Deprecated: Non-static method Joomla\CMS\Application\SiteApplication::getMenu() should not be called statically, assuming $this from incompatible context in /home/web2clar/public_html/nuevo/templates/jomi/styles/jomi/layouts/com_content/article/default.php on line 37

Deprecated: Non-static method Joomla\CMS\Application\CMSApplication::getMenu() should not be called statically, assuming $this from incompatible context in /home/web2clar/public_html/nuevo/libraries/src/Application/SiteApplication.php on line 275

HACIENDO-HISTORIA

Claudio Martínez habla cómo
apresó al mayor asesino de la
Historia de Chile:
“Mamo Contreras”


Por Marcia Pineda Soto

Fue testigo y protagonista privilegiado de uno de los hechos que más tensionó a Chile cuando recién comenzaba la transición de la dictadura a la democracia: instalar en la cárcel al militar que -después de Augusto Pinochet- tuvo todo el poder del gobierno para decretar la vida o la muerte de miles de chilenos y chilenas durante 17 años: el general Manuel Contreras.

Era la época -en la década de los 90- en que la posibilidad de un contragolpe de Estado era un peligro real. Una época en que las amenazas de una vuelta atrás para que el general Pinochet siguiera al mando de la Nación eran casi cotidianas. Y el Director de Gendarmería de la época, Claudio Martínez Cerda, estuvo en el medio de esa historia terrorífica que, finalmente, culminó con Manuel Contreras -el Mamo- en la cárcel de Punta Peuco.

Martínez recuerda como si fuera ayer todos los detalles de esos días en que Chile vivió en peligro y que pocos hoy recuerdan. Días en que el jefe de la DINA -procesado en ese momento por el crimen de Orlando Letelier-, muy suelto de cuerpo declaraba por televisión: “yo no voy a estar un solo día preso”.

Más o menos lo mismo había señalado el general Pinochet y sus subalternos: un general de la República nunca iría a una cárcel. Por esa razón Martínez decidió dejar por escrito su testimonio y mantener viva la razón del por qué defender y luchar por perfeccionar una democracia que tanto costó recuperar.

El entonces Director de Gendarmería fue, en los hechos, vetado por algunas autoridades de gobierno del segundo gobierno de la Concertación. Su condición de socialista hacía que se cuestionara su actuar frente a la delicada misión que le encomendó Francisco Cumplido. La nueva ministra, Soledad Alvear, llegó incluso a prohibirle que acudiera a la sede de su partido para evitar los “ataques” de la prensa. “Había una estrategia para sacarme de escena y así cumplir con algunas condiciones que reservadamente había hecho llegar al gobierno”, cuenta Martínez en  su libro “Punta Peuco. La historia desconocida”.

¿Cómo nació Punta Peuco?

Recibí un llamado del Ministro de Justicia de ese entonces, Francisco Cumplido. Llegué a su oficina y sin más preámbulos me dice que el Presidente Aylwin le ha encargado preguntarme si me siento capaz, en mi calidad de Director de Gendarmería, de apresar al general Manuel Contreras y al brigadier general Pedro Espinoza.

Le dije de inmediato que sí y, ese día, me di cuenta que ello implicaba una gran responsabilidad política y técnica. Me di cuenta, además, que pasaba de ser un testigo a ser protagonista. Supe que durante las negociaciones para buscar una salida al boinazo que armó Pinochet -unas especie de “aviso” del Ejército el 28 de mayo de 1993 sobre las posibilidades de golpe existente-esta rama solicitó la construcción de una cárcel militar que pudiera albergar a Contreras y Espinoza en la eventualidad que fueran condenados-.Aylwin rechazó de plano la idea. De acuerdo a la legislación chilena, ello no era posible y el Presidente no estaba dispuesto a hacer una ley especial para ello. El problema debía ser resuelto por el Ministerio de Justicia y Gendarmería.

Aún sin dimensionar lo que viene, intuyo que las circunstancias me han colocado frente a un hecho trascendente en la transición hacia la democracia: pasaba a ser parte del proceso de justicia y encarcelamiento del ex jefe de la policía secreta de la dictadura, causante directo del dolor de miles de familias chilenas.

¿Siempre fue Tiltil el lugar elegido?

Se barajaron varias posibilidades: una cárcel abandonada en Quillota, que por cierto, fue rechazada por el Ejército. Ellos propusieron la Escuela de Servicio Militar Femenino, ubicada en el Cajón del Maipo, cerca de la residencia de descanso de Pinochet. Un verdadero club de campo. Buscaban una cárcel con un régimen especial, que respondiera a los códigos de las FF.AA, con segregación de acuerdo con los grados militares, y administrada jerárquicamente por ellos.

Las presiones iban y venía, pero se optó por mantener la opción de una cárcel que recluyera de manera exclusiva a violadores de derechos humanos, pero en ningún caso una cárcel militar en manos de las FF.AA. Debía ser una cárcel del sistema penitenciario existente, a cargo de Gendarmería de Chile.

La tensión y la controversia continuaron hasta que asumió el Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle y fue nombrada Soledad Alvear como ministra de Justicia. Todo cambió. Gendarmería perdió autonomía en su gestión. Se recibió otra propuesta del Ejército: un jardín infantil de esa arma ubicado en Colina.

Para los uniformados, sería “la residencia” del general Contreras. Así trataban el tema. Nació el proyecto “nuevo Amanecer”. Por supuesto, el Ejército hizo entrega  de un reglamento especial, incompatible con la ley orgánica de Gendarmería. Era un terno hecho a la medida de Contreras y Espinoza con el indisimulado propósito de establecer un régimen que ocultara el hecho que estos militares estaban cumpliendo condena por delitos gravísimos. No se aceptó.

La negativa del entonces Ministro de Obras Públicas, Ricardo Lagos, quien señaló que no se hacía responsable de construir una cárcel de cinco estrellas, hizo que estallara una crisis política de proporciones, al presentar su renuncia. Curiosamente, durante su período presidencial se creó el penal Cordillera, en un recinto militar que más bien parecía una colonia de veraneo.

Finalmente y luego que la comunidad de Colina, sus autoridades y parlamentarios se opusieran a esta cárcel, se abortó el proyecto.

Alguien sugirió después la posibilidad de un terreno en la comuna de Tiltil, donde funcionaba de manera muy precaria una colonia penal. Se hizo la luz.

No era un terreno cedido por el Ejército, sino de Gendarmería. La solución estaba en casa y no nos habíamos dado cuenta. Así nace Punta Peuco.

¿Y por qué ellos no podían estar recluidos en una cárcel común?

Fue lo que me preguntó el entonces presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona, al conocer la negativa del Ministro Lagos a firmar el decreto que autorizaba la construcción del recinto. El ministro y el propio Escalona preguntaban el por qué estos militares no podían cumplir su pena en  una cárcel sin  privilegios, como todos los chilenos. Le dije que si a Contreras le ocurría algo, íbamos a tener un problema mayúsculo. Escalona lo comprende y se alinea con el Presidente porque, para él, lo importante era que Contreras fuera preso.

¿Cómo eran las presiones que se recibían?

De todo tipo. Tal vez se ejemplifica con lo que ocurrió con uno de los torturadores más infames de la DINA, el guatón Romo. Detenido en la Penitenciaría, dio una entrevista a la cadena Univisión donde se jactaba de lo que había hecho y del error de no haber asesinado a más gente. Por primera vez un torturador narraba de manera explícita y con toda crudeza las torturas y desaparición de personas.

El efecto que se produjo en la opinión pública fue superlativo, al igual que en el Ejército. Se pidió mi renuncia, pero hubo divisiones. Hubo autoridades que me respaldaron porque se reconocían públicamente por primera vez los horrores de la dictadura.

La Ministra Alvear me cita y me dice que el Ejército considera que eso fue una maniobra mía para influir en el próximo fallo de la Corte Suprema contra Contreras y Espinoza. “Esto es muy delicado”, me dice. Respondo que citaré a una conferencia de prensa al día siguiente y ella me dice que no, que será de inmediato y me pasan una declaración que debo leer ante los periodistas citados con antelación, sin que yo supiera. Pensé que el gobierno estaba sobrereaccionando, pero la verdad es que ignoraba el tenor de las amenazas que recibían a diario del Alto Mando, algunas de las cuales hablaban explícitamente de golpe de Estado.

¿Cómo se llegó al traslado de Contreras y Espinoza a Punta Peuco?

La defensa de ambos militares hizo los últimos intentos por salvarlos de la cárcel. Solicitaron el cumplimiento de sus penas bajo libertad vigilada. Había en desarrollo toda una estrategia para transformar a estos condenados en presos políticos. Ellos suponían que quienes éramos de izquierda actuaríamos con sed de venganza, sometiendo a los condenados a tratos indignos y a vejámenes.

Una comisión técnica, debía evaluar a los condenados social y sicológicamente, como siempre se debe hacer. Ellos se apersonaron en el fundo El Viejo Roble, residencia declarada por Contreras, en Fresia.

Permanentemente alude a sus amigos del Ejército y califica como una intriga internacional lo que le está ocurriendo señalando que “la historia la escriben  los vencedores, aun no se ha escrito, nosotros fuimos los vencedores”.

Espinoza tuvo su entrevista en  el fundo Los Hualles, en Osorno. Dijo no estar arrepentido de nada y que pasar tres o cuatro años en la cárcel estaba bien, por el logro que significó el gobierno militar. Ninguno de los dos cumplía con los requisitos para concederles la libertad vigilada.

Un martes 18 de mayo de 1995 salió el fallo desde la Corte Suprema. Era la condena en primera instancia del Ministro Bañados. Los días previos estuvieron plagados de reuniones inusuales, acuartelamientos  y declaraciones poco claras de las FF.AA.

A tres horas de conocida la condena, en una entrevista a Canal 13, un desafiante Contreras rodeado de escoltas, culpaba a la “ralea marxista que traicionó a la patria” y luego afirmó “yo no voy a ir a ninguna cárcel mientras no haya una justicia real”. Amenazante, dijo que no estaba solo y todos sus amigos del Ejército lo respaldaban frente a un fallo aberrante. Dos días antes de ser notificado, un destacamento de entre 80 y 150 militares se apostó en  la hacienda Viejo Roble. Contreras salió por un acceso secundario de su fundo e ingresó al regimiento Sangra, perteneciente a la guarnición de Puerto Varas. El gobierno ordenó a Pinochet que Contreras saliera del regimiento, lo que hizo 11 horas después. Así se abortó una asonada en preparación. El 13 de junio trasciende que Contreras abordó un helicóptero del Ejército y se desconoce su paradero. Luego de un día sin  saber nada de él, aparece en el hospital Naval de Talcahuano, ubicado al interior de la Base Naval, aquejado según un parte médico, de dolencias que hacía que su vida corriera peligro si se recluía en una cárcel.

¿Cuál fue su impresión al llegar a notificar a Contreras?

Ese día 29 de junio de 1995, cuando el almirante jefe de zona me pide que sea el que le comunique su nueva  calidad a Contreras, sentí que entraba  en el túnel de la historia. Mi gran preocupación era no estar sujeto a ninguna provocación. Me concentré en la tarea que tenía. Me di cuenta que Contreras no sabía que estaba en la Base Naval. Y efectivamente estaba en pijama, acostado y eso fue incómodo para él, porque yo le hablé de pie. Allí estaba mirándome de abajo quien había sido el hombre más poderoso de la dictadura.

Me di cuenta que estaba solo. Un mes antes había amenazado con un golpe de estado si lo llevaban preso y la verdad es que cayó preso como un manso cordero. Esa es la verdad. Ahí tuve la constancia de que el Ejército lo había abandonado.

La protección de la Armada se acabó ese día. El único que habló fui yo. Conversamos algo sobre su salud  y después le dije que quedaba en manos de Gendarmería. Así Contreras pasó a ser un preso más como cualquier delincuente.

Pero, eso no fue lo más complejo. Lo peor fue cuando se decide su traslado a Punta Peuco. Esa es la segunda parte de esta historia. Él decía, ok, estoy preso pero quiero cumplir mi condena aquí. Esa es la pelea que da. Las dos veces que estuve con él no habló casi nada. La tercera vez que estuve con él, simplemente recibió la notificación. Le dije quiero que usted sepa que acabo de firmar un decreto donde se dictamina su traslado a Punta Peuco. Me pidió una copia del decreto. Cuando salí, por primera vez sentí algo de temor. Es que era definitivo, no había más plazos para su traslado. Había una gran tensión en el país. Pensé que en la rabieta, los ex CNI o ex DINA podían hacer cualquier barbaridad. Llamé a mi madre, en Chillán Y efectivamente, la habían llamado para amenazarla a ella y a todos nosotros, como familia.

En su libro, aparece la ministra de Justicia Soledad Alvear cumpliendo un papel absolutamente en las sombras, en circunstancias que finalmente Gendarmería estaba a su cargo. También aparece Pérez Yoma, ministro de Defensa…

Pérez Yoma sufría todas las presiones, brutales algunas de ellas. Con él se descargaban, con él mandaban todas las amenazas, Y tengo la impresión que de pronto lo empezaron a sensibilizar.

Respecto a la Ministra, creo que ella calculaba muy bien todo. Nunca tuve una percepción clara respecto a cómo evaluaba lo que estaba ocurriendo en relación a Gendarmería. En ese momento, ella era un proyecto, una presidenciable, entonces se cuidaba muchísimo. Por lo mismo, el gobierno tiene una percepción de que esta es una papa caliente y de ahí su discurso responsabilizando siempre a Gendarmería de las decisiones. Era una verdad a medias, porque Gendarmería no es un ente autónomo, por lo tanto, cualquier decisión era política, al más alto nivel, pero públicamente se puso el énfasis que Gendarmería era responsable de todo. Me parece a mí que preveían que en cualquier momento se podía producir una crisis y necesitaban un  fusible a mano. Ese era yo. Bueno, crucé el río torrentoso y el reconocimiento a esa labor no vino de parte de ella, vino del Presidente Frei directamente.

Frei fue consistente en esa época. Porque muchos pensaban o se contentaban con que estuviera preso un tiempo, o estuviera en su casa, o en libertad vigilada. Pero cuando el tipo estuvo ya en Punta Peuco, muchos aparecieron con el trofeo de la detención. De hecho, a mí me marginaron de la conferencia de prensa. Yo creo que más bien por celos de protagonismo. Para mí fue super duro cuando la jefa de gabinete de la ministra, Marigen Hornkoll, me dice que la ministra no quiere que esté en la conferencia de prensa donde se daría a conocer cómo fue que Contreras llegó a Punta Peuco. Dije que estaba bien, que me iba, porque sentí que era un veto absoluto. Ella me dijo que no, alarmada. Finalmente me quedé sentado solo, en una pieza, mientras se contaba en la conferencia de prensa todo lo que yo había hecho para meter a Contreras en Punta Peuco.

Por la intensidad de lo vivido es que pensé: esto tengo que contarlo. Yo lo viví. Es parte de la transición que hoy día está ninguneada. Algunos piensan que todo esto que vivimos y que yo viví fue poco menos que un paseo.  Eso fue lo que me impulsó a dejar este testimonio. Señalar los miedos, pero la satisfacción de creer que estábamos cumpliendo una misión noble, reconstruyendo la democracia, dejar un país mejor a nuestros hijos.

¿Debe seguir existiendo Punta Peuco?

Con los años transcurridos, pienso que esta cárcel debiera tener un régimen común y corriente. Creo que hoy día no se justifica una cárcel exclusiva para ellos. Evacuarlos debe ser un tema más técnico, no político. Porque el tema se politizó. Resulta ahora que en un principio ninguno quería ir a Punta Peuco. Ninguno. Y ahora para ellos es un bastión. Entonces, en la medida que ellos lo transformen en un bastión, no se justifica que siga funcionando.

Yo creo que en la medida que ellos la califiquen como “nuestra cárcel”, sea un bastión, el gobierno que sea debe pensar seriamente en cerrarla. Trasladar esos presos y darle otro uso. Una vez surgió una idea de que una vez que sea evacuada, se transforme en un museo, que la gente conozca donde estuvieron condenados los violadores de derechos humanos. Eso ha ocurrido en otros países. La cárcel de Mandela, o los campos de concentración por ejemplo. Se le llama turismo negro, pero desde el punto de vista de patrimonio, esa cárcel tiene un  valor, sería la cárcel donde estuvieron presos los principales violadores de DDHH de Chile. Creo que cuando se vaya el último preso, se debería transformarla en un museo.

ClariNet