DEBATE-DC

Ocurrió en los grandes
y decisivos momentos
de 1970 y 1989.

Por Justo Calcante

En la primera ocasión, su ala izquierda se sumó a la Unidad Popular y a Salvador Allende y al final, años después, se cobró incrustando en la centro-izquierda al MAPU, el hada madrina de la corrupción y el desprecio hipócrita al pueblo que caracterizó a la Concertación.

En 1989, hizo un trabajo doble. Por un lado, su ala derecha con Juan de Dios Carmona, Ester Roa o, Tomás Pablo y varios otros sirvieron al pinochetismo hasta el final. Pero, los Gutemberg Martínez, los Patricio Aylwin, los Adolfo Zaldívar y tantos otros, se quedaron para impedir cambios de fondo y lo lograron en forma impecable.

Ahora, a las puertas de una elección presidencial que debería ser trascendente pero lastrada seriamente por la abstención, nuevamente se escuchan ladridos desde su seno contra las reformas del gobierno de Michelle Bachelet y ojo, que algunos de sus emisarios del pasado, pretenden hincarles el diente y volverlas nada.

Los cuatro días de fin de semana largo sirvieron para hacer un paréntesis pero ahora comienza lo serio.

Ya la presidenta Michelle Bachelet, hablando de la última elección, fustigó las “indisciplinas” dentro de la Nueva Mayoría y la desdeñosa relegación de primarias para abrir paso a la imposición por las directivas de candidatos a alcaldes que perdieron, en la DC solo hubo ladridos para tapar el sol con una pata de perro rengo, porque fueron sus inconsecuencias y sus eternas divisiones internas las que les llevaron a perder comunas emblemáticas.

De lo rescatable del revolcón está el hecho que en el aspecto más político de los comicios, la selección de concejales, la NM se impuso por siete puntos porcentuales, suficientes para que los cánticos de triunfo del conservadurismo, sean aullidos a la luna llena.

Igualmente quedó claro que la selección de postulantes dentro de la coalición gobernante debe ser mediante primarias en todos los niveles y sin exclusión de autoridades en ejercicio.

El vocero Marcelo Díaz afirmó que "hemos tenido resultados matizados. Es muy doloroso para nosotros, para nuestra coalición, tener derrotas en comunas emblemáticas: hubo división en algunos casos, hubo indisciplina en nuestras fuerzas, hubo incapacidad de ponernos de acuerdo. Probablemente, también hay un juicio respecto de la marcha del gobierno. Pero también hay un dato importante, que es que en la elección de concejales, que es donde se mide el voto que reciben los distintos partidos y las coaliciones, la Nueva Mayoría ganó y hoy día tiene más electores que la derecha", señaló.

La Nueva Mayoría obtuvo el 47% del total de sufragios válidamente emitidos y la derecha el 40%.

Sin embargo no mencionó la abstención que en los grandes centros urbanos, como la Región Metropolitana, en algunas comunas rozó el 80% del padrón, lo que es gravísimo.

Nadie puede esperar -por mucho que las élites se hagan las locas-, que el nuevo alcalde de Santiago centro, Felipe Alessandri, tenga influencia real sobre los vecinos con una votación del 13 por ciento del padrón electoral. Su mandato será débil y desafiado a cada rato.

En cuanto a la Democracia Cristiana (DC), la colectividad más votada del oficialismo, debe dejarse de ladridos y recomponer consensos internos mínimos si quiere tener un candidato a La Moneda con peso.

El mismo ministro del Interior, Mario Fernández, militante de la DC, ha subrayado estas debilidades al decir: "A veces echo de menos un mayor apoyo de mi propio partido", lo que equivale a reconocer que la tienda es una bolsa de gatos.

Para que nadie lo dude, la respuesta de Sergio Espejo, uno de los vicepresidentes del partido, le da la razón al sostener que "falta de autocrítica" del gabinete y aseguró que "este comité político está agotado".

Exactamente lo mismo se puede decir de la DC y su capa ejecutiva. Tonto de capirote, siguió por el mismo camino: "Si la presidenta quiere que su gobierno termine bien tiene que hacerse cargo de aquello. Lo contrario es renunciar a gobernar". Espejo, quien fue ministro de Transportes en la primera administración de Michelle Bachelet y gestor del desastroso sistema del Transantiago, debió establecer si a la DC le interesa o no que termine bien este periodo.

En ese tema y por el momento, está la gran incógnita sobre el futuro de esta nación. 

ClariNet