DEBATE-MINERIA

Todo en este convulsionado
planeta indica que las materias
primas han entrado en un nuevo
período de precios mínimos, es
decir, que los millonarios al estilo
de los príncipes sauditas,
están en extinción.

Por Arnoldo Silva Lagos

La comprobación de este nuevo capítulo de los negocios mundiales quedó en claro cuando en días recientes la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), advirtió a La Moneda que la riqueza surgida "del modelo chileno, basado en los recursos naturales, está llegando a su límite".

En otras palabras, si queremos enfrentar desafíos como la educación de calidad y accesible a todos, servicios de salud decentes y no el mercado persa de la actualidad, donde logra sobrevivir el que tiene dinero; y un transporte público decente que baje los índices de contaminación que ya sobrepasaron los límites de la prudencia y lo razonable, necesitamos de recursos que hoy no se ven por lado alguno.

La ODCE nos recomienda entregar mayor valor agregado a nuestros productos, lo que abre paso a un debate nacional y un análisis para idear cómo establecer fondos de inversión basados en el bienestar colectivo para abrir paso a una industrialización del país, viable y dentro de los marcos de la integración regional, evitando competir insensatamente y duplicar esfuerzos entre los sudamericanos.

Cuando el siglo pasado, el Estado-empresario agotó sus posibilidades, los grandes millonarios sacaron las castañas del fuego con la mano del gato militar, asesino, ladrón, torturador y odioso. Se echaron al bolsillo los fondos previsionales de los chilenos, el José Piraña inventó las AFPs y mientras las empresas como Cencosud y familias como los Matte se iban de compras por el continente, se convirtió a bayonetazos a una mayoría de los chilenos en futuros ancianos indigentes, algo intolerable para la mayoría, convicción  que se ha transformado en una protesta permanente, fruto de una discusión que indica sin titubear: ¡No más AFPs!  

La necesidad del valor agregado fue reconocida por la propia Michelle Bachelet, al asistir a un encuentro de los exportadores de manufacturas. “Debemos concentrar todas nuestras energías y creatividad para superar prontamente el escenario de desaceleración económica, pero poniendo la vista en crear las condiciones para un desarrollo de largo plazo”, sostuvo la mandataria.

“Hay que abordar la coyuntura con un sentido estratégico. Y esto significa: lograr que nuestro país transite de un desarrollo centrado básicamente en la exportación de materias primas, a la exportación de productos con mayor valor agregado, ganando en diversidad, productividad y competitividad”, agregó.

Este tipo de argumentos se han expresado por años pero hemos hecho poco o nada y Codelco aún no aprende la lección, entre otros. En vez de instalar plantas procesadoras se conforma con laminarlo, hacer alambrón y listo. Para sus ejecutivos, por décadas, con buscar nuevos yacimientos basta y sobra. Sin ir más lejos, con un par de buenos caminos, perfectamente podría contar con las industrias para esta transformación del mineral, siendo un lugar poco poblado pero con infraestructura, donde los problemas propios de establecimientos de este corte, serían menos molestos que en otros lugares.

La presidenta quiere además incorporar a este proceso valor agregado, en la medida de lo posible, firmas de menor tamaño, que son el 98,5% de las empresas de nuestro país y que generan cerca de la mitad del empleo formal.

Bachelet señaló que: “No solo se trata de producir más, sino de producir mejor; en términos de sustentabilidad, con relaciones laborales equilibradas, salarios y empleos creativos, en un marco amistoso con las comunidades”.

Dentro de este esfuerzo, tiene importancia el cuidado del medio ambiente que no se puede dejar de lado cuando se habla de industrializar. Cerca de 40 episodios de contaminación grave del aire se han registrado este año en Santiago, lo que equivale a más de un mes bajo niveles críticos de material particulado fino (MP 2,5), lo que también fue objetado por la OCDE, que da cuenta que de las cifras en que las emisiones han crecido en los últimos diez años en las ciudades del país.

“Todos los años el 15% de la población chilena está expuesta en promedio a más de 35 Ug/M3, la segunda mayor concentración registrada en el seno de la OCDE”, la primera corresponde a Corea del Sur, detalló el documento. Ello equivale a que 2,6 millones de personas (de un total de 17,7 millones de habitantes) viven con altos índices de esmog.

En tanto, las concentraciones de óxido de nitrógeno (Nox), que son generadores de MP 2,5, se duplicaron por el exceso evidente de autos en el país. También hubo un aumento de estas sustancias debido al funcionamiento de centrales termoeléctricas a carbón y de la industria en general, que mostró un alza en las emisiones de un 248% en el periodo.

El ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier, dijo que la OCDE recomendó la elaboración de planes de descontaminación “que estamos haciendo en 14 ciudades, lo que ayudará a reducir las concentraciones atmosféricas”, sin embargo es notorio que falta mucho.

Para Rodrigo Benítez, ex subsecretario de Medio Ambiente y académico de la UC,  para rebajar los índices de esmog “es clave que haya fiscalización de las fuentes y que la norma no solamente sea un texto. Se deben monitorear los niveles de cumplimiento”.

Por eso no alcanza el presupuesto  destinado al  sector y que llega a un 4% del total de los fondos del Estado (0,1% del Producto Interno Bruto).

Para el académico de la U. de Santiago, Patricio Pérez, el Estado debe invertir en el recambio de calefactores en zonas donde hay altas emisiones por biomasa, como también “entregar recursos para diseñar un buen plan de descontaminación para ciudades como Santiago, que aún no se pone en marcha”. Este programa aún está en fase de elaboración por parte de la cartera de Medio Ambiente.

"Chile es una potencia económica de América Latina, y la pregunta de los próximos 25 años es si podrá mantener ese crecimiento protegiendo al mismo tiempo su base de activos ambientales", explicó Simon Upton, máximo responsable ambiental de la OCDE.

Todo este cúmulo de cosas se basan en que el cobre, la pesca, la agricultura y silvicultura son los recursos naturales que más explotamos.

Eso, como se hace con descuido y tratando de evitar gastos para que existan más ganancias para los propietarios de estos rubros, lo dice la OCDE, ayuda a la contaminación atmosférica en zonas urbanas, se traduce en la escasez y contaminación del agua y en una gran vulnerabilidad al cambio climático.

A pesar de que un tercio de las necesidades energéticas de Chile se cubre con fuentes de energías renovables, las emisiones de gases de efecto invernadero y el uso de la leña aumentaron un 23% entre el 2000 y el 2010. Como queda nítidamente perfilado lo estamos haciendo mal todos.

En el 2015 Chile se comprometió a reducir en quince años la intensidad de sus emisiones en un 30% respecto de 2007, y en un 45% como máximo si dispone de financiación internacional. Pero para alcanzar estos objetivos, "tendrá que ir más allá del enfoque fragmentado que ha caracterizado hasta ahora su política climática y esclarecer las responsabilidades institucionales en materia de mitigación del cambio climático y adaptación a él".

Son temas que se deben difundir y discutir, porque se sabe que para que las ideas se plasmen en realidades, antes que nada se debe sensibilizar con estas verdades a las masas. 

ClariNet