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La intelectual chilena falleció
hace una semana a los
82 años de edad.

Se hizo conocida en todo América Latina en 1969 cuando publicó uno de sus libros más exitosos: “Conceptos Elementales del Materialismo Histórico”, obra que ha tenido más de 70 ediciones hasta el día de hoy. Esta es la historia biográfica de quien fue, también, esposa del cubano 'Barbarroja", el encargado de los movimientos guerrilleros en la región.

aría Marta Harnecker Cerda nació en 1937, hija de Germán Harnecker Jenschke e Inés Cerda Sanz. La familia del padre era de origen austriaco y algunos de ellos llegaron a Chile en el siglo XIX, se radicaron en la zona de Valdivia vinculándose a la colonia alemana residente y dieron origen a una numerosa descendencia.

Marta se educó en las Monjas Argentinas, en Santiago, y ya en su adolescencia empezó a militar en la Juventud Estudiantil Católica, JEC, donde conoció a otros jóvenes que trabajaban con los sectores más pobres de Santiago, entre ellos a Mariano Puga, quien más tarde se hizo sacerdote e influyó marcadamente en ella. En esos años supo del trabajo de los Hermanos de Foucauld, sacerdotes franceses que vivían muy modestamente y laboraban con los recogedores de basura en Francia.

La familia de Marta, que tenía otros 2 hijos, María Inés y Germán, iba ascendiendo socialmente. Su padre valoraba el trabajo por sobre todo, pero su madre era muy católica, se fijaba mucho en los apellidos y gustaba de los muebles de estilo para su casa. Marta sintió que aquella vida era muy burguesa y se radicalizó su preferencia por los pobres.

Ya egresada del colegio, entró a estudiar Psicología en la Universidad Católica y empezó a militar en la Acción Universitaria Católica, AUC, donde empezó a vincularse directamente con el mundo obrero y en 1958 llegó a presidir aquel movimiento.

En la UC, en tanto, el jesuita belga Roger Veckerman había creado la Escuela de Sociología, estrechamente vinculada a la de Psicología. Allí, el también jesuita Hernán Larraín la introdujo en la Psicología Fenomenológica y se transformó luego en su maestro y guía espiritual.

Marta concurría a efectuar trabajos de verano y diversas labores en fábricas. Recordaba una tarea que hizo con otras compañeras de universidad en la fábrica de pastas Lucchetti, donde tenían una habitación, dormían en colchonetas en el suelo y comían pasta que le daba en la fábrica y que ellas mismas cocinaban.

Paralelamente empezó a tener una relación amorosa con un dirigente de la Juventud Demócrata Cristiana, JDC, que había estudiado con los jesuitas en Talca y que era alumno de Sociología en la UC. Era Rodrigo Ambrosio, quien llegaría a presidir la JDC y luego, en 1969, a fundar y asumir como secretario general del Movimiento de Acción Popular Unitaria, MAPU.

Ambrosio había decidido irse a vivir en un campamento en las barriadas obreras. Marta recordaba que "cuando él venía a mi casa a verme tenía que irse antes de las nueve de la noche, porque era peligroso llegar más tarde al campamento. Yo sufría con esto porque estaba muy enamorada de él, quería pololear, y él tenía que irse. Mi padre trató muy mal a Rodrigo, como él era cinco años menor que yo, lo trataba de 'bebé', y preguntaba '¿Cómo está el bebé?' o '¿Llegó la guagua?' cosas así”, según contó en una extensa y notable entrevista que le hizo en 2016 Rodrigo Ruiz Encina, antropólogo y doctor en filosofía, fundador del movimiento SurDA y hoy uno de los principales ideólogos del Frente Amplio.

Viajes a Cuba y Francia

A comienzos de los años 60’ Marta fue a Cuba en representación de la AUC. Quedó muy impresionada por la pobreza y dignidad de sus habitantes. A su regreso hizo clases en la UC en Sociología y Trabajo Social. Con otros dirigentes de la AUC “comenzamos a plantearnos cómo hacer más efectivo el principio cristiano del amor al prójimo.

El libro del filósofo católico francés Jacques Maritain sobre humanismo cristiano era una especie de Biblia para nosotros en aquella época”, relató a Ruiz en la entrevista ya mencionada.

“En ese tiempo, mis preocupaciones nada tenían que ver con el marxismo. Yo tenía una gran preocupación filosófica: el tema de la libertad humana. Una prueba de ello es que mi tesis de licenciatura en la carrera de Psicología estuvo centrada en la fenomenología del acto libre. Mi visión de la libertad humana se contraponía a mi visión del marxismo de aquel entonces: rechazaba el materialismo mecanicista que negaba dicha libertad”, agregó.

Tras obtener la Licenciatura en Psicología en la UC postuló a una beca que ofrecía la embajada de Francia y viajó en septiembre de 1963 en barco rumbo a Barcelona. La acompañaban Rodrigo Ambrosio, Raimundo Beca, Cristina Hurtado, Tomás Moulian y Gabriela Tesmer. En París se les unieron otros jóvenes dirigentes del PDC: Claudio Orrego, Carmen Frei Ruiz Tagle y Eugenio Ortega. 

Marta quería estudiar marxismo en sus horas libres. El tema le interesaba desde que presenció los duros enfrentamientos entre comunistas y cristianos en Chile durante gran parte de los años 60. Ella deseaba conocer las fuentes de la teoría marxista para descarta por sí misma las bases de esa doctrina.

Uno de los primeros textos que leyó fue un libro de Charles Bettelheim sobre el subdesarrollo, que le sirvió para acercarse al marxismo porque aquel libro destruía la tesis del denominado “círculo vicioso de la miseria”, que el jesuita Veckeman había introducido e impuesto en Chile desde Sociología de la UC, el Centro Bellarmino y la revista Mensaje. 

Se le abrió un nuevo mundo cuando entendió que la pobreza de los países latinoamericano no se debía a que fueran menos capaces o más pobres, sino a la explotación que habían sufrido por parte de los países desarrollados, según contó a Rodrigo Ruiz.

La relación con Rodrigo Ambrosio, en tanto, se tornó muy tempestuosa. Él conoció en París a Michelle Gucard, una aristócrata argentina de origen francés, a quien sedujo diciéndole que estaba preparando una película y que le gustaría que ella fuera la protagonista. Marta se enteró de aquel romance y decidió terminar su pololeo con el sociólogo chileno que ya se estaba especializando en economía agraria.  

Jacques Chonchol, un chileno cristiano marxista, amigo de Marta y funcionario de INDAP en el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva, le había sugerido a ella que en Francia hablara con un sacerdote que era militante del Partido Comunista francés. Aquel sacerdote le recomendó ponerse en contacto con Loui Althusser, filósofo marxista que entonces hacía clases en la Escuela Normal de la rue d’Ulm, en el Barrio Latino de Paris.

También un uruguayo de la Acción Católica le dijo que si quería estudiar marxismo en París, hablara con Paul Ricour, un conocido filósofo francés que hacía tutorías sobre el tema con algunos estudiantes. Fue Ricour quien la introdujo en la lectura de textos filosóficos complejos para los cuales Marta no estaba preparada y en un comienzo se le hicieron muy complicados. Pero, rigurosa como era, muy pronto se familiarizó con las nuevas teorías y conceptos, clásicos y modernos, adentrándose en aquella disciplina.

Marta Harnecker: la educadora de Chile

y América Latina en el socialismo

La intelectual chilena falleció hace una semana a los 82 años de edad. Se hizo conocida en todo América Latina en 1969 cuando publicó uno de sus libros más exitosos: "Conceptos Elementales del Materialismo Histórico”, obra que ha tenido más de 70 ediciones hasta el día de hoy. Esta es la historia biográfica de quien fue, también, esposa del cubano 'Barbarroja", el encargado de los movimientos guerrilleros en la región.

Marta Harnecker conoció a Louis Althusser, el filósofo marxista, en el otoño europeo de 1964, iniciándose entre ellos una gran amistad hasta que el intelectual francés cayó en una profunda depresión y ella decidió regresar a Chile.

Althusser estaba publicando desde 1960 polémicos artículos sobre la juventud de Marx en las revistas francesas La Pensée y La Nouvelle Critique, trabajos que en 1965 fueron reunidos en su libro Pour Marx, publicado por la editorial Masperó. Esos textos conmovieron a los especialistas europeos e hicieron célebre a su autor.

El filósofo recomendó a Marta leer a Marx, empezando por El Capital, y le empezó a contar a la joven chilena sus teorías, entregándole varios de sus trabajos inéditos. Luego la invitó a un seminario sobre otro libro que preparaba -Para leer El Capital- y le presentó a unos de sus buenos amigos: Régis Debray, quien ya había publicado El castrismo: La larga marcha de América Latina.

Muchos amigos y alumnos de Althusser –todos comunistas- derivaron hacia el maoísmo, pero él le contó a Marta por qué no lo hacía: “He permanecido en el partido porque es allí donde está la clase obrera francesa. Ellos -sus amigos y alumnos- son un grupo pequeño burgués y como tal tienden a irse a los extremos.” 

Marta dejó su beca y empezó a trabajar vendiendo tarjetas postales artísticas en una librería del Barrio Latino de París y luego como traductora de algunas obras de Althusser que preparaba la editorial mexicana Siglo XXI. La colaboración con el filósofo francés la dio a conocer como intelectual marxista althusseriana en los medios académicos latinoamericanos en un momento que en había un verdadero esnobismo sobre el filósofo.

Marta estuvo en París en mayo de 1968. No era alumna universitaria cuando desde La Sorbone se transmitían en directo por televisión las discusiones de los estudiantes. Concurrió a las protestas callejeras, pero no participaron sus compañeros de estudios de marxismo porque muchos de ellos estaban trabajando como obreros en diversas fábricas.

El regreso a Chile

Volvió a fines de 1968, cuando arreciaban las reformas universitarias y empezaba a estudiarse el marxismo y asumió como profesora de esa materia en la Universidad Católica. También empezó a investigar sobre esa materia en el Centro de Estudios Socio-Económicos, CESO, de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile. 

Desde Francia escribía artículos con pseudónimo para la revista Punto Final, que ya dirigía Manuel Cabieses, sobre los conceptos elementales del marxismo y en Chile siguió haciéndolo por algún tiempo.

Militó, además, en Ranquil, un partido de izquierda clandestino, donde trabajaba con las bases obreras. Ella lo hizo en el cordón industrial de Cerrillos, incentivando a los trabajadores para que ellos mismos hicieran las tareas políticas y no esperaran que otros las hicieran por ellos. Cuando ganó Salvador Allende se dispersaron y se integraron a la Unidad Popular.

En la campaña presidencial previa, Marta se empezó a especializar en la enseñanza popular. Con sus compañeros de Ranquil elaboraban diaporamas sobre diversos temas que mostraban en industrias, en las plazas de población y en los campos. Los resultados fueron espectaculares porque la gente entendía los temas de inmediato y los dirigentes sindicales se sentían mucho más seguros cuando hacían sus exposiciones. 

Marta periodista

Marta se incorporó al Partido Socialista y se hizo cargo de la Comisión de Formación Política. Al mismo tiempo era profesora de materialismo histórico en la carrera de Sociología de la Universidad de Chile, investigadora de CESO  y, desde mediados de 1972, subdirectora de la recién creada revista semanal Chile Hoy.

A ese medio la llevaron Pío García y Theotônio dos Santos, que eran dos de los fundadores; como director eligieron a José Manuel Quijano, quien hasta ese momento era subdirector de la revista uruguaya Marcha. El Comité Editor era muy pluralista, pero eso duró poco. Llegó a Chile el director de cine Costa-Gavras y dio una entrevista para el primer número donde habló pestes de los países donde imperaban los socialismos reales y el PC abandonó de inmediato el Comité Editorial.

Luego hubo discrepancias con Quijano y terminaron nombrando a Marta como directora, a quien, dada su inexperiencia como periodista, ayudaron muy de cerca José Cayuela, quien era el editor general, Marcela Otero, el uruguayo González Bermejo y Faride Zerán, una joven reportera recién egresada de la Universidad de Chile.

La plantilla de la revista quedó, entonces, dirigida por Marta Harnecker, y el equipo quedó conformado por: José Manuel Quijano, subdirector; José Cayuela, jefe de redacción y editor nacional; Alfonso Varela, editor internacional; Gustavo González, editor económico; Darío Carmona, editor de cultura; Germán Marín, Jorge Modinger, Augusto Olivares, Víctor Vaccaro, Faride Zerán, redactores; y, Armando Cardoso, editor gráfico. El Comité Editor lo formaban Jaime Barrios, Theodonio dos Santos, Pío García, Marta Harnecker y Alberto Martínez.

Marta contó algunos aspectos del trabajo en la revista en la entrevista que le dio a Rodrigo Ruiz ya citada en la primera parte de esta serie

- "La revista duró hasta el golpe se septiembre de 1973. Poco antes, creo que cuando hacíamos la penúltima revista, hicimos un reportaje de cuando el MIR estaba en la zona mapuche. Hubo una cosa que fue muy destacada: los militares habían tomado presa a una dirigente indígena y la habían colgado de un helicóptero. Nosotros sacamos su foto en la portada. Aunque no teníamos al MIR en el consejo editorial, ellos nos ayudaban con información de inteligencia. Llegamos a tener una buena relación, ellos respetaban a nuestra revista. Llegué a ser amiga de Miguel Enríquez, de Nelson Gutiérrez, también de Pascal Allende".

- "De hecho, como nosotros veíamos y discutíamos acerca del golpe que venía, comenzamos a pensar en qué íbamos a hacer con la revista y yo, como militante socialista, hablé con el PS y me dijeron que ellos no tenían condiciones de apoyarla en condiciones de clandestinidad, que pidiéramos apoyo al MIR. Ahí estuve con Pascal Allende preparando las condiciones para la revista en la clandestinidad. Los compañeros del MIR que contacté me dijeron que creían que si venía el golpe los cuarteles se iban a insurreccionar. Eso no pasó, y vino un periodo mucho más crítico de lo que imaginábamos. Entonces me recomendaron salir del país y, como ya era conocida por mi libro, ocuparme de buscar solidaridad".

- "Pero volviendo atrás, cuando hicimos aquel reportaje de la mujer campesina colgada de un helicóptero y anunciábamos que se preparaba el golpe, tuve la visita en la oficina de Chile Hoy de tres generales de la Fuerza Aérea, diciendo que no podía publicar eso, que de dónde había sacado la noticia, buscando intimidarme. Después, cuando vino el golpe, nosotros teníamos en prensa una entrevista a un marinero que decía: 'Sí viene el golpe, y si Allende nos llama a sublevarnos, nosotros obedeceríamos a Allende´".

- "Me acuerdo que cuando hicimos un reportaje sobre el cobre, cuando muchos mineros estaban en contra de la Unidad Popular, nos fuimos a preguntarles a los trabajadores demócrata cristianos por qué estaban en contra y ellos tenían algunos argumentos en los que consideramos que ellos tenían la razón.

En vista de eso hablamos con Jorge Arrate, que en ese momento era el presidente de Codelco, le contamos que teníamos este material y que nos parecía muy importante divulgarlo. Él se entusiasmó con la idea. En ese momento se pensó en un tiraje de 20.000 ejemplares. ¿Por qué divulgarlo? Mi visión era que podría ser un puente para que la contradicción entre los trabajadores pro-Allende y los que estaban en contra pudiese resolverse. Nos parecía que si nosotros reconocíamos que sectores que estaban opuestos al proceso tenían la razón en algunos puntos concretos, eso los iba a predisponer positivamente. Pero cuando publicamos ese número con un editorial explicando estas cuestiones, Jorge Arrate se disgustó y decidió parar el número. No se distribuyó. No hubo acuerdo, esa es mi opinión, a lo mejor Jorge tiene otra. Se hizo un tiraje enorme, tres veces más grande de lo regular, pero la revista no se repartió en quioscos, quedó guardada".

Marta y la gente de Chile Hoy también trabajaron con Patricio Guzmán en la producción del documental La batalla de Chile. Más tarde, ella y José Cayuela ayudaron en el montaje que se hizo en Cuba. Éste último, que hoy vive en Isla Negra, se quedó con Marta en La Habana dos años colaborando en el boletín Chile Informativo.

Las cartillas populares

Mientras, en CESO, Marta hizo cartillas para ayudar a la gente a defenderse de la propaganda de la derecha que decía que el gobierno comunista les iba a quitar las cosas, que iban a perder la libertad, que iban a mandar a los niños a la Unión Soviética, que se iba a acabar la democracia, etcétera. Se hicieron las cartillas: Democracia ¿para quién?; Libertad ¿para quién?; Medios de producción y medios de consumo. Unos dibujantes, Palomo y su grupo, decidieron ponerles dibujos y se creó una revista en Quimantú que se llamaba La Firme, donde se explicaban la nacionalización del cobre y otras medidas del gobierno con el sistema de combinar textos y dibujos. 

Luego hizo los Cuadernos de Educación Popular, unos pequeños libros escritos para explicar en forma muy sencilla una serie de conceptos del marxismo a personas sin formación académica. Se produjeron dos series: la primera, de siete libritos, explicaba qué es la sociedad, su composición social y hacia donde conducía su cambio y llevaba el nombre de ¿Qué es el socialismo? La segunda, de cinco, fue titulada: ¿Cómo luchar por el socialismo? y se refería a conceptos políticos como partido, estrategia y táctica, alianzas y otros.

Aquel esfuerzo pedagógico tuvo una enorme difusión no sólo en América Latina, sino en Europa y África. También en diversos países de Europa.

El golpe de Estado

Marta preparó varias casas de seguridad para refugiarse en caso de un golpe, pero estaban demasiado lejos y el martes 11 junto al personal de Chile Hoy se quedó en el céntrico departamento de un periodista, a escasas cuadras de La Moneda. De ahí un breve paso por su departamento y luego a la casa de unos amigos españoles y más tarde a la casa desierta de una prima. Enseguida a la casa del embajador de Venezuela donde también estaban Víctor Pey, Jacques Chonchol, Gabriela Uribe y Paulina Viollier, la esposa de Carlos Altamirano, entre otras personas. Estuvo allí hasta febrero de 1974 cuando salió rumbo a Cuba.

Marta se había enamorado del cubano Manuel Piñeiro en 1972 durante uno de sus viajes a La Habana. Allí iniciaron un apasionado romance, pese a que Piñeiro le contó que estaba casado y tenía un hijo. Le prometió sí que hablaría con su esposa al respecto, pero no lo hizo hasta varios años después.

Piñeiro, alias Barbarroja, fue uno de los comandantes de la revolución cubana y luego de la victoria en 1959 fue nombrado jefe de los servicios de inteligencia. En 1975 le encargaron dirigir el Departamento América, responsable de las operaciones cubanas de inteligencia en toda América Latina. Murió en un accidente automovilístico en marzo de 1998 a los 64 años de edad.

Con Marta se casaron a mediados de los años 70’ y tuvieron una hija, Camila Piñeiro Hackerner.

Tras llegar a La Habana, Marta, junto a Marcela Otero y otros periodistas, creó el boletín Chile Informativo que más tarde, con el apoyo del médico Danilo Bartulín, se distribuyó también en México.

Poco después puso en Marcha el Centro Memoria Popular Latinoamericana, MEPLA, orientado a mantener y difundir la memoria histórica de los movimientos populares de América Latina, donde le prestó una valiosa ayuda Grete Weinmann, la viuda de Edgardo Enríquez, dirigente del MIR asesinado en Argentina durante la Operación Cóndor.

Los primero contactos de Marta con Venezuela los tuvo en 1976 y sólo se intensificaron en 2002 cuando viajó a Caracas para entrevistar a Hugo Chávez en varias sesiones que sumaron más de 18 horas.

Poco después el gobernante venezolano la invitó a que colaborara con él, pero ella había empezado una relación afectiva con Michael Lebowitz, que estaba haciendo clases en Canadá. Sólo en 2004 pudo trasladarse con Mike a Caracas y comenzó a ayudar a Chávez en diferentes materias.

Marta lo asesoraba especialmente en materias comunicacionales en temas cómo dirigirse a los venezolanos y organizarlos para conseguir que ellos colaboraran. Eso terminó en 2011 cuando ella y Mike se fueron del país hacia Canadá en 2011, pero siempre ambos siguieron escribiendo y tratando de ayudar a Chávez.

En ese país siguió viajando a dictar charlas y conferencias en diversos países hasta que le diagnosticaron un tumor cerebral que la llevó a la muerte hace algunos días. Escribió 82 libros en su vida, distribuidos en todo el mundo y se transformó en una de la autoras que más libro vendió y sigue vendiendo en todo el mundo.

MARTA HARNECKER MURIÓ SIN VER CUMPLIDAS

SUS TEORÍAS SOBRE DESARROLLO MARXISTA

La autora chilena e intelectual marxista Marta Harnecker murió la última semana sin poder  conocer la revolución latinoamericana por la que ella luchaba basada en su teoría del materialismo histórico, ni tampoco vencer un cáncer que la llevó a la muerte. Murio el viernes último en Vancouver, Canadá.

Harnecker era una de las principales investigadoras de experiencias de transformación social en Latinoamérica. Escribió numerosos libros, ensayos y artículos. Era psicóloga que se hizo conocida en el mundo de la izquierda en los años sesenta y setenta  con la publicación de su obra central  titulado “Los conceptos elementales del materialismo histórico”, considerado aún hoy  como uno de los manuales de marxismo más reproducidos en el continente, con 67 ediciones.

La última vez que Harnecker visitó Chile fue en 2016 cuando viajó por el  centro y sur del país, para promocionar otro de sus libros “Planificando para construir una organización comunitaria”. Santiago, Valparaíso, Concepción, Temuco y Punta Arenas fueron las ciudades que recorrió la activista.

Sus ideas tuvieron influencia en algunos países y universidades como en la revolución chavista de Venezuela.

Algunas de sus teorías o conceptos

de desarrollo sólo en titulares

La concepción socialista de la sociedad no parte, como lo hace el capitalismo del hombre como ser individual, del hombre aislado, separado de los demás, sino del hombre como ser social, del hombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros.

Lo que existe son personas concretas que viven y dependen de otras personas, que se asocian y organizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales y por medio de las cuales realiza sus intereses, sus derechos y sus deberes.

La sociedad que queremos construir tiene como meta el pleno desarrollo humano.

Este pleno desarrollo humano no se decreta desde arriba, no cae del cielo, sólo se logra cuando al transformar las circunstancias las personas se transforma así misma.

Es la participación, el protagonismo en todos los espacios lo que permite al hombre, crecer, ganar en autoconfianza, es decir, desarrollarse humanamente.

Por eso, no se trata sólo de otorgar un contenido social a la democracia, de resolver problemas sociales del pueblo: alimentación, salud, educación, etcétera, sino —como decía Alfredo Maneiro— de transformar la forma misma de la democracia creando espacios que permitan que las personas, al luchar por el cambio de las circunstancias, se vayan transformando a sí mismas.

El paternalismo de estado es incompatible con el protagonismo popular.

Conduce a transformar a la gente en mendigo.

8.- Pero para lograr ese autogobierno del pueblo es necesaria una etapa de transición en que en que los alcaldes, los equipos de participación de las alcaldías, los facilitadores, gobiernen con la gente, para que tanto la gente como ellos aprendan a gobernar.

Creo que uno de los errores de la Ley de los consejos comunales fue haber eliminado los equipos promotores externos.

La participación no se decreta desde arriba, ni nace de un día para otro. Se requiere de un largo proceso Y ese proceso podrá ser más breve si la gente recibe un apoyo externo.

Apoyo (externo) que no suplanta, sino facilita, que descubre las potencialidades de la gente y las encamina, ahorrando el proceso de aprendizaje por ensayo y error.

Pero no basta con valorar positivamente la participación en abstracto, no basta con estar dispuestos a gobernar con el pueblo, a que el pueblo asuma el poder.

Esto puede quedarse en meras palabras si no se crean los espacios adecuados para que puedan darse lo más plenamente posible los procesos participativos, tanto en los lugares donde las personas habitan como en los lugares donde las personas trabajan o estudian.

Sólo si se crea un sistema social basado en la autogestión de los trabajadores en sus centros de trabajo y en las comunidades donde habitan, el estado dejará de ser un instrumento por encima del pueblo al servicio de unas elites, para transformarse en un estado conformado por las mejores mujeres y hombres del pueblo trabajador.

Por eso es tan importante la iniciativa del gobierno bolivariano de crear los consejos comunales. Y urge avanzar en la creación de espacios de participación en los centros de trabajo, teniendo claro que la plena participación de los trabajadores sólo se logrará allí donde exista la propiedad social. La idea de crear consejos de trabajadores y consejos estudiantiles va en este sentido.

No es fácil luchar contra la cultura heredada egoísta, del sálvense quien pueda.

Contra la cultura paternalista que nos hace esperar del estado las soluciones en lugar de organizarnos para conseguir la solución de nuestros problemas.

Luchar contra el consumismo que nos lleva a pensar en que si tenemos más somos mejores, en lugar de sentirnos mal por tener cosas superfluas mientras hay quienes muy cerca de nosotros no tienen lo mínimo para vivir dignamente.

Y lo más grave es que el afán de consumo lleva a muchos a buscar los trabajos mejor remunerados aunque en ellos no pueda realizarse como ser humano, o a trabajar 16 horas para poder tener más dinero para comprar, con lo que queda poco o nada de tiempo para participar.

Hay problemas, soluciones y iniciativas que son competencia del consejo comunal, pero hay otras que trasciende ese espacio hacia el barrio o urbanización, la parroquia, el municipio, el estado y el país como un todo.

En esos espacios mayores es imposible la democracia directa, es necesario establecer algún tipo de representación o delegación.

Como sabemos la democracia directa surgió en Atenas, una ciudad que entonces tenía alrededor de 300 mil habitantes donde sólo una décima parte eran considerados ciudadanos, es decir, unas 30 mil personas. Las mujeres y los esclavos eran excluidos de la participación democrática.

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