FIN-SEPT

Se nos va este mes que
tanto pesa en las emociones
y las razones, llega octubre
con bombos y platillos
concertacionistas
recordándonos que gracias
al NO conquistamos
la democracia.

Por Nancy Guzman

Es cierto que fue emocionante esa noche del 5 de octubre y ese despertar, pero la historia venía de mucho antes y para recordar que antes que Tironi, Correa y Lagos aparecieran en el horizonte como genios restauradores de las libertades, otros se habían jugado la vida resistiendo a la dictadura.


Escribo este relato de una huelga porque, aunque nuestra memoria oficial la esconda, fue uno de los mayores actos de heroísmo y desafío de la resistencia a la dictadura cívico-militar, no solo porque desafiaron al poder de las armas, sino que esto ocurrió al interior del campo de concentración de prisioneros Puchuncaví, en 1975. 


"La acción se inició el 31 de julio y duró hasta el 7 de agosto, aunque los preparativos se iniciaron días antes, cuando conocimos la aparición de las listas por 119 compañeros que habían estado presos con muchos de nosotros y se decía que estaban muertos en enfrentamientos fuera de Chile.


"Cortés me pidió mi opinión sobre la eventualidad de desarrollar una huelga de hambre de los prisioneros, en señal de protesta. Respondí que si, pero que se debía consultar al PS y al PC. Me respondió que eso estaba en marcha, que había 80 compañeros dispuestos a la huelga de 210 prisioneros.


"El primer día comenzó no yendo a almorzar, a ello se plegaron cerca de 140 prisioneros, un número mayor que el inicialmente comprometido.

La comandancia, puesta en antecedentes, no dio muestra inmediata de su hostilidad, pero al llegar la tarde la situación cambió.

Llegó un gran contingente de refuerzo de comandos camuflados, el comandante Soto Aguilar del Comando Naval de Valparaíso y responsable del campo de prisioneros mandó a que fuéramos formados inmediatamente todos los prisioneros, y tras una perorata violenta conminó a dar un paso adelante a todos los huelguistas.

Con miedo pero sin vacilar, casi todos los huelguistas dimos un paso al frente. Fuimos 96 detenidos los que le expresamos nuestra decisión de resistir por nosotros y nuestros compañeros desaparecidos, cuya muerte era ocultada con una canalla campaña psicológica.


"A los 96 nos hicieron formar en triple fila al centro del campo y mandó a retirar al resto de los prisioneros y encerrarlos en los galpones. Nos dio 10 minutos para que consideraremos nuestra actitud.

Los 10 minutos se fueron rápidamente mientras hacíamos análisis de nuestra situación, así que pedimos 10 minutos más. Terminado el plazo le dijimos que continuábamos la huelga, pasara lo que pasara. 


"Ante la respuesta el comandante rompió en ira y sacó una carta que habíamos mandado pidiendo ciertas mejoras y la rompió en mil pedazos. Dijo que de insistir tendríamos consecuencias como ser llevados a la justicia militar, poner Estado de Sitio, etc. Nos habló de que sabía que había instigadores que nos llevaban por el camino del suicidio, que todos pagaríamos por igual las consecuencias y que nuestra acción no tendría ninguna salida.


"Después de tomar cada uno de nuestros nombres nos separaron del resto de los detenidos y en grupos nos mandaron a buscar nuestras cosas y nos llevaron a una barraca aislada. Durante todo ese período quedamos completamente aislados.

Los primeros 4 días mantuvimos muy en alto la moral. Al cuarto día los que padecían ulceras comenzaron a tener problemas serios. Hay que decir que una gran cantidad de compañeros tenían úlceras y otras dolencias complicadas por los años de clandestinidad y la posterior tortura. 


"A partir del quinto día comenzaron a salir en camilla a la enfermería algunos compañeros. Así nuestra moral comenzaba a flaquear porque no sabíamos lo que sucedía en el exterior, si nuestro esfuerzo tenía repercusiones en otros campos o si había salido en el exterior para presionar una respuesta de la dictadura por nuestros 119 compañeros.


"El obispo Helmut Frenz fue a vernos y no lo dejaron entrar.


"El día séptimo un compañero que sufría una afección cardíaca salió muy mal a la enfermería.


"El día octavo el jefe del campo, Villalón, nos reunió por la tarde para decirnos que el movimiento podía terminar con consecuencias muy trágicas, que el compañero afectado del corazón estaba muy grave y podía morir. Luego nos dejó con el médico que lo atendía para que nos diera un parte médico y terminara diciendo que "si no deteníamos la huelga el compañero moriría", que la decisión "estaba en nuestras manos". 


“Ante esa presión, que trasladaba a nosotros un crimen contra un compañero, la mayoría decidió poner fin al movimiento y exigir algunas condiciones, como que no hubiese represalias a los huelguistas”.


“Mirado a la distancia la huelga fue un éxito”.

“Logramos superar el miedo a la DINA, a la muerte, al castigo. Logramos que muchos recuperaran la confianza en las acciones colectivas. Logramos que la Junta Militar respondiera que iba a investigar la desaparición de nuestros 119 compañeros, aunque jamás lo hizo."


Esta huelga fue el acto más generoso de los años del terror. 96 personas arriesgaron la vida por sus compañeros, por la verdad, por la justicia.

ClariNet