DEBATE-CONSTITUCION

Es una redundancia reclamar
que nuestro país necesita de
una nueva Constitución, es decir,
de un pacto social que no solo
contemple las realidades del
momento en que se dicte, sino
que también considere que
nuestro mundo está
en evolución constante.

Por Justo Calcante

Se requiere por tanto, un texto flexible pero no en los principios cuya base debe ser el interés colectivo por encima del privado, la educación universal y gratuita que nos hace libres y el ejercicio de la democracia en permanente ampliación, pero estableciendo la regulación indispensable entre el goce de los derechos y el cumplimiento de los deberes, como votar porque al que nadie le guste, puede emitir su sufragio en blanco y que estos se ponderen para medir el rechazo a los políticos.

En cuanto a la flexibilidad, debe ser no para darse vueltas de carnero ideológicas, sino para ir con los tiempos, sin descuidar las tradiciones ni desdeñar nuestra historia, en aras de un modernismo hueco y bufonesco, partiendo del principio de que una nación sin memoria, es como una persona amnésica.

Por supuesto que lograr esa perfección es muy difícil. De allí que debe existir una ancha puerta para las correcciones y cuando algo no funciona, como el repuesto de un motor, debe ser cambiado.

Y no se trata de que solo sean unos pocos los que decidan, sino que debe ser una herramienta a la cual tengan acceso las mayorías, organizadas temporalmente para acometer una tarea como esa. Indudablemente que pretender hacer una carta magna que se extienda en los detalles, solo llevaría a dar a luz un monstruo farragoso y chúcaro, terreno propicio para demagogos, leguleyos y estafadores de la fe pública.

Por eso, lo aconsejable es una Constitución que se desarrolle en torno a un número razonable de ejes básicos manejables y que establezca las grandes alamedas a recorrer, dejando las minucias prácticas para leyes reglamentarias, con plazos muy acotables para ser dictadas, cuyo articulado pueda mantenerse al día sin mayores obstáculos y siempre que esté de acuerdo al enunciado rector de cada capítulo constitucional. En la medida de lo posible se deben evitar las aventuras sociales de grupos reducidos de audaces.

Como seres humanos tenemos la tendencia de tratar de imponer la pedida máxima, haciendo que se haga cierto el cínico refrán de que lo mejor es enemigo de lo bueno. Si se adoptan procedimientos que permitan mejorar los artículos de la norma, ese peligro no se evita, la historia humana está hecha de avances y retrocesos, pero al menos se conjura en gran medida.

Otra coraza son los plebiscitos, informados y publicitados a fondo, que deben programarse para lo local, lo regional y lo nacional. Es la gente la que debe decidir y sin desentenderse de una obligación ciudadana elemental. Tampoco es cosa de llamar a referendo por todo, puede ser a lo máximo una vez al año y si hay varios temas a definir, se incluyen en la boleta respectiva y punto.

Hay muchas cosas que considerar todavía, pero estos no son más que algunos pensamientos en voz alta, como el castigo que deben recibir los funcionarios del Estado, electos o designados, si incurren en faltas graves. En fin, hay mucho de que hablar y si se quiere ser escuchado, se debe hacer en voz alta.

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