de tales y a los que se trata de cubrir legalmente dándoles la categoría de inspectores municipales, lo que es una falsedad obvia.

Pero para la momiedad, da lo mismo. Sus alcaldes cuando no mienten, roban.

El diputado y abogado de derechos humanos de Iquique, Hugo Gutiérrez, denunció los negociados multimillonarios del udiota que acaba de dejar el gobierno local de Alto Hospicio, el fresco de Ramón Galleguillos.

El parlamentario comunista lo acusa de tráfico de influencias, cohecho, lavado de dinero, mal uso de información privilegiada y enriquecimiento ilícito. Algo que como se ve es gravísimo y que resalta la necesidad de contar con un tribunal de cuentas de alguna clase, que le revise cada tanto las finanzas personales de los jefes municipales, un tema que requiere de un debate serio y a fondo.

Gutiérrez puso una seria denuncia en la Fiscalía Regional de Tarapacá y además del exalcalde metió en el mismo saco al exjefe de departamento del municipio, César Villanueva Vega y contra todos quienes resulten responsables. El escándalo revela un caso y se trata de la vigilancia que ejerce Gutiérrez, pero ¿cuántas veces hechos iguales quedan en las sombras del misterio y la complicidad de los propios funcionarios de los ayuntamientos?

Por eso es necesario que la Contraloría General de la República cree un ente especial dedicado a estos casos y se la dote del personal y de los fondos necesarios para cumplir dicho cometido.   

En el caso de Alto Hospicio, se acusa a Galleguillos de no declarar propiedades que le pertenecen en forma correcta. Gutiérrez apuntó que el jefe municipal adquirió propiedades que multiplicaron cientos de veces su valor por encontrarse en lugares estratégicos que él conocía previamente por el cargo que desempeñaba, como la zona adyacente al futuro hospital de Alto Molle, donde Villanueva se hizo de un gran predio de tres propietarios diferentes, ya en el 2013.

El documento ingresado en el Ministerio Público indica que solo en estas tres propiedades, Galleguillos afirma haberlas adquirido en un valor aproximado de veinticinco millones de pesos. Da la casualidad que en realidad valen alrededor de 1.800 meloncitos.

El parlamentario, indicó que el udiota tuvo la intención de ocultar el origen del dinero y los propios bienes obtenidos chuecamente haciendo aparecer precios de adquisición irreales, o utilizando a testaferros como es el caso de Villanueva Vega que adquiere derechos en una propiedad.

Como se ve, en este país si algo aumenta, son los sinvergüenzas.

ClariNet